Controlar la jornada. Tiempo robado, tiempo perdido María Eugenia Rodríguez Palop
De nuevo, ha aparecido un estudio de una big tech diciendo que la IA va a cambiar la forma en que trabajamos. Esta vez se trata de una de las creadoras de Claude: Anthropic. Su artículo “Impactos de la IA en el mercado laboral: una nueva medida y sus primeras evidencias” compara los trabajos que teóricamente podría hacer la IA y los que realmente está haciendo.
Y no hablamos del típico informe de una consultora vendehumos, sino de Anthropic, la compañía fundada por exdirectivos de OpenAI (los creadores de ChatGPT), a los que no les gustaba el rumbo que tomaba el mercado y querían centrarse en la seguridad y desarrollar una IA con principios que han llamado IA Constitucional, y que hace solo unos días han dicho no a ser usados como tecnología militar. Así que son poco sospechosos de tecnoptimismo. Pero en su artículo apuntan a la existencia del concepto del Junior Cliff.
Este informe nos da muchas claves rápidas que, a poco que se muevan por Linkedin y otras plataformas, habrán visto a muchos neogurús hablando del mismo gráfico de araña que explica el impacto de la IA en varios sectores laborales.
Si no se lo han leído, se lo resumo: aunque teóricamente la IA ha demostrado su capacidad en muchos campos y hay una serie de empresas innovadoras que han demostrado que funciona, aún hay una gran cantidad de empresas que no desarrollan todo su potencial, principalmente por barreras burocráticas, procesos internos o por no confiar totalmente en la tecnología.
Si se le ha despertado el ludita interior y ha dicho “menos mal, aún me queda tiempo”, tengo una mala noticia: está a un cambio de jefe en la implementación total, ya que de lo que estamos hablando no es de una barrera técnica, sino de una barrera cultural. Y les recuerdo que los humanos solemos sobreestimar el riesgo a corto plazo pero subestimamos el impacto a medio plazo.
Un nuevo jefe con ganas y una actualización de software pueden hacer que, de un día para otro, tenga que colaborar con un compañero que no se cansa y que es mejor que usted en muchas materias. Así que le vuelvo a pedir, como en mi artículo anterior, La IA como segundo cerebro: externalizar la lógica para volver a ser humanos, que trabaje en sus habilidades humanas que le hacen único frente a la IA: pensamiento crítico, gestión de problemas complejos y, sobre todo, relaciones interpersonales.
Se está produciendo una fractura silenciosa en la entrada de los jóvenes al mercado laboral
Pero, aparte de la bomba habitual de este tipo de artículos de investigación, este artículo esconde otras conclusiones que harán que el futuro sea más complejo y que la mayoría está pasando por alto: viene a confirmar el fin de la escalera de entrada (Junior Cliff, en palabras de los investigadores de Anthropic), algo que complicará el futuro de la entrada de los jóvenes al mundo laboral.
Y es que, aunque no se observa un aumento del desempleo entre los trabajadores de alta cualificación ya establecidos, sí se ralentiza la contratación de jóvenes en esos perfiles. La IA está asumiendo las tareas de soporte a estos perfiles que servían para formar a los jóvenes para ellos.
Por llevarlo a un paralelismo fácil de entender. Piensen en la carrera de un joven en un despacho de abogados tradicional. En su primer año, difícilmente salía de la biblioteca en busca de jurisprudencia para que el resto del bufete pudiera contar con la base sobre la que construir los casos. Ahora eso lo hace un ordenador más rápido y mejor, y encima no toma café. Pero este trabajo, que tenía algo de rito de paso, también servía para adquirir habilidades reales que no se enseñan en las universidades. Si ahora la IA redacta el contrato, el humano tiene que analizar por qué esa cláusula del contrato puede ser un peligro para usted.
En Fundación Alternativas venimos trabajando en estos temas en los últimos meses, ya que vemos que se está produciendo una fractura silenciosa en la entrada de los jóvenes al mercado laboral. En mi artículo de enero La universidad dual: menos rito y más oficio, ya abordábamos el problema de que la formación universitaria está desconectada del mundo laboral, si bien antes no era algo tan importante porque se corregía en las primeras etapas de trabajo. Sin embargo, al estar desapareciendo estos trabajos que están siendo sustituidos a marchas forzadas por la IA, los nuevos trabajadores se enfrentan a un reto endiablado, como llegar a ser un jefe competente sin haberse breado en los niveles más bajos.
Si no formamos a los futuros líderes, nos enfrentamos a un abismo: la IA ha roto la escalera del talento al quitar los primeros escalones
Si además tenemos un mercado en el que las empresas no desarrollan talento, sino que lo compran, la permanencia de los perfiles más demandados disminuye vertiginosamente y ronda los tres años de media. Esto se debe a la fuga de talento: las empresas que no forman a sus trabajadores acaban pagando por mercenarios, que se van en cuanto otro les paga más.
Es más, los genios de la eficiencia económica reman en sentido contrario. Esto genera paradojas ultraliberales de ahorro extremo a costa de externalizar costes a los trabajadores. Arreglo el balance quitando el pasivo a corto plazo, pero me deja una deuda con el futuro. Por ejemplo, hemos pasado del BYOD ("bring your own device"), que permite a los empleados usar sus dispositivos para trabajar —si mis empleados traen su propio teléfono, ahorro el gasto en equipos—, a algo más perverso, como el BYOK ("bring your own knowledge"), donde el empleado paga su formación y la empresa ahorra estos costes. Actualmente, se estima que más del 55% de la formación la paga el empleado. Si el teléfono lo pongo yo y el máster lo pongo yo, la lealtad a la empresa desaparece: o me pagas más, o me voy a otra que me pague más.
¿Cómo se aprende a correr sin haber aprendido a andar? ¿Cómo aprendemos a escribir sin haber aprendido a leer? ¿Cómo se pasa a hacer estrategia sin haber estudiado táctica? ¿Cómo vamos a cazar si no hemos aprendido a acechar? Si no formamos a los futuros líderes, nos enfrentamos a un abismo: la IA ha roto la escalera del talento al quitar los primeros escalones.
La solución no es fácil ni sencilla de implementar. Si no hay escalera de entrada, la formación, tanto universitaria como empresarial, debe centrarse en potenciar las capacidades humanas para supervisar la IA. Debemos mejorar la coordinación entre personas y el pensamiento crítico para evaluar ambos. En general, todas las habilidades racionales preparan al joven para supervisar técnicamente la IA desde el primer día.
Es necesario volver a la época de los aprendices, en la que entrar en una empresa era tener un camino de carrera, y si era posible cierto movimiento, pero esto se hacía si las cosas iban realmente mal. Es necesario que los viejos leones enseñen a cazar a los jóvenes, que el conocimiento se vuelva a trasvasar para que acabe impactando en el activo de las empresas.
____________________
Isaac Pozo Ortego es director de Proyectos de la Fundación Alternativas.
Lo más...
Lo más...
LeídoTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirlaLa librería perdida
Contra el pecado original
'El libro negro de Gaza' da voz a los jóvenes palestinos: "Escribir es para ellos una forma de resistencia"
¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.