Plaza Pública

España lidera a la UE en Afganistán y Haití

Vista general del interior de uno de los aviones de las Fuerzas Armadas españolas, que ha transportado a los militares y personal de la Embajada que permanecía en Afganistán y que ha llegado a Dubái procedente de Kabul.

La crisis de los refugiados en el aeropuerto de Kabul y la menos publicitada pero igual de trágica crisis en Haití —nuevo seísmo el pasado 14 de agosto— han visualizado el liderazgo de España en la respuesta a ambas emergencias humanitarias en el seno de la UE. La presencia en el aeropuerto militar de Torrejón de Ardoz del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado de la presidenta de la Comision Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, deja claro —para los que aún albergaban dudas— el unánime reconocimiento internacional a España por su eficacia ante el desafío logístico de la evacuación, en zona de guerra, de miles de personas a miles de kilómetros. Ese mismo aeropuerto había visto despegar días antes hacia Puerto Príncipe —la capital haitiana— los aviones de la Cooperación Española con los cargamentos de ayuda humanitaria ante el nuevo seísmo en la castigada nacion caribeña.

El presidente de EEUU, Joe Biden, en una conversación telefónica de 25 minutos, expresó al presidente Sanchez —según la nota de prensa emitida por la Casa Blanca— su agradecimiento por el "liderazgo" de España para "movilizar ayuda internacional para las mujeres y niñas afganas", así como "las medidas para acoger temporalmente a afganos". Hay que destacar la celeridad con la que la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional —con su nueva responsable, la exdiputada gallega Pilar Cancela, a pie de pista— ha organizado ambos operativos, prácticamente simultáneos, para dar respuesta este agosto primero al terremoto haitiano y pocos días después a la emergencia en el aeropuerto de Kabul.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, el diplomático madrileño José Manuel Albares, sintetizó la magnitud de la tarea con los talibanes a las puertas de Kabul: "Torrejon va a ser el centro político y logístico de Europa para la evacuación de los refugiados afganos. Y va a ser el centro de los valores que defiende Europa: humanidad y cercanía". Estas declaraciones reflejan la prioridad de la política exterior española: un país fiable, predecible y solidario que apuesta —como 12ª potencia economica mundial y 4ª de la UE— en desarrollar una diplomacia global guiada por el multilateralismo. Como recordaba hace unos días en una comparecencia el ministro Albares: "No hay tantos países en el mundo que tengan una visión global. Y España la tiene".

Washington y Bruselas han visualizado con la llamada del presidente Biden y la presencia en Madrid de la presidenta de la Comisión, Von der Leyen, y del Consejo, Michel, el respaldo de las principales potencias de la comunidad internacional a una política exterior que tiene a la cooperación al desarrollo y a la ayuda humanitaria como una de las señas principales de su "marca país". No es casualidad que el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación incluya en su enunciado la palabra cooperación. Es un nítido mensaje al exterior y al interior de nuestro país sobre que ese es uno de los ejes de la acción institucional española en la escena internacional. España, por su red de oficinas sobre el terreno y los montos de su cooperación —en fuerte ascenso desde 2018— es una potencia mundial al nivel de agencias de desarrollo punteras como la Usaid de EEUU, la Gtz de Alemania o la Sida de Suecia. En la actualidad, en Centroamérica, Caribe y Suramérica pero también en amplias zonas del Mediterráneo y el Sahel, así como en la mayoría de estados lusófonos (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea Bissau, Timor Oriental, etc), la cooperación española ostenta una clara posición de liderazgo, tanto por su sólida presencia en estos países —embajadas, Aecid y cooperantes— como por la financiación y programas, sobre todo en áreas como agua, salud, derechos humanos, género, educación y gobernanza.

En la Unión Europea, el primer actor mundial de cooperación y ayuda humanitaria en presupuesto, España ejerce un papel clave en la definición de las políticas europeas del sector. En la Comisión Europea, el comisario de Gestión de Crisis, el eslovaco Janez Lenarcic, anunció el pasado marzo la creación de un nuevo instrumento europeo para potenciar su ayuda humanitaria —el 36% a nivel mundial— así como para agilizar su despliegue. Este nuevo instrumento europeo está inspirado en gran medida al igual que la Echo —la anterior agencia de emergencias humanitarias de la UE reconvertida en DG Echo—, en las aportaciones españolas. Hay que recordar que esta agencia de la UE creada en 1992 fue dirigida en Bruselas durante el decisivo periodo 1997-2000, en plena crisis de la guerra de Kosovo y la independencia de Timor Oriental, por el español Alberto Navarro, actual embajador de la UE en Cuba. Tuve ocasión de comprobar personalmente en 1999 sobre el terreno, tanto en la crisis de Kosovo como en la de Timor Oriental, el liderazgo indiscutible de la Echo en la respuesta mundial a ambas emergencias. Buena prueba de ello es que las acertadas políticas y ágiles estructuras creadas en Bruselas por el diplomático español perduraron durante casi dos décadas.

La Secretaría de Estado de Cooperacion Internacional, reforzada en sus atribuciones el pasado julio tras la remodelación ministerial, tiene el reto de mejorar aún más la acción exterior de la Cooperación Española en todos sus ámbitos: humanitaria, desarrollo, cultural, etc. España ha demostrado en Afganistán —526 millones de fondos de cooperación en 19 años— y Haití —tercer donante internacional desde el terremoto de 2010— la voluntad de ejercer un compromiso en la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria en sintonía con su creciente peso político y económico en la escena internacional. La nueva secretaria de Estado de Cooperación Internacional Pilar Cancela —nacida en la emigración en Alemania y con juventud en Venezuela—, con su extensa y acreditada experiencia en diplomacia parlamentaria, políticas de género y en cooperación al desarrollo, ha sido la persona elegida por el presidente Sanchez y el ministro Albares para ampliar la efectividad y visibilidad de la Cooperación Española, así como posicionar a España en el puente de mando de los (contados) países y organismos internacionales, sobre todo la UE y las agencias de Naciones Unidas, que diseñan y lideran la cooperación y ayuda humanitaria en el mundo. El incremento de presupuesto y personal aprobado por la Casa Blanca para la Usaid, consecuencia de la irrupción en los últimos años en este campo de potencias como Rusia o China, demuestra la trascendencia de este área de la diplomacia en la nueva geopolítica del siglo XXI.

La Presidencia española de la UE en el segundo semestre de 2023 será un momento clave para reafirmar a nivel internacional el liderazgo de la Cooperación Española. Estos seis meses, de junio a diciembre de 2023, van a poner el foco mediático sobre España. Una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno se reunirá en una ciudad española, aún por definir, y si las negociaciones en el seno de la Conferencia sobre el Futuro de Europa —impulsada por la diplomacia francoalemana y española conjuntamente— fructifican, es posible que se firme un nuevo tratado europeo. Un tratado en el que España promueve reforzar la política exterior y de seguridad común con particular atención —con la UE como primer donante a nivel mundial— a la cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria como signos distintivos. España está en condiciones de liderar en 2023, con el valioso apoyo desde Bruselas de Josep Borrell como vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante de Política Exterior y Seguridad, un gran salto adelante de la acción europea en cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria con el horizonte de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. El aplauso internacional —desde Estados Unidos a Naciones Unidas pasando por los principales líderes europeos— a la inmediata y eficaz respuesta de Madrid a la situación en Afganistán y Haití avala la vocación de liderazgo de España en una renovada acción humanitaria y de cooperación al desarrollo de la Unión Europea.

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David Balsa es presidente de la Conferencia Eurocentroamericana

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