La sombra del trumpismo se cierne sobre CyL

En menos de 24 horas, tras el ataque de Trump y Netanyahu contra Irán, el precio del gasóleo agrícola subió de 0,92 a 1,20 euros y la campaña de primavera en Castilla y León depende del precio de los fertilizantes nitrogenados, que ya anuncian su escalada por el aumento del coste del gas licuado, que también se traslada a la factura eléctrica; un golpe directo contra el regadío.

En un mundo globalizado, la guerra de los misiles en Oriente Próximo llega inmediatamente a los campos castellanos y leoneses. El miedo a un conflicto prolongado fuerza compras masivas en los mercados de Chicago y París, con el trigo europeo superando los 200 euros la tonelada y se inflan las cotizaciones locales en nuestras lonjas. COAG y ASAJA ya han lanzado la voz de alarma contra la “asfixia económica” de nuestros campos, en medio de una ola especulativa con acaparamiento de productos e insumos.

La larga sombra del trumpismo se cierne sobre una campaña anual que ya había sido declarada excepcional por la Junta de Castilla y León debido a la sucesión de adversidades climáticas, con especial incidencia en las zonas de secano. Los efectos del cambio climático –a pesar de los negacionistas terraplanistas– se suma a las tensiones geopolíticas que se agravan. La PAC de la Unión Europea sigue siendo un hilo insuficiente, con sus 1.132 millones, para mantenerse a flote. Pero, además, ahora Trump amenaza con nuevas sanciones contra nuestra agricultura y ganaderías exportadoras.

En pocas ocasiones ha habido una conexión tan directa entre la situación de la agricultura y la ganadería en nuestras zonas rurales y las tensiones geopolíticas provocadas por el trumpismo

Por eso, porque la nueva guerra de Oriente Próximo, tras las guerras civiles alentadas en Irak, Siria y Líbano, será larga y solo favorece a los intereses energéticos y agrícolas de las grandes empresas de EEUU; es fundamental rehacer el consenso detrás del “escudo social” que construimos, de la mano con la UE, para hacer frente a la epidemia de la Covid. Asegurar, con las ayudas imprescindibles, que no sufrimos un segundo frenazo en el relevo generacional, que no se despueblan las zonas rurales y que las explotaciones agropecuarias se modernizan con las nuevas tecnologías esenciales para mantener la competitividad.

Pero, si el “escudo social” es imprescindible, ¿por qué votan en su contra en el Congreso las fuerzas políticas negacionistas del cambio climático, aliadas del peor imperialismo, que responden con protestas cuando se defiende el derecho internacional frente a los poderosos? En pocas ocasiones ha habido una conexión tan directa entre la situación de la agricultura y la ganadería en nuestras zonas rurales y las tensiones geopolíticas provocadas por el trumpismo.

Sin “escudo social”, el Plan de apoyo a la ganadería extensiva de 2025 de la Junta de Castilla y León, simplemente se quedará corto. Pero para empezar a abrir nuevos horizontes en las ayudas fundamentales al sector, hace falta un cambio de raíz de la financiación autonómica, que traslade al Estado central una parte importante de la deuda acumulada y aumentar así el gasto público. Pero Partido Popular y Vox se han cerrado en banda, perjudicando directamente a todos los ciudadanos, pero muy especialmente al sector agrícola y ganadero, en nombre de su lucha por el poder en Madrid. Su sombra se confunde así con la del Trump más destructor.

Un giro por el “escudo social”, por una nueva financiación autonómica, exige también una nueva Junta en Castilla y León. Ahora es la oportunidad de votar por un gobierno autonómico progresista que defienda la paz, la prosperidad y dé aire al campo. Una Junta que haga luz en medio de las sombras trumpistas.

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Agustín Santos Maraver es diplomático, ha sido Embajador de España ante la ONU (2018-2023) y es el portavoz de Sumar en la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados.

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