Qué es ser andaluz en 2026: geografía sentimental del sur

Jueves Santo. Granada. Cae la tarde, con la Alhambra al fondo. Se cuelan entre las rejas los últimos rayos de sol. Resuenan los pasos en el empedrado del Albayzín. Huele a incienso. La Estrella ya está en la calle. Paso corto. Cuesta abajo. Lola va de mantilla, dentro lleva una promesa por su abuela. De repente, alguien saca un móvil. Y es que hay que añadir Índigo. Por las callejuelas va un referente feminista e icono LGTBIQ+. Simboliza esa Andalucía de contrastes, compleja, de muchos posos. Y a veces incomprendida al norte de Despeñaperros. 

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Los andaluces rumian sus votos estos días de cara al 17 de mayo. Una comunidad que todavía lucha contra muchos tópicos, pero que representa también lo más puntero en temas como la ingeniería aeroespacial y el hidrógeno verde. Una tierra bañada por todas las civilizaciones y que tiene su propia idiosincrasia. Y con diversidades provinciales que juegan un papel primordial también.

¿Qué significa ser andaluz? ¿Qué conecta a una sociedad de más de ocho millones de habitantes? ¿Hay una forma distinta de afrontar la vida desde el sur? ¿Cuáles son las piedras del nuevo andalucismo?

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Jesús Jurado, autor de La generación del Mollete, crónica de un nuevo andalucismo, responde sobre qué es ser andaluz apelando primero al artículo 5 del Estatuto, que señala: “Gozan de la condición política de andaluces o andaluzas los ciudadanos españoles que, de acuerdo con las leyes generales del Estado, tengan vecindad administrativa en cualquiera de los municipios de Andalucía”.

“Pero hay una parte sentimental sobre ser andaluz. Hay unas experiencias compartidas y también unos problemas e intereses comunes”, relata Jurado, que pone el acento en los que ya nacieron en la época democrática: “También hemos aprendido a ser andaluces en el sistema educativo con una serie de rituales como el 28 de Febrero”. Ese día, por ejemplo, los niños en los colegios cantan el himno autonómico y también lo interpretan con la flauta, además de ser habitual que se ofrezcan desayunos con molletes de aceite y tomate.

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Añade: “Aunque hay diferencias entre las ocho provincias, hay problemas comunes para todos que unen, como los índices elevados de desempleo. Además, hay un desprecio hacia nuestras hablas, da igual que sea un acento más oriental o uno sevillano”. Hay intereses comunes transversales como, por ejemplo. la necesidad de una mejor financiación autonómica (durante años ha habido pactos entre todos los partidos en el Parlamento) y el desarrollo económico. 

“Ser andaluz es la forma que tengo de ser persona”

Para Jurado, también los andaluces se identifican con una manera similar “de ver el mundo”. Trae al recuerdo las palabras de Carlos Cano: “Yo hago memoria sentimental porque una simple copla o una simple canción es un vehículo de viaje más rápido que el Discovery. Puede, a través de las vías de la sangre, traerte cosas insospechadas que se pueden encerrar en cuatro compases. Detrás de una melodía, te vienen olores, te vienen sensaciones, te vienen situaciones. Ser andaluz es la forma que tengo de ser persona”.

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Ese nuevo andalucismo 2.0 tiene un imaginario colectivo que va desde las series juveniles de Canal Sur hasta la iconografía recuperada de la mascota Curro de la Expo 92. Y el día de Andalucía las redes se llenan de vídeos de Rocío Jurado cantando el himno y de cortes en TikTok de Lola Flores. Una mezcla que combina también música de Califat ¾ y de La Plazuela con David Bisbal, Manuel Carrasco y Judeline. Un puzle en el que entran las películas de Alberto Rodríguez y los programas de Juan y Medio. Un universo en el que se entrelazan las imágenes de María del Monte dando el pregón del Orgullo con la entrada de la Macarena en su basílica y los anuncios virales de Cruzcampo. O una comunidad que vibra con las victorias de Carolina Marín y de Marina Pérez. Y que desempolva los vestidos de lunares todas las primaveras para inspirar a la vez a los rompedores Palomo Spain y Leandro Cano.

“Todo es calle”

Andalucía tiene, sobre todo, una identidad de calle, de barrio. Algo que marca mucho a los ciudadanos, la vida alrededor de las plazas. Jurado lo analiza así: “Es muy importante el peso de las ciudades medias y de las agrociudades. Son localidades muy mediterráneas. Es una diferencia sustancial con otras partes de España. El término del espacio público es muy diferente. Eso conlleva rituales colectivos como la Semana Santa y las ferias. Todo es la calle, la vida social está afuera. Siempre en los exteriores, en las terrazas y en los chiringuitos. La celebración no se limita al ámbito doméstico”.

“Además, por ejemplo, en Madrid y las Castillas hay una diferencia muy marcada entre el pueblo y la ciudad. Uno representa al pasado y a las vacaciones y la otra, a la modernidad. En el caso de Andalucía, la diferencia no está tan marcada. Los pueblos no son tan pueblos y las ciudades no tan ciudades”, remacha Jurado. 

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Otro de los temas que siguen planeando en Andalucía son los tópicos que no se terminan de extinguir: “Es muy difícil combatirlos. Las raíces de fondo son básicamente el carácter de periferia económica y de subalternidad cultural, además de falta de relevancia política. Esto sigue intacto desde el inicio de la autonomía. Se ha mejorado materialmente, pero la comunidad sigue estando en el vagón de cola en lo que es la distribución del poder en España”.

Una identidad de “resistencia” y que “no es excluyente”

Pilar González, histórica dirigente del Partido Andalucista, se zambulle así en la pregunta de qué es ser andaluz hoy: “Significa ser mestizo. Tener una identidad que es una síntesis de contrastes. Como dice en un verso Juan Ramón Jiménez: son raíces y alas”. “No es una identidad excluyente, sino múltiple. Se puede ser andaluz y más cosas. Tiene un carácter universal. Y siempre humanista”, añade.

Para ella, esta identidad tiene “un carácter sociable y extrovertido, que valora la convivencia”. A lo que añade: “Es algo parecido a la lengua andaluza, que está pensada para comunicar. Por eso, economiza los sonidos y tiene una expresividad maravillosa. Otra característica es que importa más la belleza que la riqueza y el buen vivir sobre el tener. Importa más el ser”. “Pero también está el rasgo de la resistencia. No nos gana nadie a pasar fatigas y superarlas con un sentimiento de comunidad, compartiendo lo poco que había. Eso imprime mucho carácter”, hilvana.

¿Qué une a los andaluces más allá de sus ideologías? González reflexiona que hay un rasgo común: “la reacción frente al agravio”. Lo desarrolla: “Los andaluces tenemos claro que merecemos y somos como los que más, pero no necesitamos demostrarlo a cada momento. Pero cuando se percibe ese ninguneo, se despierta el león dormido. Eso ocurrió cuando se estaba redactando la Constitución y se quería dejar a Andalucía como algo administrativo y no como una nacionalidad histórica. Reaccionó el pueblo. A los andaluces los aglutina la respuesta a no ser humillados. Se trata de ponerse en pie y sacudirse el fatalismo”.

Esta referente del andalucismo se detiene también en los grandes problemas que tiene todavía la comunidad: “Los derivados de la desigualdad. La pobreza de Andalucía no es un castigo divino, es la consecuencia de la desigualdad. Ahí está la raíz. Hay lógicas de índole capitalista que han imperado mucho tiempo y a Andalucía se le considera periferia y no centro de decisiones. Se le ve como el patio trasero, colonia interior y territorio de sacrificio. Eso apunta a un lugar marginal para tomar decisiones. Hay mano de obra y riqueza que se extrae. Siempre he reivindicado que sabemos hacer barcos y aviones, no sólo poner copas”.

“Ya no queremos generar simpatía, sino respeto”

La politóloga Ana Salazar sostiene: “Ser andaluz en 2026 es tener una identidad con orgullo y ser consciente de querer conseguir espacios. Hemos pasado de la época de resistir y de que nos miren por encima del hombro a querer tener voz propia e influir directamente. Hemos pasado del agravio al orgullo. Ya no tenemos complejos con el acento, aunque algunos sigan ridiculizándonos. Ya nos da igual”.

“Además, hay un crecimiento económico, aunque no haya convergencia con muchas comunidades. Pero nos defendemos. Ya no queremos generar simpatía, sino que queremos respeto y hablar de igual a igual. Ya no defendemos la identidad, sino que la proyectamos con orgullo y la utilizamos a nuestro favor”, resalta.

Salazar, presidenta de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), se detiene en el fenómeno del nuevo andalucismo entre los jóvenes: “Ahora son iconos figuras como Lola Flores y Rocío Jurado. Y se eleva  mucho a Federico García Lorca, que es ya una figura transversal, lo reivindica hasta la derecha. Son fenómenos pop. Desde la tradición, pero son pura modernidad. Hay una relectura del universo andaluz”.

De la religión a los sabores

Otro de los puntos más interesantes es la relación entre Andalucía y la religión, que muchas veces no es bien comprendida en otros puntos. Salazar se adentra: “La espiritualidad se vive desde el folclore. En otras comunidades, como Castilla y León, se experimenta desde el recogimiento. En Andalucía los referentes espirituales son todas las Vírgenes de los pueblos. La religión se vive para fuera, es Barroco. Hay que verlo desde el punto de vista colectivo, de hermandad, de fiesta religiosa en la que participa todo el mundo”.

Para Salazar, también es un factor importante de Andalucía la riqueza cultural que se ve día a día en sus calles: “Capa a capa”. Algo de lo que son muy conscientes los ciudadanos en su vida, en cada esquina, cuando al tratar de construir un edificio en el centro de las localidades aparecen restos de muchas culturas: “Ha habido una transmisión de valores y de realidades diferentes”. 

Por ello, le da una importancia tremenda a lo que supone Andalucía sensorialmente y que es muy difícil de expresar en palabras: “Se tiene que vivir, no se puede contar. El barroquismo, los colores, los brillos. Los árabes dejaron sabores y olores. Cada una de las provincias tiene su idiosincrasia. Hasta en la gastronomía, del marisco y el jamón en Huelva hasta los platos de caza de Jaén. Eso activa todos los sentidos. ¿Cómo le explicas a alguien el sabor de un flamenquín? Eso te lleva al sentimiento de pertenencia”.

“Pensamiento y tierra van de la mano”

Desde Córdoba, Marta Jiménez, Premio Andalucía de Periodismo por el podcast Anguita y Julio, analiza de esta manera lo que es ser andaluz: “La identidad es, ante todo, un acto de conciencia. Para mí, Andalucía es la síntesis de civilizaciones que entendieron que el pensamiento y la tierra van de la mano. Sin olvidar la experiencia de la memoria, porque un pueblo sigue vivo cuando la memoria es compartida. Hoy, ser andaluz debe ser una toma de postura política: es exigir el cumplimiento de un Estatuto que habla de derechos sociales”.

 “Sueño con que la identidad andaluza siga siendo la de la rebeldía frente a la injusticia”, remarca Jiménez, inmersa también en el mundo del activismo cultural y experta en la historia de ciudades como Córdoba y Granada. 

¿Quedan muchos tópicos por desterrar? Jiménez contesta: “Escuché decir a Jesús Quintero que el tópico es la máscara que nos han puesto. Nunca es algo anecdótico, siempre es una construcción ideológica y, en nuestro caso, ha ido enfocada a hacernos pequeños. Los andaluces somos sujetos políticos de primera división y, frente a la alegría y el jolgorio del tipismo, hay que reivindicar la realidad del andaluz y la andaluza pa'dentro”.

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“Para la gran mayoría, lo que nos une transversalmente, no solo a los andaluces, sino a los españoles, son los bares y la vida en la calle. Andalucía es una tierra poco cohesionada, es como si la compusieran varias ciudades Estado o agrociudades, como las ha definido el sociólogo Eduardo Moyano. Me gustaría pensar que nos une una sabiduría del tiempo que el resto del mundo ha olvidado”, reflexiona al hilo. 

Para mirar finalmente al futuro y los grandes problemas para resolver: “Su gran estructura de dependencia; la desindustrialización; la brecha territorial, con el abandono de la Andalucía interior; el derecho a vivir en tu ciudad por el problema de la vivienda y la turistificación incontrolada, y la pérdida del ritmo propio. El modelo de éxito de este sistema no nos pertenece”.

La Andalucía milenaria y la Andalucía de 2026, camino de las urnas. 

Jueves Santo. Granada. Cae la tarde, con la Alhambra al fondo. Se cuelan entre las rejas los últimos rayos de sol. Resuenan los pasos en el empedrado del Albayzín. Huele a incienso. La Estrella ya está en la calle. Paso corto. Cuesta abajo. Lola va de mantilla, dentro lleva una promesa por su abuela. De repente, alguien saca un móvil. Y es que hay que añadir Índigo. Por las callejuelas va un referente feminista e icono LGTBIQ+. Simboliza esa Andalucía de contrastes, compleja, de muchos posos. Y a veces incomprendida al norte de Despeñaperros. 

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