Talento a la fuga

“Nuestros casos de corrupción llegan hasta Chequia, es triste tener que contarles la realidad”

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El flamenco se escucha en República Checa. Lo hace sonar Adán Sánchez, un gaditano de 29 años que ha decidido marcharse con la música a otra parte. Guitarrista sobre todo, y titulado en magisterio musical, se fue hace seis meses buscando alcanzar la estabilidad profesional que España le había negado hasta la fecha. Ahora, compagina su trabajo como docente en una escuela internacional con su faceta musical en la ciudad de Ostrava.

Estudió su último año de carrera en la República Checa con el programa Erasmus. Esa experiencia le sirvió de puente para, años más tarde, retornar al país centroeuropeo con un contrato de trabajo. “Un amigo me escribió para decirme que estaban buscando un profesor de español y ofrecerme el puesto, y la verdad es que ni me lo pensé”, explica a infoLibre. Cansado de aceptar trabajos temporales y mal pagados, muchas veces de profesor, y otras como camarero, Adán comprendió que tenía que abandonar la España en la que la única música que suena es la de la precariedad. “Estaba muy quemado de la situación allí, de buscar un empleo en educación. En la esfera artística sí tenía muchas cosas, pero ya llevaba muchos años trabajando en eso y cansa vivir sin ninguna estabilidad”, denuncia.

Procedente de una familia de guitarristas, Adán aprendió a tocar este instrumento a los siete años. Su vocación por la música le llevo de forma natural a escoger el camino de la docencia en la materia. Sin embargo, la oportunidad nunca le llegó. Perteneciente a una generación de titulados en Magisterio que ha asistido a un vertiginoso retroceso en la oferta pública de plazas, este gaditano decidió optar por la escuela privada. Un sector que, a pesar de haberse visto reforzado frente a los recortes en la enseñanza pública, no ha dado la espalda a una oferta de baja calidad en la contratación. “En Madrid encontré un trabajo en una empresa que se dedicaba a ofertar clases extraescolares en colegios. Prefiero no calificar la calidad de ese empleo. Estaba muy mal pagado, trabajaba muy pocas horas, y se me valoraba muy poco”, recuerda.

Adán describe una situación que contrasta con la que se ha encontrado en el colegio para el que trabaja. “El sueldo base que me ofrecen está muy bien, entre otras cosas porque aquí el nivel de vida es notablemente más bajo que el español”, explica. Pero además del salario, insiste en reseñar las favorables condiciones que le ofrecen en el centro privado. “Te dan la posibilidad de impartir cursos extraescolares, un complemento que te permite aumentar los ingresos. Al mismo tiempo te subvencionan cursos para mejorar tu formación en el extranjero, el horario es de lunes a viernes y dispongo de las mismas vacaciones que un maestro español”. Una última condición que, como celebra, le permite retornar a su país natal con relativa asiduidad y enfrentar la nostalgia que todo emigrante tiene de familia y amigos. Por primera vez, Adán ostenta un empleo estable que le ofrece continuidad: “A ellos les interesa mantener una plantilla fija de profesores, y según hayas trabajado, te renuevan y mejoran las condiciones contractuales cada año”, explica.

Pero su actividad como docente no le impide pasear sus raíces musicales por la República Checa. Guitarrista del grupo musical Las lombrices rubias, que continúa su andadura en España, y con los que colabora a distancia con composiciones, Adán no ha renunciado a hacer sonar en el país centroeuropeo esa coctelera de rumba y mestizaje que los caracteriza. “Ahora hemos estado por aquí, hemos dado varios conciertos y parece que ha gustado. Así que repetiremos la experiencia, porque nos han pedido organizar alguno más”, expone orgulloso de un éxito que, asegura, no es tan extraño en la fría Chequia. “Aunque suene un poco raro, aquí hay todo un mundo de flamenco y de muy buen nivel”. Todo un mundo que le ha permitido continuar vinculado a la música que aprendió siendo un niño y a la que, dice, no está dispuesto a renunciar: “Aquí toco muchísimo con bailaoras, cantaores o yo solo. Es algo que siempre voy a llevar conmigo porque forma parte de mi vida”.

Integrado en la sociedad del país que ahora lo acoge, Adán desgrana la visión que los checos tienen de su España natal. “Ven nuestra lengua como algo muy atractivo, quieren aprenderla porque consideran que es útil. También preguntan mucho por la vida en España y nuestras costumbres”. Un interés que, tristemente, acaba empañado por la situación política española. “Preguntan por nuestra situación económica y también les llegan nuestros escándalos de corrupción. Es un poco triste tener que contarles la realidad, pero es lo que hay”, afirma consciente de que la España que abandonó no ha logrado todavía zafarse de la imagen de país corrompido desde las más altas instancias.

¿Volver? “No lo sé”, responde. De momento prefiere seguir “haciendo ruido” en Ostrava, la ciudad checa donde ha logrado aunar estabilidad, proyección profesional y música. Una empresa imposible de alcanzar en España, el país del que se reconoce nostálgico, pero al que sabe, puede regresar una y otra vez en vacaciones. “Claro que echo de menos a mi familia y amigos, pero sé que ellos están contentos por mí, porque saben que estoy feliz, aprendiendo y haciendo cosas nuevas. Eso es algo que me deja más tranquilo”.

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