21D | Elecciones en Cataluña

En Comú Podem, 'víctima' del voto dual en las elecciones del 21D

El candidato de Catalunya En Comú Podem, Xavier Domènech.

Catalunya En Comú Podem afronta la recta final de la campaña electoral para el 21D con las encuestas en contra. Los sondeos pronostican que la coalición entre los comuns y Podemos será la quinta fuerza del Parlament, un resultado escaso para una formación que ganó las elecciones generales en Cataluña tanto en 2015 como en 2016. Pero, más allá del desgaste que ha podido experimentar su posición, esta diferencia tan grande también se explica por el distinto comportamiento de los electores en los comicios estatales y en los autonómicos, un fenómeno clásico en Cataluña que ahora podría afectar especialmente a Catalunya En Comú Podem y, en sentido opuesto, a Ciudadanos.

Este fenómeno, conocido como voto dual, lleva produciéndose en Cataluña prácticamente desde la vuelta de la democracia, aunque hasta el año 2010 sus dos protagonistas principales eran CiU y el PSC. Mientras los nacionalistas ganaron todas las elecciones autonómicas entre 1980 y 2012 a excepción de dos –1999 y 2003–, los socialistas fueron primera fuerza en absolutamente todos los comicios generales celebrados entre 1977 y 2008, y perdieron por primera vez la hegemonía en 2011, donde su debacle en Cataluña acompañó a la que sufrieron en el resto de España.

Según los expertos, históricamente han sido dos las principales la principales diferencias entre las elecciones autonómicas y generales en Cataluña: no sólo es que algunos votantes escogieran papeletas diferentes en una y en otra cita, sino que había una buena parte de la población que no se sentía interpelada en los comicios autonómicos y que, por tanto, no acudía a votar. Así lo explica Ignacio Lago, profesor de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra (UPF), que señala que quienes se abstenían en las autonómicas, habitualmente, respondían a un perfil más proclive a votar a partidos no nacionalistas catalanes: "castellanoparlantes, a veces procedentes de fuera de Cataluña y con una identidad [nacional] dual". 

Los números son claros a este respecto: el promedio de participación en las elecciones generales celebradas entre 1977 y 2012 fue del 72,57%, mientras que el de los comicios autonómicos apenas llegó al 61,2%. En 2012 comenzó a romperse esa tendencia, ya que la participación en las autonómicas fue del 67,7%, casi un punto más que en las generales del año anterior. Y el nuevo escenario se confirmó en 2015, donde las elecciones autonómicas –que el independentismo calificó de plebiscitarias– tuvieron una participación histórica del 77,4%, frente al 70% de las generales de ese mismo año.

Para los comicios del 21D, las encuestas pronostican una participación históricamente alta, por lo que esta "abstención diferencial" –como la denomina Lago– quedaría definitivamente enterrada. Pero eso no implica que el voto dual –el hecho de que ciertos votantes cambien de partido con respecto al que escogieron en las generales– vaya a desaparecer, y por lo que parece este fenómeno podría "concentrarse en Catalunya En Comú Podem", explica Lluis Orriols, que explica que la coalición morada "pierde votos [con respecto a los obtenidos en las generales] que van tanto a ERC como a la CUP". 

¿Por qué se produce este fenómeno? Según Orriols, tradicionalmente el voto dual ha tenido varias explicaciones. "Algunos analistas sostienen que el eje nacional cobra más importancia en las elecciones autonómicas" mientras en las generales el votante elige la papeleta pensando más en el eje izquierda-derecha, apunta el politólogo, que explica que otras teorías argumentan que en los comicios estatales lo que prima a la hora de votar es "quién se crea que está más capacitado para gobernar", es decir, el "voto útil" con el fin de concentrar los diputados en un partido con opciones reales de llegar al Ejecutivo.

Unas elecciones centradas en la independencia

"En las elecciones del 21D va a haber una enorme polarización y van a estar centradas en el eje nacional", y eso explica la caída de Catalunya En Comú Podem respecto a las generales y también el ascenso de Ciudadanos, quinta fuerza el 20D y sexta fuerza el 26J pero al que algunas encuestas sitúan incluso en primera posición en las autonómicas precisamente porque el partido naranja tiene una posición fuerte en lo relativo al nacionalismo. Así lo explica Orriols, que apuntala su argumento señalando que Ciudadanos obtuvo resultados mucho peores tanto en las generales como en las municipales, elecciones que no giran –como sí lo hacen las del 21D– en torno a la cuestión nacional.

Lago coincide a este respecto. "En estas elecciones, el tema del que se habla es la independencia, justo el que más perjudica a Catalunya En Comú Podem, porque no tiene una posición fuerte", señala el politólogo, que apunta que "ahora mismo, nadie tiene en la cabeza a la hora de votar la corrupción, la regeneración o los derechos sociales", los asuntos en los que la coalición morada se siente más cómoda. ¿Implica eso que votantes de En Comú Podem en las generales vayan a pasar a votar a Ciudadanos, pese a que son partidos claramente opuestos? Según Orriols, no, pero sí hay trasvases entre partidos más próximos ideológicamente: "De PSC a Ciudadanos, de comuns a PSC o de comuns a ERC", ejemplifica.

Y a eso hay que unirle, sostiene Lago, que el aumento de la participación que se espera –y que ya se produjo en las elecciones autonómicas de 2015– beneficia precisamente a quienes hace años se veían perjudicados por el hecho de que una parte del electorado que sí iba a votar en las generales no lo hiciera en las autonómicas: PSC, Ciudadanos y el PP. "Antes, la dimensión catalana ganaba peso en las autonómicas y había una parte de la población que no votaba, pero ese sector se ha movilizado y vota mayoritariamente" a las formaciones claramente no independentistas, señala el politólogo.

Las diferencias a la hora de votar en las municipales, las autonómicas y las generales quedan claramente reflejadas en el área metropolitana de Barcelona, una serie de municipios históricamente conocidos como el "cinturón rojo" porque en ellos, tradicionalmente, se imponía el PSC. Ese cinturón continuó siendo rojo en las elecciones locales de 2015, pero se tiñó de naranja en las elecciones autonómicas de septiembre ese mismo año, cuando Ciudadanos se impuso en 10 de las 36 ciudades que lo componen y fue segunda fuerza –la mayor parte de las veces tras la coalición de Junts pel Sí, que aunó el voto de PDeCAT y ERC– en todas las demás. Apenas tres meses más tarde, en las generales del 20 de diciembre, el cinturón volvió a cambiar de color y pasó a ser morado conquistando municipios tradicionalmente socialistas como L'Hospitalet de Llobregat, Santa Coloma de Gramenet o Cornellà.

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