La situación en el PP

Cospedal, de pieza clave para que Casado se hiciese con el PP a ejemplo de "prácticas no ejemplares"

Dolores de Cospedal y Pablo Casado en una imagen de archivo.

Fernando Varela

El PP de Pablo Casado defendió este miércoles la presunción de inocencia de la exsecretaria general del partido y exministra de Defensa del Gobierno de Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, después de que un juez de la Audiencia Nacional haya decidido imputarla por delitos de cohecho, malversación y tráfico de influencias en el marco de la operación Kitchen.

Pero eso no resuelve el problema. Casado tiene ante sí un dilema complicado. Mirar para otro lado en un asunto que afecta de lleno a quien hizo posible su elección como presidente del PP —Cospedal ordenó a sus compromisarios que votasen por él para impedir que Soraya Sáenz de Santamaría fuese elegida sucesora a Mariano Rajoy en el congreso de 2018, tal y como había decidido los militantes— o aplicar los estatutos del partido. De momento, fuentes de la dirección nacional del PP sostienen que “no hay nada decidido” sobre si la apertura de expediente informativo o sobre la suspensión de militancia de la exministra de Defensa.

Los estatutos del PP fijan la suspensión de militancia en la apertura de juicio oral. Según el artículo 21, la suspensión provisional de afiliación será acordada de manera automática por el Comité Nacional de Derechos y Garantías cuando un afiliado “esté incurso en un proceso penal respecto de los cuales se haya dictado auto de apertura de juicio oral por un delito relacionado con la corrupción”. “Quedará expulsado en el momento de que se dicte sentencia firme por corrupción”.

Pero ese mismo artículo añade, no obstante, que en caso de infracciones muy graves y por razones de urgencia, el presidente y el secretario del Comité Nacional de Derechos y Garantías, incluso antes de iniciado el expediente, “podrán acordar la suspensión provisional de afiliación y funciones del expedientado, si bien ello deberá ser ratificado por el propio Comité en la primera reunión que celebre éste”.

De manera que es eso lo que Casado debe decidir: si una imputación por delitos tan graves como cohecho, malversación y tráfico de influencias merecen la suspensión de militancia.

El resto de partidos no ha tardado en pedir explicaciones. La ministra de Derechos Sociales y aspirante a liderar Podemos, Ione Belarra, cree que la corrupción en el PP no es “cosa del pasado”, precisamente porque su apoyo resultó clave para la elección de Casado.

La vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, sostuvo que la imputación de Cospedal es “el mayor escándalo de corrupción” de este partido (afecta a quien fue su número dos). “Estos días Casado parece empeñado en dar lecciones de patriotismo. Hoy no hay mejor lección de patriotismo que dar la cara, asumir responsabilidades, y colaborar con la justicia y con el Parlamento ante este caso gravísimo de corrupción”, declaró quien es, a su vez, número dos del PSOE.

El vicesecretario general de Ciudadanos, Edmundo Bal, cuyo partido da soporte al PP en comunidades como Castilla y León y ayuntamientos tan relevantes como el de Madrid, emplazó a Casado a esclarecer los “oscuros episodios del pasado” sobre la Operación Kitchen porque, de lo contrario, “no va a salir nunca de la sombra de la corrupción”.

Hasta la secretaria general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso, Macarena Olona, agitó las aguas del PP al denunciar haber recibido “amenazas” por parte de un diputado de este partido, al que no identificó, en la comisión de investigación sobre la operación Kitchen.

Este miércoles el líder del PP optó por el silencio. Desde el pasado mes de febrero, coincidiendo con la apertura del juicio por la reforma de la sede del PP supuestamente pagada con dinero B, Casado se niega a hacer declaraciones sobre cualquier caso judicial que afecte al partido y que sea anterior a su llegada a la residencia. “Las hipotecas en política no son hereditarias”, se justificó.

No obstante, la victoria de Casado en el congreso de 2018 está directamente vinculada a la figura de Cospedal. La exsecretaria general sedal PP también optaba a la presidencia del partido, pero quedó tercera en la votación de los militantes. Así que cuando tocó votar a los compromisarios, decidió apoyar a Casado, que había quedado segundo en las primarias, para impedir que la sucesora de Rajoy fuese su rival, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. El propio Casado presumió en los días previos a la votación del respaldo de Cospedal.

Renuncia al escaño

Aquella alianza iba a facilitar en aquel momento no sólo la supervivencia política de la propia Cospedal sino también de sus afines en el partido. Pero la propia exsecretaria general acabó renunciando a su escaño en el Congreso y a su puesto en el Comité Ejecutivo del PP tras varios días de filtraciones de conversaciones entre ella, su marido, el empresario Ignacio López del Hierro, y el comisario jubilado José Manuel Villarejo. Conversaciones en las que Cospedal encarga al agente informes a medida sobre el dirigente del PP Javier Arenas, adversario suyo dentro del partido, o Alejandro Rubalcaba, hermano del que fuera ministro del Interior.

Cuando se conocieron los encargos, Casado optó primero por ofrecer un respaldo tibio a Cospedal. Y después por asegurar, sin mencionarla expresamente, que “en este partido no se tolera la corrupción y tampoco se toleran prácticas que no sean ejemplares aunque no conlleven ningún tipo de delito relacionado con la corrupción”, advirtió.

Entonces corría el mes de noviembre de 2018. Y los afines a Cospedal se quejaban de la actitud de Casado, a quien la exministra había hecho presidente del partido. Algo que ella siempre recuerda cuando tiene ocasión, como ocurrió en la convención del PP de enero de 2019. ¿Viene a respaldar a Casado?, le preguntaron a su llegada. “Vengo a respaldar al PP. Todo el mundo sabe a quién apoyé”, remarcó.

A pesar de las promesas de integración, de los seguidores de Cospedal apenas quedan algunos vestigios en las filas del PP de Casado. La más destacada es la portavoz en el Parlamento Europeo, la exministra catalana Dolors Montserrat. La única que conserva cierta influencia. En Bruselas también está el exministro andaluz Juan Ignacio Zoido.

En el Congreso es donde quedan más afines a la exsecretaria general, entre ellos el diputado por Toledo Vicente Tirado y las diputadas Carmen Riolobos, María Jesús Bonilla y Carmen Quintanilla. Pero sin puestos ni responsabilidades de relevancia.

En la Asamblea de Madrid encontró acomodo otro cospedalista: Agustín Conde vetado “de por vida” por el Consejo de Europa por su vinculación con un oscuro caso directamente relacionado con Azerbaiyán y en el que afloraron “fuertes sospechas” de corrupción.

Al menos sobreviven algunos nombres. Porque del sector sorayista no queda nadie. Las primeras de integración se quedaron en nada en cuanto Casado se hizo con las riendas del PP.

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