Costa, Ribera y el PES, los aliados de Sánchez para frenar en la UE la deriva de Von der Leyen
"Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y que no volverá". Las palabras del pasado lunes de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, siguen sacudiendo los cimientos de la propia UE. A pesar de que ha reculado posteriormente, su figura ha quedado tocada. Muy tocada.
Von der Leyen repitió en el cargo tras las pasadas elecciones europeas gracias a un gran pacto que incluía a socialdemócratas y a liberales. Pero la conservadora alemana ha encarado esta segunda legislatura aproximándose a los postulados de la ultraderecha, tanto en inmigración como en políticas medioambientales.
Sus relaciones internacionales también han virado hacia posiciones más ultras, aunque ella no tenga competencia en materia exterior (que recae en los Estados soberanos). Von der Leyen ha mantenido una actitud de servilismo con Donald Trump, al que ha cortejado y no se ha enfrentado a pesar de que el norteamericano ha puesto a la UE en su punto de mira. En la retina permanece la imagen de ella acudiendo a un campo de golf para negociar un acuerdo arancelario que no gustó en muchas capitales, como Madrid.
La exministra alemana de Defensa ha mantenido, además, una actitud poco combativa con Benjamin Netanyahu y el genocidio en Gaza, lo que la ha distanciado también de algunos Gobiernos como el español. Y la guerra de Irán ha sido otro asunto en el que la presidenta de la Comisión no ha mostrado contundencia, incluso abriéndose a una ofensiva que está fuera de la legalidad internacional. Todo ello choca de lleno con los propios principios de la UE, que tiene en su ADN los valores de la paz, el diálogo y la diplomacia.
Estas actuaciones de la conservadora alemana han llevado a un enfriamiento de su relación con Pedro Sánchez, con quien había mantenido una conexión política muy robusta en la anterior legislatura, yendo incluso de la mano en medidas innovadoras dentro de la UE como la puesta en marcha durante la pandemia de los fondos Next Generation, que suponían de facto una mutualización de la deuda (algo impensable, por ejemplo, en la época en la que Angela Merkel imponía sus reglas austeras al sur durante la gran crisis financiera).
La deriva de Von der Leyen, que siente mucha presión por parte de la ultraderecha y de los sectores más duros de su partido encabezados por Manfred Weber, preocupa dentro del Gobierno español, aunque de puertas afuera nadie quiera lanzar una crítica dura. Pero las posturas de Sánchez tienen también fuertes resortes en las instituciones europeas, como se ha comprobado durante los últimos días, para contrarrestar los movimientos de la presidenta de la Comisión.
Costa, un "hermano mayor" para Sánchez
António Costa se ha convertido en el principal contrapeso de Von der Leyen en las instituciones. El presidente del Consejo Europeo fue muy claro el martes y provocó el posterior giro de la alemana, ya que en una conferencia ante embajadores de la UE lanzó, en línea con los postulados de Sánchez, este contundente mensaje: “Una realidad en la que Rusia viola la paz, China perturba el comercio y Estados Unidos desafía el orden internacional basado en normas. En esta nueva realidad, ¿cuál debería ser la misión de la Unión Europea? En primer lugar, debemos defender el orden internacional basado en normas”.
Costa y Sánchez tienen una excelente relación y hablan con mucha periodicidad, según fuentes conocedoras. El español le consulta no pocos asuntos al ex primer ministro portugués, al que siempre ha considerado como una especie de hermano mayor dentro de la familia socialista europea. Se fija mucho en su experiencia y siempre tiene en mente, además, cómo dimitió injustamente al frente del Gobierno luso por un supuesto escándalo de corrupción que luego quedó en nada.
Como señalan fuentes del PSOE, “los dos comparten muchos valores y tienen una visión progresista coincidente”. “Están en la misma línea, no como sucede con Dinamarca, por ejemplo. Además, están convencidos de la importancia del multilateralismo y de la amenaza que suponen los grupos ultra en Europa frente a unos conservadores que viran cada día hacia la ultraderecha. Es importante que los dos vengan de países con historias similares y con unas sociedades muy pacifistas”, añaden. Los socialistas portugueses están recuperando su fuerza con la reciente victoria en las presidenciales de António José Seguro frente al candidato ultra de Chega.
Ribera, el gran contrapeso en la Comisión
La otra gran contrafuerza, también alineada con Sánchez, que hay en la propia Comisión Europea es Teresa Ribera, vicepresidenta ahora en Bruselas y que fue una de las personas de máxima confianza del presidente español durante su etapa en el Ejecutivo. La conexión y la coordinación entre los dos es total.
Ribera fue otra de las piezas clave para hacer girar a Von der Leyen durante estos días críticos. A las pocas horas de que hablara la alemana, la española, que es su número dos de facto, remarcó: "Nosotros, como europeos, tenemos una especial obligación, una especial responsabilidad en la defensa del orden internacional. Y por supuesto que hay abusones, pero a los abusones no se les hace frente rompiendo las reglas y aceptando el abuso".
La vicepresidenta española de la Comisión es uno de los rostros que combate con más fuerza la ola negacionista en materia medioambiental, a la que está cediendo Von der Leyen. España está ahora además emprendiendo una fuerte pugna para defender el sistema de comercio de emisiones de dióxido de carbono a través del blindaje del sistema ETS, que quieren echar por tierra algunos países. El Gobierno lo ve esencial para la descarbonización y para la implantación de las energías renovables, además, en un momento muy especial por la crisis del petróleo como consecuencia de la guerra de Irán impulsada por Estados Unidos e Israel.
España lidera este movimiento y encabeza la carta enviada a las instituciones europeas junto a Suecia, Finlandia, Dinamarca y Portugal. A ellos se unen, a través de la firma de un non paper, los Ejecutivos de Países Bajos, Luxemburgo y Eslovenia. En el lado opuesto tienen a países como República Checa, Hungría y Eslovaquia, en tanto que Italia y Alemania se acercan a esta órbita.
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Roma y Berlín son dos capitales centrales para la Unión, pero en esta crisis dentro de la UE por la guerra de Irán sus líderes están siendo cuestionados. Friedrich Merz protagonizó una escena insólita por su actitud condescendiente en la Casa Blanca mientras Trump amenazaba con un embargo comercial a España mientras ambos comparecían ante la prensa. Dentro de su propio país, la prensa ha criticado su paso por Washington. Y Giorgia Meloni estuvo casi una semana callada respecto al conflicto para luego rechazar el uso de las bases por parte de Estados Unidos poniendo como argumento la posición de Madrid. Además, la primera ministra ve cómo cada día crecen los socialistas en las encuestas de su país mientras convierten a Sánchez en un símbolo por el “No a la guerra”.
Los eurodiputados socialistas, la clave si Von der Leyen quiere aguantar
Los europarlamentarios del PES (el Partido Socialista Europeo) se han convertido en un fuerte apoyo para Sánchez en Bruselas y en Estrasburgo, entre cuyas filas la indignación es total por las palabras de Von der Leyen. Sobre la mesa siempre está, aunque por ahora no se ha materializado, la posibilidad de una moción de censura contra la alemana. Este grupo, el segundo en número de escaños, es esencial para que ella perviva al frente de la Comisión Europea.
Además, el PES está capitaneado por una española, Iratxe García, otra de las dirigentes de máxima confianza de Sánchez. Un dato evidencia su proximidad: ha estado en todas las Ejecutivas del PSOE con él desde su primera etapa, en 2014. Ella está enarbolando en el Parlamento Europeo el mensaje de “Not to war” y ha presionado a la presidenta de la Comisión desde que pronunciara sus polémicas palabras: “Von der Leyen debe aclarar sus declaraciones, que han causado descontento. Cuestionar la necesidad de defender el orden internacional y el derecho internacional, como si fueran algo naíf, no lo compartimos. Europa debe defenderlos sin ambigüedades”.