Donde dije Pablo digo Alberto: la València que aplaudía a rabiar a Casado se entrega a Feijóo

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Donde dije Pablo digo Alberto. El presidente del PP presumió el domingo de capacidad de convocatoria en un mitin multitudinario convocado en la Plaza de Toros de València, un escenario que los conservadores consideran totémico desde los tiempos en los que Rita Barberá y Francisco Camps arrastraban grandes mayorías, pero del que seguramente Pablo Casado no tiene un buen recuerdo. 

Porque allí, precisamente donde iba a iniciar el asalto a la Moncloa y su consagración como líder, fue donde comenzó a despeñarse. Eso sí, entre gritos de “¡Presidente! ¡Presidente!” y muestras inquebrantables de lealtad y apoyo por parte de quienes, apenas unos meses después, le dieron la espalda y se entregaron a Núñez Feijóo.

Entre el mitin de Casado de octubre de 2021, que ponía fin a la convención política del partido, y el de este fin de semana, ecuador de la campaña electoral que Feijóo sueña con convertir en la primera vuelta de las generales, han pasado apenas 20 meses. Poco tiempo para creer que quienes este domingo aplaudían al nuevo líder y los que cerraban filas con Casado no son las mismas personas.

Por eso el compromiso con Feijóo que proclamó, rotunda, desde la tribuna de oradores la candidara del PP a la alcaldía de València, María José Catalá, sonó a frase hecha, especialmente para cualquiera que recordara su entusiasmo de hace poco tiempo con Casado. 

“Lo necesitamos”

“No queremos a nadie que no sea Alberto Núñez Feijóo en la Moncloa. Lo necesitamos”, enfatizó la candidata este domingo. “València será el talismán para que Alberto Núñez Feijóo gane las elecciones generales; lo sé”, remató entre aplausos. 

Hace poco más de un año opinaba otra cosa: “Querido Pablo, querido presidente, España te necesita. Todos te necesitamos. El tuyo es el más noble de los cometidos y no conozco a nadie con tanta fuerza, con tanta convicción, para hacerlo como tú. Tu proyecto es más necesario que nunca. Queremos libertad, queremos a Pablo Casado. De esta plaza te sacamos a hombros y te llevamos a la Moncloa”, concluyó en medio de los aplausos del respetable.

Imposible no pensar en el acto de octubre de 2022 viendo las imágenes del mitin de este fin de semana. Entonces Casado se hizo acompañar del primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, uno de sus grandes referentes en Europa, que precisamente este domingo logró una contundente victoria en las elecciones generales de su país. 

Feijóo, falto de referentes en el continente y limitado en sus conexiones internacionales por su desconocimiento del inglés, se apresuró en la noche del domingo a felicitarle con un tuit. Ahora es su “buen amigo”. 

Vuelta al ruedo

El baño de multitudes que se dio Feijóo en la Plaza de Toros de València es el mismo que en octubre de 2021 protagonizó Casado. Con Catalá como candidata a la alcaldía y con Carlos Mazón como aspirante al sillón de president de la Generalitat. Primero con una vuelta al ruedo, después celebrando desde la tribuna el músculo de una organización movilizada para recuperar el poder a partir del 28M.

El PP no gobierna València ni la Comunitat Valenciana desde hace ocho años. Y en esta campaña ha vinculado definitivamente su destino al de Feijóo, con un discurso plagado de referencias a la ley del sólo sí es sí, a las listas de Bildu o al independentismo catalán. Los temas favoritos del líder del PP, que no sólo sigue sin hablar de las necesidades de los municipios sino que apenas hace referencia en sus mitines a los problemas de las comunidades que visita. 

La suya sigue siendo una enmienda a la totalidad del “sanchismo”, sin entrar en detalles, y cada vez más, a medida que se acerca la fecha de la votación, una invocación permanente a ampliar la base electoral del partido.

Feijóo apeló en la Plaza de Toros, por primera vez directamente, a quienes hace cuatro años votaron a Ciudadanos, pero también a los que prefieren a Vox. E incluso a los socialistas que, según él, están en contra “del sanchismo”. Se trata de unir el voto en torno al PP para “hacer posible la buena política, el buen gobierno y el cambio”, proclamó.

La senda de Casado

Un llamamiento, por otra parte, en el que es imposible no reconocer el que hizo su predecesor en el cargo en el mismo lugar unos meses antes de que los barones decidiesen poner fin abruptamente a su mandato. “Para los españoles la elección no es entre vieja y nueva política, sino entre mala y buena política”, decía entonces Casado mientras pedía la vuelta al partido de todos los liberales y conservadores que lo abandonaron en la época de Mariano Rajoy para nutrir las filas de Ciudadanos y de Vox. Y abría las puertas del partido a los socialistas “defraudados” con Pedro Sánchez y sus pactos con los “herederos de ETA”.

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La mayor diferencia entre el acto de hace 20 meses y el de este fin de semana está en los discursos. En aquella ocasión Casado se molestó en enunciar, por primera vez, un borrador de programa electoral que incluía propuestas concretas para gobernar España. 

Entonces faltaban dos años para las elecciones. Ahora que, apenas nos separan seis meses de la convocatoria de las generales, todo el programa de Feijóo se resume en una frase: “Hay que derogar el sanchismo”. Y los compromisos concretos que ha asumido se cuentan con los dedos de una mano.

El presidente del PP sabe que el entusiasmo de este domingo es condicional. Que todo depende del resultado del 28M y, en última instancia, de lo que ocurra en diciembre. No en vano él también era de los que aplaudían a Casado en octubre de 2021 y a los pocos meses se conjuró con los demás barones para poner fin a su mandato. Quizá por eso este domingo se sinceró desde la tribuna del coso valenciano: “El voto es nuestra oportunidad, no vamos a tener otra oportunidad”, advirtió.

Donde dije Pablo digo Alberto. El presidente del PP presumió el domingo de capacidad de convocatoria en un mitin multitudinario convocado en la Plaza de Toros de València, un escenario que los conservadores consideran totémico desde los tiempos en los que Rita Barberá y Francisco Camps arrastraban grandes mayorías, pero del que seguramente Pablo Casado no tiene un buen recuerdo. 

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