Podemos

Discursos de unidad y gestos de fractura

Pablo Iglesias, junto a los dirigentes del partido, Pablo Echenique, Irene Montero, Rafael Mayoral e Íñigo Errejón.

Daniel Ríos | Sabela Rodríguez

Entre los asistentes este sábado al madrileño Palacio de Vistalegre, donde Podemos celebra su segundo congreso este fin de semana, hubo una palabra que resonó sobre todas las demás: "unidad". La coreó en multitud de ocasiones el público presente en las gradas del auditorio, y estuvo también presente en las intervenciones de los representantes de las tres principales corrientes del partido. Las diferencias que los sectores mantienen desde hace meses estuvieron contenidas, aunque los gestos entre los dirigentes reflejaron la herida abierta en el seno del partido, que este domingo conocerá los resultados de la votación que decidirá su futuro.

Una de las imágenes más icónicas del primer congreso de Vistalegre, celebrado en octubre de 2014, fue el abrazo del equipo promotor que entonces formaban el secretario general, Pablo Iglesias, y los que conformaron su primer núcleo duro: Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero y Luis Alegre. En este segundo congreso, la imagen fue muy diferente: Iglesias y Errejón –que sí se abrazaron frente a las cámaras– llegaron cada uno por su lado y plantearon propuestas diferentes, Bescansa –recién dimitida– entró por separado al auditorio junto al exsecretario de Economía, Nacho Álvarez; Monedero no subió al escenario y Alegre ni siquiera apareció.

La campaña ha sido especialmente bronca, fundamentalmente durante la última semana, donde tanto sus equipos como los propios Iglesias y Errejón cruzaron duros reproches públicos. Por ello, los discursos de este sábado eran imprevisibles. Pero reinó la calma chicha, y las intervenciones no fueron especialmente duras: pese a que todos los dirigentes resaltaron sus diferencias clave a nivel político y organizativo, no hubo críticas personales ni dardos explícitos hacia los adversarios. No obstante, la frialdad entre los dirigentes era evidente: Errejón apenas cruzó palabra con Iglesias y sus compañeros más próximos, y por supuesto tampoco lo hizo con Monedero, que en las últimas semanas le ha acusado de querer "mandar" sin presentarse a las primarias del partido.

De esta manera, de cara al público tanto los pablistas como los errejonistas insistieron en la necesidad de que el partido se mantenga unido a partir del lunes, cuando ya se conozca tanto a los integrantes de la nueva dirección como la nueva hoja de ruta política del partido. "A partir del lunes, más Podemos, más justos, más fuertes, con más voluntad y con más ganas", pidió Errejón. "Nunca es demasiado tarde" para salir "como una gran familia", defendió la jefa de gabinete de Iglesias, Irene Montero. Iglesias, incluso, afirmó explícitamente que quiere a Errejón y al líder de la corriente anticapitalista, Miguel Urbán, en su equipo tras Vistalegre II.

Con respecto a sus propuestas, pocas novedades: el número dos pidió que Podemos no se limite a ser el partido que "tire de las orejas" al Gobierno, sino el que llegue al poder para "enseñarle la puerta de salida" a los partidos tradicionales. Por su parte, el secretario general afirmó que "la transversalidad no tiene que ver con parecerse a Ciudadanos o al PSOE", y Montero señaló que a los dirigentes de Podemos no les debe "gustar más la moqueta que el asfalto, ni los despachos que los descansillos de las casas donde se desahucia la gente". Con el lema "de norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste" inició por su parte su discurso el pablista Rafael Mayoral, en una de las muestras más evidentes del viraje hacia postulados de izquierda más clásica asumido por los próximos a Iglesias.

Con unas intervenciones contenidas por parte de los dos principales equipos, el único discurso de la mañana que levantó pasiones entre los asistentes fue Urbán, que realizó una encendida defensa de la unidad de los sectores y también de la recuperación de algunas de las propuestas más a la izquierda del partido, como el impago de la deuda. "Somos tan grandes como los enemigos que elegimos, y tan pequeños como el miedo que les tengamos: aquí dentro no hay enemigos, somos compañeros", gritó a la mitad de su discurso Urbán. Y el auditorio estalló.

Iglesias se limitó a nombrar a su equipo

Pero con esta excepción, en este segundo Vistalegre apenas hubo discursos apasionados, a diferencia de hace tres años, cuando Iglesias lanzó algunas de sus proclamas más conocidas, como la que planteaba que "el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto". De hecho, el secretario general defendió su candidatura a revalidar su cargo de líder limitándose a nombrar a los miembros de su lista, una actitud que molestó a los errejonistas, que en privado criticaron que se trataba de un discurso "de parte" en el que Iglesias no incluyó siquiera una referencia a su gestión ni a su proyecto. "Me ha parecido una falta de respeto" al resto de la organización, se quejaba un dirigente próximo a Errejón.

Y es que las corrientes están más concentradas en el resultado de la votación que ha tenido lugar entre el sábado pasado y este mismo sábado, cuando las urnas cerraron a las 20.00. Según datos proporcionados por Podemos, han votado en el proceso interno un total de 155.275 personas, lo que convierte la elección de la nueva dirección y el nuevo proyecto político y organizativo del partido en la consulta en la que más militantes han participado en la historia de Podemos.

Está previsto que los resultados se conozcan este domingo a las 14.00, tras la lectura y aprobación de las resoluciones políticas. Nadie se atreve a hacer pronósticos al respecto, aunque todos coinciden en que Iglesias y su candidatura son los principales favoritos para alzarse con la victoria en el congreso. Pero a partir de ahí, todo son incógnitas: "Lo que pase a partir del lunes dependerá del resultado", se limita a explicar un dirigente anticapitalista.

Y es que el lunes será el día en el que empiece a comprobarse si las apelaciones a la unidad de unos y otros son reales o únicamente retórica. "Si Pablo [Iglesias] e Íñigo [Errejón] quedan muy cerca, va a tener que haber integración casi obligatoriamente", sostiene un dirigente errejonista. Por el contrario, si una corriente le saca un importante número de votos a otra, tendrá las manos mucho más libres para hacer y deshacer. Otras fuentes, en este caso anticapitalistas, apuntan a esta idea: "Si Pablo gana a Íñigo, el podría tener una secretaría, y lo mismo gente como [el secretario de Internacional, el errejonista] Pablo Bustinduy, pero se iba a recortar drásticamente su equipo", señalan.

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