Igualdad LGTBI

"Soy futbolista y estoy orgulloso de ser gay": el armario del fútbol sigue cerrado a pesar de los avances LGTBI

Imagen del futbolista Josh Cavallo.

"Soy futbolista y estoy orgulloso de ser gay". Muy pocos han pronunciado estas palabras, casi nadie en el fútbol profesional y mucho menos deportistas en activo. Joshua Cavallo juega en el club australiano Adelaide United y este miércoles se ha puesto frente a una cámara para romper el silencio y salir públicamente del armario. "Estoy cansado de esta doble vida".

El paso del centrocampista le ha colocado inmediatamente en el foco: es ahora el único futbolista de élite abiertamente gay y los escasísimos precedentes alrededor del mundo han acabado a menudo en tragedia. Fue el caso de Justin Fashanu. El jugador inglés reconoció abiertamente su homosexualidad a principios de los noventa y se quitó la vida a finales de la misma década. La fecha de su nacimiento es recordada cada año como Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte.

Cavallo termina a través de un vídeo de apenas tres minutos con el estigma, la homofobia interiorizada y las barreras que le impedían avanzar en su profesión sintiéndose plenamente libre: "Mientras crecía, siempre sentía la necesidad de esconderme a mí mismo porque estaba avergonzado. Pensaba que no podría dedicarme a lo que me gusta y ser homosexual".

La práctica ausencia de precedentes y el tabú que todavía pesa sobre el mundo del fútbol han dotado a su testimonio de un importante peso simbólico. Por dos motivos: la visibilización del colectivo dentro del mundo del fútbol y la construcción de referentes para los más jóvenes. "Las nuevas generaciones, no sólo los niños y niñas LGTBI sino también todos los demás", deben poder ver que "el deporte es diverso". Por eso sus palabras "tienen tantísimo valor". Habla Víctor Gutiérrez, secretario de políticas LGTBI del PSOE y waterpolista. En mayo de 2016, el joven madrileño hizo pública su homosexualidad. "La sociedad está avanzando, pero el deporte está estancado y los comportamientos arcaicos permanecen", dice en conversación con este diario. En cuatro décadas, lamenta, "no ha cambiado casi nada" en el mundo del deporte, especialmente en el fútbol. La palabra "maricón" ha resonado en los campos de fútbol españoles como insulto a través de distintas generaciones de futbolistas: desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. La homofobia sigue estando normalizada en las gradas y en los vestuarios.

El caso del fútbol es paradigmático. "Cuanto más grande es el deporte", mayor es el problema porque "más expuestos están" sus protagonistas, razona Gutiérrez. Esencialmente, argumenta, porque el negocio acapara buena parte del pastel: "Los equipos son grandes empresas. Se me hace difícil pensar que algún jugador del Real Madrid vaya a salir públicamente del armario cuando su patrocinador es Fly Emirates", recalca el socialista. La presión es evidente y por eso todavía es noticia que haya quien se atreva a enfrentarse a ella. "Las marcas internacionales quieren vender en todo el mundo, y el mundo no es España. Así que no quieren entrar en temas comprometidos, no lo entienden como una cuestión de derechos humanos". Actualmente, según el último informe Homofobia de Estado, publicado en diciembre de 2020 por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), 69 países miembros de la ONU todavía criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. Este mismo año, la UEFA prohibió iluminar con los colores del arcoíris el estadio de Munich durante el partido entre Alemania y Hungría, una iniciativa que nacía como reproche ante las leyes regresivas planteadas por Viktor Orban.

La otra gran barrera la encuentran los jugadores justamente al lado: en sus compañeros y rivales. "Uno de los miedos que tenemos a la hora de salir del armario es quedarnos solos". Lo afirma Uge Sangil, presidenta de la Federación Estatal LGTB. Comprobar que la orientación sexual de cada cual es "un aspecto más de la vida que los demás respetan y no supone riesgo de alejamiento, eso como persona te empodera, te hace valiente y te muestra", señala la activista. Algo así estará experimentando en estos momentos Josh Cavallo: figuras como Pau Gasol, Gerard Piqué y Antoine Griezman aplaudieron enseguida el gesto. "En 2021, esto no debería ser noticia. Gracias por este paso adelante para el deporte", clamó el recién retirado jugador de baloncesto, mientras que el futbolista catalán reconoció que "el mundo del fútbol está muy atrasado". "Tú nos haces avanzar", concedió.

Perseguir la homofobia

En mayo de 2021, Víctor Gutiérrez presumía de haber hecho historia. Lo hacía después de que la Real Federación Española de Natación (RFEN) decidiera sancionar los insultos homófobos que el deportista había recibido por parte de un contrincante durante y después de un partido. Gutiérrez empleaba el calificativo de histórico porque a día de hoy la LGTBIfobia sigue campando a sus anchas en el deporte. Ocurre lo contrario que con el racismo, esgrime el waterpolista: "Es una lacra que sigue afectando, pero en el fútbol hay campañas orquestadas por las organizaciones y los propios clubes contra el racismo, además de todo un entramado para erradicarlo". La LGTBIfobia, sin embargo, no cuenta con el respaldo legal necesario.

Jesús Generelo, consejero técnico del Ministerio de Igualdad, recuerda que existe una proposición de ley contra la homofobia en el deporte, articulada para modificar la actual ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Con la LGTBIfobia, reflexiona Generelo, ocurre un fenómeno muy particular: puede ocultarse. "Para evitar el castigo social, lo que hacen muchas personas es retraerse. Tiene ese efecto perverso". El propio Cavallo reconoce en el vídeo haberse sentido "avergonzado" por creer que "nunca sería capaz de hacer lo que quería y ser homosexual", así que optó por "ocultar quien era realmente era".

Las mujeres y la "discriminación cruzada"

La coyuntura es distinta en el caso de las mujeres deportistas. Ahí sí, el colectivo encuentra de manera más habitual referentes en los que mirarse. En tenis, Billie Jean King; en baloncesto Elena Delle Donne y en fútbol Megan Rapinoe. También la futbolista española Mapi León salió públicamente del armario hace ahora tres años.

Gutiérrez habla de "discriminación cruzada", la existencia de estereotipos de género facilita a su vez la salida del armario de ellas. "En los deportes supuestamente de chico, como el fútbol o el rugby, a nadie le sorprende que una chica sea lesbiana. Igual que tampoco a nadie le sorprende que un chico que practica ballet o natación sincronizada sea gay", razona el socialista. Las facilidades parten del estigma, pero están ahí. Coincide Generelo. "Deportes como el fútbol se identifican como una actividad masculina, así que el hecho de que lo practique una lesbiana es lo normal". Para las mujeres el campo de fútbol puede ser incluso un "espacio de seguridad" porque ahí encuentran "grupos de socialización", mientras que los hombres homosexuales tienden a alejarse precisamente por ser espacios hostiles para ellos.

Uge Sangil acierta a ver su propia historia en las palabras de Cavallo. "Me reconozco cuando dice que ahora se siente libre y bien consigo mismo". Habitar en el armario significa "vivir una mentira", lamenta la activista y se pregunta "cuántos hombres futbolistas estarán ahora viviendo una mentira".

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