Elecciones europeas

Algunas ideas falsas sobre las elecciones europeas

El hemiciclo del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

El curso político que arranca este lunes terminará con las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, que supondrán el primer gran examen a los partidos y sus líderes, dos años y medio después de la llegada del PP a la Moncloa. ¿Qué importancia tienen esos comicios? Existen tres grandes mitos sobre las urnas europeas que se repiten con frecuencia: que son propicias para castigar a los partidos mayoritarios, que favorecen a los partidos pequeños al ser la circunscripción electoral única y que los resultados no se pueden extrapolar a otro tipo de elecciones porque la abstención es muy alta. Si se comprueba lo que realmente ocurrió en las seis ocasiones que los españoles eligieron eurodiputados, se llega a la conclusión de que esas ideas no son ciertas.

1. Son elecciones propicias para castigar a los partidos mayoritarios

Es frecuente escuchar que los comicios europeos son una oportunidad para que los electores castiguen a los partidos mayoritarios. De acuerdo con esta tesis, el voto útil que en otros comocios lleva a que muchos electores concentren su apoyo en las formaciones con posibilidades de gobernar, no tendría influencia en las elecciones al Parlamento Europeo.

Pero las bases de datos del Ministerio del Interior desmienten esta idea. En los comicios europeos de junio de 2009, PP y PSOE concentraron el 82,05% del voto. Una cifra bastante mayor que el 74,41% que ambos partidos sumaron en las generales de 2011. Es más, de las once veces en que los españoles acudieron a las urnas desde 1977 para elegir presidente del Gobierno, sólo en una ocasión los dos principales partidos lograron superar ese porcentaje: fue en 2008, cuando PSOE y PP sumaron el 84,75% del total de sufragios.

¿Acaso el resultado de las europeas de 2009 fue algo aislado? La respuesta es no. En los comicios de junio de 2004, PSOE y PP obtuvieron en total el 85,19%, cifra que constituye el récord absoluto de concentración de voto desde las primeras elecciones democráticas. Y que superó en casi cuatro puntos el resultado conjunto logrado tres meses antes por esas dos formaciones (81,58%), en las elecciones que llevaron por primera vez a José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa.

Un dato más corrobora esta tesis: desde 2000 se han producido nueve convocatorias a las urnas con carácter estatal (dos europeas, cuatro generales y tres locales) y en cuatro ocasiones PP y PSOE sumaron más del 80% de los votos. Pues bien, dos de ellas eran comicios al Parlamento Europeo y otras dos, elecciones generales. 

2. son elecciones que favorecen a los minoritarios al tener circunscripción única

Otro argumento extendido es que los partidos minoritarios resultan favorecidos a la hora del reparto de escaños en las europeas porque existe circunscripción única. En las elecciones generales la circunscripción es la provincia, y ello permite que obtengan representación partidos nacionalistas o regionalistas con escaso número de votos, mientras que en los comicios al Parlamento europeo el reparto de escaños es mucho más proporcional. Pues bien, esta idea tampoco es totalmente cierta.

En las europeas de 2009 se elegían 54 eurodiputados, de los que sólo 7 se adjudicaron a las fuerzas minoritarias (el 12,96% del total), mientras que PP (24) y PSOE (23) se quedaron con los 47 restantes, lo que supone el 87,04% de los escaños en juego. ¿Y que ocurrió en las elecciones generales? Pues los dos grandes partidos se alzaron con 296 diputados en noviembre de 2011, sobre un total de 350, lo que equivale al 84,57%. O, visto desde la perspectiva de los minoritarios, IU, UPyD, CiU y las otras ocho pequeñas formaciones que entraron en el Congreso lograron 54 escaños, el 15,43% del total. En esta comparación, por tanto, los partidos minoritarios se quedaron con un trozo mayor de la tarta en las generales de 2011 que en las europeas de 2009, las últimas de su ámbito en cada caso.

En parte ello es así por el hecho analizado en el punto anterior: que los dos principales partidos concentran un enorme número de votos en las europeas, incluso más que en las generales. Y, en consecuencia, se quedan con la gran mayoría de los escaños al Parlamento Europeo. Y si miramos más hacia atras, a los comicios de 2004, resulta que PSOE y PP sumaron el 90,74% de los eurodiputados. 

¿Entonces no es cierto que la circunscripción única mejora la proporcionalidad y ayuda a fuerzas como Izquierda Unida, cuya representatividad sufre un duro castigo en las generales? Es cierto que IU sufre una clara discriminación a la hora del reparto de escaños en el Congreso: en 2011, con el 7,02% del voto a candidaturas, sólo consiguió el 3,14% de los escaños (11 de 350); es decir, menos de la mitad de los que habría logrado con un sistema puramente proporcional. Pero es que la causa de esa enorme distorsión, que ha perjudicado históricamente a IU al ser la tercera fuerza política y ha beneficiado a los dos partidos mayoritarios, no se produce tanto por el tipo de circunscripción como por el reducido número de diputados que se eligen en muchas provincias. De las 52 circunscripciones, sólo 7 eligen a diez o más diputados, mientras que en 20 se deciden cuatro o menos escaños. Los expertos consideran que en estas últimas provincias, que eligen a menos de cinco diputados, el sistema funciona prácticamente como si fuera mayoritario, lo que hace prácticamente imposible que IU u otros partidos más pequeños logren representación. 

¿Qué ocurre en el caso concreto de IU en las europeas? Pues sus resultados fueron los siguientes: en 1987 consiguió el 5,31% de los votos y el 5,00% de los escaños; en 1989 logró el 6,14% de los sufragios y el 6,66% de los eurodiputados; en 1994 sumó el 13,6% de las papeletas y el 14,06% de los escaños; en 1999 obtuvo el 5,87% de los votos y el 6,25% de los eurodiputados; en 2004 cosechó el 4,17% de los sugragios y el 3,70% de los escaños, y en 2009 reunió el 3,77% de las papeletas y el 3,70% de los eurodiputados. Es decir, no sufre la penalización de las elecciones generales, pero tampoco resulta beneficiada por el sistema de circunscripción electoral, ya que existe una correspondencia bastante exacta entre votos y escaños.

En cambio, la combinación del reducido número de eurodiputados que se eligen, la circunscripción electoral única y el reparto de escaños mediante el sistema D'Hondt, hace que otras fuerzas pequeñas salgan perjudicadas. En los comicios de 2009 el ejemplo más claro fue Iniciativa Internacionalista, que logró 178.121 votos en toda España (el 1,14% sobre el total) y no obtuvo ni un eurodiputado. Pero también podría quejarse UPyD, formación que con 451.866 papeletas logró sólo un escaño, mientras que al PSOE cada eurodiputado le costó 267.034 votos, al PP le salió por 277.932 sufragios y a IU por 294.124 papeletas. En cuanto a los partidos nacionalistas, que tienen que presentarse en coalición para conseguir representación, la candidatura de Europa de los Pueblos-Verdes (ERC, BNG y Aralar) logró un sólo escaño con 394.938 votos, mientras que a Coalición por Europa (CiU, PNV, Bloc y Coalición Canaria) cada uno de sus tres eurodiputados le salió por 269.415 papeletas.

En resumen: el sistema electoral no discrimina a Izquierda Unida en las europeas como hace en las generales, pero no es cierto que favorezca a los partidos minoritarios. Y a los partidos mayoritarios cada eurodiputado sigue costándole menos votos que a las fuerzas pequeñas.

3. son unas elecciones con tanta abstención que los resultados no se pueden extrapolar

Los comicios europeos tienen siempre una alta abstención. La participación más alta se produjo en junio de 1987, la primera vez que se celebraron en España y que además coincidieron con las elecciones autonómicas y municipales, cuando votó el 68,5% del censo. A medida que ha disminuido el euroentusiasmo de los españoles y ha crecido el desencanto con la política, se ha ido disparando la abstención, hasta dejar la participación en el 44,9% del censo electoral en 2009. Una cifra muy similar a la registrada cinco años antes, cuando ya quedó en el 45,14%. Y algunos sociólogos pronostican que en los comicios que se celebrarán el 25 de mayo de 2014 se acercarán a las urnas poco más del 30% de los españoles con derecho a votar.

¿Significa esa alta abstención que los resultados de las europeas no se pueden extrapolar a otros comicios? Algunos políticos de PP y PSOE, ante el temor a recibir un fuerte castigo en las elecciones del próximo año, se empeñan en transmitir la idea de que la baja participación convierte a las europeas en unos comicios de segunda cuyos resultados no se pueden utilizar para predecir qué ocurrirá en las tres convocatorias electorales previstas para 2015: locales, autonómicas y generales.

Es cierto que las estadísticas están para romperse, y que nadie puede predecir el futuro electoral, pero hasta ahora los españoles han mostrado un comportamiento congruente ante las urnas. Es decir, más que el tipo de elección (europeas o generales, por ejemplo), en el voto influye el ciclo político de cada momento. Veámoslo con más detalle.

En las europeas de junio de 1989, el PSOE ganó con el 40,08% de los votos y en las generales celebradas en octubre de ese mismo año se impuso con el 39,88% de las papeletas. Un porcentaje prácticamente idéntico. La segunda fuerza fue Alianza Popular en las europeas con un 21,68% de los sufragios, que tras su refundación en Sevilla se elevó hasta el 25,97% en las generales, ya bajo el nombre de Partido Popular.

Las primeras elecciones de carácter estatal que ganó el PP fueron las europeas de junio de 1994. Pero lejos de suponer una excentricidad de los votantes, ese resultado fue la primera manifestación de un cambio de ciclo político, ya que el partido entonces liderado por José María Aznar también se impuso después en las municipales de 1995 y en las generales de 1996.

En las europeas de junio de 1999 el PP se mantuvo como la primera fuerza política, con una ventaja de 4,5 puntos sobre el PSOE. Es cierto que pocos meses después, en marzo de 2000, esa brecha se amplió en las generales hasta algo más de diez puntos.

En 2004, año en que se celebraron europeas y generales, el resultado de los dos grandes partidos sufrió minimas variaciones. Ambos comicios fueron ganados por el PSOE. Los socialistas obtuvieron el 43,27% de los votos en las generales de marzo y el 43,72% en los comicios al Parlamento Europeo de junio. Y el PP logró el 38,31% en las elecciones al Congreso y el 41,47% en las urnas europeas.

Por último, en los comicios europeos de junio de 2009 se produjo el mismo fenómeno que en 1994: supusieron la primera manifestación de un cambio de ciclo electoral. Fue la primera vez que el PP de Mariano Rajoy consiguió imponerse en unas elecciones de ámbito estatal, una victoria que se reprodujo en las municipales de mayo de 2011 y en las generales del 20 de noviembre de ese año, que llevaron a Rajoy a Moncloa.

En definitiva, la baja participación y el hecho de que voten las personas más ideologizadas, no convierte a los comicios europeos en una excentricidad. Salvo excepciones, no hay variaciones muy importantes en los porcentajes de voto que obtienen los partidos en comicios próximos en el tiempo. Y, en el caso concreto de las europeas, han servido para anticipar los dos grandes cambios de ciclo político que han llevado a la derecha al poder.

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