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Iñaki Gabilondo: "Se ha utilizado a los muertos de covid como arma política; como se utilizó a los de ETA y a los del 11M"

La sociedad demanda acuerdos

La opinión pública mayoritariamente demanda acuerdos. Acuerdos por lo menos en algunos aspectos concretos. Sería deseable que fueran de mayor dimensión. Pero resulta que eso es algo difícil de conseguir. Difícil de conseguir porque se está viviendo una polarización absolutamente radicalizada que algunos están llevando hasta sus últimas consecuencias. Pero yo quiero subrayarlo sobre todo en lo que se refiere a la política nacional porque paradójicamente estamos viendo cómo en las comunidades autónomas y en muchos municipios se están pudiendo producir entendimientos y acuerdos que aquí parecen absolutamente imposible. Yo diría que, si en una emergencia de esta naturaleza no somos capaces de lograr que las fuerzas políticas se unan, desde luego va a ser muy difícil que encontremos una ocasión más adecuada para que lo hicieran.

La excepción del ingreso mínimo vital

El Ingreso Mínimo Vital ha demostrado que se puede llegar a acuerdos. Es difícil alcanzarlo en otras materias, sí. Por varias razones: primero porque el Ingreso Mínimo Vital presentaba por sus características un aspecto que era imposible de rechazar. El ingreso mínimo vital era imprescindible. Nos homologaba con otros países que ya estaban hace tiempo aplicándolo, pero además en una emergencia como esta hubiera resultado imposible rechazarlo. Estoy seguro de que lo hubieran querido rechazar algunos, pero no había fuerza moral para atreverse a eso. El Ingreso Mínimo Vital además es una realidad operativa concreta, cerrada, redonda.

Una crispación intencionada

Hay una base de crispación, digamos que es inherente a la propia actividad política y a lo largo de la historia de la democracia como todos los parámetros. Por otra parte, mantiene una determinada temperatura. En España la crispación además se agudiza una de una forma clarísima cuando la derecha está en la oposición. Este no es un asunto de opinión, este es un tema empírico, está absolutamente demostrado, es completamente indiscutible. En tiempo de Felipe González se llegó a explicitar que precisamente se había jugado fuerte en ese sentido, hasta poner en peligro algunos goznes del Estado porque era el juego que se iba a hacer. Sin ningún tipo de clemencia. Aznar lo dijo: “no dejaremos fuera de la disputa ningún tema”. Se le preguntó:” ¿los muertos de ETA tampoco?”. “Los muertos de ETA tampoco”. Claro que hay gente que ya de partida se coloca en la posición de la crispación. Como vemos, en el caso de España, el Partido Popular es un ejemplo perfecto. Y repito: no es un tema de opinión, es un hecho completamente empírico, está demostrado.

La utilización de los muertos como arma política

Se ha utilizado los muertos de covid como arma política; como se utilizó a los muertos de ETA como arma política; como se utilizó a los muertos del atentado del 11M como arma política. Sí, está fuera de toda discusión. Son asuntos que, como digo, alimentan mucha disputa, pero la alimentan de una manera completamente ridícula, porque no es un tema a discutir: es un hecho objetivo.

La sociedad después del confinamiento

Hay una incertidumbre -yo la tengo- por saber qué tipo de comportamientos nos esperan después del coronavirus. Pero respecto a la influencia de la crispación en esos comportamientos, yo no lo relacionaría así. La crispación, en este caso, no ha sido algo que procedía de la calle, que los medios de comunicación han transmitido y que los partidos políticos han gestionado. Ha sido al revés: ha surgido de los partidos políticos, ha sido dimensionada por determinados medios de comunicación y ha llegado a la calle hasta convertirlo en algo peligroso. No se puede jugar con eso. Es peligroso que eso llegue a la calle. Pero por el momento, no hay comparación posible entre la crispación que hay en la calle y la crispación que hay en el escenario político.

La reacción de la Unión Europea ante la emergencia

La Unión Europea, a mi juicio, sale fortalecida de la crisis del coronavirus. De hecho, desde que estalló el Brexit, la Unión Europea, cuando todos pensábamos que iba mostrar las mayores flaquezas, nos sorprendió mostrando una musculatura que no esperábamos. Cuando se agigantó de una forma extraordinaria una figura como Angela Merkel. Ahora, con todas las contradicciones, todas las dificultades, y con todas las reservas hay una realidad que da mucha consistencia a la Unión Europea que es el eje francoalemán que ha sido la locomotora histórica. Se ha hecho potente ahí y aunque evidentemente tiene amenazas muy graves. Por un lado, hacia el este: los países de la extensión al Este están mostrando una indisciplina y en el fondo una especie de distancia psicológica muy profunda respecto al centro de la Unión. Por cierto, me permitiría hacer observar cómo se ha evaporado el peso específico en el escenario internacional del Reino Unido como consecuencia de su despegue del brexit.

Trump, Johnson, Putin, Bolsonaro,...

El mundo va por muy mal camino, evidentemente, porque tenemos amenazas muy serias. Por un lado, el hegemón. Estados Unidos no ejerce como hegemón, sino lo contrario. La tensión entre China y Estados Unidos no anuncia nada bueno. La proliferación de líderes como Bolsonaro, Putin, Johnson, Trump, etc., amenaza muy seriamente también al mundo. Estamos jugando con fuego en muchos escenarios delicadísimos del mundo. Hasta Oriente Medio, donde se había logrado un apaciguamiento en relación con Irán, también se ha quebrado. Está todo convertido en una especie de polvorín. Todo es una amenaza. No podemos en este momento saber qué va a ocurrir. Frente a todos estos disparates, la Unión Europea, a pesar de todas sus dificultades, aparece más vertebrada y con mucha más seriedad y mucha mayor dignidad. La propia decisión, que está estudiando, que todavía no la ha tomado del todo, la de ayudar a los países en dificultades de una manera nueva, distinta, aceptando la deuda de una manera compartida, nos demuestra eso. El mundo se juega bastante en las elecciones del 3 de noviembre de Estados Unidos. Si Donald Trump prosigue en un mandato en el que ya no tendrá ningún tipo de precauciones -puesto que ya no tendrá que justificarse para ganar un nuevo mandato- puede ser extremadamente peligroso. Yo creo que tenemos muchos motivos para estar muy preocupados.

La falacia del cambio de régimen

Los sectores que acusan a este Gobierno de querer cambiar el régimen están haciendo una maniobra muy superficial, muy banal. Yo no sé qué intenciones puede tener nadie en la vida. De lo que estoy seguro, es de que el gobierno actual es suficientemente inteligente para saber que no puede, en modo alguno, cambiar el régimen actual. No se trata de que lo deseen o dejen de desear. No creo que se le haya pasado por la cabeza planteárselo siquiera, porque, como cualquier persona sabe -y en el gobierno todos lo deben saber muy bien- los procedimientos que están previstos en la actual normativa, para hacer eso que dicen que es un cambio de régimen, están muchísimo más lejos de la posibilidad que algunos articulistas creen: que eso se puede resolver con dos golpazos. Se creen que Sánchez puede mañana dar la independencia a Cataluña, por ejemplo. Les parece eso muy fácil. Se creen que mañana se puede declarar la República. Se creen que puede acabar con el Estado de las Autonomías. Se creen cosas -o dicen creer cosas- que saben que no pueden ser así. Quien lo crea, está loco. Y quien crea que Podemos, por ejemplo, está ahí para actuar como un submarino para demoler el actual esquema, está completamente en la higuera. Los de Podemos serán lo que sean, pero lo que no son es idiotas. Saben perfectamente que, eso que algunos articulistas dicen que quieren hacer, es absolutamente inviable. No entiendo muy bien a qué viene esa preocupación.

El impacto de las noticias sobre Juan Carlos I

Las noticias referidas al rey emérito tienen una importancia extraordinaria y actúan como una fuerza de erosión enormemente importante. Yo no sé qué porvenir tienen las iniciativas de corte legal -jurídico-penal que están ahora en marcha, no lo sé. Pero desde luego tienen una enorme penetración, sin la más mínima duda, en la sociedad. Porque, además, estas irregularidades que se están conociendo ahora, coincidiendo con el momento de máximo dramatismo con el que vive la sociedad española: con apuros económicos enormes, con cientos de miles de empresas en apuros gravísimos, con millones de personas en paro o arreglando el paro; son noticias que son verdaderamente dinamita.

Lecciones aprendidas del confinamiento

Sin una sanidad potente, sin unos servicios sociales potentes, sin unos servicios educativos y unos servicios científicos y de investigación potentes, un Estado no puede llamarse Estado. Deberíamos considerarlo una realidad pre-ideológica para iniciar la discusión a partir de ahí, porque eso no se puede discutir. Primera lección que he aprendido, por tanto, un estado o es sólidamente social o no puede llamarse un estado. Segundo: he descubierto cuáles son los servicios esenciales. Cuando repasamos la lista de los servicios esenciales nos encontramos a los sanitarios, los barrenderos, los basureros, a los reponedores de mercancías en los supermercados, a los trabajadores agrícolas… Creo que esa es una lección que deberíamos aprender. Decimos aprender a recolocar las cosas, a reordenar nuestros valores. Yo diría reordenar nuestros valores sociales.

El periodismo libre e independiente

El periodismo libre independiente es el único periodismo. Los medios de comunicación que están y han nacido justamente a partir de la libertad y la independencia en un momento como este tienen que pasar etapas de mucha dificultad, sin la más mínima duda. Son muy distintas, pero no menores las dificultades que van a tener que vivir todos los demás medios de comunicación.

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