Corrupción

Juicio a Carlos Fabra: la soledad del viejo jerarca

Carlos Fabra

Sergi Tarín

A las 9.14, el taxi derrapa y Carlos Fabra da un bote desde el asiento trasero. “¡Presidente!”, “¡Don Carlos!”, “¡Campeón!”. Una nube de polos azules, mocasines y pulseras con la bandera de España se abalanza sobre el dirigente político, que se tambalea como una imagen a punto de ser levantada en andas. Hermi y Juli, dos veteranas militantes del PP, le pasan la mano por los hombros y se llevan los dedos a la boca. Fabra atraviesa la devota turbulencia y enfila el via crucis de 50 metros que le separa de la Audiencia Provincial. Los periodistas acuden a la carrera y son repelidos a manotazos por una decena de guardias civiles. “¿Las has tocado bien?”, pregunta una reportera señalándose los pechos. El guardia, muy joven e imberbe, enrojece y agacha la cabeza.

La refriega ha exaltado a los cofrades fabristas. Paco corretea entre las cámaras y los micros: “¡Venga, cogedlo! ¡A ver si podéis!”. Todo dura menos de un minuto. Con la voz crispada, hecha un resuello, Paco se desahoga: “¿Es que acaso ha matado a alguien? Para mi es inocente. Es el que más ha hecho por la provincia”. A su lado, Juan (nombre figurado), asiente. “No le digo quien soy porque en Castellón hay mucha maldad y envidia. Fíjese lo que han hecho con el pobre Don Carlos, que es pura bondad”, asegura y añade: “Todo es obra de él. Hace 25 años los pueblos de esta provincia no tenían ni agua ni luz. ¡Que Dios me lo bendiga!”. A la pregunta de qué piensa de quienes le atribuyen fama de derrochador y mujeriego, arruga el gesto: “Eso no es un defecto. Fabra es de familia rica y ¿a qué rico no le gustan las mujeres? Para mi es un caballero”.

La polvareda de rumores regresa desde la calle. Han llegado la exmujer de Fabra, María Amparo Fernández, y Claudia, la hija de ambos. Paco y Juan acuden al trote. Y Pepe (también nombre figurado) aprovecha la ocasión: “Es un corrupto. La pena de este juicio es que llega demasiado tarde. ¿Sabe que una vez coincidí con Fabra dentro de una sauna? Fue en el campo de golf de Borriol. Iba mucho por allí para sus chanchullos”. “Mejor me voy”, corta de improviso y señala a un hombre de mediana edad, de camisa despasada hasta la mitad del pecho. “Ese es muy amigo de Fabra. Si escucha lo que digo puedo tener problemas”.

Aunque el número de fieles supera con creces al de contrarios, la cifra es muy exigua para un político acostumbrado a grandes agasajos populares durante sus cerca de dos décadas como presidente de la Diputación e Castellón. Arriba, en la sala, apenas veinte personas guardan cola. En su mayoría se trata de amigos personales, militantes incondicionales. No hay cargos públicos. Abre la comitiva, Iris, Elisabet y Verónica, tres estudiantes de tercero de Derecho. “Es el juicio de la década en la provincia. Los delitos que se juzgan son gravísimos”, explica Iris.

No le falta razón. Cuando pasan unos pocos minutos de las diez se inicia la vista con el escrito de la Fiscalía, la Abogacía del Estado y la Unión de Consumidores de la Comuidad Valenciana, que actúa como acusación particular. El relato es demoledor. En el banquillo se sienta el propio Fabra, el empresario Vicente Vilar y las ex mujeres de ambos: María Amparo Fernández y Montserrat Vives. Hay un quinto acusado: el ex senador del Partido Popular, Miguel Prim. Se les acusa de soborno y tráfico de influencias. Además, Fabra y Fernández están procesados por varios delitos fiscales. La Agencia Tributaria halló un agujero en su patrimonio de 5,2 millones sin justificar entre 1999 y 2004.

El origen está en las denuncias que Vilar interpuso a Fabra en el 2003, cuando le acusó de dejarse sobornar por 25 millones de pesetas a cambio de mediar en el ministerio de Agricultura para desbloquear licencias de plaguicidas. Era un mago en la concesión de fines ilícitos”. Así define al ex presidente de la Diputación de Castellón el texto de la acusación popular. Por su parte, Javier Boix, abogado defensor de Fabra, explicó que todo se debe a un mero asunto de enemistad personal entre Fabra y Vilar. Una historia turbia de celos, sexo y desconfianzas. De hecho, el empresario ha asegurado en alguna ocasión que entre Fabra y Montserrat Vives hubo algo más que una buena amistad y que ambos se aliaron para hacerse con las ganancias de los plaguicidas. Ayer ninguno de los acusados quiso hacer declaraciones. Y Vilar, condenado a diez años prisión por violar a su ex mujer, permaneció esposado durante toda la sesión.

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