Los cambios en la política española

Adiós a la 'vida de partido': un estudio revela el bajo compromiso de la mitad de los militantes

Cartel electoral de Ángel Gabilondo, candidato del PSOE, en la campaña de las últimas elecciones madrileñas.

Los partidos en España se han vuelto más cupulares y plebiscitarios, con una relación más directa entre el líder y las bases. Pero, ¿cómo se han vuelto los militantes de esos partidos?

Una investigación de académicos de las universidades de Reino Unido y España trae algunas respuestas. Respuestas llamativas. Resulta que hasta los militantes se alejan de la sede y el folleto. No todos, pero sí un significativo porcentaje. Y marcan, sin salirse, distancias con su propio partido, trabando una relación más distante.

De modo que conviene ir sacando de la cabeza la idea canónica del militante de aparato, cien por cien comprometido, que pone al partido por encima de todo, que está ahí para lo que haga falta, para la reunión de la asamblea y la pega de carteles, para el reparto de folletos en el mercado y el buzoneo puerta a puerta, y que además luego se dedica a ir convenciendo a sus vecinos de que voten por sus siglas. Los sigue habiendo. Pero no son mayoría.

Ahora la mayoría son militantes laxos. En campaña están ahí, sí. Y les interesa la política. Pero es usual que desconecten incluso del partido en el que pagan la cuota.

Cuatro grupos

Explicar en detalle esta aparente contradicción exige escudriñar el artículo ¿Adiós a los activistas todoterreno? Un análisis de conglomerados del activismo de partido en España, publicado en la Revista Internacional de Sociología con la firma de Patricia Correa, profesora de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad de Aston (Birmingham, Reino Unido), y de los profesores de la Universidad de Valencia Juan Rodríguez-Teruel y Óscar Barberà. Los tres investigadores han trabajado sobre datos de 23 encuestas realizadas entre militantes de un total de 15 partidos –de escala estatal y autonómica o de federaciones dentro de formaciones mayores– a lo largo de nueve años (2008-2017).

Se trata de una colección de datos única en el estudio de los partidos en España. Con un interés añadido: los militantes estudiados no son militantes sin más. Son además delegados de congresos de los partidos. Es decir, militantes duros. O en teoría. Porque el análisis demuestra que su compromiso no es tan firme como se podría creer.

Los autores dividen a estos militantes, que constituyen la columna vertebral de los partidos, en cuatro grupos. Lo hacen atendiendo a siete indicadores para medir su grado de implicación en lo organizativo, lo electoral y lo social.

Las cuatro categorías de militantes son:

1) Militantes tradicionales o militantes de partido de masas (19%). En inglés, mass party activists. Son los más comprometidos, aquellos que mejor encajan dentro de la idea de militante que por lo general tenemos en la cabeza. Es, como explica Rodríguez-Teruel, el perfil que solemos asociar con el "aparato" del partido, de compromiso más firme. Trabajan en y para el partido. Desempeñan tareas "con altos niveles de intensidad tanto en las actividades electorales (externas), como en las organizativas y de socialización (internas)", señalan los investigadores. No son muchos. Menos de uno de cada cinco.

2) Militantes comprometidos (18%). Comparten el grueso de sus características con los del grupo 1, pero con menor nivel de intensidad, sobre todo porque los comitted activists son "más reacios a participar en actividades de socialización". "Representan una primera evolución del tipo de militante partidista de masas, que sigue preocupado por toda la faceta organizativa y electoral de la política partidista, pero está más ajeno a los vínculos [...] con la sociedad civil", señala el artículo.

3) Militantes de campaña (9,4%). Encarnan "una segunda ruptura con la política de masas", expone el artículo. "Este grupo –señalan los autores– se dedica predominantemente a las actividades electorales y está menos comprometido con otros actos regulares del partido". Los canvasser activists están, igual que el grupo 2, desconectados de las actividades de socialización. Emplean la mayor parte de su tiempo de partido a las actividades electorales.

4) Militantes de apoyo o militantes simpatizantes (53,6%). Es el grupo menos comprometido y –he aquí la clave– el más abundante, con más de la mitad de los individuos. Su descripción constituye un elemento de significativo interés de la investigación. Los cheering activists se involucran en las actividades del partido con mucha menos frecuencia que el resto. La sede no es su punto de referencia. "Podrían entenderse –señalan Correa, Rodríguez-Teruel y Barberá– como una evolución más de los militantes de campaña, ya que comparten con ellos similares preferencias por la actividad electoral, pero con menor intensidad". ¿Qué los diferencia? Aunque participan menos en las actividades del partido y se esfuerzan menos por el mismo, tienen mayor vivencia política hacia afuera. Están en el partido, pero su vida política no se agota ahí.

Si el voto se vuelve cada vez más volátil, como ha analizado entre otros el politólogo Oriol Bartomeus, el militante ofrece síntomas de contagiarse de esta atmósfera general. Los datos de conjunto ya ponen de relieve una relación relajada de significativos porcentajes de la militancia con los compromisos que en teoría implica la misma. Menos de un 40% asisten con mucha frecuencia a eventos y celebraciones del partido. Poco más de un 31% queda con otros miembros para hablar de política. Estos no son datos del grupo 4, sino del conjunto de militantes.

Si vamos a los militantes del grupo 4, los menos comprometidos y que suponen más de la mitad, sólo un 38,6% van a las reuniones locales del partido y únicamente un 18,8% a otros eventos de su propia formación en la localidad. Hay que recordar que hablamos de militantes que acuden como delegados a congresos, lo cual en teoría debería reforzar su grado de participación. No obstante, el porcentaje de los que van a mítines del grupo 4 se queda por debajo del 70% y el de los que se implican en la campaña –por ejemplo, con visitas a casas o contactos a pie de calle– apenas supera el 30%. Sólo un 9,7% hace socialización interna en el partido.

Si miramos categoría por categoría, parte de la letra pequeña de estas cifras responde a lo que podríamos esperar intuitivamente. Por ejemplo, los militantes del grupo 1 participan con intensidad en los apartados organizativo y electoral y también –aunque algo menos– en el social. En cambio, sorprende la falta de socialización externa de los grupos 2 y 3. Aquí hablamos de militantes que hacen vida de partido, sí, pero que no trasladan su actividad fuera. Viven políticamente en el partido. "Es la característica que los define como clusters. Hacen vida interna, pero apenas tienen interés en hablar de política o socializarse políticamente fuera del partido", señala Rodríguez-Teruel.

El resultado es que un 27,4% de los militantes –militantes que han llegado a delegados de congreso– no hacen socialización política puertas afuera. No son, en palabras del investigador, "embajadores" del partido. Incluso los militantes del grupo 4, los considerados menos comprometidos, socializan hacia fuera más que los de estos grupos 2 y 3.

Partidos políticos

Hay diferencias según partidos. Los nuevos "tienden a promover un patrón de activismo menos comprometido" o más "discontinuo", señalan los autores. Por el contrario, los más antiguos parecen ser la reserva de los "militantes tradicionales", añade el profesor Rodríguez-Teruel. En los partidos antiguos las probabilidades de que los delegados sean de tipo 1 aumentan en un 60%. La dimensión territorial también tiene peso. Los militantes de partidos de ámbito estatal tienen mayores probabilidades de pertenecer a los grupos 1 (+56%) y 2 (+33%).

En el PSOE, el PP e IU, el porcentaje de militantes tradicionales en las distintas encuestas se suele situar por encima del 30%, llegando al 44% en el PSOE andaluz en 2010, mientras en los partidos nuevos o periféricos el bocado es significativamente menor. Chunta 9,9% en 2008; PRC 11% en 2010; Ciudadanos 9,9% en 2011; BNG 14,6% en 2012; ICV 16,7% en 2013. Según explica Rodríguez-Teruel, dos partidos no han participado en el estudio, pese al intento de los investigadores: Podemos y PNV [ver aquí en detalle en los anexos, en la tabla 3].

"Está en declive el activista tradicional, que vive la organización, mientras que está en auge el nuevo militante con un vínculo más débil, al que sólo le interesa participar o ayudar en las elecciones, pero al que le atrae menos la actividad interna de partido", resume Rodríguez-Teruel

Especializado en élites políticas y funcionamiento de partidos, el profesor de Ciencia Política de la Universidad de Valencia detecta una "clara evolución" hacia un menor grado de compromiso que se agudiza en los partidos nuevos y en los militantes más jóvenes.

Rodriguez-Teruel recalca que estos cambios se inscriben en una alteración más profunda del sistema de partidos, marcado también por el auge de las elecciones primarias y una relación más directa entre la militancia y el líder.

"Esto lleva a una paradoja. Miembros que pueden estar menos implicados en la vida del partido acaban siendo muy relevantes en la toma decisiones", concluye.

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