Podemos mira a Rufián como su 'salvavidas' para volver a liderar las izquierdas estatales

Hace poco más de un mes el nombre de Gabriel Rufián no generaba precisamente consensos en Podemos. Los morados lo percibían como una amenaza electoral con la vista puesta en encuestas como la del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que situaban al portavoz de Esquerra Republicana como una figura al alza dentro de la izquierda, el preferido por uno de cada diez españoles (el 9,1%) para ser presidente del Gobierno. Nadie más en la izquierda transformadora se acercaba a sus ratios de popularidad. Y, aunque algunos sectores trataron de impulsar el liderazgo del ministro Pablo Bustinduy tras el paso atrás de la vicepresidenta Yolanda Díaz, la idea no cuajó.

El acto de Rufián con Emilio Delgado (Más Madrid) en febrero supuso todo un revulsivo para el espacio y en él se dibujaron algunas ideas sobre cómo debe presentarse el espacio a la izquierda del PSOE en las elecciones generales. El movimiento de Díaz aumentó, todavía más, la presión sobre el republicano. La líder de Podemos, Ione Belarra, lo definió como un “cálculo electoral” sin contenido. “Si todo el planteamiento es de matemática parlamentaria, de candidatura con más opciones electorales, entonces está clara cuál va a ser la conclusión: que hay que apoyar al PSOE porque es la candidatura más grande”.

Menos de un mes después, Belarra estaba este jueves entre el público en Barcelona que asistió al acto protagonizado por Rufián y la eurodiputada de Podemos, Irene Montero. Un encuentro que surgió a raíz de la petición de la exministra de Igualdad unas semanas atrás. ¿Qué hay detrás de ese giro estratégico? Principalmente, sus malos resultados electorales en los comicios autonómicos, con la única excepción de Extremadura. Y las complicadas perspectivas para el futuro más inmediato, que le han obligado a pactar in extremis en Andalucía con Izquierda Unida y Movimiento Sumar. Un acuerdo que horas después fue muy criticado por el exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, quien lo tachó de poco “ilusionante”.

La dirección de Podemos quiere apoyarse en el perfil de Rufián para reabrir un espacio político que, por sí solo, ya no consigue ensanchar.  Así lo visibilizó Montero en el acto celebrado en el campus universitario de la Pompeu Fabra. Afirmó que debe ser su partido a nivel estatal y ERC en Cataluña quienes "impulsen" una alianza y reivindicó que, aunque las izquierdas hayan recorrido caminos distintos —y no exentos de críticas—, nunca se ha sentido sola en esa convicción. Así, volvió a repetir que a ella la idea de "hacer equipo" con Rufián le gusta y que “merece la pena intentarlo”.

Un espacio en retroceso

Desde la ruptura con Sumar, la izquierda alternativa ha ido encadenando malos resultados y pérdida de representación. En las elecciones gallegas de 2024, la candidatura de Podemos-Alianza Verde no obtuvo escaños y apenas logró el 0,26% del voto. En Euskadi, los morados desaparecieron del Parlamento vasco y en las europeas de 2024, en las que se presentó Montero como apuesta política del partido, los morados solo obtuvieron dos escaños y el 3,3% de los votos, lejos de los números de sus mejores años.

En los comicios más recientes, la excepción es el caso extremeño, en el que la candidatura de Podemos e IU obtuvo el 10,25% de los votos y siete escaños—su líder, Irene de Miguel, pide desde hace tiempo que la dirección deje los vetos a un lado—. En el caso de Aragón únicamente obtuvieron 6.206 votos, el 0,94% del total; y en el de Castilla y León,9.225 papeletas, el 0,74%. En ambos territorios la candidatura del agitador ultra Alvise Pérez les duplicó en votos. Sin embargo, Montero no considera que esos malos resultados sentencien a su formación. “Para ganar una vez hay que perder setecientas”, afirmó este jueves.

Pero la tendencia descendente también la reflejan las encuestas, que siguen mostrando a Podemos en un suelo bajo, por detrás de Sumar, sin que ninguno de los dos consiga reconstruir el antiguo espacio. Un sondeo de 40dB. publicado esta misma semana situaba a Sumar en el 5,8% y a Podemos en el 2,7%, prueba de que la fragmentación no está generando dos espacios fuertes, sino lo contrario. En ese contexto, Rufián aparece para Podemos como una palanca electoral que los morados quieren aprovechar.

A Rufián no se lo van a poner fácil

La operación, sin embargo, no está exenta de problemas. Rufián puede empujar, pero no decide solo. La dirección encabezada por Oriol Junqueras ya ha reiterado su rechazo a un frente amplio, tanto a nivel estatal como catalán, y el líder republicano no estuvo presente en el acto de este jueves. La formación envió en representación al secretario general adjunto, Oriol López, que aseguró en su cuenta de X que el encuentro había dejado “reflexiones interesantes” del papel de las izquierdas en el contexto social y político actual. Tal y como avanzó Rac1 y confirmó infoLibre, Belarra se reunió con López este viernes en la sede de ERC aprovechando su visita a la ciudad condal.

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Pero la dirección del partido ha vuelto a dejar claro que si Rufián quiere participar, o directamente liderar, un frente de izquierdas en las próximas elecciones generales, tendrá que hacerlo sin su partido. Este viernes, el portavoz de ERC, Isaac Albert, señaló que su formación no quiere sumarse a un proyecto de unidad de las izquierdas estatales, por mucho que tengan puntos de conexión en algunos asuntos. "No somos la izquierda del PSOE. Somos la izquierda nacional de Cataluña”, dijo.

La negativa de los republicanos complica los planes de Montero y del propio portavoz de Esquerra Republicana, que pidió a su partido estar a la altura del “momento histórico” actual para frenar el auge de las derechas a nivel estatal. "Le pido a mi partido que lidere esto y si me va el cargo en ello, me voy a mi casa”, llegó a plantear. Según explican fuentes cercanas al diputado, esto no implica que se vaya a marchar si no sale adelante ese “frente” de izquierdas, pero sí que él no va a dejar de intentarlo. Y, si por el camino, le echan, lo aceptará.

Estas mismas fuentes niegan que su movimiento responda a una ambición personal, un miedo a perder la posición de portavoz en Madrid o un cálculo para poder colocar a perfiles más afines en el Congreso. Uno de los grandes apoyos de Rufián es su predecesor en la Cámara Baja, Joan Tardá, que estuvo en el acto y está tratando de ejercer de mediador entre él y Junqueras. Los morados son conscientes de la difícil situación interna del portavoz de ERC y por ello insisten en la idea de un “tándem electoral” que obligaría a Rufián a abandonar su formación y apostar por otra fórmula junto a los morados.

Hace poco más de un mes el nombre de Gabriel Rufián no generaba precisamente consensos en Podemos. Los morados lo percibían como una amenaza electoral con la vista puesta en encuestas como la del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que situaban al portavoz de Esquerra Republicana como una figura al alza dentro de la izquierda, el preferido por uno de cada diez españoles (el 9,1%) para ser presidente del Gobierno. Nadie más en la izquierda transformadora se acercaba a sus ratios de popularidad. Y, aunque algunos sectores trataron de impulsar el liderazgo del ministro Pablo Bustinduy tras el paso atrás de la vicepresidenta Yolanda Díaz, la idea no cuajó.

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