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Los datos que condicionan la decisión trascendental que deben tomar los partidos a la izquierda del PSOE

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante una rueda de prensa.

Los partidos a la izquierda del PSOE tienen que tomar una decisión trascendental más pronto que tarde: concurrir a las próximas elecciones generales en una candidatura de unión o ir dividida o en coaliciones parciales.

Recientemente se ha publicado una nueva encuesta de 40dB para El País que incorpora algunos escenarios hipotéticos en torno a la izquierda alternativa y sus opciones electorales. Es cierto que es más complejo de medir la opinión pública en circunstancias como estas, pero un primer análisis de los datos nos permite extraer algunas conclusiones interesantes, unas más rotundas que otras, y nos da algunas pistas novedosas de la posible reconformación del espacio.

La primera y más obvia es que la unión de las izquierdas en torno a la candidatura de Sumar podría conseguir cerca de dos decenas de escaños más que los que consiguió Unidas Podemos en noviembre de 2019. Buena parte de este crecimiento se debe a los defectos del sistema electoral y cómo eso perjudica a partidos por debajo del 15% de votos a nivel general. 

En este caso, Sumar podría conseguir por encima del 18% de los votos y en torno al 16% de los escaños en la cámara (en torno a 57 de 350). Un déficit de proporcionalidad de entre 2 y 3 puntos, aunque un escenario más amable que el de las pasadas elecciones, cuando la infrarrepresentación casi alcanzó los 5 puntos netos.

Pero lo que realmente parece es que, tal y como vimos cuando analizamos la ‘presidencialidad’ de Yolanda Díaz, Sumar podría atraer a nuevos y/o viejos votantes del espacio confederal, ya que es la opción favorita de muchos votantes progresistas.

Como bien sintetiza Belén Barreiro, CEO de 40dB, en su artículo en El País, los votantes “creen que el espacio a la izquierda del PSOE debe estar representado por una sola candidatura” y quieren que Díaz lidere el proyecto. Es más, el rechazo que genera la vicepresidenta y su nueva marca es menor del que genera UP: el 28% de los encuestados afirma que nunca votaría a Sumar, mientras que la cifra asciende hasta el 44% en el caso de la coalición morada.

Para saber qué perfil sociodemográfico tienen estos votantes, he explorado los diferentes escenarios planteados por la encuesta donde los entrevistados responden a qué partido o coalición votarían en la actualidad y en un hipotético caso de unión de las formaciones de la izquierda alternativa (donde Sumar aglutine a UP, MP y las confluencias territoriales).

La primera constatación es que tanto Unidas Podemos como Sumar tendrían un perfil de votantes bastante similar. Si observamos los cruces más significativos, vemos que ambas opciones tienen ligeramente más apoyos entre hombres que entre las mujeres, una tendencia que se estrecha desde 2018, o que los votantes de entre 45 y 64 años asumen el mismo peso en cada uno de los dos casos.

También son similares los posicionamientos en los diferentes asuntos de actualidad como el cambio climático, la dependencia energética, la crisis de la inflación o las desigualdades sociales, donde la preocupación de los votantes es muy elevada y no distingue entre Sumar y UP.

Hay diferencias sutiles, en cambio, en el nivel educativo. UP siempre ha tenido mejores registros entre los votantes con estudios universitarios o de tercer grado que entre aquellos con menor rango educativo, y hay indicios de que Sumar podría acentuar este nicho de electores, que empieza a ser mayoritaria en España.

También en la clase social, donde tiende a haber más personas que se consideran de clases altas o medias altas en Sumar (43%), en comparación con las clases medias bajas o bajas (28%), lo que imprime una diferencia de 15 puntos cuando en UP la diferencia es menos pronunciada, de 4 puntos.

Pero donde de verdad se aprecia un cambio relevante es entre los trabajadores. Hasta el 62% de ellos dicen que votarían por Sumar si tuviesen la opción de coger esa papeleta, la mayor cifra de entre todos los principales partidos, 7 puntos más que en Unidas Podemos y por encima de los 10 puntos si comparamos con el PSOE.

Desde la irrupción de los nuevos partidos en las generales de 2015, el espacio confederal se ha desempeñado bien entre los trabajadores, lo que en los últimos años se ha traducido como un crecimiento del 10-15% en intención de voto respecto a la población en su conjunto, según un análisis propio de los microdatos del CIS.

Según los datos de la encuesta de 40dB y asumiendo todas las cautelas necesarias, Sumar podría mejorar este registro hasta el 20%, lo que supondría volver a los números de Podemos del periodo 2015-16, su mejor etapa en intención de voto.

Es verdad que el contexto económico es incierto y casi la totalidad de los votantes de la izquierda alternativa están bastante o muy preocupados por la situación actual, desde la guerra en Ucrania hasta el desempleo. Aunque la cifra total de parados en un mes de noviembre es la más baja desde 2007 y la popularidad de las políticas públicas desplegadas por el Gobierno a lo largo de la toda la legislatura, muchas de ellas encabezadas por la propia Díaz al frente de la cartera de Trabajo —como los ERTE o la subida del SMI— fortalecen la idea de que el ensanchamiento de Sumar viene también desde ese vértice.

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