El futuro del PSOE

El PSOE se acerca al caos

Pere Navarro, durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión como líder del PSC, este 11 de junio.

"Circo", "delirio", "desfile de modelos". Estas y otras expresiones se escuchaban ayer en la casa socialista. Y la sensación correspondiente era el "estupor" más absoluto por lo que estaba pasando en muy pocas horas. La sorpresiva dimisión de Pere Navarro como líder del PSC, los amagos de Patxi López para resucitar su candidatura y su retirada definitiva posterior, la puesta en circulación de nombres de aspirantes alternativos –Juan Fernando López Aguilar, Soraya Rodríguez–, la presentación de la candidatura de militantes de base liderada por Alberto Sotillos. Un flujo desordenado de noticias que se agolparon en el tiempo y que inevitablemente trasladaban la imagen de caos o, cuando menos, de desconcierto absoluto. Todo ello horas antes de la formalización de los que se presumen los rivales más fuertes tras el portazo de Susana Díaz: Pedro Sánchez (que lo hará hoy jueves) y Eduardo Madina (mañana). "La imagen de descomposición del PSOE es terrible", pintaba un alto cargo federal que contemplaba con asombro la secuencia de hechos. 

Ninguno de los datos era menor. Quizá el más preocupante, por distintas razones, era la salida de Navarro, porque el PSC es el territorio más grande en militantes tras Andalucía. El primer secretario de los socialistas catalanes anunció a las cinco de la tarde que tiraba la toalla, que se iba porque era la "mejor solución" para el partido. Su marcha será prácticamente automática: el sábado será ya oficial, cuando se reúna el Consell Nacional, máximo órgano de dirección, encargado de poner fecha al congreso extraordinario y de nombrar a una gestora para que gobierne este periodo de interinidad. 

La dirección del PSC, antes y justo después de las europeas, advertía de que no iba a ofrecer en bandeja a los críticos –el heterogéneo sector soberanista– la cabeza del primer secretario, vía cónclave extraordinario, por mucho que los resultados fueran malos. Lo fueron. El partido perdió, con relación a los comicios de 2009, la mitad de los votos (de 708.888 a 358.539), un 14,28% frente al apabullante dato anterior: 36%. De primera a tercera fuerza. "Me siento con ánimo y fuerza de seguir pilotando el PSC", proclamó Navarro el 26 de mayo, 24 horas después del batacazo. 

¿Qué pasó entonces? Todas las fuentes consultadas, oficialistas y críticos, apuntaron a la misma razón: Navarro se quedó solo. No sólo se apartaron de él los integrantes del grupo soberanista, sino también los que eran más suyos, los que formaban parte de su núcleo de confianza, los que se adscribían al sector federalista. En los últimos días, le hicieron ver (también públicamente) que no bastaba con hacer cambios en la ejecutiva –para eso estaba convocado el Consell Nacional de este sábado–, que ya acumulaba varias vacantes por las defecciones y salidas del núcleo crítico. Le urgían a acometer cambios "profundos", no "cosméticos".

Collboni, Sabaté, Mayoral, Parlon...

Era el caso, por ejemplo, de Jaume Collboni, alcaldable de Barcelona y presidente de la federación; Núria Parlon, regidora de Santa Coloma de Gramenet; Josep Mayoral, primer edil de Granollers y secretario de Política Municipal del PSC, o Xavier Sabaté, diputado autonómico y presidente de la federación de Camp de Tarragona. El argumento común era que el partido había perdido sus señas de identidad, que había entrado en una dinámica "frentista" en la cuestión de la consulta, al alinearse con PP y Ciutadans. "Si Pere seguía, se podía trasladar la señal de que el PSC no había tomado nota de los resultados. Así que se vio abocado a la dimisión, para que se empezase a escribir una hoja en blanco", dictaminaba ayer un dirigente de confianza del pronto ex primer secretario.

Según el relato de Navarro, nadie le había pedido abiertamente su dimisión, pero al apremiarle a dar paso a cambios "profundos", no había otro camino que la puerta. El pulso con los críticos, por otro lado, había ido subiendo escalones, hasta el punto de que el 4 de julio está programada una "asamblea constituyente" para impulsar un movimiento socialista de "vocación mayoritaria". Tampoco satisfizo la restitución parcial de sus atribuciones a los tres parlamentarios díscolos a los que se abrió expediente (Marina Geli, Núria Ventura y Joan Ignasi Elena). Pero la escisión de los críticos "ya se daba por descontada", según una dirigente de este grupo. "Sí, eso se daba ya por amortizado. Eso no ha desencadenado su caída", confirmaban desde la cúpula del PSC. 

El escenario ahora es incierto. El Consell Nacional tendrá que determinar si convoca el congreso extraordinario antes de las vacaciones de verano, para limitar el periodo de transición al mínimo, o lo desplaza al otoño. Fuentes próximas a Navarro indicaban que esa decisión marcará el perfil de la gestora. Si el periodo interino es corto, puede ser un equipo corto y funcional. Si tiene que pilotar el PSC más tiempo, necesitará una estructura más estable. Uno de los nombres que circulaba para presidir la gestora era el del expresident José Montilla, hoy senador, muy respetado por los dos sectores. Los críticos reclaman un cónclave "constituyente", en el que debata sobre qué proyecto construir. Desde el círculo de Navarro se recordaba ayer que este congreso, por su carácter extraordinario (como el del PSOE del 26 y 27 de julio), no discute sobre una ponencia política. Sólo elige nueva dirección.

La derivada en el PSOE

El descabezamiento del PSC influye, lógicamente, en el PSOE. Navarro se entendía bien con Alfredo Pérez Rubalcaba, y las federaciones elogiaban los esfuerzos del primer secretario por articular un discurso propio y por apartarse de la hoja de ruta soberanista. No se espera que su sucesor sea un representante del grupo crítico, pues este es una minoría dentro del PSC, pero no es descartable que el nuevo jefe hilvane un discurso con perfil propio que ponga eventualmente en aprietos al PSOE. El consenso alcanzado en Granada hace un año en torno a la reforma constitucional en clave federal fue muy trabajoso, y sería entendido como una catástrofe que saltara por los aires. 

Mientras, en el PSOE la convulsión se situaba en otro foco: la carrera por el trono vacante de Rubalcaba. El tiempo apremia porque el viernes comienza la recogida de avales y la consulta a la militancia es el 13 de julio. Ya el martes pasado, tras la deserción de la presidenta de la Junta, el partido se había sumergido en la incertidumbre, por mucho que se vislumbrara que las opciones de Madina habían crecido considerablemente. A media tarde, saltó otra vez el nombre de Patxi López. El exlehendakari se había quitado de en medio hacía una semana, con el argumento de que él se veía más "ayudando" que compitiendo. Y apoyó a la baronesa andaluza. Pero el martes se conoció que había almorzado horas antes en Sevilla con Díaz y, desde el entorno del líder del PSE se deslizó que este estaba recibiendo "presiones" para dar un paso al frente. El miércoles, el globo siguió hinchándose y en la federación vasca seguían informando de que López estaba calibrando sus fuerzas, aunque no había nada "decidido".

Poco después de las seis de la tarde, nueva marcha atrás de López. A través de un comunicado, el secretario del PSE reconocía que "numerosos dirigentes y militantes" se habían dirigido a él para que, tras la retirada de Díaz, reconsiderase su decisión y concurriese en el congreso. Al final, volvió a decir nono. “Las razones que me llevaron a apartarme para facilitar el camino a otras personas que puedan encabezar el proyecto socialista renovado siguen vigentes. Me siento con fuerzas y ganas, pero considero que en estos momentos mi mejor contribución al Partido Socialista es la de ofrecer mi ayuda y mi total apoyo a la persona que nuestra militancia elija libremente para dirigirlo", sostuvo. 

Lo que hizo López, según opinaba otro barón, era "soltar la liebre y tantear si había agua en la piscina". "Y, de paso, volver a demostrar que no quiere a Edu de líder", añadió. 

López Aguilar y Rodríguez se lo están pensando

Después de que el exlehendakari volviera a agachar la cabeza, se sumaron dos nombres al elenco de candidatos. El del exministro Juan Fernando López Aguilar y el de la portavoz en el Congreso, Soraya Rodríguez. El primero reconoció que estaba recibiendo peticiones desde hace meses, tanto de dirigentes como de afiliados de base, para que se postulara, pero aún no tenía nada decidido, y así lo contó en Twitter. Luego le dijo a la agencia Efe que lo está reflexionando "muy seriamente"

A Rodríguez le había pasado algo semejante. Como adelantó El País y confirmó este diario, en los últimos días y, sobre todo, "en las últimas horas", se habían puesto en contacto con ella muchos dirigentes, "algunos de mucho peso" para animarla a ofrecerse como una tercera vía entre Madina y Sánchez. "Pero ella está escuchándoles y de momento no se ha comprometido con nadie". La portavoz también se lo estaba pensando

Quien sí adelantó su candidatura fue el sociólogo y consultor político Alberto Sotillos, hijo del que fuera portavoz del primer Gobierno de Felipe González, Eduardo Sotillos. El aspirante representa a militantes de base agrupados en el colectivo Socialismo Democrático, y su objetivo es "refundar" el PSOE y "devolvérselo" a los afiliados, porque "ha dejado de ser una herramienta de cambio". Otro corredor en pista es el exdiputado nacional José Antonio Pérez Tapias, portavoz de Izquierda Socialista. 

La pregunta inevitable es por qué el baile de nombres de López, Rodríguez y López Aguilar. Según el diagnóstico de varios altos mandos del PSOE consultados por infoLibre, la razón es clara: no se ve ni a Madina ni a Sánchez como líderes "con garantías plenas" de que puedan sacar al partido de su postración, "ninguno acaba de calar". Es decir, que ante la retirada de Díaz, ha penetrado el pánico, acentuado ayer, además, por el descabezamiento del PSC. "Nada se está haciendo responsablemente. Y entonces unos se postulan con una jactancia que hasta duele", aseveraba preocupado un responsable de mucho peso. "Ninguno tiene la capacidad de dar estabilidad al PSOE. Al final, va a ser verdad eso de que somos el partido que más nos parecemos a la sociedad. En efecto, se atomiza la sociedad y nos atomizamos nosotros. Como sigamos así, en la votación del 13 de julio va a haber más papeletas que en las europeas", bromeaba un barón, no sin cierta inquietud. 

"Respeto" pero también crítica al "tacticismo"

Distintos dirigentes se confesaban "estupefactos", "atónitos", asombrados por lo que estaba ocurriendo –la "barra libre", en expresión de un mando autonómico– y por la deriva que podría tomar la pelea en los siguientes días. Achacaban la culpa a Rubalcaba, por haber "cambiado las reglas de juego en mitad de la partida", al haber promovido el voto directo de la militancia cuando el cónclave está ya convocado, y en un momento crítico. El resultado, vaticinaban, era el "desastre", el "caos". La preocupación es que el PSOE no recupere la estabilidad, se elija a un líder con un porcentaje de voto bajo y un mandato, por tanto, igual de incierto que el de Rubalcaba. 

Los secretarios regionales no se pronunciaron ayer tampoco. La mujer con más poder en el PSOE, Susana Díaz, avanzó por la mañana en una entrevista en Onda Cero que no mostraría ninguna preferencia. Se mantendría al margen: "No me voy a manifestar hoy [por ayer] ni durante el proceso porque quiero que los militantes en Andalucía se sientan libres, elijan lo que consideren mejor para este país y piensen quién puede aportar más en un momento en que España necesita estabilidad y un PSOE fuerte".

Mientras, los candidatos que llevan trabajando meses en sus respectivos proyectos, Pedro Sánchez y Eduardo Madina, están a punto de saltar al ruedo. El primero lo hará hoy y el segundo, mañana. Este diario no logró contactar anoche con los colaboradores de Sánchez para recabar sus impresiones. Fuentes del entorno del diputado vasco expresaron su "máximo respeto" a los nuevos posibles aspirantes, porque a fin de cuentas este es un congreso abierto, inédito en la historia del PSOE, que favorece la presentación de alternativas, y serán los casi 200.000 militantes los que tendrán que votar. En 2000, rememoraban, compitieron cuatro aspirantes, y de ellos salió victorioso José Luis Rodríguez Zapatero, al que no se metía en las quinielas por la fortaleza de José Bono. Aunque también denunciaron el "tacticismo", las componendas internas. O sea, la sospecha de que el desfile de nombres tiene como objetivo dañar las expectativas del aspirante que contaría con más fuerza, a su juicio: Eduardo Madina. 

El panorama, en cualquier caso, todavía puede dar muchas vueltas

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