28A | Elecciones generales

El PSOE se resiste a cerrar ningún escenario de pactos después del 28A a la vista de la incertidumbre del resultado

Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE.

Fernando Varela

Cuanto mejores son para los socialistas los datos que llegan de las encuestas, y las de este fin de semana han sido más favorables que las que se se publicaron cuando Pedro Sánchez anunció la fecha de las elecciones, mayor es la preocupación en el equipo de campaña del PSOE. Todos los estudios coinciden en que las derechas no suman, en estos momentos, escaños suficientes para gobernar y en que al PSOE se le abren dos escenarios: repetir el pacto de la moción de censura con Podemos y diferentes combinaciones de nacionalistas o llegar a un acuerdo con Ciudadanos.

Ambas conclusiones preocupan en el puente de mando de la campaña socialista. De un lado, saben que la movilización del electorado de izquierdas depende en gran medida de que los votantes perciban el riesgo real de que la alianza de las tres derechas —PP, Ciudadanos y Vox— llegue al Gobierno. Si la izquierda pierde de vista esa posibilidad, temen que una parte de su electorado se quede en casa. Del otro, los socialistas creen que les conviene que Ciudadanos mantenga vivo el cordón sanitario que ha decretado contra ellos, porque les despeja el espacio político de centro sin desanimar a sus votantes de izquierdas. De ahí que a los estrategas de Ferraz no les interese que cobre fuerza la hipótesis de un pacto PSOE-Cs después del 28 de abril que pueda ahuyentar a los votantes de izquierdas.

Por eso la vicesecretaria del PSOE, Adriana Lastra, se aplicó este lunes a fondo a la tarea de espantar ambas ideas. Hasta media docena de veces se negó a confirmar que los socialistas prefieran un pacto con Ciudadanos en vez de con los independentistas catalanes, tal y como el diario Elespañol asegura que le confirmó en una entrevista José Luis Ábalos, secretario de Organización y jefe del campaña del partido.

Los socialistas, y también el Gobierno, según fuentes consultadas por infoLibre, manejan datos que no invitan precisamente a la complacencia. Algunos miembros del equipo de campaña están muy preocupados porque, a pesar de que todo indica que el PSOE ya está por encima del 30% de intención de voto, el escenario sigue siendo muy inestable. Faltan poco más de 30 días para la jornada de votación y cualquier error puede dar al traste con la tendencia favorable de las últimas semanas. De ahí que los socialistas se nieguen a dar nada por sentado más allá del convencimiento de que el 28 de abril serán, con diferencia, la fuerza mas votada.

La ventaja sobre las tres derechas es muy precaria, reconocen las mismas fuentes, porque se fundamenta apenas en un “puñado de votos” en un grupo de provincias decisivas, las que tienen seis escaños o menos. Así que el miedo a que los votantes den por sentada la victoria es patente. Igual que el temor a que la izquierda ideológicamente mas comprometida no se movilice si el PSOE no empieza pronto a desgranar propuestas concretas, compromisos en línea con la agenda social que Sánchez tanto dice defender.

De ahí la importancia que muchos en la dirección socialista otorgan al acto programado para este miércoles, en el que el propio Sánchez avanzará 110 medidas del programa electoral que los socialistas se comprometerán a cumplir si alcanzan el Gobierno. Entre ellas estarán todas las que formaban parte de los Presupuestos para 2018, que la derecha y los independentistas tumbaron en febrero, pero está por ver si Sánchez recuperará promesas que aparcó cuando ganó la moción de censura como el impuesto a la banca o la derogación de la reforma laboral.

Será además una oportunidad para devolver el debate social al centro de la campaña después de varios días durante los cuales el conflicto catalán ha vuelto a los titulares como consecuencia del pulso que el president Quim Torra mantiene con la Junta Electoral a cuenta de la exhibición de lazos amarillos y símbolos independentistas en edificios bajo responsabilidad de la Generalitat.

Si las tres derechas no suman, y los socialistas consiguen ser los más votados por primera vez en más de una década y además logran una cierta distancia en escaños con la segunda fuerza, en Ferraz están convencidos de que nadie podrá discutirles el derecho a formar gobierno. Y en esa situación, puestos en el brete de tener que negociar acuerdos que presumen muy difíciles con los independentistas o buscar el respaldo de Ciudadanos, que tampoco será fácil de conseguir, la dirección del PSOE no quiere cerrarse ninguna puerta. “Queremos depender de nosotros mismos”, advirtió Lastra. Y para conseguirlo necesitan “ser capaces de movilizar a esa mayoría social progresista, sensata, que cree en la justicia social”.

El fantasma de lo ocurrido en Andalucía sigue pesando en Ferraz. “Experiencias tenemos, recientes y dolorosas, de encuestas que daban al PSOE como vencedor de las elecciones. Y el día de las elecciones descubrimos que de repente la extrema derecha llegaba a este país y la derecha gobernaba Andalucía. Ni nos podemos confiar ni la ciudadanía se puede confiar”, remarcó.

Por eso insistió en que su partido no da nada por hecho. “Tenemos el fascismo a las puertas del Congreso”, recordó citando una columna radiofónica reciente de la escritora Almudena Grandes.

No creerse las encuestas

La ciudadanía española, añadió, tiene que “ser consiciente de que esto es así, de que tenemos que ir a votar todos el día 28”. Y, “sobre todo, que no nos dejemos llevar por encuestas que lo que hacen es fijar una foto de un momento concreto”, que puede cambiar como sucedió en las elecciones andaluzas.

Su socio preferente sigue siendo Unidas Podemos —este lunes Lastra recordó que los socialistas están más que satisfechos con la frutos de la colaboración que han conseguido desarrollar durante los últimos nueve meses— pero juntos, previsiblemente, no sumarán. Necesitarán al PNV y, como mínimo, a Esquerra. Y si los republicanos ponen condiciones que Pedro Sánchez no está dispuesto a conceder —medidas a favor de los presos o la convocatoria de un referéndum de autodeterminación, por citar dos exigencias que con seguridad sí planteará Junts per Catalunya, la nueva marca de la antigua Convergència dominada ya por completo por el expresident Carles Puigdemont—, al PSOE no le quedaría otro camino que volver la vista a Ciudadanos, a pesar de que su líder, Albert Rivera, sigue insistiendo en que bajo ninguna circunstancia contribuirá a que Sánchez continúe como presidente.

Dando por sentado que el 28 de abril tendrán buenos resultados, Pablo Iglesias y Albert Rivera ya han anticipado que esta vez quieren estar en el Gobierno que salga de las urnas. El primero, junto a Sánchez; el segundo en uno de la derecha, aunque nadie descarta que acabe estando dispuesto a entrar también en uno del PSOE. Pero ninguna de las dos hipótesis entra en los planes del presidente, que quiere volver a formar un Gobierno socialista en solitario, como ya hizo después de la moción de censura. Si lo consiguió con 84 diputados, razonan, mucho más justificado estará hacerlo con un grupo parlamentario por encima de 120 escaños, que es lo que están pronosticando las encuestas.

“Si tenemos opciones de gobernar porque no sumen [las tres derechas]”, explicó Lastra este lunes, ”pondremos nuestro programa encima de la mesa y al escrutinio de los 350 diputados de la Cámara”, dando a entender la disposición del PSOE a llegar a acuerdos con todos los grupos. Con una única excepción: los socialistas nunca se sentarán a negociar con Vox, advirtió.

Una oferta de diálogo con todos en la que el PSOE emplazará a los diputados en el Congreso a decidir si prefieren que España avance o retroceda, si prefieren a la extrema derecha dentro del Gobierno o se inclinan por “un PSOE solvente, sensato, de centro izquierda, que haga que el país prospere, crezca y redistribuya riqueza”.

Por eso, reiteró, sigue siendo necesario que la sociedad española que se considera “progresista, sensata y que cree en la justicia social” se movilice el 28 de abril y no se confíe. Porque si PP, Ciudadanos y Vox suman mayoría absoluta, van a gobernar, repitió Lastra en varias ocasiones, como si temiera que alguien deje de creerlo posible.

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