El juicio del 'procés'

Rajoy defiende ante el TS su aplicación "prudente" del 155 y niega que el 1-O se produjera un referéndum

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a su salida del Tribunal Supremo.

"Mariano Rajoy Brey. 63 años. Registrador de la Propiedad. Casado" y un "juro" cuando se le dio opción a sellar la forma en la que iba a decir la verdad. Así arrancó en la tarde de este miércoles la declaración del expresidente del Gobierno como testigo en el juicio del procés. Una comparecencia en sede judicial que el destino ha unido a los últimos coletazos de una legislatura que al protagonista de la jornada se le torció el pasado junio, cuando Pedro Sánchez le ganó en la moción de censura. Él mismo puso fecha a su última etapa en política: "Juré [como presidente] el 21 de diciembre de 2011. Cesé el 1 de junio de 2018".

Durante su interrogatorio, el expresidente del Ejecutivo se dedicó a refrendar el discurso de violencia de la Fiscalía –pero optó por recurrir al término "acoso"–, a negar que el 1-O hubiese un referéndum y a defender su aplicación del 155 de la Constitución, la forma en la que su Gobierno gestó el proceso que condujo a la intervención de la autonomía catalana.

En las últimas semanas, desde que se puso fecha a la comparecencia de Rajoy en el Supremo, en Génova, 13, sede nacional de los conservadores, ese edificio en el que tuvo su despacho hasta finales del pasado julio, aguardaban el momento con no poca tensión. Primero, por el daño que podía hacerles que Vox, el partido ultra con el que compiten por un sector del electorado, ejerciese la acusación particular. Y, segundo, por el daño que lo dicho por Rajoy podía hacer a la estrategia de Pablo Casado en un momento en el que el eje de la campaña electoral para las generales va a ser la situación en Cataluña. De hecho, Pedro Sánchez decidió anunciar la disolución de las Cortes tras constatar que no tenía apoyos para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Entre los apoyos perdidos desde la moción estaba el de los independentistas catalanes.

Al salir Rajoy del tribunal, en el PP valoraban muy positivamente su declaración . "Ha estado sólido", decían las fuentes consultadas, al tiempo que rebajaban esos temores a que Vox acabe monopolizando el juicio. "En lo que va del proceso tampoco están consiguiendo marcar la agenda", considera un veterano diputado.

El 155, "excepcional"

No obstante, no pasó inadvertida la diferencia de tono entre Rajoy y su sucesor en lo que tiene que ver con la aplicación del artículo 155 de la Constitución. En un momento en el que Pablo Casado se ha comprometido a aplicar esta herramienta constitucional si llega a la Moncloa tras las próximas generales de una forma más amplia, sin limitación temporal, Rajoy se encargó de dejar claro que lo suyo fue "una decisión excepcional".

Su criterio, destacó el exjefe del Ejecutivo, estuvo basado en tres puntos: el "respeto a la soberanía nacional y a la unidad nacional", el "cumplimiento de la ley" y la prudencia.

Rajoy defendió que su Gobierno hizo "un gran esfuerzo" para conseguir "el apoyo de todos". "Trabajamos para hacerlo todos de forma conjunta", dijo en alusión a que, pese a tener mayoría absoluta en el Senado, buscó primero el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.

Precisamente, uno de los principales roces entre Rajoy y Casado, que tiene sus orígenes en la campaña por la presidencia del PP, tiene que ver con las diferencias en la aplicación del 155. El presidente y algunos de sus fieles no han ocultado que les habría gustado otra aplicación de este precepto constitucional, aunque ahora hayan optado por culpar a Ciudadanos de haber impuesto como condición para su apoyo el que fuese aparejado a una convocatoria de elecciones autonómicas.

"Sólo se prevé el 155 para situaciones límites. Claro que estaba preocupado", diría Rajoy en respuesta a las preguntas del Ministerio Fiscal. Preocupado por "actos de acoso" contra políticos y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Rajoy no supo dar nombres de los afectados por esos "actos de acoso". Se limitó a asegurar que así lo habían plasmado "los medios de comunicación" y que "decir que no lo hubo es estar ciego".

Más explícita en este punto había sido la exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría horas antes, en la jornada de mañana. Ella sí se refirió a "actos violentos" que todos los ciudadanos pudieron ver por televisión. A "imágenes de naturaleza violenta".

El "referéndum" y la "Junta Electoral"

En lo que sí coincidieron Rajoy y la que fue su mano derecha fue en negar que lo que se produjo el 1-O fue un referéndum. Lo hicieron recurriendo prácticamente a las mismas palabras.

"La Junta Electoral Central dijo que no se había producido ese referéndum", dijo Santamaría. 

"No se convocó un referéndum, se intentó convocar un referéndum", diría Rajoy. La Junta Electoral Central, subrayaría, dijo el 4 de octubre que "allí no hubo ningún referéndum".

Rajoy lee "periódicos digitales"

En un momento de su interrogatorio, tras alguna mención a lo sucedido en el turno de mañana en la sala, una de las defensas preguntó al expresidente si había seguido las intervenciones previas ante el tribunal. Rajoy respondió que había leído "periódicos digitales".

"La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece la necesidad de que los testigos no se comuniquen una vez hayan formulado su testimonio", recordaría el presidente del tribunal, Manuel Marchena.

También coincidieron Santamaría y Rajoy, en respuesta al representante de la acusación popular, Javier Ortega Smith (del partido de extrema derecha Vox), a la hora de explicar por qué se optó por no aplicar el artículo 116 de la Constitución, el que regula el estado de alarma, estado de excepción y estado de sitio. El expresidente defendió que, a su juicio, el 155 era "más operativo, adecuado y justo".

"Era más oportuno actuar respecto a quienes habían incumplido la Constitución que respendo a los ciudadanos de Cataluña", dijo Santamaría.

Rajoy: sin "intermediarios"

En un momento en el que todavía colea la polémica del Gobierno socialista y los "relatores", el expresidente defendió que, en su etapa en la Moncloa "no ha habido ningún mediador de nada". "Mi posición estaba clara y la de los otros, también", sostuvo. Rajoy admitió que por aquellas fechas había mucha gente interesada en hablar con él y que tiene la costumbre de atender a "todo el mundo", como ocurrió con lehendakari Íñigo Urkullu y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar. Su mensaje a todo aquel que se puso en contacto con él fue "claro", insistió: "No negocio el cumplimiento de la ley. Ni la Constitución. Ni la soberanía nacional. Lo peor era que se sabía. A todos les dije exactamente lo mismo".

Por lo demás, Rajoy hizo de Rajoy. Poco pudieron sacarle los abogados de la defensa sobre el dispositivo policial o las órdenes dadas a los responsables máximos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. "Yo llevaba la dirección política", intentó zanjar el debate.

Lamenta "muchísimo" las imágenes del 1-O

Tras mostrársele un vídeo con cargas políciales del 1-O, el expresidente dijo lamentar "muchísimo" esas imágenes, pero también "las otras".

"La responsabilidad de los dirigentes políticos está en evitar que se produzcan acontecimientos como los que se han visto aquí", sostuvo antes de culpar al Govern: "Si se hubiese actuado cumpliendo la ley no hubiésemos visto esas imágenes ni otras imágenes parecidas".

Tras más de una hora de interrogatorio, Rajoy abandonó el Supremo de la misma forma en la que había decidido llegar al tribunal: sin respaldo de miembros de la dirección del partido que presidió. Cuentan en Génova que fue decisión personal suya. Y que se respetó. Nada que ver con el día en el que otro expresidente, José María Aznar, acudió a declarar ante la comisión que investigaba la presunta financiación ilegal del PP en el Congreso. El propio Casado le escoltó hasta la sala.

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