relevo en el vaticano

La reverencia de Rajoy indigna a la sociedad laica

IU critica la inclinación de Rajoy ante el papa Francisco

Ibon Uría

Uno por uno, el príncipe Felipe, la princesa Letizia y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se paran frente al papa y se inclinan solemnemente. Es una de las imágenes de hoy, protagonizada por una parte de la delegación que el Gobierno ha desplazado a Roma con motivo de la misa inaugural del papa Francisco. La amplia comitiva española, en la que también figuran los ministros de Asuntos Exteriores –José Manuel García-Margallo–, Interior –Jorge Fernández Díaz– y Justicia –Alberto Ruíz Gallardón–, ha sido una de las más nutridas de entre las 132 que han acudido al acto. Y, como en ocasiones anteriores, este capítulo de las relaciones entre Iglesia y Estado no ha pasado desapercibido.

“No compartimos el despliegue de medios de hoy”, asegura el portavoz de Izquierda Unida federal, Ricardo Sixto, a infoLibre. “La toma de posesión de un papa es como la de cualquier otro jefe de Estado, y normalmente no se hace un esfuerzo tal para un acto de estas características”, añade. Poco después, Sixto escribía en su cuenta en Twitter: “Hoy no viene a votar al Congreso medio Gobierno porque está en Roma, rindiendo pleitesía al monarca absoluto del Estado Vaticano”.

Las de Izquierda Unida no son las únicas críticas que ha recibido el ejecutivo. Colectivos como Europa Laica tampoco ven con buenos ojos la presencia de tantos representantes en el acto religioso celebrado hoy en Roma. “Quizá por protocolo cabría enviar a alguien, pero que acudan los príncipes, el jefe de Gobierno, varios ministros… es un exceso”, señala su presidente, Francisco Delgado. Más contundente se ha mostrado el presidente de la Unión de Ateos y Librepensadores, Albert Riba, en declaraciones a este diario: “El jefe de Gobierno de un Estado que se califica como aconfesional no debería asistir. Además, es un desplazamiento que pagaremos entre todos, también entre los que no somos cristianos”.

También ha llamado la atención la reverencia de Rajoy ante el pontífice. “Es muy significativa”, cree Ricardo Sixto. “Rajoy abandona las fórmulas habituales y confunde sus creencias particulares con las responsabilidades de sus puesto”, opina. Sixto añade que los ciudadanos no deben “obediencia” al papa, por lo que rechaza la actuación del presidente: “con ese gesto, Rajoy deja de representar a los españoles en la toma de posesión”. Francisco Delgado va incluso más allá: “Se da a entender que el Gobierno y la jefatura de Estado son de confesión católica, vulnerando el principio de aconfesionalidad de la Constitución”.

Sin embargo, no es la primera vez en la que un presidente se inclina ante el papa. Por ejemplo, José María Aznar llegó a besar al anillo de Juan Pablo II cuando fue recibido por el pontífice en su biblioteca privada de la Ciudad del Vaticano, en 2003. Fue la visita de despedida a la Santa Sede de Aznar como jefe de Gobierno. Y también Zapatero saludó con una reverencia –aunque sin llegar a los extremos de su predecesor– a Benedicto XVI a su llegada a Madrid con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud católica. “Todos los gobiernos han entrado en este juego vulgar”, dice Francisco Delgado, con quien coincide Ricardo Sixto: “Los dos grandes partidos han mantenido el status quo en las relaciones con la Iglesia católica”.

Para el recuerdo también quedan imágenes como la de María Teresa Fernández de la Vega cubriéndose la cabeza en su encuentro con el cardenal Tarcisio Bertone –como manda el protocolo vaticano para las mujeres–, o la de la actual alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que al igual que su marido años después, optó por besar el anillo del papa en su visita al Vaticano en abril de 1997.

"Connivencia" entre Iglesia y Estado

Pero más allá de las reverencias, es la relación entre Iglesia y Estado lo que más preocupa a algunos. “Hay que separar completamente Estado y religión, porque esta forma parte de la esfera de lo privado”, apunta Ricardo Sixto. Una división que, a juicio de Izquierda Unida, no se da hoy en día: “Habría que promover un proceso de laicización”. Sixto señala que sería deseable que la Iglesia gozase de independencia económica en nuestro país, y los representantes de laicos y ateos apoyan esta medida. “La relación actual entre las instituciones religiosas y el Gobierno es completamente desequilibrada”, dice Albert Riva. “Incluso en materia de impuestos, después de que Europa obligase a España a cobrar el IVA a la Iglesia, la respuesta del ministerio fue que no iban a molestarse en revisarlo. En este país, la palabra 'aconfesional' da risa. No hay ninguna separación entre Iglesia y Estado”, concluye tajante.

También hay un cierto acuerdo en torno a la poca evolución que han mostrado las relaciones entre autoridades políticas y religiosas en España. “La política en relación a la Iglesia sigue por los mismos derroteros tanto con el PP como con el PSOE: se mantienen los privilegios y un concordato preconstitucional”, señala Ricardo Sixto. Un concordato que rige las relaciones entre España y el Vaticano y que “confunde” a la Santa Sede con un Estado normal, “cuando no lo es: es simplemente la jefatura de una confesión religiosa”, añade Francisco Delgado.

Así que, la inclinación de Rajoy de hoy es considerada síntoma de algo más profundo, de la “connivencia desmesurada del Estado con la Iglesia católica”, según Sixto. Una reverencia que no sorprende pero que ha molestado a colectivos laicos y ateos: “Imagínate que viniera el jefe de un Estado autocrático en el que hubiera sólo 300 ciudadanos, todos varones, que tuviera un banco turbio e implicado en el blanqueo de capitales y que nosotros fuéramos a hacerle referencias. ¡Nos pondrían verdes!”, dice, indignado, Albert Riba.

Rajoy se inclina ante el papa

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