Nuevo Ejecutivo

La revolución en el Gobierno anticipa el “rejuvenecimiento” en la dirección del PSOE para el Congreso de octubre

José Luis Ábalos, en primer plano, escucha la intervención de Pedro Sánchez en el Comité Federal del PSOE que precedió a la remodelación del Gobierno.

Fernando Varela

Los cambios introducidos por el presidente Pedro Sánchez en su Gobierno anticipan, a cuatro meses del 40º Congreso Federal del PSOE, los relevos que el también secretario general de los socialistas quiere introducir en el partido a dos años de las próximas elecciones generales.

Después de la remodelación del Ejecutivo, ya nadie duda en las filas del PSOE de que Sánchez se propone actualizar su ejecutiva siguiendo los criterios que ha utilizado para rehacer su Gobierno. A saber: feminización, rejuvenecimiento, renovación generacional y municipalismo. Pensando, como él mismo explicó este sábado en referencia a su nuevo Consejo de Ministros, en “llegar a todos los rincones del país y a toda la sociedad, aportando juventud y cercanía”.

Las encuestas que maneja el PSOE —también las externas— hace tiempo que revelan un problema que no ha hecho más que aumentar en los últimos años: el envejecimiento del electorado socialista. Y Sánchez quiere ponerle freno actualizando el partido en el congreso que tendrá lugar en València entre el 15 y 17 de octubre, justo cuando España puede estar en tasas de crecimiento económico muy elevadas y con la pandemia definitivamente bajo control.

Sánchez quiere un nuevo PSOE en línea con un Gobierno de perfil marcadamente más político. Fuentes consultadas por infoLibre atribuyen la salida simultánea del Gobierno de Carmen Calvo y de Iván Redondo, hasta ahora vicepresidenta primera y jefe de gabinete de la Presidencia, respectivamente, a un intento de zanjar de una vez por todas la pugna entre quienes apuestan por el modelo de partido tradicional y los que prefieren poner el énfasis en el marketing electoral.

Pero la salida de ambos del Ejecutivo y, sobre todo, el ascenso de Félix Bolaños de la secretaría general de la Presidencia al ministerio que hasta ahora era responsabilidad de Calvo —aunque sin el rango de vicepresidencia—, así como la llegada de Óscar López a la jefatura del gabinete del propio Sánchez en sustitución de Redondo, demuestran que a partir de ahora el PSOE ha ganado autoridad dentro del Gobierno.

Bolaños combina la doble cualidad de contar con la absoluta confianza de Sánchez con la de ser un indiscutible hombre de partido. El caso de López, que fue secretario de Organización del PSOE durante dos años coincidiendo con el mandato de Alfredo Pérez Rubalcaba, es más peculiar. Políticamente se formó en el partido junto a Sánchez al amparo de José Blanco cuando el que fuera ministro de Fomento era también el número dos de José Luis Rodríguez Zapatero. Después de la moción de censura de 2018 el presidente del Gobierno le situó al frente de la empresa pública de Paradores a pesar de que un año y medio antes antes López se había sumado a los dirigentes del PSOE que forzaron su dimisión para facilitar la investidura de Mariano Rajoy y asesoró a Patxi López en la carrera de las primarias que finalmente ganó Sánchez. Su perfil dentro del PSOE, sin embargo, tampoco ofrece dudas.

La incorporación de López, en todo caso, no representa un paso atrás. Los perfiles que Sánchez ha incorporado al Gobierno confirman su intención de avanzar en la transformación del partido que él mismo inició ganando las primarias de mayo de 2017 frente a la vieja guardia del partido, que apoyó fundamentalmente a Susana Díaz.

De esos cambios forma parte la salida de José Luis Ábalos no sólo de un ministerio clave como es el de Transportes sino de la secretaría de Organización del PSOE, el cargo tradicionalmente más importante de esta formación después del secretario general porque es el que tiene por misión controlar y poner a punto la maquinaria del partido. Ábalos ha ido perdiendo peso en la calle Ferraz durante los años que lleva en el Gobierno a medida que su labor en el partido la asumía el coordinador territorial, Santos Cerdán, que junto a Adriana Lastra, vicesecretaria general y portavoz en el Congreso, son los únicos miembros del núcleo duro de Sánchez que permanecerán junto al presidente —al menos de momento— tras la salida de Calvo y Ábalos.

La hora de las alcaldesas

La promoción de las alcaldesas que se han incorporado al Gobierno forma parte de la misma estrategia. En primer lugar Isabel Rodríguez, que deja la alcaldía de Puertollano (Ciudad Real) para hacerse cargo del Ministerio de Política Territorial y de la portavocía del Ejecutivo. El nombramiento de Rodríguez es de enorme calado político: es la principal referencia del sanchismo en un territorio, Castilla-La Mancha, dominado por uno de los pocos barones socialistas que discrepa públicamente del presidente, Emiliano García Page.

La visibilidad que le va a otorgar su nuevo puesto y el hecho de que después del Congreso Federal toque celebrar los congresos autonómicos, también el de Castilla-La Mancha, ha disparado inmediatamente las especulaciones que ya sitúan a la nueva ministra como alternativa al liderazgo autonómico de Page. Nada hace pensar que se esté cociendo una operación semejante a la que en Andalucía ha sustituido a Susana Díaz por el actual alcalde de Sevilla, Juan Espadas, entre otras cosas porque la fortaleza de Page, que gobierna su comunidad con mayoría absoluta, no es comparable con la debilidad de Díaz, que perdió la Junta de Andalucía. Pero no falta quien interpreta la apuesta de Sánchez por Isabel Rodríguez como un aviso directo de que hay recambio.

Renovación y juventud es también lo que representan las otras dos alcaldesas que el presidente ha decidido incorporar al Gobierno y que, igual que Rodríguez, por trayectoria y proyección, están llamadas a jugar un papel protagonista en el PSOE a partir de octubre. La primera es Raquel Sánchez, regidora en Gavá (Barcelona), y nueva titular del poderoso Ministerio de Transportes, en el que sustituirá al mismísimo José Luis Ábalos. Su recorrido político en el PSC, a cuya ejecutiva pertenece, es largo. La segunda es Diana Morant, alcaldesa de Gandía (València) y secretaria general del PSOE de la Comunitat Valenciana, que va a ocupar del Ministerio de Ciencia. Una mujer que cuenta con toda la confianza del barón local, el presidente Ximo Puig, que ve reforzada su influencia en el Gobierno. Pero que en el futuro puede dar también el relevo al propio Puig.

Es el caso también de Pilar Llop, la expresidenta del Senado y a partir de ahora ministra de Justicia, que ya sonó en su momento como candidata del PSOE por Madrid para tratar de hacer frente a Isabel Díaz Ayuso. O de la nueva titular de Educación, Pilar Alegría, hasta ahora delegada del Gobierno en Aragón y a la que el nuevo cargo sitúa en una posición de privilegio para relevar al barón local, el presidente Javier Lambán, cuando llegue el momento.

En el PSOE manejan desde hace tiempo estudios de opinión según los cuales la valoración de la vicepresidenta Yolanda Díaz está disparada. Especialmente en el electorado más joven, que es el que los socialistas quieren recuperar antes de las elecciones 2023. Es ahí donde entran en juego también los perfiles de las nuevas ministras, con las que Sánchez quiere diluir la imagen de modernidad, eficacia y talante que está apuntalando la imagen pública del principal referente de Unidas Podemos.

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