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Un año del 23J: Sánchez se ve fuerte para aguantar y fía su hoja de ruta a Cataluña y los Presupuestos

LLa respuesta a la sentencia del 'procés'

Sánchez rechaza “sobreactuar” en Cataluña mientras el PSOE denuncia el “electoralismo” de Casado y Rivera

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en la puerta de La Moncloa.

Había pocas dudas, pero para despejarlas, el PSOE certificó este miércoles que el Gobierno no cuenta con el respaldo de los principales partidos en su estrategia para controlar la situación en Cataluña después de la sentencia del procés. Después de los disturbios de la noche del martes, en la que centenares de personas desafiaron abiertamente a las fuerzas de seguridad del Estado y de Cataluña levantando barricadas y quemando contenedores en las calles de las principales ciudades catalanas, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, citó a los líderes del PP, Ciudadanos y Unidas Podemos para pedir su respaldo. Y no lo consiguió.

El presidente, sin embargo, compareció a las nueve de la noche para proclamar que “el Gobierno no va a consentir, bajo ningún concepto, que la violencia se imponga a la convivencia” y que hará “frente a cualquier forma de violencia sobre las personas, sobre los bienes públicos y también sobre los bienes particulares que se produzca por parte de grupos violentos organizados o individuos violentos aislados”.

La sociedad catalana y el conjunto de la sociedad española “deben saber que el Gobierno considera todos los escenarios, y que responderá en cada momento” con “firmeza democrática, la unidad de los partidos políticos y la proporcionalidad en la respuesta”.

Sánchez pasó por alto la disidencia de Casado y Rivera y se limitó a decir que en las reuniones de este miércoles –también con Iglesias— les invitó “a mantener la unidad y a dejar en segundo plano intereses de partido para así dar una respuesta unitaria a este desafío”.

Pero para los dos dirigentes de la derecha, Pablo Casado y Albert Rivera, la actuación del Gobierno es claramente insuficiente. Y para Pablo Iglesias, debería excluir, pase lo que pase, la aplicación de nuevo del artículo 155. Así que la ronda de reuniones concluyó sin haber conseguido que ninguna de las formaciones de la oposición accediese a cerrar filas con el Gobierno.

El jefe de los conservadores, que hasta la fecha no veía base para aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, en esta ocasión sí lo puso sobre la mesa. Y pidió expredamente que el Consejo de Ministros envíe un “requerimiento” al presidente de la Generalitat, Quim Torra, para recordarle sus “obligaciones constitucionales y legales”. El paso previo para la intervención de la autonomía.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, apremió también al Gobierno a aplicar el artículo 155 con el objetivo primero de “cesar” a Torra.

En su comparenecia desde Moncloa, Sánchez subrayó que, en cualquier caso, “los grupos violentos organizados, y en general quienes aspiran a quebrar las leyes democráticas, no conseguirán su propósito”. Su “única esperanza es vernos exaltados y divididos” para que “caigamos en sus provocaciones y alimentemos una espiral violenta”. “Nos quieren divididos para debilitarnos y tratar de imponer su voluntad sobre la democracia. Y nos deben encontrar como exige la gravedad del momento: firmes, serenos y unidos”, abundó.

“Cortinas de humo y fuego”

De ahí que volviese a hacer “un llamamiento expreso al president de la Generalitat. Tanto él como los miembros de su Gobierno, tienen el deber político, tienen el deber moral de condenar sin excusas y sin paliativos, con la máxima claridad y determinación, el uso de la violencia en Cataluña”. “Ningún gobernante puede camuflar su fracaso tras cortinas de humo y de fuego”, destacó.

Sánchez explicó que, para ganar el pulso a los violentos, el 10 de octubre puso un marcha un comité de cordinación del que forman parte el gabinete de la Presidencia del Gobierno; la Vicepresidencia del Gobierno; el Departamento de Seguridad Nacional; los ministerios del Interior, Asuntos Exteriores, Defensa —para las labores de ciberseguridad—, Justicia, Economía, Hacienda y Fomento y el Centro Nacional de Inteligencia, además de la Secretaria de Estado de Comunicación. Desde el pasado fin de semana está comité de coordinación está en “alerta permanente”, indicó.

Sánchez, en todo caso, hizo un llamamiento a la “serenidad y la templanza” porque “el Gobierno de España garantiza y garantizará los derechos y las libertades de todos en Cataluña. La moderación en la respuesta”, enfatizó, “es también otra forma de fortaleza”. Y “yo estoy convencido de que vamos a superar estos episodios de violencia y, no les va a quedar ninguna duda a la sociedad catalana y al conjunto de la sociedad española, que más pronto que tarde se restablecerá la tranquilidad y la convivencia”, prometió.

Pese a las “imágenes dramáticas que estamos viviendo en estos últimos días”, la convivencia y la tranquilidad “será restaurada en Cataluña. Y  uno de los principales garantes de que eso ocurra”, destacó, “es la extraordinaria cooperación que está habiendo entre los Mossos diEsquadra, entre la Policía Nacional y la Guardia Civil”.

Lo importante, subrayó, es que “los violentos y quienes los jalean” se enuentren enfrente con una respuesta basada en la proporcionalidad. La “moderación”, insistió, "es una forma de fortaleza. No vamos a sobreactuar”. Al final los violentos “quedarán como una muestra de la marginalidad radical”.

Para preservar a Sánchez, el que salió a expresar la posición del PSOE —y por extensión la del Gobierno— fue su número tres en el partido, José Luis Ábalos. La actitud de Casado y de Rivera, acusó, responde a intereses exclusivamente “electoralistas” y tiene por objetivo “simplemente tranquilizar a sus propias filas”. En este asunto se están dejando “llevar por la ultraderecha”.

El Gobierno, según fuentes consultadas por infoLibre, cree que ha vuelto el Casado “más radical”, acosado por Vox y en competencia con Rivera, justo cuando lo que no tocaba es precisamente “poner en cuestión la fortaleza del Estado de Derecho”. Primero criticando una sentencia del Poder Judicial y después cuestionando al Ejecutivo. Algo que, por otra parte, en plena precampaña, creen que les favorece porque permite al PSOE supuestamente ocupar todo el espacio de centro.

Frente a los llamamientos a tomar medidas excepcionales, como la Ley de Seguridad Nacional o el 155, el Gobierno pide “confianza en que el Estado sabe responder. Pero tiene que hacerlo en el ámbito de la “serenidad, lejos de la arbitrariedad, de la improvisación, de la alarma o de la ansiedad”, en palabras de Ábalos.

El Gobierno quiere transmitir una imagen de fortaleza, de que controla la situación. Por eso insiste en que dispone de recursos más que suficientes para ir abordando las situaciones que se vayan produciendo. Y los que están siendo aplicados en estos momentos son, explicó Ábalos, “muy eficaces”.

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Los socialistas pidieron específicamente al PP “un poco más de corresponsabilidad”, porque la crisis que están gestionando, recordó Ábalos, tiene su origen en el mandato de Rajoy. “No creo que sus recetas sirvan para hacer frente al independentismo porque durante su mandato creció enormemente y lo que está ocurriendo con este Gobierno es a la inversa”, enfatizó Ábalos. “Cuando uno se enfrenta a una tarea difícil, lo que espera de aquellos que quieren la convivencia y la unidad de España es que arrimen el hombro. Y eso se llama lealtad”, lamentó.

Durante todo el día, tanto dirigentes del PSOE como miembros del Gobierno emplazaron una y otra vez al president de la Generalitat, Quim Torra, a convocar a los medios de comunicación para condenar, de manera tajante y sin ningún género de dudas, la violencia de la noche del martes. Pero no lo consiguieron. En vez de eso, Torra se unió a una de las marchas convocadas para protestar por la sentencia del ‘procés’ que este miércoles bloqueó la AP-7.

Sí marcaron distancias dirigentes de Esquerra, como el vicepresident Pere Aragonès, y del PDeCAT, como el conseller de Interior, Miquel Buch, muy cuestionado por los independentistas porque los Mossos d’Esquadra están participando en la persecución de los grupos violentos.

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