Sanidad

Sanidad borra como terapias la dieta macrobiótica o el masaje thai, ¿para cuándo la homepatía y la acupuntura?

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, durante una rueda de prensa tras la reunión del Consejo Interterritorial.

Ni la dieta macrobiótica, ni el masaje tailandés, ni la magnetoterapia estática. Ninguna sirve para nada. Al menos, para nada terapéutico. Así lo ha certificado este viernes el Ministerio de Sanidad, que tras los informes desarrollados por la Red Española de Agencias de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud ha concluido que estas técnicas no tienen "evidencia científica" ni soporte en el conocimiento científico y, por tanto, desaconseja su utilización como finalidad sanitaria. El departamento dirigido por Carolina Darias continúa así la lucha que inició su antecesora en el cargo María Luisa Carcedo —junto al ministro de Ciencia, Pedro Duque— en noviembre de 2018, cuando el Ejecutivo presentó el Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias, al que siguió la campaña #coNprueba, destinada "a trasladar información veraz y accesible a la ciudadanía para que pueda tomar decisiones informadas y responsables frente a las pseudoterapias y las pseudociencias". Entonces ya incluyeron un listado de 73 técnicas que, sin necesidad de estudio más exhaustivo, podían considerarse como pseudoterapias. Otras 66 entraban en fase de evaluación. Y ahí siguen, por ahora, dos de las técnicas más extendidas y populares: la homeopatía y la acupuntura. ¿Por qué contra ellas no se ha hecho nada?

Según los informes publicados este viernes, "el uso de magnetoterapia estática no se muestra efectiva en el tratamiento del dolor de cualquier etiología", "no hay información suficiente" sobre la dieta macrobiótica "que permita conocer su eficacia en la mejora o control de enfermedades ni sobre su seguridad" y tampoco "es posible hacer conclusiones definitivas sobre la eficacia y seguridad del masaje tailandés". La primera técnica consiste en "la aplicación de un campo magnético emitido por imanes insertados en objetos como pulseras" para "el tratamiento del dolor crónico o agudo de cualquier etiología"; la segunda en llevar una alimentación "basada en el principio del Yin y el Yang"; y la tercera en realizar un masaje "mediante presiones, movilizaciones pasivas y estiramientos". Todas, según quienes sacan rendimiento de ellas aplicándolas a pacientes, tienen efectos terapéuticos. Pero no es cierto, según el Gobierno que, no obstante, todavía tiene en cola la evaluación de las técnicas más extendidas: la homeopatía y la acupuntura. 

"Es muy buena pregunta intentar averiguar el porqué", sostiene Elena Campos, presidenta de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP). infoLibre lo preguntó este viernes a Sanidad, pero no hubo respuesta. Campos, no obstante, afirma que el problema con estas dos prácticas es que su calificación como pseudociencias podría conllevar una "amplia negativa social por parte del sector de profesionales que las aplican". "Son las más extendidas, las que tienen mayor difusión y aceptación social, pero también las que más apoyo concentran", lamenta la también doctora en Biociencias Moleculares. 

El objetivo era que, al menos la homeopatía, desapareciera como terapia lo antes posible. Lo dijo la propia Carcedo en una entrevista concedida a La Vanguardia en octubre de 2018, poco antes de iniciar el Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias junto al departamento de Ciencia. "La homeopatía es una terapia alternativa que no ha demostrado evidencia científica", aseguró. Por eso lucharía contra ella. La Organización Médica Colegial (OMC), en la misma línea, recordó en abril de 2018 que los médicos españoles no reconocen la homeopatía "como una rama de la Medicina científica experimental ni como un área de capacitación específica". La OMC la incluyó, de hecho, en el Observatorio contra las pseudociencias, pseudoterapias, intrusismo y sectas sanitarias.

La Real Academia Nacional de Farmacia, por su parte, publicó un informe en junio de 2017 poniendo en cuestión su validez. "La homeopatía es un método terapéutico alternativo o complementario que utiliza productos de origen natural: animal, vegetal o mineral, que se administran en dosis infinitesimales, bajo la denominada 'Ley de los similares'. Se desconoce el mecanismo de acción de los productos homeopáticos, no mantienen una relación dosisrespuesta y no hay pruebas científicas sólidas que justifiquen su utilización clínica", concluyó. "Aunque la homeopatía tenga una amplia difusión en todo el mundo e incluso esté, en algunos países, financiada por el sistema público de salud, se considera que la satisfacción del paciente y la ausencia potencial de riesgo por efectos adversos, no son condiciones suficientes para justificar la utilización de medicamentos homeopáticos", añadió. La práctica consiste, concretamente, en la administración en dosis extremadamente pequeñas de sustancias que ocasionan los mismos síntomas que la enfermedad que se intenta curar.

En los últimos años han salido varios casos de personas enfermas que trataron de curar su dolencia mediante esta técnica y que acabaron de la peor forma posible. Rosa, una economista de 41 años, decidió hacerlo con su cáncer, pero murió a los tres años. En Italia, un niño murió después de que le trataran una otitis también con el tratamiento que Campos reduce a "agua con azúcar". En Girona, una mujer con cáncer de mama también falleció tras recibir homeopatía para curarlo. La lista podría seguir. De hecho, según un informe realizado por la AEPTP, las pseudociencias llegan a provocar entre 1.210 y 1.460 muertes al año en nuestro país. Y desgraciadamente es complicado que un juez condene a los supuestos profesionales que llevan a los pacientes a tomar la decisión de tratarse con homeopatía una enfermedad grave porque los tribunales suelen aludir a la hipotética libertad de elección del enfermo a la hora de elegir cómo tratarse. 

La acupuntura compite en fama con la homeopatía. Su técnica consiste en insertar agujas en ciertas zonas del cuerpo, para, se supone, restablecer su energía y curar ciertas dolencias. Pero "no hay ningún ensayo, revisión o meta análisis que observe que pueda ser útil", denuncia Campos. Aun así, ni la una ni la otra, ampliamente extendidas, están consideradas pseudociencias por parte de Sanidad. 

Contra la normativa vigente

No obstante, denuncia Campos, que estén o no calificadas ya como pseudoterapias tampoco debería suponer, en la práctica, demasiada diferencia con el hecho de que no lo estén. Según explica, la normativa establece que aquello denominado como "terapéutico" ha tenido que demostrar previamente "que es seguro y funciona". Si está en duda, por tanto, no debería comercializarse. Sin embargo, la homeopatía continúa vendiéndose en farmacias y la acupuntura practicándose. Según explica Campos, el real decreto sobre publicidad sanitaria publicado en 1996 [y disponible en este enlace] establece, en su artículo 3, que "está prohibida la publicidad de fórmulas magistrales, preparados oficiales y productos en fase de investigación clínica". "Las pseudoterapias que están en fase de investigación tendrían que estar fuera de la comercialización porque tendrían que estar avaladas previamente. En fase de ensayo no se pueden publicitar, y se hace de manera recurrente", denuncia.

Aun así, lamenta la presidenta de la APETP, que finalmente sean calificadas como pseudoterapias tampoco tiene consecuencias. Al menos, eso parece. "Estaría bien que el Ministerio aclarase si ese listado tiene algún efecto práctico o simplemente es un documento que se va actualizando", dice. La solución, según Campos, pasa por una aplicación férrea de la ley. "Se avanza muy poco en este tema y hasta que no consigamos que dé vergüenza ofrecer estas prácticas que atentan contra la seguridad de los pacientes y la dignidad de las personas, no vamos a acabar con las pseudoterapias. Hay que aplicar la ley, le duela a quien le duela. Y si hay quien dice que se dedica a eso, pues es fácil: que se dedique a algo que sea legal y que no atente contra la salud de nadie", reclama.

Según la última Encuesta de Percepción Social de la Ciencia, publicada en el año 2018, un 7,7% de los españoles confiaba mucho en la utilidad de la homeopatía para la salud y el bienestar. Un 17,7% confiaba bastante y un 24,1% confiaba algo. Respecto a la acupuntura, el 10,7% confiaba mucho, el 22,1% bastante y el 25,9% algo.

Las pseudoterapias también tienen un hueco en la universidad

Otro de los peligros relacionados con las pseudoterapias es que, en numerosas ocasiones, se afianzan desde la universidad. La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), emitió un comunicado precisamente este jueves mostrando su compromiso con el objetivo de "no dar ningún tipo de amparo a estas actividades en el ámbito universitario". "Las universidades no solo no podemos participar en actividad alguna que suponga un apoyo o difusión de estas terapias, sino que debemos condenar cualquier intento de utilizar nuestros campus para revestir de soporte científico a estas terapias sin base médica. Aprovechar la situación de emergencia sanitaria para el fomento, promoción, difusión, comercialización y utilización de pseudoterapias es especialmente reprobable por la confusión que extiende entre los ciudadanos y ciudadanas y por el daño que puede ocasionar, sobre todo, a las personas en situación de vulnerabilidad y, por tanto, más indefensas frente al fraude", afirman desde CRUE, cuyas fuentes aclaran que han pretendido abrir "una línea de trabajo para informar bien a la sociedad de los peligros que pueden suponer las pseudoterapias". 

Carlos Hermenegildo, vocal de CRUE y vicerrector de la Universitat de València, explica en conversación telefónica que desde CRUE no están en contra de que se debata sobre las pseudociencias, pero sí de que se fomenten. "Hay un debate en la universidad, pero eso no quiere decir que se defienda, porque no debemos dar cobertura científica a estas terapias, porque no la tienen y, además, pueden producir efectos negativos en la salud", dice. No pueden controlar, no obstante, que un profesor determinado las avale en una asignatura, aunque tratan de que siempre se hable "con fundamentos científicos". 

Hermenegildo sostiene que las pseudociencias ya están lejos de las aulas de la universidad, pero Campos no lo comparte. "Esto es algo bastante endémico. No sé cuál es el número de universidades que acogen o charlas, cursos, másteres o titulaciones relacionadas con pseudoterapias, pero las hay", denuncia. Y ocurre más en los centros privados que en los públicos. Sin ir más lejos, el plan del curso 2019-2020 del Grado en Fisioterapia de la Universidad de Nebrija incluía una asignatura llamada Terapias Complementarias en las que se ofrecen estudios sobre homeopatía, reiki y flores de Bach. "Estos cursos deforman a la gente de cara al futuro profesional. Les cobran bastante dinero y les engañan en el presente y a futuro. Primero porque el alumno se inscribe a esos estudios considerándolos formativos y, segundo, porque luego querrán poner en práctica esos pretendidos conocimientos, que podrían estar poniendo en peligro la salud de los pacientes que luego vayan a atender", sentencia Campos. 

El Ministerio de Sanidad y el de Ciencia realizan un primer listado de 73 pseudoterapias y pseudociencias

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