La soledad no deseada, el gran factor de riesgo suicida que se agrava en verano

Imagen de archivo de una mujer mirando el mar en solitario

En los últimos años, la salud mental ha empezado a estar presente en la conversación pública. El tabú con el que tradicionalmente ha estado asociada se ha transformado en una preocupación ciudadana, y las instituciones han respondido con un aumento de medidas y campañas de prevención. Pese a esta mejora, las muertes por suicidio siguen siendo un problema social y de salud pública. En 2025 fue la tercera causa de fallecimiento no natural, y la primera entre 2008 y 2021, según los datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio.

“Las medidas que se tienen que poner en marcha no solamente son sanitarias, sino que también tienen que atravesar todas las políticas sociales”, asegura Belén González, Comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad. La forma en la que se acoge el sufrimiento dentro de las comunidades, los barrios, las familias y grupos de amigos es clave para transformar esta realidad.

Aunque se trate de un fenómeno complejo que no puede explicarse por una única causa, la época estival presenta características asociadas a una mayor probabilidad de ideación suicida. Según el estudio Evolución del suicidio en España en este milenio (2000-2021), de la Universidad Complutense de Madrid y el Centro de Investigación Biomédica en Red, el número de personas que mueren por suicidio parece aumentar durante el verano, especialmente en julio. Los sentimientos de soledad no deseada y de desconexión emocional serían algunos de los factores que más influyen, apunta González. 

Otro problema es la comparación constante en internet: “No todo el mundo está todo el tiempo en yates en la Costa Brava, todos tenemos vidas complejas en las que siempre hay sufrimiento”. La experta en salud mental remarca la importancia de recordar que la sensación de falta de una red de apoyo siempre se puede revertir: “Tenemos que entender que es circunstancial y que hay conductas que podemos poner en marcha para buscar ese entorno”. 

Los recursos disponibles

En ocasiones, los familiares o seres queridos se pueden sentir culpables por no detectar las señales de ideación suicida. Alejandro Amador, psicólogo de la consulta Área Humana, asegura que los síntomas pueden llegar a ser muy sutiles: “Nadie enseña a las familias información sobre esto. Muchas veces las personas no saben qué recursos existen o cómo proceder en este tipo de casos”. Desde las instituciones públicas existe el número 024, que atiende tanto a personas en riesgo de suicidio como a allegados que necesiten información sobre recursos o acompañamiento. En junio de este año, la línea gratuita atendió a más de 20.000 personas, entre llamadas y mensajes.

González también recomienda acercarse a recursos asociativos, como los grupos de apoyo mutuo, tanto de familiares como de personas supervivientes al suicidio: “Son quienes más saben, quienes mejor acompañan y son muy acogedores”.

El 18,2% de la población española ha necesitado consultar a un profesional sanitario en los últimos 12 meses por un problema de salud mental, según una encuesta del Barómetro Sanitario. Sin embargo, aún existe una tasa de psicólogos públicos muy bajaunos 3.300, según datos recogidos por Infobae—, lo que muchas veces deja como única alternativa la atención privada, cuyo coste medio oscila entre los 45 y los 90 euros por sesión.

El acceso equitativo a recursos de salud mental es una reivindicación aún presente en la sociedad española, ya que las condiciones socioeconómicas son uno de los factores determinantes en el riesgo suicida, tal y como indica el Ministerio de Sanidad. El desempleo, la pobreza, la desigualdad estructural y la carga económica generan un contexto de vulnerabilidad que dificultan la sensación de falta de control sobre la propia vida. En España, una de cada dos personas es dependiente económicamente, y más del 25% de la población se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, apunta el Ministerio.

Las cifras aumentan para los hombres

El número de personas que mueren por suicidio es significativamente mayor entre los hombres. En 2024, casi tres de cada cuatro fallecidos por esta causa eran hombres. Amador indica que uno de los factores puede ser las normas o comportamientos que la sociedad considera apropiados para ellos: “A veces, los mandatos de la masculinidad asocian erróneamente el malestar emocional con algo negativo. Eso puede hacer que la persona se inhiba de pedir esa ayuda.” 

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El experto añade que la comunicación con el entorno también puede verse dificultada cuando existe la idea de que mostrar las emociones es un signo de debilidad: “En muchas ocasiones, la depresión en los hombres puede manifestarse a través de irritabilidad, la hiperactividad laboral o el consumo de alcohol”.

Esta realidad afecta especialmente a los hombres mayores. Entre los 85 a 89 años, el riesgo de suicidio multiplica por cinco la media nacional, según datos de Sanidad. González puntualiza que, aunque los hombres de mayor edad tienen más dificultades para pedir ayuda debido a esos mandatos sociales, se está avanzando en una deconstrucción de los roles de género: “Están intentando acercarse a otros hombres y alejarse de ese mandato según el cual un hombre no debe quejarse, no debe llorar y debe sufrir en silencio, sin pedir ayuda ni hablarlo con nadie”. 

La experta insiste que el entorno social es uno de los elementos más importantes cuando se habla de prevención del suicidio: “A los hombres les está ayudando mucho este impulso feminista, que les permite beneficiarse de otro rol social desde el que expresar sus emociones y acompañarse de otros”.

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