Educación

Las universidades privadas crecen sin parar mientras las públicas se estancan

Una clase en la Universidad de Navarra.

A la Universidad privada no le afecta la crisis. O, al menos, no de forma muy pronunciada. Un ejemplo de ello es que el conjunto de este tipo de universidades ha visto incrementar su número de alumnos en los últimos años. Según la estadística oficial del Ministerio de Educación, los estudiantes de grado aumentaron un 23% en los últimos siete años. Pasaron de 138.972 del curso 2005-2006 a 181.245 en 2012-2013, que es el último del que hay avance estadístico. Mientras, en la pública, aunque sigue siendo preeminente (concentra el 87,9% del alumnado), el número de estudiantes permanece estancado. En el mismo periodo creció sólo un 0,6%. De 1.303.109 a 1.311.146.

Esta dicotomía también se deja ver en la evolución de los centros. La última universidad pública en España –la Politécnica de Cartagena– se inauguró en 1998. Desde entonces, se han levantado 15 privadas. Siete de ellas desde 2007, que es cuando se considera que la crisis comenzó a dar sus primeros coletazos. Ninguna supera los 13.000 estudiantes. Además, se está fraguando la creación de dos más, la Internacional Mare Nostrum y la Católica Sant Antoni, ambas en la provincia de Alicante. La última, que pretende implantar diez titulaciones, cuenta con con la total colaboración del Gobierno municipal del PP. De hecho, según publicó El País, el Ayuntamiento de Sant Joan d'Alacant, donde está previsto instalarse el campus, ha regalado 50.000 metros cuadrados de suelo municipal a la entidad privada vinculada a la Iglesia que gestionará la universidad. 

En el curso 2000-2001 España contaba con 65 universidades –50 públicas y 15 privadas–. Hoy en día la oferta es de 80 centros de educación superior: 50 públicos y 30 privados (que pasarán a ser 32 cuando se inauguren los dos en construcción). Es decir, el sistema privado se ha duplicado. Y en ese aumento ha tenido mucho que ver el empuje de las administraciones del PP y de la Iglesia católica, a la que están vinculadas al menos la mitad de todas de las universidades de pago. Dos de ellas pertenecen al Opus Dei: la de Navarra y la Internacional de Catalunya. A los jesuistas están vinculadas la Pontificia de Comillas, la de Deusto y la Loyola de Andalucía, creada en 2013 y la única privada que hay en esta comunidad. 

Madrid, con ocho, es la autonomía que más privadas alberga en su territorio. Todas ellas, salvo la Pontificia de Comillas y la San Pablo-CEU, fueron creadas en los últimos veinte años. La última, la Universidad a Distancia de Madrid (Udima), en 2006. Le sigue Castilla y León, que cuenta con universidades de pago en cinco de sus nueve provincias. Sin embargo, la Comunidad Valenciana es quizá la autonomía que mejor ejemplifica el avance de los centros privados. Cuando las nuevas universidades se inauguren, habrá más centros privados que públicos. Su implantación cuenta con la oposición de los rectores del resto de universidades públicas valencianas, que consideran que el sistema podría saturarse. 

De forma reciente, algunas voces han alertado de que la Universidad española está sobredimensionada y que la oferta docente es excesiva. En esa línea se pronunció el presidente del Tribunal de Cuentas, Ramón Álvarez de Miranda, en una comparecencia en el Congreso el pasado septiembre. Aunque en este caso se refería a las públicas, este análisis se ha venido escuchando en otros foros y existe una visión general entre los académicos que constata que existen desequilibrios en el número de títulos impartidos y en su composición.

Medicina

"El conocimiento, la educación o la cultura nunca sobran, pero es cierto que hay desequilibrios", señala a infoLibre Juan Antonio Vázquez, exrector de la Universidad de Oviedo. A su juicio, sí hay "redundancias y falta de coordinación, especialmente entre universidades que están en la misma comunidad". "No puede haber una titulación con plazas libres en una ciudad y que en otra cercana ocurra lo mismo en estudios similares", amplía. A su juicio, el problema de fondo es que la implantación de titulaciones no se ha hecho teniendo en cuenta el estímulo de la oferta, sino la voluntad de la Administración o de la Universidad, pensando en otro tipo de intereses.

La carrera de Medicina es quizá un buen ejemplo de este exceso de oferta docente. En menos de diez años, las universidades en las que se pueden llevar a cabo estos estudios han pasado de 28 a 41. El incremento de oferta de plazas en las privadas ha sido del 363% (de 230 plazas en el curso 2005-2006 a 1.065 en el pasado) y en las públicas del 42,9% (de 4.113 a 5.876 plazas). La creciente emigración de recién titulados y el paro entre los facultativos, algo impensable hace sólo diez años, son un buen síntoma de este desajuste. 

La realidad es que en los últimos años muchas voces han alertado de que existe una excesiva oferta repetida de las mismas titulaciones, a veces en campus situados a muy poca distancia. Así, varias autonomías han empezado a reordenar sus sistemas con fusiones y supresiones de campus. Sin embargo, el número de estudios que se ofrecen no para de aumentar. En el curso 2006-2007 se ofertaron 3.274 estudios de primer y segundo ciclo. En 2012-2013 fueron 5.756. Los centros privados han pasado de ofrecer el 15,6 al 21,1% de la oferta, mientras que su número de alumnos se ha incrementado desde el 9,8 al 12,1% del total.

El empuje de los másters 

La subida de casi un 70% de media en las tasas de los másteres en el curso 2012-2013 también ha dado un respiro a las privadas porque el coste de estos estudios de posgrado se ha acercado a los que se imparten en instituciones públicas. No es de extrañar, por tanto, el hecho de que las privadas mantengan en alrededor de 25.000 sus estudiantes de máster, al tiempo que las públicas perdieron casi 5.000, algo que nunca había ocurrido. En términos relativos, según datos de Educación, las privadas ofertan el 15% de másteres mientras que captan el 21% del estudiantado de este tipo de formaciones.

La oferta de la Universidad privada avanza ajena a la crisis mientras la pública está cada vez más amenazada por los recortes presupuestarios. Según datos de los rectores, la Universidad pública ha perdido 1.240 millones de euros de presupuesto desde 2008. Además, en los últimos cinco años, según datos del Boletín Estadístico de personal al servicio de las Administraciones Públicas, se han destruido al menos 13.200 puestos de trabajo en los centros universitarios. Es casi el 9% de una plantilla de 149.000 empleados, entre fijos y temporales. Las perspectivas no son mucho mejores, pues las restricciones que ha puesto el Gobierno a las tasas de reposición hacen que sólo se puedan cubrir 10 de cada 100 bajas de docentes.

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