Andalucía

Una víctima del catedrático de la Universidad de Sevilla: "Los compañeros se apartaban de nosotras para no señalarse"

Manifestación en defensa de las denunciantes en la Facultad de Educación en 2011.

Un catedrático influyente, con prestigio en el introvertido ecosistema universitario, de cuya voluntad dependen ascensos y caídas. Tres profesoras jóvenes, que apenas estaban empezando a construir su trayectoria académica y se encuentran, de repente, con un decano y jefe de departamento que las trata indignamente. Una inmensa mayoría que o no sabe o no quiere saber. Una institución, la Universidad de Sevilla, que desde su cúpula se comporta con equidistancia entre el abusador y sus victimas. Así era el reparto de roles en esta historia de humillaciones, depredación, abuso sexual y poder. Un poder que estaba únicamente en las manos descontroladas del catedrático Santiago Romero, decano de la Facultad de Educación de 1997 a 2009, que ahora tiene prohibida la entrada a la mayor universidad de Andalucía.

"Había compañeros que se apartaban de nosotras por no señalarse. Había doctores contratados pendientes de plaza de titular que se alejaban de nosotras aunque sabían perfectamente lo que hacía él. Pero su puesto de trabajo estaba condicionado y se callaban", resume a infoLibre una de las víctimas de Romero, que reclama dos cosas: anonimato y centrar la cuestión en las implicaciones sociales y las responsabilidades que se derivan de los hechos, omitiendo los aspectos personales del abuso. "Alguno de esos compañeros me dijo: 'No te preocupes, ya le dará por otra'", añade. Esta profesora lamenta especialmente la actitud de la Universidad de Sevilla como institución, sobre todo durante la etapa de Joaquín Luque como rector, entre 2008 y 2012, periodo durante el cual denunciaron los hechos. "No podíamos imaginar que el rector nos diera la espalda. Pero nos la dio", afirma.

"Se ha querido ver que es un caso de abusos sexuales. Pero es más. Es un caso de abuso de poder según las reglas universitarias", señala Joaquín Urías, profesor de Derecho de la Universidad de Sevilla, que advierte: "Este ambiente de despotismo, de privilegios, de nepotismo, de silencio, de favores devueltos, se da en todas las universidades de España". Un veterano profesor de la Facultad de Educación añade: "Romero tenía una posición de prestigio en la Facultad. Elevó, digamos, la categoría académica de su disciplina, la educación física. Antes de Decano había sido secretario de la Escuela de Magisterio. Era un hombre que se movía bien en esas esferas, muy maniobrero". No era un profesor más, ni un catedrático más. Como decano, su influencia llegaba hasta el rectorado. Romero tenía una relación fluida con el que fuera rector Miguel Florencio (1996-2008). Su empeño en trasladar a Sevilla ese modelo del INEF que hay en Granada cristalizó en lo que hoy es el Grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, lo que implicó la habilitación de costosas instalaciones deportivas.

Temor al aislamiento

Así pues Romero es historia de la Universidad de Sevilla, aunque ahora ya no le permite ni la entrada –eso sí, seguirá cobrando el 75% de su sueldo de catedrático–. ¿El motivo? El juzgado de lo penal 2 de Sevilla, en una sentencia de 29 de diciembre que por su contenido pone los vellos de punta, condenó a Santiago Romero, de 67 años, a siete años de prisión por delitos de abuso sexual y lesiones psicológicas cometidos entre 2006 y 2010. El fallo –que no es firme– impone además una indemnización de 110.000 euros para las víctimas, con la Universidad de Sevilla como responsable civil subsidiaria.

La sentencia va al grano al describir la relación con las tres víctimas, a las que en algunos círculos se conocía como "las niñas de Santiago": "Al menos desde 2006 […], el acusado vino realizando ostentación de su poder académico desde un primer momento, dejando claro a las mismas que él era quien mandaba". Había que nombrarlo director de las tesis doctorales, hacer constar su participación en las publicaciones que cada profesora realizara o participar en las votaciones internas del Consejo de Departamento o de las diferentes comisiones "conforme a sus deseos, criterios u opiniones", explica el fallo. Romero dejaba claro a sus subordinadas que, o "estaban a buenas con él", o les arruinaría la carrera profesional. "Aquellos que no accedían a sus pretensiones podían tener problemas para mantener sus plazas", añade la sentencia. "Contando con la cooperación de otros miembros del personal docente y PAS de la Facultad, el acusado señalaba a las personas que consideraba que no se comportaban conforme a lo que él entendía correcto de manera que quedaban, desde el punto de vista docente, aisladas del resto de las personas próximas al acusado", señala el fallo.

Escenas de abuso y humillación

Lo anterior sirve como descripción elocuente para enmarcar significativamente los abusos sexuales, consistentes en tocamientos, acercamientos forzados de las zonas íntimas... La sentencia relata episodios como el de una profesora que había accedido al Departamento de Educación Física en 2006. Entró en el despacho de Romero. "Al tiempo que mantenían una conversación sobre cuestiones académicas el acusado le dio la vuelta a la mesa, se sentó a su lado, le puso la mano en el hombro y a continuación le tocó en un pecho", explica el fallo. En otra ocasión, "el acusado le pidió que se sentara en el sofá, cerró la puerta que daba al pasillo con llave y comenzó a hablarle de las plazas docentes al tiempo que le colocaba los genitales muy cerca de su rostro". Otra vez la sorprendió por detrás y pegó los genitales a sus glúteos. Esta profesora llegó a vestir chándal y a llevar una carpeta cubriéndole el pecho para evitar las acometidas de Romero. En una ocasión, el profesor le dio alcance por los pasillos. "Se puso delante y le dijo que le había salido un bulto, separó las piernas y le dijo 'aquí en los huevos, tócalo, tócalo'", señala la sentencia.

"Tienes que follar más, estás muy flaca", le dijo a otra profesora, siempre según la sentencia. Una vez Romero iba con un acompañante. "Se acercó" a la víctima "agarrándola al tiempo que le decía a su acompañante: '¿Has visto lo buenas que están las profesoras de mi facultad?'. Y le cogía un pecho", señala la sentencia. El patrón de comportamiento se repite con las tres víctimas. A la tercera también la tocaba sin consentimiento, se apretaba contra ella, la miraba de forma "lasciva". Las tres han tenido problemas psicológicos, especialmente persistentes en una de ellas. La propia sentencia lo recoge. "Yo lo veía y me ponía enferma. Ya iba enferma en el metro, pensando que me lo podía encontrar", cuenta una de ellas, que explica que era difícil socializar el problema. "Si se lo cuentas a la familia, ellos también sufren", afirma, "contenta" estos días por la sentencia y por las llamadas de felicitación que recibe.

Posible "tibieza"

Su esperanza, explica, es que este caso ayude a otras profesoras que sufren lo mismo. Lo cierto es que el caso está provocando un terremoto, del que está por ver su intensidad, en el casi siempre inmutable mundo universitario. Y ha llegado al político. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, lanzó el martes algún velado reproche a la reacción de la Universidad tras conocerse la sentencia. El rector, Miguel Ángel Castro, compareció este miércoles para pedir "perdón" a las víctimas. Profesores críticos de la Facultad de Educación se mueven para forzar una reunión de la Junta de Facultad que exprese un apoyo explícito a las víctimas, un gesto que contiene a la vez un tirón de orejas al actual equipo decanal, considerado continuista con respecto al que encabezó Romero. De hecho, profesores de la facultad subrayan que el actual equipo nunca se ha destacado por los gestos de apoyo a las denunciantes. Sí hubo compañeros que apoyaron a las profesoras desde que presentaron la denuncia. También lo hizo el sindicato SAT, que se movilizó en su favor, aunque sin apenas repercusión fuera de los muros de la facultad.

En defensa de la Universidad, el rector de la misma argumentó este miércoles que Romero y sus víctimas habían recibido "un tratamiento simétrico", declaración que causó inmediato revuelo. Aunque el rector apareció con actitud autocrítica, sus declaraciones venían a significar que, desde su punto de vista, ya era algo apreciable que no se hubiera apoyado al profesor, "uno de los nuestros", según lo definió en otro momento de la comparecencia. Fueron las frases que acapararon los titulares, aunque Castro no las pronunció con ese ánimo. La profesora víctima de Romero entrevistada por este medio cree que sus manifestaciones hablan por sí solas, porque la norma sigue dictando que la institución protege a "los poderosos" hagan lo que hagan. A juicio del profesor Joaquín Urías, "la Universidad ha apoyado claramente" al que fuera decano, en detrimento de las profesoras.

Destinos diferentes

El balance de medidas adoptadas por la Universidad desde que se realizó la denuncia a nivel interno para proteger a las víctimas incluye la separación de denunciantes y denunciado en la división del departamento en sedes distintas, destinos diferentes para Romero en otras universidades... También abrió expediente a Romero en 2011, pero lo cerró al judicializarse el tema. "El problema es que han reaccionado a todo tarde. Lo podían haber expulsado en 2010 por acoso laboral, cuando era falta y no delito, y no tenían esa excusa de que no podían hacer nada porque el tema estaba en los tribunales", añade la profesora entrevistada por este medio. "¿Quién nos devuelve ahora seis años sin hacer méritos, sin hacer currículum, sin poder trabajar? Ha habido una omisión del deber de socorro por parte de la Universidad", señala. El rector no supo contestar este miércoles sobre si cabe la posibilidad de que Romero pueda volver a dar clases si recurre la sentencia.

A juicio de esta profesora que sufrió los abusos del decano, el rector que marcó la diferencia para bien fue el actual consejero de Economía, Antonio Ramírez de Arellano (2012-2015), que "evitó que Romero fuera nombrado presidente del Tribunal de Plazas cuando ya estaba imputado", y que lo "primero que hizo fue llamarnos para reunirse con nosotras". El problema es que ya era "demasiado tarde". "Nuestra denuncia pretendía crear una institución más libre, más limpia. Éramos nosotras las que estábamos actuando en defensa de la Universidad", concluye. Este periódico lleva dos días intentando ponerse en contacto con el ex decano, sin éxito.

¿Marcará este caso alguna inflexión en el nivel de tolerancia social hacia conductas como la de Romero? Está por ver. Por ahora es destacable cómo la sentencia se detiene en hacer notar que "buena parte" de los testigos quitaba hierro a los hechos durante el juicio y aludía al "buen nombre" de Romero, destacando su "sencillez y proximidad", en palabras de una profesora que declaró en la sala. Lo de los abusos de Romero era, según estos testigos, un rumor con poca base. Otras profesoras tuvieron una experiencia peor con Romero, como sus tres víctimas. Una de ellas era "la persona con el mejor expediente académico de su promoción y con un incuestionable deseo de dedicarse a la docencia", pero "ha terminado abandonando la misma por completo e incluso se ha marchado del país", señala la sentencia. Ninguna de las tres ha desarrollado una carrera en la Universidad de Sevilla.

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