Salud mental

Escuchar, no cuestionar y acudir a un profesional: cómo puede ayudar el entorno en la prevención del suicidio

Una mujer en la marcha con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, en Madrid.

La noticia de la muerte de Verónica Forqué, además de la triste pérdida de “la sonrisa del cine español”, ha supuesto la señalización de su entorno y el cuestionamiento sobre si éste actuó —o supo siquiera hacerlo— de la mejor manera posible. Pedro Almodóvar, director y amigo de la actriz, dijo en la propia capilla ardiente de la intérprete —que se suicidó en su domicilio de Madrid el pasado lunes—, que “si ya había gente a su alrededor que la encontraba que no estaba bien” le costaba “mucho creer” que no hubieran podido “hacer algo”. La propia Forqué, que participó recientemente en el programa Masterchef, confesó que no estaba “muy bien” anímicamente y que su cuerpo le decía: “Necesitas parar”. Anteriormente, en otras entrevistas, ya había confesado que había padecido depresión.

Sin embargo, de poco sirve señalar a su alrededor y, mucho menos, buscar responsabilidades en lo ocurrido. Los psicólogos consultados por infoLibre recuerdan que los suicidios son multicausales y difícilmente atribuibles a algo concreto. Pero también señalan que aprender a “acompañar en el dolor” es importante, y ahí es donde todavía tenemos mucho que hacer, a nivel individual y colectivo, señala Luis Fernando López, codirector general de Proyecto Isniss y coordinador técnico del Programa HABLEMOS de suicidio del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Solo en el año 2020, casi 4.000 personas se quitaron la vida en nuestro país. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), fueron concretamente 3.941. El 32% de ellas, 1.281 personas, eran mayores de 65 años, la franja de edad con mayor tasa de suicidio y a la que pertenecía también Forqué. Un año antes, en 2019, se quitaron la vida 3.671 personas, un 7% menos. En esa ocasión, de nuevo, el 31% correspondió a personas mayores de 65 años. No es casualidad.

Tal y como explica José Manuel Dolader, director de la Asociación La Barandilla y de su teléfono contra el suicidio, los suicidios son más frecuentes en las personas mayores, a menudo por el sentimiento de soledad que sufren, acrecentada, añade Paula García Valverde, psicóloga de la Asociación Española de Apoyo en Psicosis (Amafe) y especialista en suicidio, por la pérdida de amigos y el sentimiento “de estorbo”. “Es fácil que la gente mayor empiece a pensar que ya no sirven para nada”, lamenta la experta.

Por eso, coinciden todos los profesionales consultados, el primer paso que debe dar el entorno es vigilar muy bien las posibles señales que denoten que una persona podría estar sufriendo una depresión o una tristeza que podría llevarle a ella. Ese, coinciden todos, es el primer paso para prevenir.

“Lo principal es aprender a poder detectar los signos de riesgo, de advertencia de que alguien puede estar sufriendo”, señala López, que recuerda que la depresión no es siempre, ni mucho menos solo, “estar triste”. “Hay que ver si hay cambios en el estado de ánimo en general. Si por ejemplo vemos que una persona come diferente a como lo hacía, o tiene alteraciones del sueño, o de repente deja de interesarse por actividades que antes le resultaban placenteras, debemos estar atentos”, dice. Y señala otro aspecto que también destaca García Valverde: los cambios de humor. “Las personas deprimidas a menudo tienen mucha irritabilidad. Se enfadan de manera explosiva y sin motivo aparente, pero es difícilmente controlable”, añade. “Esto genera mucho desconcierto en el entorno, que puede no comprender nada, pero es una señal”, dice.

Acompañamiento, desde la escucha

Pero, ¿qué hacer si se ven esas señales en alguien de nuestro entorno? Esa es la parte más difícil, señalan todos los expertos consultados, puesto que existe “muy poca información sobre cómo acompañar a una persona en su dolor”, lamenta López. “Hay que aprender a hacerlo, pero nos suele dar miedo porque pensamos que no vamos a poder soportar lo que se va a sostener sobre nosotros cuando hablemos con esa persona, porque escucharlo es duro”, señala.

Pero esa es la clave. “Lo primero que hay que hacer es preguntar, y luego escuchar”, apunta García Valverde, que asegura que es positivo hablar abiertamente del suicidio con la persona si sospechamos que puede estar pensando en hacerlo. “Creemos que le vamos a dar ideas, que lo vamos a provocar, pero a menudo la persona que piensa en ello no se siente capaz de expresarlo por el estigma y, también, por miedo a sentirse incomprendida y, por tanto, más sola”, explica. Es lo que se denomina “visión de túnel”, un sentimiento común en las personas deprimidas, que creen que nadie les entiende y, además, que nadie puede ayudarles.

Por eso hay que tender una mano. Pero no desde la sobreprotección ni desde la minimización del sufrimiento o del dolor del otro. “De nada sirve decir ‘anímate’ ni obligar a la persona a salir a tomar una copa. Al contrario, hay que estar cerca, escuchar y, a veces, ni siquiera hablar”, dice Dolader.

Es muy importante, añade García Valverde, que se vea que hay un entendimiento de la situación y, además, nunca cuestionarla. “Ayuda expresar frases como ‘te comprendo, entiendo tu dolor y me gustaría estar contigo”, dice la psicóloga. Nunca, aconseja, hay que decir que la otra persona "no tiene motivos" para estar como está. Pero eso sí, continúa, si en esa escucha se abre y verbaliza su deseo de no seguir viviendo, es necesario que el entorno le muestre los motivos por los cuales su ausencia provocaría un fuerte dolor en los demás.

Intentar recurrir a un profesional, el siguiente paso

Según López, una manera efectiva de verbalizar ese acompañamiento y ayudar a desterrar el sentimiento de soledad o incomprensión es, además, utilizar el plural. El “estamos juntos en esto”, dice. Y desde ahí, proponer la búsqueda de ayuda. “Decir frases del tipo ‘¿no crees que podríamos buscar ayuda’, sirve de mucho”, señala López.

“Muchas veces descartamos esto porque pensamos que los estados de ánimo se curan con el tiempo, pero realmente se necesita un tratamiento para superarlo”, insiste.

El problema, coinciden todos, es que la red terapéutica dirigida a la salud mental es muy deficitaria en nuestro país, y eso que, también destacan todos, socialmente hay cada vez una mayor sensibilidad. “Por suerte se está empezando a hablar abiertamente de estos temas, pero el Gobierno y las instituciones tienen que coger el testigo. En España no tenemos ningún plan de prevención del suicidio. Igual que lo hay para la drogadicción y los accidentes de tráfico, es importante”, lamenta García Valverde.

Los datos hablan por sí solos. En España, según recoge un informe del Defensor del Pueblo publicada en enero de 2020 y que recoge el dato facilitado por el Ministerio de Sanidad en 2018, hay seis psicólogos en el sistema público de salud por cada 100.000 habitantes. En Europa, de media, son 18. Diez años antes, en 2010, había 4,3. El incremento en ocho años, por tanto, ha sido mínimo.

El pasado mes de octubre, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un Plan de Acción 2021-2024 de Salud Mental que estará dotado con 100 millones de euros. “La salud mental es una prioridad para este Gobierno. Desde el año 2009 no se renueva la estrategia de salud mental, es una hoja de ruta que pretende avanzar con pasos afianzados hacia la mejora de la salud mental”, señaló.

Sánchez resaltó que, entre otras medidas, ese plan impulsaría la formación sanitaria en salud mental, lanzaría una campaña para visibilizar los problemas relacionados con ella y crearía un teléfono las 24 horas para ofrecer atención y apoyo ante la conducta suicida. Este lunes, la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales ha atribuido el número corto gratuito 024 al servicio de línea de ayuda a las personas con riesgo de conducta suicida. El objetivo de esta línea de ayuda es proporcionar atención telefónica a toda las personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, según publica el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Abandono del sentimiento de culpa

En cualquier caso, y aunque el entorno sea muy importante en la prevención de los suicidios, los expertos rechazan que este cargue con un sentimiento de culpa si su ayuda no resulta suficiente. “La culpa es la emoción más difícil de trabajar, sobre todo la insana, porque hay que recomponerlo todo”, dice López.

Para abordarlo, explica, lo mejor es el trabajo “en grupo”, en el que se incide no en lo que no se hizo, sino en lo que se hizo. “El entorno suele quedarse con la sensación de no haber hecho lo suficiente, por eso se incide mucho en la ayuda que se prestó, en lo sano y lo positivo que se hizo, pero lleva mucho tiempo”, lamenta. 

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