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    <title><![CDATA[infoLibre - Películas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/peliculas/]]></link>
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      <title><![CDATA[‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: el director de ‘Piratas del Caribe’ vuelve al cine cargando contra la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/buena-suerte-pasalo-no-mueras-director-piratas-caribe-vuelve-cine-cargando-ia_1_2173699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/158b9623-ead2-4807-ba15-ff8ada45d54d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: el director de ‘Piratas del Caribe’ arremete contra la IA en un formidable regreso al cine"></p><p><strong>A Gore Verbinski sin duda le interesa la tecnología</strong>. Pero no necesariamente le interesa como "tema" sino como herramienta, como condición de posibilidad. Es la razón por la que acaso nadie quiera considerarlo un autor (afortunadamente), aunque tampoco sería descabellado incluirlo dentro de una derivación tardía de lo que los críticos Diego Salgado y Elisa McCausland apodaron "<em>Nouvelle Vague</em> tecnológica": ese grupo de cineastas estadounidenses (Spielberg, George Lucas, James Cameron, Robert Zemeckis) que desde finales de los años 70 experimentaron con los efectos visuales y <strong>las posibilidades expresivas de la tecnología digital</strong>. Verbinski estaría en esa onda.</p><p>Por eso conviene escuchar sus opiniones sobre el estado tecnológico del cine. A finales del año pasado Verbinski propuso que la culpa de que hoy día el CGI (imágenes generadas por ordenador) del cine de Hollywood luzca tan mal<strong> </strong>—o, lo que es lo mismo, haya perdido la capacidad de sorprender al público que había atesorado hasta entrados los 2000— <strong>la tienen los videojuegos</strong>. El director de <em>Piratas del Caribe</em> lo explicó someramente <a href="https://butwhytho.net/2025/11/gore-verbinski-good-luck-have-fun-dont-die/" target="_blank">en una entrevista en </a><a href="https://butwhytho.net/2025/11/gore-verbinski-good-luck-have-fun-dont-die/" target="_blank"><em>But why tho?</em></a>: películas recientes han incorporado a su desarrollo un motor gráfico procedente de los videojuegos —el <em>Unreal Engine</em>, inseparable, por ejemplo, del <em>Fortnite</em>— y eso, junto a la costumbre establecida de rodar en digital y pantallas verdes, <strong>lo ha aplanado todo</strong>.</p><p>Verbinski describió una<strong> "estética de videojuegos" uniforme e infiltrada en el cine</strong> cuya consecuencia definitoria es la ausencia de matices y sentido de la maravilla. Esta estética ha implantado una suerte de dimensión autónoma, donde creaciones de gran virtuosismo digital como el <a href="https://piratasdelcaribe.fandom.com/wiki/Davy_Jones" target="_blank">Davy Jones de </a><a href="https://piratasdelcaribe.fandom.com/wiki/Davy_Jones" target="_blank"><em>Piratas del Caribe</em></a> —uno de los hitos técnicos de los que más se puede enorgullecer Verbinski— ya no pueden brillar, al no poder contrastar con su entorno. <strong>Se ha perdido verosimilitud, cercanía con la realidad inmediata del espectador</strong>, al tiempo que esta realidad amenaza con ser contaminada por los márgenes del videojuego. Si las imágenes ficticias con las que nos relacionábamos se aplanan, ¿cómo no va a aplanarse nuestra realidad también?</p><p>Verbinski quizá erró al centrarse en el <em>Unreal Engine</em> —que no se ha infiltrado en el cine lo suficiente como para erigirle culpable total—, pero atinó al advertir <strong>lo peligrosas que pueden ser estas realidades asépticas y uniformes</strong>, vulnerables a trucajes tan evidentes y veloces como… los que puede efectuar la inteligencia artificial (IA). En aquella entrevista no arremetió contra la IA aunque igualmente fue para promocionar <em><strong>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</strong></em>, y su discurso apocalíptico encajó a la perfección con los propósitos del primer <em>film </em>que dirige en diez años. Si nuestra realidad ya es inseparable de la simulación, <strong>¿cómo no va a venir la IA a hacer estragos?</strong></p><p><em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> es <strong>una película anti-IA</strong>. De forma militante y, como insinuarían las declaraciones de Verbinski sobre los videojuegos, algo trasnochada. Lo bueno es que es anti-IA de una forma que no atiende tanto a <strong>la emancipación de las máquinas</strong> —tratada en <em>Terminator</em>, de la que esta película retoma los viajes en el tiempo con sus inevitables paradojas—, como a la capacidad de esta tecnología para enfangar<strong> nuestra percepción del mundo</strong>. Verbinski, partiendo de un guion que Matthew Robinson escribió hace ocho años —que de hecho se ha rodado a toda velocidad ahora que el debate sobre la inteligencia artificial está candente—, quiere tratar esta incertidumbre. Es algo que sin duda le preocupa.</p><p>De lo que deduciríamos que <em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> es la película más personal de Verbinski hasta la fecha, tan personal como para declararla una "<strong>propuesta de autor"</strong>. Y eso que no es la primera vez que prefiere mirar de frente la tecnología en lugar de limitarse a usarla como herramienta. Hace 24 años dirigió <em>The Ring</em> y ahí ocurrió algo interesante. Por entonces, el director debía importar a Hollywood uno de los últimos grandes éxitos del terror japonés que, abanderado por figuras <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/cloud-retorcido-analisis-linchamientos-internet_1_1902029.html" target="_blank">como Kiyoshi Kurosawa</a>, justo habían insinuado <strong>la indefinición de la realidad </strong>a la que condenaba (todavía incipientemente) Internet y el paradigma hipermedia.</p><p>Surgían entonces los espacios vacíos y trémulos. Y sobre todo surgían imágenes-misterio, avanzadillas del <a href="https://cadenaser.com/emisora/2016/04/29/ser_madrid_norte/1461929416_715976.html" target="_blank"><em>creepypasta</em></a> y esos conflictos ontológicos que se han exacerbado con el paso de los años. Pero Verbinski las tradujo eliminando cualquier ruido: cada plano del vídeo maldito que centraba la historia de <em>The Ring</em> solo era <strong>experimentalismo de diseño</strong> (<em>videoclipero</em> y publicitario, que era a fin de cuentas de donde Verbinski había salido en los 90), y el cineasta había exacerbado a su alrededor el melodrama visual, desdeñando cualquier posibilidad de sugerencia. El planteamiento de <em>Buena suerte…</em>, ceñido a la lucha contra<strong> una IA que nos absorbe y engaña sistemáticamente,</strong> podría haber favorecido un repliegue hacia el J-Horror <em>dosmilero</em>. No es el caso.</p><p>No es el caso porque Verbinski sigue siendo Verbinski. Sigue siendo un creyente confeso en <strong>la materialidad de las cosas</strong>, en el despliegue de la puesta en escena como mundo inmersivo a la vez que chocante, en <strong>un espectáculo que engrandece el mundo</strong>. Con esa vocación maximalista, a la película no le queda otra que aferrarse a un pesimismo tecnológico que hubiéramos considerado reaccionario hace dos décadas… pero que ahora <strong>ha de parecerse mucho al heroísmo</strong>. </p><p>En función a ese desdén por los trampantojos de la imagen digital, <em>Buena suerte, pásalo bien, no mueras</em> <strong>arremete también contra los videojuegos</strong> —la frase titular que usan en el videojuego ficticio al que se enganchan algunos personajes se ha escuchado antes en uno de verdad, <em>Apex Legends</em>— y se sumerge en <strong>un imaginario orgullosamente paranoico</strong>, destilado en los varios <em>flashbacks</em> que explican el pasado de los aliados de<strong> </strong>Sam Rockwell<strong> </strong>(el hombre que viene del futuro) en su lucha contra la IA. Estos <em>flashbacks</em> funcionan a su vez como <strong>estridentes episodios de </strong><em><strong>Black Mirror</strong></em>, y si bien conllevan algunas arritmias, nunca llegan a abocar a graves problemas para la película: <strong>Verbinski sigue estando a los mandos</strong>. Y eso significa grandes cosas.</p><p>Significa reencontrarse con<strong> un narrador superdotado</strong>, uno de los que mejor ha aprehendido la imagen-espectáculo acuñada por la <em>Nouvelle Vague</em> tecnológica. La narración de <em>Buena suerte…</em>, con su fluidez avasalladora y su movimiento continuo —recordando en todo momento que Verbinski siempre ha entendido el cine como una forma de animación, y que por eso <em>Rango</em> es una de sus obras maestras—, bastaría por sí sola para celebrar<strong> el regreso providencial del cineasta</strong>, e intensificar el lamento por estos diez años de experiencias coartadas.</p><p>Bastaría, pero <em>Buena suerte</em>… es mucho más. Es una obra febril, salida de las entrañas de un artesano que ha tenido que convertirse en autor<strong> prácticamente obligado por la época</strong>, presumiendo de una integridad creativa capaz de hacer enrojecer a cualquier figura que hoy afirme dedicarse al cine popular. Y eso que ni siquiera hablamos de cine de amplio presupuesto: lejos han quedado los tiempos de <em>Piratas del Caribe</em> y <em>Buena suerte…</em> es <strong>un proyecto humilde</strong> con escasísimas opciones de convertirse en un fenómeno de taquilla. Su constitución, incluso, parece favorecer que se le acuse de obra desfasada, atropellada en su talante ingenuo por la contemporaneidad.</p><p>En su vulnerabilidad al escepticismo también estriba<strong> una grandeza muy particular</strong>, por supuesto. Una energía indómita capaz de eclipsar las deficiencias de un guion no demasiado bien cerrado, mientras erige a Verbinski como una suerte de héroe trágico. <strong>Un romántico, a fin de cuentas</strong>. Un caminante sobre el mar de nubes que, con los ojos abiertos de par en par y en un rictus inevitablemente desquiciado, proclama que<strong> esas nubes siguen siendo reales</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <title><![CDATA[Sorrentino huye en ‘La grazia’ de todo lo que le hace ser Sorrentino y logra una de sus mejores películas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sorrentino-huye-grazia-le-sorrentino-logra-mejores-peliculas_1_2170535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7061d2fd-549e-4b8e-9ab0-a9bb0f40d291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sorrentino huye en ‘La grazia’ de todo lo que le hace ser Sorrentino y logra una de sus mejores películas"></p><p><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/susan-sontag-metafora_1_1187410.html" target="_blank">Susan Sontag</a> falleció antes de que <strong>Paolo Sorrentino </strong>se diera a conocer, así que nos quedamos con las ganas de saber si este cineasta italiano habría movido a la ensayista a matizar sus famosísimas <em><strong>Notas sobre lo camp</strong></em>. A la hora de definir esta sensibilidad, allá por 1964, Sontag había sentenciado que forzosamente <strong>había algo homosexual en ella</strong>, pero hete aquí que llegaba Sorrentino mostrando una afinidad extrema hacia lo <em>camp</em>… <strong>siendo extremadamente hetero</strong>. Presumiendo de mirada masculina, colocando al hombre y su deseo sexual por la mujer en el centro.</p><p>Difícilmente habría algo <em>camp</em> en Sorrentino. Sugerirlo solo sería una travesura y puede que ni el mismo Sorrentino aceptara la idea: él, sin duda, persigue <strong>algo más sublime </strong>con <a href="https://www.infolibre.es/temas/cine/" target="_blank" >su cine</a>. Y aún así parece perseguirlo<strong> como un dandi</strong>, como un sofisticado vagabundo de la decadencia europea. Sontag también hablaba del dandi en su texto: “El dandi es el discípulo decimonónico del aristócrata y lo <em>camp</em> es <strong>dandismo moderno</strong>: la respuesta a cómo ser dandi en la cultura de masas”. Es imposible no pensar en<strong> el Jep Gambardella de </strong><em><strong>La gran belleza</strong></em> al releer estas palabras. </p><p>Y más. “El <em>camp</em> lo ve todo entre comillas: no será una lámpara sino una ‘lámpara’, no será una mujer sino ‘una mujer’”.<strong> Una “mujer”</strong>, entre comillas, era la escultural protagonista de uno de sus films menos apreciados, <em>Parthenope, u</em>n personaje agobiado por el peso de representar la Belleza (o la “belleza”) que buscaba <strong>un replanteamiento de su ser</strong> más allá de los límites de la enfervorecida puesta en escena de Sorrentino. Lo lograra o no, alrededor de ella se evaporarían las dudas para declarar <em>camp</em> a Sorrentino, sofocándose del todo en otra de las conclusiones de Sontag: simplemente, lo <em>camp</em> sería “experimentar el mundo <strong>como si todo él fuera un fenómeno estético</strong>”.</p><p>Ni Sorrentino negaría eso. No podríamos negarlo, desde luego, al observar la peculiar trilogía que viene a culminar <em><strong>La grazia</strong></em><strong> </strong>y que el cineasta ha dedicado a<strong> una serie de mandatarios italianos</strong>. Todos ellos, interpretados por su actor fetiche<strong> Toni Servillo</strong>. En<strong> </strong><em><strong>Il divo</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Silvio (y los otros)</strong></em> se aferró a la vida de dos siniestros personajes que ocuparon la cartera de Primer Ministro durante un tiempo prolongado, antes de que diversos escándalos de corrupción les apartaran de primera línea. De <strong>Giulio Andreotti y </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/silvio-berlusconi/" target="_blank" ><strong>Silvio Berlusconi</strong></a><strong> </strong>pasamos a Mariano de Santis en <em>La grazia</em>, que curiosamente ya no es Primer Ministro sino Presidente de la República y además…<strong> es ficticio</strong>.</p><p>Es decir. Por lo que se nos cuenta de este personaje, por las “seis crisis de gobierno a las que ha sobrevivido sin hacer nada”, sería inevitable pensar <strong>en Sergio Matarella</strong>, que lleva representando la <a href="https://www.infolibre.es/temas/italia/" target="_blank" >unidad nacional italiana</a> desde hace más de diez años y ha visto desfilar a varios Primeros Ministros hasta llegar a <strong>la actual (y ultraderechista) Giorgia Meloni</strong>. Mariano de Santis, como Matarella, desearía que su título correspondiera a propósitos más elevados, afianzándose en su carácter de antiguo jurista para que el mandato estuviera marcado por<strong> la ecuanimidad y la templanza</strong>.</p><p>Lo que, obviamente, establece una distancia a varios niveles con <em>Il divo</em> y <em>Silvio</em>. Esas películas se revolcaban en el barro, se regodeaban en <strong>la calculadora maldad</strong> de Andreotti y <strong>la caspa festiva</strong> de Berlusconi, respectivamente. Como a fin, de cuentas, todo es un fenómeno estético para Sorrentino (la política debe serlo en especial, por la atención que le presta), a este díptico podría afeársele que contemplara con <strong>demasiada fascinación</strong> a sus criaturas. Desde luego que había crítica y sorna, pero también una voluntariosa (incluso admirada) inmersión en sus imaginarios. Que es un poco lo que pasa con <em>La grazia</em>, solo que el de De Santis es <strong>un perfil radicalmente distinto</strong>.</p><p>De Santis es un hombre paciente. Un político con años de experiencia que sostiene que la duda es una virtud, que l<strong>a burocracia es necesaria</strong> por cuanto se fundamenta en querer tomarse tiempo para resolver algo. También es un político avejentado, lleno de remordimientos y cuentas pendientes del <strong>índole viril </strong>que no podría faltar en Sorrentino —la eterna duda de si su esposa le fue infiel antes de morir—, así como relativas a <strong>nociones más amplias </strong>como sus relaciones familiares o los legados. Sorrentino, queriendo dejar acotado al máximo este carácter, lo presenta en los últimos meses de su vida política y teniendo que tomar<strong> tres grandes decisiones</strong> por las que siempre se le recordará.</p><p>De Santis es tan distinto de Andreotti y Berlusconi, y están tan sintetizadas las inquietudes que debe resolver, que <em>La grazia</em> parece querer alejarse frontalmente de<strong> los anteriores frenesíes de Sorrentino</strong>. Aunque el esfuerzo termina siendo más orgánico de lo que apunta el planteamiento —de hecho bien podría haberse adivinado en<strong> la melancolía de </strong><em><strong>Parthenope</strong></em>—, y mueve a que no podamos considerar exactamente que Sorrentino esté “vaciando” su estética. Desde luego hay un notable desprendimiento de la energía febril y de la frivolidad —permanecen retazos en forma de cámaras lentas o en el hilarante gusto de De Santis por el rap—, y un esfuerzo por controlar más la narración. Pero la estética no se está vaciando. <strong>Se está elevando</strong>.</p><p>Se eleva hacia los ideales y la filosofía política pre-Maquiavelo, como si Sorrentino buceara en los orígenes de esa terminología que sigue dando legitimidad institucional (una legitimidad estética,<strong> una “legitimidad”</strong>) a los desvaríos políticos de nuestros días.<strong> Y el resultado es magnífico</strong>. Insertar a un hombre bueno en este familiar mundo estetizado lo cambia todo, recaba una grandeza con visos de atemporal que ni siquiera cabría emparentar con artefactos idealistas (hoy tan trasnochados) como<strong> </strong><em><strong>El ala oeste de la Casa Blanca</strong></em>. Si volviéramos la mirada a EEUU, <em>La grazia</em> recordaría más a cuando John Ford depositó todo su ideario humanista sobre los hombros de un alcalde, Spencer Tracy, en <em>El último hurra</em>.<strong> Antes de que nadie supiera qué diantres era el </strong><em><strong>camp</strong></em>.</p><p>Como pese a todo seguimos habitando un mundo estetizado<strong> (o una estética con forma de mundo)</strong>, las decisiones de Sorrentino mantienen la sorpresa y el deslumbramiento, afinadas al compás de un Servillo en la cumbre de sus dotes interpretativas (ganó la Copa Volpi en el <strong>Festival de Venecia</strong>) y de una progresión narrativa con aroma clásico al margen de las extravagancias. <em>La grazia</em> es una película de encuentros y reflexiones. También de<strong> arrebatos líricos</strong> que pocas veces han cuajado tan bien —todo lo que rodea al astronauta—, y que facilitan la constatación de este film como uno de los grandes logros de un cineasta al que le está sentando realmente bien<strong> la llegada del crepúsculo</strong>.</p><p><em>La grazia</em> se apoya en la polisemia de su título (gracia como indulto tanto como virtud) para volver a tallar en piedra <strong>las verdades universales</strong> y aislarse de cualquier ruido contemporáneo o cutre —fácilmente identificable con los excesos de <em>Il divo</em> y <em>Silvio</em>—, en pos de<strong> su confabulación utópica</strong>. Este es el gran punto fuerte del último Sorrentino, que ha replegado su vocación de dandi esteta en aras de <strong>una trascendencia auténtica</strong>, inmanente. Pero aquí está también su mayor debilidad. </p><p>Porque, aunque el rigor de su planteamiento permita darle la espalda a lo que hoy<strong> está sucediendo en Italia</strong> (a lo que De Santis no está sabiendo gestionar), esto fundamenta inevitablemente que <em>La grazia</em> se constituya como <strong>una burbuja de ingenuidad luminosa</strong>. O, peor aún, como el melancólico mausoleo de un mundo que <strong>hace mucho que murió</strong>. Más o menos entre Andreotti y Berlusconi. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 18:55:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/matar-ultraviolencia-estilizada-vacia-tarantino-edgar-wright_1_2168088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d62d1154-7968-48d0-a992-c30c9ee819b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright"></p><p>Pocas dudas quedan de que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/imperio-ruinas-nominadas-oscar-mejor-pelicula-ilustran-declive-estadounidense_1_2159138.html" target="_blank">la hegemonía yanqui es historia</a> y los términos del orden internacional firmados durante el pasado siglo se han echado a perder por la multipolaridad y<strong> las bravuconadas agónicas de Donald Trump</strong>. Aunque el declive de dicha hegemonía bien podría haber empezado hace años, como un proceso paulatino donde se ha ido manteniendo una inercia muy curiosa en materia de <strong>industrias culturales</strong>. Adentrándonos en algunos de esos países que desafían la correlación de fuerzas,<strong> estilo China o India</strong>, vemos que el pulso que le echan a EEUU dista de implicar que no haya influencias hollywoodienses evidentes en sus películas.</p><p>Estéticas útiles, en definitiva, para encender la imaginación nacional, cada vez menos necesitada de importaciones o exportaciones masivas. La clave de los mercados chinos e indios es que no necesitan capital estadounidense, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/grandes-sorpresas-mayores-decepciones-cinematograficas-2025_1_2118334.html" target="_blank">les basta con el público que tienen dentro</a>, y eso es una ventaja ajena al hecho de que sus producciones hablen un idioma conocido globalmente: <strong>el del </strong><em><strong>blockbuster</strong></em>. <em><strong>Ne Zha 2</strong></em>, como película más taquillera de la historia de China (y quinta más taquillera de la historia en general), solo es un eco hipervitaminado de<strong> </strong><em><strong>Kung Fu Panda</strong></em>. No pasa nada por decirlo. Tampoco por recordar que <strong>S.S. Rajamouli</strong>, responsable de taquillazos indios como <em>RRR</em> o <em>Baahubali</em>, afirma cada vez que puede que<strong> Mel Gibson es su director favorito </strong>y máxima influencia. </p><p>Esto es lo que queda, en resumen, de la hegemonía yanqui: <strong>un caudal de referencias conocidas y digeridas por sus opositores</strong>. Acudiendo con este bagaje a Rusia, sin embargo, vislumbramos coordenadas más esquivas. La potencia que durante el siglo pasado trató de contener la hegemonía de EEUU ya había contado con directores patrios trabajando en territorio enemigo antes de la caída del Muro de Berlín: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DoacpCpBptU" target="_blank">Andrei Konchalovsky tuvo a Stallone y Kurt Russell</a> al frente de en una de sus películas de acción. Porque todo se reduce a un<strong> </strong><em><strong>lenguaje del espectáculo</strong></em><strong> </strong>concreto, que cualquiera puede aprender a hablar, y que en el caso ruso ha favorecido los esporádicos exilios de cineastas<strong> tan flipados como los más flipados que hayan podido nacer en EEUU</strong>.</p><p>En las últimas dos décadas, mientras Putin se venía arriba y EEUU se desmoronaba, han despuntado nombres de rusos hechos a las Américas estilo el prolífico <strong>Timur Bekmambetov </strong>(responsable tanto de <em>Abraham Lincoln: Cazador de vampiros</em> como de un remake de <em>Ben-Hur</em>) o el floreciente<strong> Ilya Naishuller</strong>, que empezó a dar que hablar con una chalada celebración de los videojuegos de disparos en primera persona, <em>Hardcore Henry</em>. Bekmambetov y Naishuller, con mayor o menor inspiración, se hacen eco de <strong>la capacidad expansiva de este lenguaje espectacular</strong>, y una posible diferencia de Kirill Sokolov frente a ellos acaso resida, simplemente, en que es <strong>un poco más friki</strong>.</p><p>Sokolov acaba de desembarcar en EEUU y debe estar muy contento. <strong>Andy Muschietti</strong>, responsable de la exitosa franquicia <em>It</em>, ha confiado en él lo suficiente como para producirle <em><strong>Te van a matar</strong></em>: su tercera película tras dos pequeñas producciones impulsadas en su Rusia natal. Resulta obvio lo que ha visto Muschietti en él o, mejor dicho, <strong>lo que ha reconocido</strong>. Y es que Sokolov no es tanto un mercenario como un fan honesto<strong> (¿un colaboracionista?) </strong>que ha interiorizado múltiples derivas de una estética comercial internacional. Esa en la se diluyen las fronteras y el desprejuiciamiento posmoderno permite que <strong>tu helado posea todos los sabores del mundo</strong>.</p><p>Esto es, que el entusiasmo de Sokolov se remonta a los años 60, con <strong>el </strong><em><strong>spaghetti western</strong></em><strong> de Sergio Leone</strong>, y llega hasta por lo menos los primeros 2000 con el virtuosismo escénico de <strong>Edgar Wright</strong>. Medio siglo de un lenguaje del espectáculo<strong> en continuo perfeccionamiento y deconstrucción</strong>, que ni siquiera ha necesitado ceñirse a la metrópolis para definir lo que Sokolov quiere del cine. Aunque también haya por aquí mucho sabor estadounidense, claro. Sin <strong>Quentin Tarantino</strong>, con su narrativa fragmentada y sus propias deudas con el <em>spaghetti western</em>, Sokolov nunca habría cogido una cámara. Todo esto se debió encontrar Muschietti en <em><strong>¿Por qué no te mueres?</strong></em>, debut a la dirección de Sokolov que a lo largo de 2019 pudo verse en unos cuantos certámenes occidentales.</p><p>Y todo esto se mantiene en <em>Te van a matar</em>, que es para lo que Muschietti habrá puesto dinero. Pero, aunque parezca imposible, aún hay más referencias que las citadas. Como añadido a la tríada Leone/Tarantino/Wright, ahora Sokolov quiere acudir al último cine de artes marciales para presumir de <strong>brutales escenas de acción</strong> en plano continuo. O, mejor dicho, quiere conformarse con cómo se ha empaquetado dicho cine (el de la escuela de la indonesia <em>The Raid</em>) dentro de EEUU, muy en la línea de lo que hizo el verano pasado el citado Naishuller en <strong>la muy mediocre </strong><em><strong>Nadie 2</strong></em>.</p><p>¿Hay más? Hay más. De <em>The Raid</em> Sokolov retoma asimismo ese edificio infestado de enemigos a cuya cima se dirige el héroe —aquí heroína, <strong>una eficaz Zazie Beetz</strong> que puede sonarnos de la serie <em>Atlanta</em>—, solo que las particularidades de estos enemigos se ajustan a otra tendencia más del último cine comercial. En este caso <strong>el </strong><em><strong>eat the rich</strong></em>, la sátira contra los ricos, que rastreamos en esa aristocracia de pudientes adoradores de Satán acostumbrados a sacrificar a los más pobres. El <em>eat the rich</em>, para más señas, ya ha perdido en 2026 toda su relevancia —la perdió con el final de <em>Succession</em> y las <strong>arcadas de </strong><em><strong>El triángulo de la tristeza</strong></em>—, así que <em>Te van a matar</em> solo puede permitirse un logro genuino: parecer <strong>desfasada con respecto a cuatro décadas distintas por lo menos.</strong></p><p>Porque es lo que pasa. <em><strong>Te van a matar</strong></em><strong> apenas tiene nada suyo</strong>. Sokolov no ha afrontado su desarrollo buscando imágenes que expresen lo que tiene dentro, sino que ha partido de imágenes preexistentes para comprobar si, efectivamente,<strong> existe una interioridad como tal</strong>. La respuesta es bien difícil, pues las referencias que maneja la película son tan copiosas y acaparadoras como para tejer una gruesa capa donde ni se refleja la luz ni otros significantes al margen de los regurgitados. </p><p>El problema, claro, viene por cuanto <em>Te van a matar</em> idolatra nombres y estilos que en sí mismos<strong> ya eran derivativos antes</strong>, y que solo habían logrado vindicarse desde el carácter específico de los cineastas. Tarantino al menos había sido el primero en saquear <em>samples</em> de Morricone y Wright al menos había presumido de convicción —ya agotada a estas alturas, por cierto; <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-running-man-adaptar-fidelidad-stephen-king-no-implica-grandes-peliculas_1_2100525.html" target="_blank">ahí está </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-running-man-adaptar-fidelidad-stephen-king-no-implica-grandes-peliculas_1_2100525.html" target="_blank"><em>The Running Man</em></a>—, pero Sokolov<strong> casi no puede entregar nada a cambio</strong>. Y esto brilla cada vez que su película no está sometida al movimiento frenético, cuando los personajes intentan comunicarse revelando que son solo iconos<strong> (iconos sobadísimos)</strong>, y la sensación de vacío es aún más ominosa.</p><p>Todo podría ser infinitamente peor, al mismo tiempo, si Sokolov careciera de un mínimo talento como cineasta. No es el caso por suerte. El perceptible entusiasmo con el que se ha zampado tantas y tantas películas ha sido canalizado en un reivindicable estudio del <strong>plano como acontecimiento</strong>: hay mimo a la hora de encuadrar, a la hora de seleccionar radiofórmula, a la hora de fotografiar y a la hora de insistir en el retrato de Zazie Beetz como el de <strong>una heredera de Uma Thurman o Iko Uwais</strong>. Solo por eso, el aplomo de Sokolov como forastero deseoso de aprehender las costumbres del lugar es muy de agradecer. Incluso brilla frente a tantas y tantas producciones aledañas que son igual de derivativas que <em>Te van a matar</em>, <strong>pero además han olvidado cómo divertirse</strong>.</p><p>Y hay alguna imagen interesante en sus propios términos. La inmortalidad de los enemigos de la protagonista, por ejemplo, permite un desfile de casquería y partes extirpadas del cuerpo que retienen vida propia, y conducen a pasajes <em>gore</em> de cierta inventiva. Como también hay algo resonante en la presentación del demonio al que veneran, favoreciendo <strong>que el clímax sea por lo demás satisfactorio</strong>. <em>Te van a matar</em> no carece de los chispazos achacables a lo que no deja de ser un ejercicio de riguroso onanismo y de, en definitiva, <strong>honestidad lúdica</strong>. </p><p>Pasa simplemente que es una película de acción parecida a ochenta más. Una<strong> estandarización de lo extravagante </strong>que ya huele, y en definitiva un artefacto que conmina a pensar cosas desagradables y cínicas. Tan desagradables y cínicas como gritarle a un crío que madure de una vez. Que <strong>sus juguetes ya han cogido demasiado polvo</strong>, y estarían mejor en la basura.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 05:01:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Te van a matar’, ultraviolencia estilizada (y bastante vacía) entre Tarantino y Edgar Wright]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Actrices,Industria cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El testamento de Ann Lee’, un potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/testamento-ann-lee-potente-estudio-fervor-religioso-amanda-seyfried-pletorica_1_2159803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/484b8afb-fed6-45ee-8d0c-0348a3fd649b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El testamento de Ann Lee’, potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica"></p><p>“Su naturaleza apasionada e idealista exigía una vida épica, algún objetivo que no justificase nunca el abatimiento, que reconciliara la desesperación en sí misma con la conciencia arrobadora de<strong> una vida más allá del ser</strong>”. Así presentaba la novelista George Eliot a su heroína Dorothea Brooke en las primeras líneas de <em>Middlemarch</em>, ubicándola dentro de <strong>un linaje de mujeres ilustres e inquietas </strong>cuya patrona era conocida de sobra: <strong>Teresa de Jesús</strong>. Según Eliot, la santa podía ser capaz de iluminar retroactivamente la vida de cada nueva mujer<strong> con afán de trascendencia</strong>. Así era la protagonista de su novela, y así serían otras heroicas mujeres a lo largo de los siglos.</p><p><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/doble-vida-santa-teresa-jesus_129_1375806.html" target="_blank">La fascinación por Teresa de Jesús</a> alcanza nuestra época. Durante los últimos años, en su España natal, ha habido una gran afloración de novelas, obras de teatro y películas dedicadas a ella, partiendo de la convicción de que hay atractivos en su figura más allá de la extracción católica. Está, desde luego, <strong>la vocación</strong>, eso que tanto fascinaba a Eliot. Una fortaleza de carácter que quizá, en una época proclive tanto a <strong>la inflación del individuo</strong> como a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/grandes-sorpresas-mayores-decepciones-cinematograficas-2025_1_2118334.html" target="_blank">la búsqueda de espiritualidades alternativas</a>, es lo que obliga a volver una y otra vez a Teresa. Pero acaso Teresa no resuene igual de bien dentro de otras áreas del cristianismo. <strong>Así que habrá que recurrir a Ann Lee</strong>.</p><p>Como Teresa cuando era niña y ya sabía que dedicaría su vida a Dios, Ann Lee también se echó a los caminos<strong> junto a su hermano pequeño</strong>. Y Ann Lee se convirtió asimismo en la líder de otra orden religiosa, parte originalmente de <strong>los cuáqueros</strong>. Luego de que el legado de Teresa se hubiera asentado dentro de la tradición católica europea, Ann Lee haría lo propio con<strong> el crisol de cultos protestantes de EEUU</strong>, en el Nuevo Mundo. Lo haría al frente de<strong> los Shakers</strong>, así llamados por la costumbre de expresar su acceso a Dios con temblores que devenían<strong> bailes espasmódicos</strong>, y ruidosas canciones. La madre Ann, como Teresa, <strong>parece de lo más cinematográfica</strong>.</p><p><strong>Mona Fastvold </strong>así lo cree. Y la época ha convocado a esta cineasta noruega para abordar la vida de la líder religiosa en<strong> </strong><em><strong>El testamento de Ann Lee</strong></em>… sin que esto implique que haya hecho una película muy contemporánea. En realidad hablamos de una absoluta rareza, de la que sorprende (en el mejor sentido) que un estudio de Hollywood haya querido hacerse cargo de la distribución. Habrá ayudado que <strong>Amanda Seyfried</strong> interprete a Ann Lee —buscando una nominación al Oscar que finalmente no se ha dado—, y quizá también que Fastvold sea <strong>la colaboradora habitual de Brady Corbet</strong>.</p><p>Es<strong> su pareja</strong>, de hecho, desde que le conociera como actor en su debut a la dirección, <em>Dobles </em></p><p><em>parejas</em>. Fastvold ha sido coguionista de todas las películas de Corbet <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/adrien-brody-estremece-the-brutalist-prodigio-absoluto-mejor-tradicion-hollywood-clasico_1_1932277.html" target="_blank">incluida </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/adrien-brody-estremece-the-brutalist-prodigio-absoluto-mejor-tradicion-hollywood-clasico_1_1932277.html" target="_blank"><em>The Brutalist</em></a>, que tanto diera que hablar el año pasado —esa sí llegó a los Oscar—, y es inevitable<strong> fundir sus visiones creativas</strong> de cara a <em>El testamento de Ann Lee</em> por cuanto Corbet, en esta ocasión, también coescribe con Fastvold. Ambos cineastas se han contagiado mutuamente para pulir un estilo que no cabría denominar unitario —comparten el mimo depositado en rótulos y títulos de crédito, eso sí—, aunque desde luego está bañado en inquietudes cercanas. A ambos les interesa <strong>el estudio de la Historia</strong>. Y ambos quieren construir personajes ambiciosos y trágicos que puedan canalizar esa Historia.</p><p>Fastvold y Corbet, de esta forma, están abocados a<strong> la megalomanía</strong>. Fastvold se enteró de la existencia de los Shakers documentándose para su segunda película como directora, que tenía un título tan altisonante como <em><strong>El mundo que viene</strong></em> pese a limitarse a narrar un romance lésbico dentro de una atmósfera minimalista (pero colindante al <em>western</em>). Pues Fastvold, como Corbet, solo concibe protagonistas que contengan <strong>el espíritu de su tiempo</strong>, y en ese sentido <em>El testamento de Ann Lee</em> es la continuación lógica de otra película que hicieran juntos hace ocho años,<strong> </strong><em><strong>Vox Lux</strong></em>. </p><p>En <em>Vox Lux</em> Natalie Portman encarnaba a una estrella del pop asediada <strong>por un fenómeno fan masiv</strong>o, capaz de diseminar el caos a su alrededor. En <em>El testamento de Ann Lee</em> hablamos de otro fenómeno fan: uno de lo más extravagante incluso al margen de los bailes — Ann Lee impone el voto de castidad, dificultando que los Shakers se perpetúen—, y que tiene ciertos problemas para asentarse. Aprovechando<strong> la libertad de culto </strong>que se da en los florecientes Estados Unidos del siglo XVIII, Ann Lee desplazará ahí a su pequeña comunidad y ahí lidiará con la primera de tantas contradicciones en la identidad norteamericana: <strong>la violencia que esconde esa presunta libertad</strong>.</p><p><em>El testamento de Ann Lee</em> es <strong>un cuidadoso ensayo histórico</strong>. Y también es, glups, <strong>un musical</strong>. <strong>Daniel Blumberg</strong>, ganador del Oscar por <em>The Brutalist</em>, ha compuesto una monumental partitura partiendo de <strong>cantos e himnos reales de los Shakers</strong>, organizándose con Fastvold para distribuirlos dentro de furibundas secuencias en las que los feligreses celebran su fe. Secuencias —casi que cuesta llamarlos números musicales— <strong>sin ningún miedo al ridículo</strong>, donde Seyfried y el resto de actores se someten a trances expresionistas más propios de <strong>una </strong><em><strong>performance</strong></em><strong> improvisada</strong> que de un espectáculo de Hollywood. La música, insistimos, es extraordinaria, pero las satisfacciones que dispensa distan de ser directas o cómodas. <em>El testamento de Ann Lee</em> <strong>no quiere nuestra simpatía</strong>.</p><p>De hecho —y esto es lo mejor que se puede decir de la película de Fastvold—, prefiere <strong>nuestra atención y nuestro pensamiento</strong>. El film acude a resolver un llamamiento contemporáneo sin articularse por ello dentro de un modo de expresión fácil o propio de esta contemporaneidad. Se distingue de <em>The Brutalist</em>, sin ir más lejos, en que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank">no busca el </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html" target="_blank"><em>shock</em></a> ni la interiorización afectiva de avatares dramáticos, pues ante todo quiere ser <strong>un ejercicio intelectual</strong>. Y lo es hasta el punto de adjuntar en los créditos finales<strong> la bibliografía</strong> que Fastvold ha empleado para preparar la película. ¿Cuánto dinero hará perder <em>El testamento de Ann Lee</em> a sus artífices? No el suficiente.</p><p>De ahí que haya que aplaudir los esfuerzos de Fastvold. De ahí, también, que la narración presente <strong>problemas indudables</strong>. Mientras que la entrega visceral de Seyfried —en la que es de lejos la interpretación más memorable de su carrera— resulta una cómplice aún más determinante que la música de Blumberg para que el proyecto no se vaya al traste, pasa que el guion de Fastvold y Corbet<strong> sufre del rigor militante</strong> que lo guía todo. Y se aferra al desarrollo lineal (hay quien diría wikipédico) de una biografía que habría de merecer <strong>más estallidos y fugas</strong>. </p><p><em>El testamento de Ann Lee</em> se narra desde el punto de vista de la discípula de mayor confianza de la protagonista, interpretada por Thomasin McKenzie, sin que esto implique que la fascinación que en todo momento cubre las peripecias de Seyfried (y mueve a matizar la veracidad del relato) se libre de <strong>una rutina</strong> que empieza a pesar sobre todo cuando los peregrinos viajan a América. El periódico estallido de arrebatos musicales parece formar parte de <strong>una misma nota monocorde</strong>, frenando nuevamente la emoción, y forzando <em>El testamento de Ann Lee</em> a una contemplación distante y crítica. Que quizá sea, de todos modos, <strong>justo lo que quiere la directora</strong>.</p><p>Con lo que volvemos al punto de partida. A lo excepcional que es encontrarse una película como <em>El testamento de Ann Lee</em>,<strong> tan kamikaze a la vez que tan juiciosa</strong> en sus presupuestos. Tan ambiciosa, sí, al tiempo que tan delicada en la concatenación de todos sus dispares ingredientes. Hablamos de un film asiduo <strong>a la extrañeza y lo estridente </strong>—el breve coqueteo de Ann Lee con el sadomasoquismo, la visualización encadenada de las muertes de sus cuatro hijos—, toda vez que atento a<strong> la caligrafía de las emociones</strong>, que brilla especialmente en todo lo referido a <strong>Lewis Pullman</strong> (otra interpretación apabullante) como el solícito hermano de la Madre Lee.</p><p>Diseñada como <strong>una tesis doctoral</strong>, ejecutada como <strong>un experimento científico</strong>, <em>El testamento de Ann Lee</em> ha de repeler por fuerza al gran público, y de ahí que sea tan explosivo que sus intereses se antojen tan ferozmente actuales. Por supuesto que, dentro de un aparataje que no deja de hacer suyas las experiencias místicas de Ann Lee, Fastvold se las apaña para estudiar fríamente el fervor religioso y <strong>las limitaciones de sus liderazgos</strong>, estableciendo qué necesidades emocionales se cubren y cuáles se descuidan para, finalmente, rematar su panorámica del asunto.</p><p>En su indagación de lo espiritual Fastvold se ha obstinado <strong>en ser plenamente materialista</strong>, y de ahí lo encomiable de sus esfuerzos con <em>El testamento de Ann Lee</em>. Ya que estamos atrapados en esta época, ya que no queda otra que<strong> reencontrarse con las tensiones que movilizaron a la Madre Ann</strong>, es una suerte que el cine pueda ilustrar qué nos estamos jugando exactamente. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El testamento de Ann Lee’, un potente estudio del fervor religioso con una Amanda Seyfried pletórica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cultura,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/batalla-warner-futuro-entretenimiento-decidira-vemos-deberia-importarnos_1_2154525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/533dbe4d-3ca0-469b-bac0-468c22bbcea2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos"></p><p>La posible compra de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Warner_Bros._Discovery" target="_blank">Warner Bros. Discovery</a> (que nació en 1923 como estudio de cine y ahora es un gigante audiovisual propietario, entre otros, de la plataforma digital <a href="https://www.infolibre.es/temas/hbo/"  >HBO Max</a>) se ha convertido en uno de <strong>los mayores pulsos corporativos</strong> de la historia del entretenimiento audiovisual. Lo que parecía una integración entre Netflix y el histórico estudio cinematográfico ha derivado en una nueva fase de negociación <a href="https://www.lavanguardia.com/economia/20260224/11474864/warner-bros-reconoce-oferta-paramount-superior-netflix.html" target="_blank">encabezada por Paramount Skydance</a>.</p><p>Más allá de cómo finalice el acuerdo, la operación muestra algo más profundo: el sector audiovisual ha entrado en una etapa de <strong>consolidación industrial</strong>. Los estudios tradicionales, plataformas digitales y empresas tecnológicas compiten por controlar el contenido, la distribución y los datos de los espectadores.</p><p>El 5 de diciembre de 2025 Netflix <a href="https://www.infolibre.es/economia/netflix-da-vuelco-industria-entretenimiento-comprando-warner-bros-hbo_1_2109988.html"  >anunció que compraba Warner</a> por casi 83.000 millones de dólares. La operación fue interpretada como <a href="https://www.businessinsider.es/tecnologia/netflix-warner-bros-defienden-senado-que-su-futura-union-no-perjudicara-ni-los-clientes-ni-industria-hollywood_6929722_0.html" target="_blank">un movimiento capaz de redefinir Hollywood</a>, al concentrar gran parte de la producción cinematográfica bajo una sola empresa, y generó inquietud entre reguladores y parte de <a href="https://vandal.elespanol.com/random/christopher-nolan-55-director-sobre-sobre-el-acuerdo-de-netflix-y-warner-es-un-momento-muy-preocupante-para-la-industria/39779.html" target="_blank">la industria creativa estadounidense</a>.</p><p>La situación cambió apenas cuatro días después, cuando Paramount lanzó <a href="https://www.infolibre.es/medios/paramount-lanza-oferta-hostil-warner-bros-30-dolares-accion_1_2110991.html"  >una ofensiva corporativa </a>para la compra de Warner, aunque todo quedaba<strong> </strong>en <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>stand-by</em></span><strong> </strong>a la espera de la junta de accionistas de Warner Bros. Discovery, que se celebraría el próximo 20 de marzo. Finalmente, la última semana de febrero Paramount mejoró su oferta, aumentando la presión financiera y legal sobre el acuerdo inicial, y <a href="https://www.infolibre.es/medios/netflix-retira-batalla-compra-warner-nueva-oferta-paramount_1_2152539.html" target="_blank">Netflix optó por retirarse de la operación</a>. El gigante del <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span> afirmó que, en lugar de invertir en esta compra, dedicaría <strong>casi 20.000 millones de dólares</strong> a producir contenido para su propia plataforma.</p><p>El foco se desplaza ahora hacia <strong>los accionistas de Warner y los organismos reguladores </strong>estadounidenses, que deberán evaluar si una integración de este tamaño altera el equilibrio competitivo del sector audiovisual.</p><p>De momento, <a href="https://www.elconfidencial.com/empresas/2026-02-27/netflix-retira-oferta-warner-paramount-1tps_4311070/" target="_blank">tanto las acciones de Paramount como las de Netflix se han disparado en bolsa</a>.</p><p>Warner no es únicamente un estudio fundado hace más de un siglo. Su valor estratégico reside en combinar <strong>producción cinematográfica</strong>, franquicias globales, como <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Harry Potter</em></span>, <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Juego de Tronos</em></span> y <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>The Last of Us</em></span>, y una <strong>plataforma digital </strong>consolidada como HBO Max.</p><p>Además, Paramount, alineado con el entorno del mismo Donald Trump, se quedaría con el <a href="https://cadenaser.com/nacional/2026/02/27/paramount-se-queda-con-mucho-mas-que-warner-asi-sera-el-nuevo-imperio-mediatico-de-sintonia-trumpista-cadena-ser/" target="_blank">canal informativo CNN</a>.</p><p>Así, en la economía del <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span>, poseer contenido ya no es suficiente: también hay que controlar <strong>todo el ciclo de consumo</strong>. Las plataformas actuales funcionan como ecosistemas de datos. Cada reproducción, pausa o abandono alimenta sistemas algorítmicos basados en IA capaces de anticipar preferencias y maximizar el tiempo de visionado. Ese tiempo se traduce directamente en fidelización, y, cada vez más, en <strong>ingresos publicitarios</strong>.</p><p>Por ello, independientemente del comprador final, Warner representa <strong>un activo clave</strong> para cualquier compañía que aspire a liderar modelos híbridos basados en suscripción y publicidad.</p><p>Durante años, el <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span> se presentó como la alternativa sin interrupciones (publicidad) frente a la televisión tradicional. Sin embargo, el modelo ha evolucionado rápidamente. Hoy, prácticamente todas las grandes plataformas, incluidas Netflix, Disney+ o Prime Video <a href="https://doi.org/10.5209/esmp.104856" target="_blank">incorporan planes con anuncios</a>.</p><p>El crecimiento de suscriptores se ha ralentizado y <strong>la publicidad</strong> permite ampliar ingresos sin aumentar excesivamente los precios.</p><p>Este cambio introduce una transformación en la experiencia cultural. Las decisiones sobre qué contenidos se producen, promocionan o destacan dejan de depender de criterios creativos y pasan a ser<strong> estrategias de retención algorítmica</strong>. Series, películas u otros formatos comienzan a diseñarse pensando en mantener la atención del espectador el mayor tiempo posible.</p><p>Como señalaba recientemente <a href="https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a70048045/matt-damon-actor-netflix-trama-peliculas-repeticiones-dialogos-telefono-movil/" target="_blank">el actor y productor Matt Damon</a>, las plataformas prefieren <strong>impactos narrativos tempranos</strong>, capaces de evitar que el espectador abandone el contenido en los primeros minutos. De esta manera, la narrativa audiovisual empieza a adaptarse a métricas más propias del entorno digital que del cine tradicional.</p><p>Otro de los grandes interrogantes afecta a<strong> la exhibición cinematográfica</strong>. Históricamente, las producciones de Warner seguían un modelo clásico, estreno en salas y posterior llegada a plataformas. Las negociaciones recientes han puesto sobre la mesa modelos híbridos con ventanas de exclusividad cada vez más cortas, <a href="https://es.hollywoodreporter.com/netflix-mantendria-los-estrenos-de-warner-en-cines-durante-45-dias/" target="_blank">en torno a 45 días</a>, que permiten combinar ingresos en taquilla con explotación rápida en <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>streaming</em></span>. Sea cual sea el resultado final de la operación, esta tendencia<strong> parece irreversible</strong>.</p><p>Quien controle Warner decidirá <strong>cómo se producen, distribuyen y monetizan</strong> las grandes producciones audiovisuales de los próximos años, aumentando la presión sobre salas independientes y productoras externas.</p><p>La retirada de <a href="https://www.infolibre.es/temas/netflix/"  >Netflix </a>de la operación no supone el final de la historia, sino la confirmación de una tendencia más amplia. El entretenimiento audiovisual está entrando en una fase en la que contenido, distribución, datos y publicidad tienden a <strong>integrarse bajo grandes empresas globales</strong>.</p><p>La batalla corporativa por Warner Bros. Discovery ha mostrado que el futuro del sector ya no depende solo de quién produce las historias sino de <strong>quién controla los sistemas</strong> que las recomiendan, las financian y las monetizan.</p><p>Este tipo de fusiones obliga a preguntarnos como consumidores no solo qué servicios pagamos, sino <strong>qué tipo de relación</strong> queremos mantener con el entretenimiento audiovisual: ¿una centrada en experiencias culturales comunitarias y cinematográficas, u otra dominada por el consumo inmediato, las métricas algorítmicas y la publicidad personalizada?</p><p>Ese es, en última instancia, el verdadero desafío para quienes, al final del día, solo buscan disfrutar de <strong>una buena historia</strong>.</p><p>________________________________</p><p><strong>José Antonio Cortés Quesada</strong>. Profesor contratado Doctor por ANECA y coordinador académico del grado en Marketing, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja. <strong>Beatriz Feijóo</strong>. Profesora Titular de Publicidad, Universidad Villanueva. <strong>Erika Fernández Gómez.</strong> Profesora titular en la Facultad de Comunicación, Universidade de Vigo. Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://theconversation.com" target="_blank">The Conversation</a>. Lea el <a href="https://theconversation.com/la-guerra-por-warner-y-el-futuro-del-entretenimiento-quien-decidira-que-vemos-y-por-que-deberia-importarnos-272109" target="_blank">original aquí</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 05:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Antonio Cortés Quesada, Beatriz Feijóo y Erika Fernández Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La batalla por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Netflix,Empresas,HBO,Series televisión,Películas,OPA,Cine,Industria cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/pillion-hacerse-adulto-motoristas-gays-relaciones-sadomasoquistas_1_2155188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/baf369d8-1490-4f74-b741-1255cb5ddcb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas"></p><p>Pasó muy desapercibido, en el verano de 2024, el <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tom-hardy-ofrece-mejor-interpretacion-bikeriders-lucido-estudio-masculinidad_1_1838184.html" target="_blank">estreno de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tom-hardy-ofrece-mejor-interpretacion-bikeriders-lucido-estudio-masculinidad_1_1838184.html" target="_blank"><em>Bikeriders</em></a>. Y fue una pena. Jeff Nichols, su director, había impulsado con su película <strong>una vigorosa deconstrucción del mito del motero</strong>, como criatura puramente estadounidense toda vez que plenamente mutable y dúctil. La <strong>cultura motociclista </strong>había surgido en EEUU poco después de la II Guerra Mundial, a horcajadas de una disposición democratizada de los combustibles fósiles y del <strong>rechazo de ciertos hombres</strong> a la repentina normalización de su vida según promulgaba la nueva cultura de masas. </p><p>El hogar familiar en barrios residenciales y el trabajo estable se revelaban ahora como aburridas opresiones para quienes habían experimentado la violencia y, aún mejor que eso, <strong>la íntima y concentrada compañía de otros hombres</strong> en aviones, barcos y trincheras. Así que, añorando esa hermandad, no les había quedado otra que echarse a la carretera mientras manufacturaban<strong> nuevos códigos marciales</strong> de conducta. De tu batallón a <strong>tu banda de moteros</strong>, con chaquetas a juego. Con una alergia tal hacia la compañía femenina, <strong>hacia todo lo heteronormativo</strong>, que no había que pensar mucho para descodificar<strong> una pulsión homoerótica</strong>. Es la que, entre los 50 y los 60, empezó a registrar Touko Valio Laaksonen. Más conocido como<strong> Tom of Finland</strong>.</p><p>Este artista gráfico acudió al imaginario motociclista y se interesó por su evidente fetichismo hacia el cuero, las botas y la gasolina, de forma que su trabajo viniera a consolidar <strong>un desvío </strong>en la iconografía de la contracultura <em>gay</em>: hasta entonces la expresión homosexual tendía a ser afeminada y escasamente amenazadora. Ahora, de pronto, podíamos hablar de <strong>hombres rudos y disciplinados</strong>, que simpatizaban con dinámicas de violencia y honor. Es lo que contaba <em>Bikeriders</em> sin tocar directamente la cuestión homosexual —prefería preocuparse por la mediación del cine de Hollywood—, aunque igualmente a veces <strong>el subtexto se le escapaba de las manos</strong>. El ansioso comportamiento de Tom Hardy con respecto a Austin Butler, por ejemplo.</p><p>Sea como sea, <strong>la hipermasculinidad del motero</strong> era un arma de doble filo, y tan pronto dio con un tribalismo tóxico como con una dinámica sexoafectiva consolidada.<strong> </strong><em><strong>Pillion</strong></em> es el título de la película que nos ocupa y viene de la expresión <em>ride pillion</em>, que podríamos traducir como “<strong>ir de paquete en la moto”</strong>. Quien va de paquete en la moto, sea cual sea su género, se aferra a una espalda protectora en la que acepta su vulnerabilidad. Una idea fácil de llevarse al terreno sexual, y así toparnos con diversos grados de devoción/sometimiento dentro de <strong>prácticas BDSM</strong> (<em>Bondage, Dominación, Sadomasoquismo</em>). Son las que describe <em>Pillion</em>, debut a la dirección de <strong>Harry Lighton</strong>.</p><p>Así que al cineasta ha de interesarle el <strong>legado erótico </strong>de Tom of Finland —destilado tanto en la indumentaria y los comportamientos de los personajes como en encuentros sexuales más o menos explícitos— antes que <strong>la memoria cinéfila</strong>, como pasaba en <em>Bikeriders</em>. Aunque de esto último también hallemos retazos. <strong>Alexander </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Skarsgård</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> interpreta a Ray, que en la pareja que centra el argumento de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Pillion</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> vendría a ser el dominante: porque tiene una belleza extrema, es mucho mayor y más musculoso, y en general posee</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> rasgos más convencionalmente viriles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Es decir, que ni habla ni apenas expresa sus sentimientos. Su llamativa chupa, su hieratismo, podría recordarnos al </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/ryan-gosling-odisea-ken-marlon-brando-plastico-conquisto-hollywood-haciendose-gracioso_1_1777035.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">Ryan Gosling de </span></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/ryan-gosling-odisea-ken-marlon-brando-plastico-conquisto-hollywood-haciendose-gracioso_1_1777035.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Drive</em></span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> para reconocer en él una masculinidad impasible e incomunicada.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Una masculinidad canónica que, claro, en el momento de conectar con un circuito </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>queer</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es sometida a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>una reevaluación</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Como cuando Heath Ledger vestía de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>cowboy</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Brokeback Mountain</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El meollo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Pillion</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sin embargo, no está tanto en lo que esconde Ray como en lo que esta coraza ha de despertar en Colin, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>el sumiso de la pareja</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Quien, interpretado por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Harry Melling</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (voluntarioso actor que se dio a conocer como el odioso primo Dudley de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> las películas de </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Harry Potter</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), es mucho más joven e inseguro. Y sobre todo </span>—tal y como subraya el film de forma bastante cuestionable— <strong>más feo</strong>. Hay tal desequilibrio entre sus caracteres, que se antoja plenamente natural que la relación de BDSM fluya como fluye, con <strong>una transparente jerarquía de poder</strong>.</p><p><em>Pillion</em>, por otro lado, tiene la suficiente apertura de miras como para no arremeter contra los términos que sobre el papel acoge esta relación. Colin descubre que le gusta ser sumiso y que tiene <strong>“un don para la devoción”</strong>, y esto es descrito como <strong>un autodescubrimiento feliz</strong>. Porque, enlazando con otro film famoso como sería <em><strong>Call Me By Your Name</strong></em> —donde también encontrábamos este desequilibrio entre físicos y edades—, de lo que hablamos ante todo es de <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank">una historia de madurez</a>. El joven Colin ha de aprender, en el marco de esta peculiar relación, qué es lo que desea de verdad, y atreverse a negociar estos deseos con un amante no especialmente generoso.</p><p>Lighton traza una historia tan simple como esta sin cargar las tintas, con una mesura dramática que también apela a <strong>la sensualidad del escenario</strong> en que se está embarcando. Porque sí, desde luego <em>Pillion</em> tiene escenas sexuales abundantes y bastante alejadas de lo que se suele ver en el cine comercial, pero no estamos hablando de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/orgullo-lgtbi-salta-calles-cine-series-audiencia-demanda-reflejo-realidad_1_1833257.html" target="_blank">una renovación del </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/orgullo-lgtbi-salta-calles-cine-series-audiencia-demanda-reflejo-realidad_1_1833257.html" target="_blank"><em>New Queer Cinema</em></a> o algo parecido: no hay <strong>una voluntad transgresora</strong> según la cual la estructura <em>queer</em> llegue a alterar fórmulas cinematográficas establecidas, sino ante todo <strong>un interés por la ternura</strong>. </p><p>Las escenas de sexo se recrean en cada placer que Colin va descubriendo sobre la marcha, según se inserta en esta cultura, y no son tan impactantes las prácticas que llega a realizar como el hecho de que esta tribu de moteros, cada uno con su paquete detrás, pueda felicitarle por sorpresa el cumpleaños en <strong>una noche especialmente entrañable</strong>. </p><p><em>Pillion</em> es <strong>un </strong><em><strong>coming of age</strong></em><strong> sereno y delicado</strong>, mucho menos extravagante de lo que insinúan sus  primeros minutos —cuando nos internamos en el entorno familiar de Colin y conocemos tanto su vocación musical como a su madre moribunda— al preferir registrar con suavidad los progresos del protagonista. La película está abocada a <strong>una normalización de las identidades sexuales disidentes </strong>y bien está, tal es su decisión. El problema está en lo que termina favoreciendo este enfoque, que en <em>Pillion</em> resulta ser <strong>un desinterés palmario</strong> por la puesta en escena —solo permitiéndose un poco de recreación cuando la cámara lenta subraya el gozo de Colin a la espalda de Ray mientras su moto se interna en la noche— y, sobre todo,<strong> un guion extremadamente esquemático. </strong></p><p>Los cambios que atraviesa el carácter de Colin, los cambios que esto puede provocar en Ray y, en general, el desarrollo de la pareja protagonista, se van sucediendo con <strong>una llamativa falta de matices </strong>en <em>Pillion</em>. Es una de <strong>esas películas correctísimas</strong> en las que, sin embargo, no hay mucho que rascar, porque absolutamente <strong>todo es texto</strong> en ellas y este texto se lee de forma diáfana. Lo que, insistimos, no es que esté mal, pero viniendo como venimos de una tradición iconográfica que hizo del subtexto y la seducción <strong>un revulsivo cultural</strong>, no deja de ser una lástima. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 05:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Pillion’, o cómo hacerse adulto entre motoristas gays y relaciones sadomasoquistas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Salas cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Scarlet’, la película más floja de Mamoru Hosoda es una confusa revisión de ‘Hamlet’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/scarlet-pelicula-floja-mamoru-hosoda-confusa-revision-hamlet_1_2151324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/995a82db-8a74-465e-ae2d-da21c512b053_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Scarlet’, la película más floja de Mamoru Hosoda es una confusa revisión de ‘Hamlet’"></p><p>“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, <strong>de las que sueña tu filosofía</strong>”, le aseguraba Hamlet a su mejor amigo con los ojos muy abiertos. Solo había hecho falta hablar con un fantasma para que el protagonista de<strong> la gran tragedia de William Shakespeare</strong> fuera consciente de cuán inabarcable era el cosmos. Lo insuficiente que se revelaban su estancia en la tierra, <strong>su ciencia, su cultura</strong>, una vez se topaba con una figura a medio camino de la vida y la muerte, cuyo mero caminar movía a replantearnos qué entendíamos por vida, qué entendíamos por muerte, y sobre qué sitio intentábamos afirmar nuestros pasos. Debía haber otras fuerzas, <strong>otras realidades rodeándonos</strong>.</p><p>Las preocupaciones de <em>Hamlet</em> se proyectaban a un existencialismo tan fructífero como para que pudiéramos pasarnos todos los siglos posteriores <strong>volviendo a él</strong>. Shakespeare, proclamaba Harold Bloom en <em>El canon occidental</em>, <strong>nos escribió a todos</strong>, y por eso no habría que extrañarse tanto de que <strong>Mamoru Hosoda</strong> pretenda adaptar <em>Hamlet</em> en su última película. Fundamentalmente, porque esto de <strong>las realidades alternativas que pueda invocar la experiencia humana</strong> resulta ser el centro de su obra. <em>Summer Wars</em> y <em>Belle</em>, antes de <em><strong>Scarlet</strong></em>, son los ejemplos más obvios, por cuanto aquí el cineasta japonés ya planteaba una dialéctica entre el mundo físico y el mundo virtual. </p><p>Y lo hacía de <strong>una forma deliberadamente ingenua</strong>, dándole la espalda a cómo fuera de sus películas Internet se iba convirtiendo en <strong>el último espacio de colonización neoliberal</strong>. Hosoda, a cambio, se empeñaba en retratarlo como si fuera un lugar todavía capaz de mover la maravilla y, sobre todo, la fe en que esta expandiera las virtudes de nuestra especie. Hosoda descartaba dialécticas estancas: ni le interesaban los álter egos ni la posibilidad de realizar una crítica hacia nuestras estructuras de sentimiento. Convencido de que el ser humano era<strong> heroico y solidario por naturaleza</strong>, el ciberespacio solo era otro lugar donde seguir desarrollando valores.</p><p>Si Hosoda es tan naíf como para creer que Internet no nos ha hecho peores —o no ha explotado nuestros peores instintos—, deja de parecer tan descabellado que quiera encajar los esquemas clásicos de <em>Hamlet </em>en una dialéctica asimismo clásica: <strong>la vida terrenal frente al más allá</strong>, que es donde se desarrolla la mayor parte del argumento de <em>Scarlet</em>. Con lo que, por muy extravagante que parezca la fuente, nos encontramos ante <strong>una película típicamente Hosoda</strong>, en la que la animación volverá a ser empleada con extremo virtuosismo para representar diferencias entre mundos.</p><p>Para ello lo que hace Hosoda es replicar las estrategias de <em>Belle</em>. La forma que había de distinguir en <em>Belle</em> el mundo donde nos encontrábamos era atender a la animación de los personajes: el 2D tradicional del <em>anime</em> para la realidad física, frente a <strong>una mezcla de 2D y 3D </strong>para la virtual. Esta mezcla se exploraba en un momento muy interesante para la animación global pues mientras tanto en EEUU, conscientes de que las tres dimensiones habían tocado techo en cuanto a su búsqueda figurativa, los estudios venían dando un rodeo para perfeccionar <strong>la animación NPR</strong>.</p><p>Es decir, un <em>Non-Photorrealistic Rendering</em> (<strong>renderizado no fotorrealista</strong>) que, tanteado inicialmente por los videojuegos, se ha convertido en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tipos-malos-2-frenetico-entretenimiento-le-saca-gran-partido-animacion_1_2038321.html" target="_blank">una moda de Occidente</a>. Japón, por ahora, se ha resistido a ella, pero Hosoda siempre ha estado interesado en jugar con la animación por ordenador y ya en <em>Belle</em> nos topábamos con un entendimiento muy particular del NPR.</p><p>Lo que Hosoda buscaba entonces era inyectarle volumen a las formas típicas del <em>anime</em> sin modificar los colores planos de las texturas ni los escenarios, y es lo que ha vuelto a hacer <strong>a gran escala</strong> en <em>Scarlet</em>. Donde pasamos un tiempo muy escaso en el mundo físico del <em>anime</em> de toda la vida, en favor de <strong>un más allá </strong>al que la protagonista es enviada con suma rapidez.</p><p>La producción de <em>Scarlet</em> se ha alargado unos cuatro años por<strong> la complejidad de la hibridación</strong> que buscaba Hosoda. Y, tristemente, no parece haber sido <strong>un tiempo bien invertido</strong>. Hosoda ha privilegiado tanto el volumen en su visión como para que los personajes <strong>ganen </strong><em><strong>peso</strong></em><strong> en detrimento del </strong><em><strong>movimiento</strong></em>, situándolos en un escenario sugerente —el purgatorio donde Scarlet/Hamlet buscará su venganza contra el tío Claudio— a la vez que escasamente dialogante con sus habitantes más allá de amplios y espectaculares planos de composición romántica. Scarlet como una nueva caminante sobre el mar de nubes… pero<strong> una caminante sin muchas ganas de moverse</strong>.</p><p>Dicho de otra forma, la animación de los personajes de <em>Scarlet</em> es torpe e inexpresiva. <strong>Su rígido acabado</strong> da una sensación como de rotoscopia accidental, como de aburridos seres humanos <strong>coloreados sobre la marcha</strong> y lejos, por otra parte, de los extremos lisérgicos a los que pudiera conducir esta técnica si se hubiera empleado realmente. El año pasado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/anzu-gato-fantasma-guion-chapucero-animacion-deslumbrante-desquiciado-sucesor-totoro_1_1994694.html" target="_blank"><em>Anzu, el gato fantasma</em></a> cultivó <strong>un </strong><em><strong>anime</strong></em><strong> intencionalmente rotoscópico</strong>, con mucha mejor fortuna que Hosoda en este mortecino “<em>anime </em>NPR”. Lo peor es que este fallo de concepto dentro de la animación es <strong>extrapolable a la narración </strong>—como visionario del medio animado que es, en el cine de Hosoda esto siempre va unido—, y la historia de <em>Scarlet</em> resulta ser igualmente <strong>un estrepitoso caos</strong>. </p><p>Curiosamente, no porque arruine <em>Hamlet</em>. <em>Scarlet</em> le hace más justicia que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hamnet-adaptacion-fallida-rutinaria-novela-esencial-duelo-genio-creativo_1_2130046.html" target="_blank">la reciente </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hamnet-adaptacion-fallida-rutinaria-novela-esencial-duelo-genio-creativo_1_2130046.html" target="_blank"><em>Hamnet</em></a>, sin ir más lejos, al adentrarse en las dudas del personaje con su misión de venganza y en la necesidad de vertebrar <strong>una ética propia</strong>, que conduce a algún momento emotivo durante sobre el final. El problema es que esta síntesis del<strong> ser o no ser (o de dónde serlo) </strong>está diluida en un barullo dónde nunca quedan claras las reglas del mundo en que nos movemos —sin que esta anarquía favorezca arrebato estético alguno— y todo se antoja endeble, ya sea desde la inclusión de compinche para Scarlet de <strong>un paramédico que viene del futuro</strong> (?) o la indefinición de la maldad de Claudio.</p><p>Así que <em>Scarlet</em> se erige fácilmente como <strong>lo peor que ha hecho Hosoda</strong> desde que se desligara de las franquicias de <em>anime</em> en los 2000. Es un traspiés importante, si bien lo bastante desquiciado como para no encender el pesimismo sobre su futuro como creador. Sí,<strong> con </strong><em><strong>Scarlet</strong></em><strong> se ha estrellado</strong>, pero dada su obsesión por deambular entre mundos, era lógico que en algún punto <strong>perdiera el equilibrio</strong>. Quizá haya que respetar, en fin, que la caída de Hosoda haya sido tan monumental como todas las direcciones a las que <em>Hamlet </em>propulsó nuestra imaginación, hace tantos siglos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 05:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/agente-secreto-atipico-thriller-confusos-recovecos-memoria-historica_1_2146425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/97adeb4c-4c22-4611-818b-a56706ec10a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica"></p><p>“Hay un problema con esta película: le falta <strong>un momento </strong><em><strong>What The Fuck</strong></em>”, decía la ejecutiva de Netflix.<strong> “What The Fuck?!”</strong>, gritaba un frustrado <strong>Nanni Moretti</strong>, poco después de la reunión, en una memorable escena de <em><strong>El sol del futuro</strong></em> (2023). Todo había sido planteado evidentemente como una parodia de <strong>las exigencias</strong> que el gigante de <em>streaming</em> suele imponer a los cineastas con los que trabaja, y son exigencias bien documentadas: hace poco Matt Damon <a href="https://www.avclub.com/matt-damon-netflix-the-rip-reiterate-dialogue-phones" target="_blank">explicaba con tranquilidad</a> cómo Netflix obligaba a meter escenas de acción en determinados puntos y que el guion recontextualizara la trama a cada tanto, asumiendo que el espectador iba a estar<strong> mirando el móvil</strong>.</p><p>Es posible, sin embargo, proyectar el chiste de Moretti más allá del caso específico de la plataforma. Pensar en ese<strong> “momento WTF” </strong>como una obligación contractual, más o menos tácita, si se quiere hacer cine en nuestros días y prosperar. El momento WTF parece una estrategia útil en un escenario con tantísimas opciones de consumo audiovisual y, sobre todo, tanta congestión de estímulos ahí fuera (sociales, geopolíticos) como para que sea necesario<strong> llamar violentamente la atención</strong> del espectador. Al <em>shock</em> se puede responder con <em>shock</em>, y así destacar. No solo dentro de un catálogo de <em>streaming</em>, sino también en una carrera de premios o <strong>en un festival europeo</strong>. Es lo que ha hecho <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank"><em>Sirat</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html" target="_blank"> de Oliver Laxe</a>. El <em>shock</em> es el motivo de que haya llegado donde ha llegado.</p><p>¿Qué es el <em>shock</em>, en resumen? Suspensión de entendimiento. Extrañeza, la total y paralizante rendición ante <strong>algo tan fuerte, caótico y ejem,</strong><em><strong> ¿random?</strong></em>, que congela la razón, y que Naomi Klein diagnosticó sabiamente como una de las grandes estrategias del capitalismo para<strong> medrar en escenarios catastróficos</strong>. Pese a eso, dentro del cine no tiene por qué ser una estrategia ilegítima. Como decimos, hoy día es <strong>básicamente coyuntural</strong>. Vivimos en un mundo WTF, así que nos apelan momentos WTF. Lo que distinguiría a <strong>Kleber Mendonça Filho</strong> de una figura como Laxe es que él fue crítico de cine antes que director —de forma que podría armar todo un aparato teórico durante los segundos en que nos quedamos sin habla—, y que es alguien <strong>bastante más politizado</strong>.</p><p>Filho no ha utilizado el <em>shock</em> para alejarse de la turbulenta realidad de su país, sino para generar un <strong>escurridizo extrañamiento</strong> que ilumine desde rincones alternativos. Al poco de que Bolsonaro empezara a gobernar Brasil en 2019 él se consagraba a nivel internacional con <em><strong>Bacurau</strong></em>: un <em>western</em> que decía ser distópico para ocultarse geográfica e históricamente, y donde sin embargo no dejábamos de observar a élites políticas vendiendo sus lugareños a intereses extranjeros. Filho es consciente, pues, de <strong>cómo se ha cifrado siempre el poder</strong> y no tiene por qué subrayar nombres propios ni perseguir un realismo expositivo. Quiere utilizar el cine de otra forma, dar un rodeo. </p><p><strong>Combatiendo el </strong><em><strong>shock</strong></em><strong> con el </strong><em><strong>shock</strong></em>, quizá. Y de nuevo, es una estrategia totalmente legítima que, al envolver a su siguiente película tras <em>Bacurau,</em> acoge una capa extra de significado. Pues <em>El agente secreto</em>, nominada al Oscar a <strong>Mejor película</strong>, se pregunta qué es lo que posibilita ese mismo <em>shock</em>, construye una crítica al momento WTF a través del propio cine. No le queda otra para eso que <strong>descolocar severamente </strong>al espectador, ya desde el título. El personaje de <strong>Wagner Moura</strong> no es ningún “agente secreto”. Pero la clase de valentía que le empuja, toda vez que los métodos que emplea para perseguir sus objetivos, le emparentarían con esta figura seductora.</p><p>Así es como podría verle un hijo entusiasmado con las películas que Hollywood está exportando a mediados de los años 70 a Brasil, en plena <strong>dictadura militar</strong>. Así es como podría verle, desde una meridiana vocación escapista, un film más convencional que <em>El agente secreto</em>: uno que celebrara el heroísmo de aquellos activistas e intelectuales que quisieron<strong> rebelarse contra la barbarie</strong>. Pero no es eso lo que busca Filho exactamente. Sin duda quiere articular un discurso acerca de los abusos sufridos entonces en Brasil, pero en dicho discurso se confunden las energías que pueden convertirlo todo en espectáculo consumible —la tradición hollywoodiense— con las emitidas entonces desde el propio gobierno fascista. El estado policial/corporativo engañando a la ciudadanía. </p><p>¿Cómo? Con maniobras de distracción.<strong> Producción de </strong><em><strong>shock</strong></em>. Que es la que trata <em>El agente secreto </em>desde su guion para cartografiar los avances de Moura —cuya motivación no conoceremos hasta llegado el ecuador del film—, y dedicando buena parte de su extenso metraje al empeño del poder por ocultar sus crímenes entre <strong>carnavales y marquesinas</strong>. Un andamiaje ciertamente complejo —mucho más que <em>Bacurau</em>, que al fin y al cabo dentro de toda su abstracción podía rendir como ejercicio de género— al que cabe afearle <strong>la contradicción</strong> o, mejor dicho, la comodidad que halla entre las recompensas inevitables del momento WTF. Cuando, ante la sorpresa y la complicidad calculada, las ocurrencias quieren parecer <strong>más inteligentes de lo que son</strong>. </p><p>Si <em>El agente secreto</em> busca desentrañar la verdad entre<strong> las cortinas de humo del sistema</strong>, ¿cómo hemos de tomarnos la mitomanía hacia los EEUU setenteros que marca la mirada de Filho? Sin duda como una concesión lúdica a su propia cinefilia, tamizada por el exquisito tratamiento fotográfico y un genial Moura que se mira en el reflejo del <strong>Al Pacino de </strong><em><strong>Serpico</strong></em>. Pero también nos lo podemos tomar como una frivolidad, un deseo de<strong> “dar que hablar”</strong> en medio del ruido omnipresente que conduciría a ese fetichismo por el <em><strong>Tiburón</strong></em><strong> de Steven Spielberg</strong>: problemático crisol de metáforas en <em>El agente secreto</em> que termina embarullando el rigor intelectual de la obra.</p><p><em>El agente secreto</em> es, en resumen, <strong>una película frustrante</strong>. Una película a la que se le divisan las preocupaciones —y son todas ellas encomiables— poco antes de perderse en la arbitrariedad. Y esta tiene, evidentemente, su sentido interno —<em>El agente secreto </em>es una de esas películas, tan ingratas de abordar, que <strong>se hacen la crítica a sí mismas</strong>—, pero se antoja tan copiosa como para renunciar a cualquier organicidad, cualquier pretensión de que haya <strong>una ficción auténticamente significativa</strong> por debajo de esas capas cuyo carácter engañoso obsesiona tanto a Filho. </p><p>Tanta confusión recaba para sí —con sus elipsis, dilataciones y anticlímax— que no es de extrañar que <em>El agente secreto</em> al final se sienta obligada a asegurarse de que su tesis <strong>queda clara</strong>. Casi como pensando en las escuelas donde se recomendará su visionado<strong> para no repetir la historia y tal</strong>, en sus últimos minutos Filho recurre a una comunicación franca y aplanada que es la que se puede entender mejor… dentro de un prisma hollywoodiense. Conectando así tanto con el frágil llamamiento a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank">revoluciones futuras de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank"><em>Una batalla tras otra</em></a> como con la encorsetada visión de <strong>la memoria histórica</strong> que realizaba aquel otro film brasileño que también gustó mucho en los Oscar.</p><p>A <em><strong>Aún estoy aquí</strong></em><strong> de Walter Salles </strong>le pasaba algo similar el año pasado a <em>El agente secreto</em>, siendo este un film mucho más simplón y transparente. Y es que se hallaba más cómodo cuanto más iconografía absorbía de la época rememorada —frente a los modismos Nuevo Hollywood de Filho, Salles proponía una fiesta de <strong>la radiofórmula brasileña</strong>—, y menos cuando había que preocuparse de cómo encajar todos esos recuerdos en el presente inmediato. </p><p><em>Aún estoy aquí </em>era lineal por fuerza, por plantearse desde un recuerdo que se preciaba <strong>completo y ejemplarizante</strong>. <em>El agente secreto </em>lo acaba siendo también porque, aun siendo consciente de que la memoria es perfectible —y <strong>siempre nos acechará pidiendo cuentas</strong>—, no tiene otra forma<strong> </strong>de responder a ella. El <em>shock</em>, finalmente y aun cuando lo haya querido enfrentar <strong>con sus propias armas</strong>, lo ha dejado paralizado. What The Fuck.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 05:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El agente secreto’, atípico thriller sobre los confusos recovecos de la memoria histórica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Brasil]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/misteriosa-mirada-flamenco-posibilidades-salvaje-oeste-latino-queer_1_2128195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70010f0a-1c46-43bd-b460-97944b27b238_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer"></p><p>Cuando<strong> el </strong><em><strong>western</strong></em><strong> llegó a Europa</strong> alrededor de los años 60, los nombres de sus personajes y localizaciones seguían siendo estadounidenses. Por mucho que ahora pudiera rodarse en el almeriense desierto de Tabernas (entre otras localizaciones de España), los protagonistas de estas películas insistían en fingir que deambulaban por Monument Valley o por la frontera de México. De ahí que <strong>el </strong><em><strong>spaghetti western</strong></em> con epicentro en Italia —así como el producido en nuestro país, que nunca nos hemos puesto de acuerdo en si llamar <em>chorizo western</em> o<strong> ¿</strong><em><strong>paella western</strong></em><strong>?</strong>— tuviera algo de carnaval infantil. Los europeos se disfrazaban y<strong> jugaban a indios y vaqueros</strong>.</p><p>No habría sido posible si las películas canónicas del Oeste, desarrolladas en Hollywood desde sus mismos inicios, hubieran esquivado <strong>el declive </strong>y siguieran nutriendo un género esplendoroso y convincente. Pero no era el caso. Hollywood, ante la quiebra de los paradigmas clásicos y la sucesión de movimientos civiles dentro de la sociedad estadounidense, <strong>ya no se creía del todo el </strong><em><strong>western</strong></em>, y por eso este podía ser de pronto <strong>crepuscular o autocrítico</strong> —hasta John Ford hacía entonces películas concienciadas con el sufrimiento de los pueblos originarios. Toda esta inseguridad fue transformada, al llegar a Europa, en <strong>esteticismo vacío</strong>: en la intensificación de los ingredientes más icónicos del género vaciándolos de gravedad y complejidad.</p><p>La exportación fue un éxito, una de tantas mutaciones que han garantizado la pervivencia de este género cinematográfico. Aunque el <em>western</em> <strong>no solo cruzó el océano</strong>. También llegó a <strong>descender por la frontera mexicana</strong> para que naciera una suerte de <em>western </em>latinoamericano, muy distinto a lo registrado en Europa. Porque este nuevo <em>western</em> <strong>no se disfrazaba</strong>, no se interesaba por <em>sheriffs</em> y nombres anglosajones. A este <em>western</em> lo empujaba<strong> una vocación histórica</strong>, más orgánica que los virtuosos circos de Sergio Leone al respaldar la auténtica genealogía del género en su enclave hollywoodiense, igualmente histórica. La diferencia estribaba en <strong>quién contaba la historia ahora</strong>.</p><p>Que los cineastas latinoamericanos quieran remitirse a la constitución de sus estados <strong>bajo el influjo colonial</strong> lo cambia todo. Es lo que ha hecho gente como el argentino <strong>Lisandro Alonso</strong> —empleando irónicamente a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/viggo-mortensen-conecta-western-absurdo-fantasma-colonialismo-hipnotica-eureka_1_1815185.html" target="_blank">Viggo Mortensen como un jinete sin caballo</a>, perdido en un paisaje que ya no entiende— o el chileno Felipe Gálvez, que en 2023 estrenó la contundente <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BHWqUnp1XYw" target="_blank"><em>Los colonos</em></a> subrayando las masacres que nutrieron la historia oficiosa de ese <em>western</em> que tanto ama la cinefilia. <strong>Diego Céspedes</strong> es chileno como él y obtuvo el premio Un Certain Regard en el último Festival de Cannes por <em><strong>La misteriosa mirada del flamenco</strong></em>. Otro <em>western</em>, aunque distinto. Se ambienta en los años 80 y no es del todo histórico. Además lo protagoniza una comunidad de <strong>gente </strong><em><strong>queer</strong></em><strong>.</strong></p><p>Podríamos sostener que, mientras el <em>western</em> europeo ha sido desarrollado como disfraz lúdico, el <em>western</em> latinoamericano ha operado según<strong> una lógica de desplazamiento</strong>. Geográfico y sobre todo narrativo, <strong>un cambio del punto de vista</strong>. La estudiosa colombiana Paula Barreiro incide en la figura del <a href="https://www.retinalatina.org/del-cowboy-al-campesino/" target="_blank">“sujeto subalterno”</a> como clave: si los sujetos normalmente oprimidos o sepultados en la otredad —por lo general nativos americanos, aunque también podríamos hablar de mujeres— ganan agencia y reclaman la posición protagonista, el relato cambia. Lo que permite, al desplegarse, efectuar <strong>una crítica contra las estructuras</strong> que habían mantenido hasta entonces dicho dominio. </p><p>La citada <em>Los colonos</em> es un buen ejemplo de esto al tener como protagonista a un hombre mestizo y tejer a partir de él una reflexión sobre <strong>el destino del pueblo mapuche </strong>durante el establecimiento de la nación de Chile, aunque en este marco <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> se resiste a una categorización sencilla. El film de Céspedes se ambienta en el desierto de Atacama, entre pueblos mineros. En plena dictadura de Pinochet se empiezan a registrar brotes de VIH, de forma que el colectivo que lidera Mamá Boa (Paula Dinamarca), una mujer trans, es considerado <strong>foco de contagio</strong> y sufre la discriminación e incluso la violencia directa de los mineros que les rodean.</p><p>Dejando de lado la evocadora banda sonora —llena de silbidos <strong>a lo Ennio Morricone</strong>—, cuesta reconocer una directa raigambre <em>western</em>. El “sujeto subalterno” sin duda ha de ser esta comunidad, y la película se pliega a sus vivencias: la protagonista concretamente es Lidia (Tamara Cortés), niña acogida por el grupo que viene a ser<strong> la hija adoptiva de Flamenco </strong>(Matías Catalán), uno de los travestis que actúan en algo parecido a un <em>saloon</em>. Nada de esto, sin embargo, tiene una relación directa con cómo se ha ido desplegando tradicionalmente el género cinematográfico. Desde luego <strong>hay una impugnación de la mirada heteropatriarcal</strong>, tan consustancial al <em>western</em>, pero lo que tenemos ante todo son apuntes narrativos, rimas lejanas a historias conocidas.</p><p>Porque <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es la historia de madurez de Lidia —<a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank">un </a><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank"><em>coming of age</em></a> guiado por el enigma de la figura de su tutor—, además de una historia de venganza, con trágico romance de propina. Los primeros compases de <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> parecen querer evocar un clásico estadounidense como es<strong> </strong><em><strong>Johnny Guitar</strong></em>, cuando Flamenco se reencuentra con su amante Yovani (Pedro Muñoz) en el local que regenta Mamá Boa, una noche en la que se intercambian todo tipo de reproches por el pasado. Y se versiona a<strong> Rocío Jurado</strong>, también. </p><p>Flamenco y Yovani serían Joan Crawford y Sterling Hayden en la mítica película de Nicholas Ray, cuyo expresionismo visual y emoción desatada la han convertido inevitablemente en<strong> el más </strong><em><strong>queer</strong></em><strong> de todos los </strong><em><strong>westerns</strong></em><strong> norteamericanos</strong>. Así que hay poco que objetarle a las intuiciones de Céspedes: <em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es <strong>una película potente</strong>, narrada con un pulso lo bastante afianzado como para que la extrañeza inicial ante la propuesta quede velozmente sofocada. </p><p>También es oportuno su retrato del VIH —cuyo origen,<strong> encomendándose al realismo mágico</strong>, los </p><p>protagonistas cifran en las poderosas miradas de los travestis— y su conexión con la homofobia, toda vez que persiste una duda. Si <em>La mirada del flamenco</em> es un <em>western</em> posmoderno<strong> solo por capricho</strong>, o porque Céspedes ha dado con un entendimiento <strong>más sutil y profundo del género.</strong></p><p>Ante este tipo de dudas, como en tantas otras ocasiones, conviene leer a <strong>André Bazin</strong>. El crítico francés reflexionó mucho sobre qué hace al <em>western</em> ser <em>western</em>. Si es <strong>“el cine americano por excelencia”</strong> —como lo bautizó en un artículo de 1953— se debe a que “nace del encuentro de una mitología con un medio de expresión”: la mitología del nacimiento de EEUU, blindada contemporáneamente por los primeros años del cine. No sabemos si Bazin, tan convencido de que este género solo podía ser estadounidense, habría apreciado <strong>las caóticas evoluciones foráneas </strong>experimentadas a partir de los 60. Pero su pensamiento sigue siendo útil para estudiarlas.</p><p>A Bazin le interesaba cómo las energías convocadas por el género estaban condenadas a la ambivalencia y la melancolía, a que<strong> “la epopeya se hiciera tragedia”</strong>. No porque el <em>western </em>tuviera que evidenciar necesariamente la violencia real infligida contra los indígenas, sino por algo más filosófico. La tragedia nacería de “la contradicción entre la trascendencia de la justicia social y<strong> la singularidad de la justicia moral</strong>, así como entre el imperativo categórico de la ley que garantiza el orden de la Ciudad futura y aquel otro, no menos irreductible, de la conciencia individual”. Bazin se estaba refiriendo, de forma muy bella, a <strong>las tensiones aparejadas a cualquier tejido social</strong>.</p><p>Es complicado extraer el mínimo común denominador del <em>western</em>. Asumir que este ha de reducirse <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/avatar-fuego-ceniza-aburrido-tercer-capitulo-confirma-bancarrota-creativa-james-cameron_1_2114638.html" target="_blank">al nacimiento ideológico de los EEUU</a> —con su frontera y su destino manifiesto— implicaría que ni Leone ni Gálvez han hecho <em>western</em> alguno. Que tampoco lo hizo el danés Nikolaj Arcel hace un par de años, en <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tierra-prometida-ferocidad-politica-western-danes_1_1700844.html" target="_blank">su extraordinaria </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/tierra-prometida-ferocidad-politica-western-danes_1_1700844.html" target="_blank"><em>La tierra prometida</em></a>. Asimismo, se queda corto proponer el heroísmo viril. Pareciera que hay que acudir a <strong>nociones más abstractas</strong>, que respalden esfuerzos heterogéneos (tan poco ortodoxos como el de Diego Céspedes) por indagar en su volumen estético.</p><p>Entonces Bazin nos ilumina. Entonces deducimos que lo que define a todos los <em>westerns</em> es <strong>una búsqueda particular de la dignidad</strong>, alrededor de personajes que han de negociar con el espacio para construir una cultura y una sociedad. Desde luego que estas claves han sido sublimadas por la maquinaria yanqui con el objetivo de legitimar sus pulsiones coloniales —los mismos que, sin ir más lejos, guían ahora mismo <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/trump-convierte-guerra-drogas-instrumento-politica-interior-excusa-intervencionismo-exterior_1_2124721.html" target="_blank">los crímenes de Donald Trump</a>—, pero ciñéndonos a la expresividad cinematográfica, resulta que Céspedes las ha retomado admirablemente.</p><p><em>La misteriosa mirada del flamenco</em> es, ante todo, <strong>una historia de convivencia</strong>. Dos entes sociales —los mineros frente a la comunidad <em>queer</em> de Mamá Boa— que comparten un espacio, que lo disputan con traición y violencia, y que finalmente han de gestionar<strong> en común</strong>. Interiorizando sus diferencias, dejando atrás los crímenes sin dejar de hallar la redención por el camino. Creando tejido social. Es fácil, desde este marco, entender no solo por qué el <em>western </em>no murió en los 60, sino que además no haya dejado de viajar desde entonces. El <em>western</em> le pertenece al mundo porque el <em>western</em> siempre ha representado <strong>la construcción de un mundo</strong>. Así de sencillo, así de complejo es.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jan 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La misteriosa mirada del flamenco’ y las posibilidades de un Salvaje Oeste latino y queer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Si pudiera, te daría una patada’, perturbador retrato de la maternidad con una brutal Rose Byrne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/si-pudiera-daria-patada-perturbador-retrato-maternidad-brutal-rose-byrne_1_2127792.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/84d23845-043f-4fb0-86cc-59cb9ea4006f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Si pudiera, te daría una patada’, perturbador retrato de la maternidad con una brutal Rose Byrne"></p><p>El cine de terror elevado empezó con <strong>una depresión posparto</strong>. No dejaba de tener sentido, pues a fin de cuentas se ha leído mucho <em><strong>Frankenstein</strong></em> en los últimos años como una obra que gira en torno a este tema —<strong>el monstruo como un hijo no querido</strong>—, y pocas cosas más fundacionales hay para el terror en todas sus vertientes que la novela de<strong> Mary Shelley</strong>. Lo decisivo de<strong> </strong><em><strong>Babadook</strong></em>, dirigida por la australiana Jennifer Kent y estrenada a principios de 2014 —pocos meses antes de que <em>It follows</em> también reclamase la condición de <strong>punto de partida para el </strong><em><strong>elevated horror</strong></em>— era su intuición para destilar el género dentro de un énfasis temático o psicológico.</p><p>La noción de terror elevado es, por supuesto, una idiotez. Lo demostró la misma <em>Frankenstein</em> en el siglo XIX. La etiqueta que tanto manejó la crítica hace unos años implicaba que hay un terror que desprecia el esfuerzo de solo querer dar miedo, como si el miedo pudiera sostenerse de algún modo en el vacío. Como si el miedo pudiera dar miedo en sí mismo, y no emanara siempre de<strong> alguna cuestión social que atara a los individuos entre sí</strong>. Pero cuando una etiqueta idiota se populariza es inútil cuestionar la vagueza de lo que vende. Pues <strong>crea tendencia</strong>, hay seguimiento industrial. Y ya que antes de todo estuvo <em>Babadook</em>, es inevitable percibir sus particularidades como cimientos. </p><p><em>Babadook</em> convertía el extrañamiento de una madre hacia su hijo en una historia de terror, acudiendo el susodicho Babadook a exorcizar estos sentimientos de culpa y rechazo. Lo hacía con solemnidad y con <strong>una cierta preocupación estética</strong> siendo estas energías —antes que el tema en sí— las que iban a prosperar. Hoy el terror elevado <strong>está totalmente desaparecido</strong>. Ari Aster se dedica <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/eddington-satira-pandemica-ari-aster-joaquin-phoenix-ingenio-gracia_1_2059937.html" target="_blank">a la comedia</a>, Robert Eggers prefiere <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/remake-nosferatu-juguete-bonito-lujoso_1_1919993.html" target="_blank">hacer </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/remake-nosferatu-juguete-bonito-lujoso_1_1919993.html" target="_blank"><em>remakes</em></a>, y la escuela de Jordan Peele es capaz de rendir <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/dejame-salir-mejor-cine-jordan-peele-combate-racismo-estructural-comedia-terror_1_2097353.html" target="_blank">en sus propios términos</a>. La misma Kent no ha vuelto al género aunque los hermanos Philippou (que trabajaron en el rodaje de <em>Babadook</em>) están dando mucho que hablar desde Australia con un cine de terror serio a la vez que tan personal que<strong> nadie quiere volver a usar la etiqueta</strong>. </p><p>Aún así, las energías convocadas hace más de diez años siguen fluyendo. Incluso en sitios tan inesperados como lo que llamaremos<strong> la gentrificación </strong><em><strong>mumblecore</strong></em>. <em>Mumblecore</em> es otro término que se inventó la crítica —cómo nos gusta hacer estas cosas— para referirse a un cine independiente estadounidense de los 2000 definido por su desaliño, su fijación urbanita y lo poco que vocalizaban los intérpretes (de ahí el <em>mumble</em>, <strong>balbuceo</strong>). No es que este cine llegara a tener mucho pábulo internacional, pero las diversas mutaciones y progresos que atravesó el estilo de sus miembros sí lo ha tenido. De ahí ha salido la pareja de Greta Gerwig y Noah Baumbach, y la de<strong> Ronald y Mary Bronstein</strong>. Estos últimos, presentes en la actual carrera de premios porque él coescribe <em><strong>Marty Supreme</strong></em> con Josh Safdie, y ella escribe y dirige <em><strong>Si pudiera, te daría una patada</strong></em>.</p><p><em>Marty Supreme</em> y <em>Si pudiera, te daría una patada</em> tejen una panorámica donde el recuerdo del <em>mumblecore</em> se ha transformado en aquello que siempre soñó:<strong> cine de autor distintivo y vigoroso</strong>, capaz de retener una comercialidad que vaya más allá de poder enseñarle el corto a los amiguetes. Ambas son películas distribuidas por A24 —marca ideal para seducir a la cinefilia actual que incluso parece preocuparse de que todas sus producciones compartan <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-sweet-east-viaje-caotico-fallido-miserias-eeuu_1_1860526.html" target="_blank">una textura parecida</a>—, y ambas son posibles cumbres de un viraje en el cine independiente de EEUU donde se vislumbran planteamientos personalísimos a la vez que <strong>referencias identificables</strong>.</p><p>No cabría sostener con firmeza que Bronstein se haya inspirado en <em>Babadook</em> para hacer <em>Si pudiera, te daría una patada</em>. Al fin y al cabo hablamos de <strong>algo tan universal</strong> —y tan representado en la ficción con títulos variados estilo <em>Tenemos que hablar de Kevin,</em> <em>Tully</em>, <em>Salve María</em> en España o <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/die-my-love-melodrama-ruidoso-fascinante-actuacion-explosiva-jennifer-lawrence_1_2095617.html" target="_blank">la recentísima </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/die-my-love-melodrama-ruidoso-fascinante-actuacion-explosiva-jennifer-lawrence_1_2095617.html" target="_blank"><em>Die My Love</em></a>— como es <strong>la maternidad</strong>. Y al mismo tiempo, ¿qué hay más específico que la maternidad? El hecho de que sea una experiencia que apela globalmente no implica que sus abordajes por parte de la ficción no puedan ser <strong>extremadamente variados</strong>. Si nos acordamos de <em>Babadook</em> es porque Bronstein, simplemente, ha manejado el terror entre sus ingredientes.</p><p>Casi, parece, porque no le ha quedado otra. Lo que sucede es que Bronstein, a la hora de desarrollar un guion tan preocupado por la subjetividad de su madre protagonista, se ha topado con que el terror es <strong>un elemento inamovible</strong>. Ha partido del vecino cine de <strong>los hermanos Safdie</strong> —tan dado a los diálogos frenéticos y a personajes límite que no dejan de pifiarla—, ha contado entre sus activos con <strong>la vis cómica de Rose Byrne</strong> —actriz monumental que, como suele pasar con la mayoría de los intérpretes asiduos a la comedia, ha resultado tener un talento natural para el drama—, y aún así no le ha quedado otra que cultivar el terror. Porque ser madre en este mundo heteropatriarcal, antes que cualquier cosa, <strong>da miedo</strong>. Bien lo sabía Kent. Bien lo sabía Shelley. </p><p>Así que Bronstein, de forma muy hábil, ha forzado un poco la máquina. Frente al demonio de cuento de <em>Babadook</em>, el elemento terrorífico de <em>Si pudiera, te daría una patada </em>resulta de la combinación de la reforma que necesita urgentemente la casa de la protagonista con la enfermedad que aqueja a su hija y provoca que solo pueda alimentarse a través de una sonda. La abertura en el techo doméstico se confunde con <strong>la que su hija tiene en el abdomen</strong>, donde cada noche el personaje de Byrne ha de incrustar pacientemente el tubo. Ya hablaríamos de <strong>un </strong><em><strong>body horror</strong></em><strong> potentísimo </strong>solo con estos ingredientes. Solo que además madre e hija están solas (el marido/padre está ausente y no ayuda en nada desde la distancia) y han de alojarse en <strong>un motel inhóspito</strong> mientras duran las obras.</p><p>La puesta en escena está interesada en introducirnos en <strong>el estresado cerebro </strong>de la protagonista, y en que a sus ojos cada nuevo percance suene amplificado como <strong>una broma cósmica</strong>. El guion carga igualmente las tintas: no solo incorporando a un antipático psicólogo que encarna Conan O’Brien y desdeña comunicarse con su paciente, sino estableciendo que esta misma <strong>también es psicóloga</strong>. Y sufre el asedio de otra paciente que también es madre y que también, como ella, no puede más. Un reflejo deformado tan capaz de ser gracioso como de lo contrario. Y así con todo.</p><p>A <em>Si pudiera, te daría una patada</em> se le puede reprochar que a veces es demasiado. Rose Byrne no puede pasarlo peor y el guion se enreda en un cúmulo de<strong> desdichas bastante reiterativas</strong>, colindantes con una crueldad que seguramente tenga mucho de catártico para Bronstein por razones personales, pero que a veces mueve a que la propuesta <strong>se empantane</strong>. Al mismo tiempo, la película es lo bastante sofisticada como para dejar que le guíen aciertos como la propia interpretación de Byrne —un <em>tour de force</em> que nos remite igualmente a Jennifer Lawrence en <em>Die My Love</em>, solo que aquí con más cálculo—, en conjunto a <strong>la audacia y solidez</strong> con la que resisten otros ingredientes.</p><p>Porque el terror funciona fenomenal. El terror combinado con una comedia negrísima —hay una secuencia, en la que van a comprar una mascota, que se despoja de toda intelectualidad para ser solo gamberra <strong>al estilo hermanos Farrelly</strong>… y es apoteósica—, y enderezando los posibles lugares comunes del film hacia extremos de gran virtuosismo escénico. Extremos donde la sombra del terror elevado permanece en forma de <strong>saludable ambición de trascendencia</strong>, donde lo cateto de la etiqueta se dignifica a sí mismo por permitir que el sufrimiento de Byrne recale en imágenes <strong>tan nutritivas y tan nuevas</strong>. Y es que es lo que tiene la maternidad que explora la cinta: que la hemos visto antes, pero <strong>algo tan enorme e importante necesita más imágenes</strong>.</p><p>Imágenes que no son solo de terror o comedia existencial. Son también imágenes que ansían cercanía —qué gran idea la de ocultar el rostro de la hija de Byrne para que solo podamos escuchar su voz como si saliera directamente de la cabeza de la protagonista—, <strong>imágenes de afecto</strong>. La película no es la obra definitiva sobre la maternidad, aunque coquetea con serlo en unos minutos finales donde Bronstein afloja el exceso de sus formas para hallar <strong>una síntesis mucho más efectiva</strong>. Cuando se encuentra a solas con esa mujer, en una playa, y su lamento se confunde con <strong>el oleaje impertérrito</strong>. El interlocutor más oportuno posible para una tragedia que no puede sino agotarse a sí misma porque la espolean, en dosis equivalentes, la rabia y el amor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 05:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Si pudiera, te daría una patada’, perturbador retrato de la maternidad con una brutal Rose Byrne]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seymour Hersh y el puzle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/seymour-hersh-puzle_129_2122548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Seymour Hersh y el puzle"></p><p>Estrena Netflix el documental <em>Cover-up</em> (2025), de Laura Poitras y Mark Obenhaus, sobre la <strong>biografía del periodista ganador del Pulitzer Seymour Hersh,</strong> corresponsal de los territorios de frontera celebrado por revelar, entre otras historias del alcance, los <strong>crímenes de las acciones bélicas y encubiertas de la CIA y el departamento de Estado de Estados Unidos</strong>, desde la guerra de Vietnam (masacre de My Lai) a la de Irak (torturas de Abu Ghraib), pasando por la participación de la CIA en el Golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile. Reponen así los documentalistas la reputación y el buen nombre del reportero que publicó como exclusiva una versión novelesca del atentado contra el gasoducto Nordstream al comienzo de la guerra de Ucrania. Aquel <em>scoop</em> ensució una carrera modélica y arriesgada llena de éxitos y de cumbres del periodismo aguerrido, el que supone jugarse la vida para revelar un hecho cierto. Y el que por su dimensión épica acaba confundiendo al periodista con un paladín. Falló Hersh no ya porque el relato fuera tan detallado como inverosímil —y años después, su historia, digna de Tom Clancy, sigue colgada de la brocha— sino porque violentaba el método periodístico. </p><p>El periodismo, por más chapucero e informal que sea, comparte una característica con la ciencia: que ambos son métodos, no resultados. Por eso, para este oficio de impostores opera el mismo principio que para las averiguaciones de la ciencia, el llamado “estándar de Sagan” (en alusión a su autor, el astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo y divulgador científico estadounidense Carl Sagan):<strong> “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”.</strong> Y en periodismo eso se traduce, como postuló otro célebre del oficio, Bob Woodward, en abundante contraste de fuentes o acreditación inequívoca de la solvencia de esas fuentes. Porque la evidencia es anterior a la afirmación y no al revés. </p><p>El <strong>saber popular tiene su propia versión sobre esta forma de proceder </strong>que hizo perder la orientación y la mesura a Hersh: “No se puede poner el carro delante de los bueyes”. El periodismo, conviene insistir en esto, no es un discurso sobre el mundo, es un <strong>procedimiento</strong>, y es en todo caso el método el que puede alumbrar algún tipo de relato sobre el mundo. </p><p>La narrativa —lo que incluye la literatura pero también la doctrina política y religiosa— tiene propósitos y mensajes a priori, pero <strong>el periodismo, la ciencia y los juegos solo tienen reglas. </strong>Escribía este fin de semana el cineasta Nacho Vigalondo que “cuando uno se enfrenta a un puzle en cualquiera de sus variantes (…), el contrato es el mismo: hay solución. Quizás tengamos que detectar una palabra escondida dentro de otra, resolver un problema de lógica espacial o ejercitar el pensamiento lateral, pero la solución existe y, no sólo eso, es la misma para todos. (…) El arte aspira a lo contrario, a trascender como misterio sin solución oficial, a aislarnos a todos en nuestras propias interpretaciones y respuestas emocionales, que en el mejor de los casos no dejarán de cambiar a lo largo de nuestra vida”. El periodismo se relaciona con la política en esos términos: <strong>el periodismo es un juego con reglas, la política es una narrativa con discurso y propósito. </strong>Por eso Hersh falló al dejarse llevar por su opinión acreditada sobre la forma de actuar de la superpotencia y desatender los rigores de las reglas del puzle que, respetadas, llevan a una sola respuesta, que es la misma para todos —como vimos en los casos de los periodistas de radio, televisión y prensa escrita que testificaron ante el Supremo en el caso del Fiscal General del Estado—, si acaso precaria: constatar y acreditar un hecho cierto, incontrovertible.</p><p>Durante siglos hemos entendido el conocimiento del mundo —y muy especialmente el conocimiento político y moral— como una forma de narración. El cuento ha sido el dispositivo privilegiado, una secuencia con principio, desarrollo y final, con un propósito reconocible y una moraleja implícita o explícita. El cuento no solo explica lo que ocurre, explica para qué ocurre. Nada es accesorio, nada es casual, <strong>todo responde a una intención previa ejemplarizante y consagrada a difundir la virtud. </strong>Su propósito y discurso existen incluso antes de ser contados. Ese modelo ha sido extraordinariamente eficaz para transmitir valores, advertencias y consuelos, pero tiene un coste cognitivo alto, ya que anula la contingencia y la complejidad de cuanto nos rodea. En el cuento no hay azar real ni decisiones que puedan torcer el rumbo, tampoco finales que no estuvieran previstos. El lector no actúa, solo asiste; no explora, solo recorre un itinerario ya trazado. El mundo, en el cuento, siempre tiene sentido, incluso cuando es cruel.</p><p>Frente a ese modelo cerrado, aparece el puzle, que introduce una diferencia crucial porque no tiene moraleja, tiene resolución. No exige identificación emocional, sino atención, paciencia y método. El camino puede variar, pero el resultado no. La verdad está ahí, a veces visible de antemano —como la imagen del castillo alemán impresa en la tapa de la caja—, y el esfuerzo consiste en alcanzarla con método, sin forzar las piezas ni violentar sus contornos<strong>. El puzle admite el error, pero no el final alternativo.</strong></p><p>Durante mucho tiempo hemos pensado el periodismo y la razón pública más cerca del puzle que del cuento, no porque el mundo sea siempre resoluble sino porque existe la convicción republicana de que<strong> hay hechos que no dependen del punto de vista, y de que cualquiera, si sigue las reglas, puede llegar a ellos. </strong>El derecho debería ser un puzle, porque también se supone que es procedimiento y reglas pero, como hemos visto en el Tribunal Supremo, a menudo es cuento. El puzle no promete consuelo, promete algo más modesto y más democrático, una imagen compartible por indiscutible.</p><p>Sin embargo, ni el cuento ni el puzle agotan la relación contemporánea del periodismo con la realidad y en las últimas décadas se ha impuesto un tercer modelo cognitivo, más exigente e incómodo —porque no avanza en pos de una respuesta previa pintada en la tapa de la caja—, el que apuntan el juego de construcción y el juego de rol, que no ofrecen sentido previo ni solución final. Solo ofrecen reglas, un conjunto de materiales y un universo de coherencia interna en el que desenvolvernos. No hay desenlace garantizado, no hay castillo prusiano ni puente neoyorquino que nos esperen como respuesta<strong>. El resultado depende de lo que hagan los jugadores, de sus decisiones, de sus conflictos y de su capacidad —o incapacidad— para convivir dentro de un sistema compartido.</strong></p><p>Aquí el sentido no precede a la experiencia sino que emerge en ella. Y puede no emerger en absoluto, puede ser frustrante, injusto o caótico. El periodismo y la ciencia lo son a menudo. El juego no protege al jugador del fracaso ni le promete aprendizaje moral, lo único que garantiza es que, si se rompen las reglas, el mundo deja de funcionar. Este modelo, que es el que orienta al periodismo y a la ciencia por igual —aunque los objetivos y frutos del primero sean mucho más modestos que los de la segunda— es político en un sentido profundo porque desplaza la responsabilidad desde el autor hacia los actores. Y cuando hablamos de democracia, los actores somos todos pero el autor también, porque el autor son los consensos que nos hemos dado en forma de reglas del juego. En forma de derechos humanos. Ya no hay narrador al que culpar ni solución correcta a la que aspirar,<strong> hay decisiones, consecuencias y límites.</strong> El juego abierto, en términos ideales, no educa en valores cerrados, educa en responsabilidad y convivencia.</p><p>No es casual que este modelo resulte tan inquietante para una cultura acostumbrada al relato moral y al premio. El cuento consuela y el puzle orienta, pero el juego abierto exige <strong>madurez cívica incluso para renunciar a identificar una verdad o una recompensa. </strong>Para concluir, quizá, que uno carece de suficientes fuentes y evidencias para afirmar ante al mundo que la CIA voló el Nordstream porque te lo ha contado a ti un propio y, sobre todo, porque tú tienes la convicción afianzada de que toda vesania es atribuible al <em>Tío Sam</em>.</p><p>Aquí el videojuego brota como una forma cultural decisiva porque oscila entre estos tres modelos y los combina de maneras reveladoras. Un videojuego de narrativa fuerte como <em>The Last of Us</em> se acerca deliberadamente al cuento. El itinerario está fijado, las decisiones son aparentes y el final es inevitable. Pero introduce algo radicalmente nuevo respecto a la literatura o el cine al trasladar la experiencia a la primera persona<strong>. No ves lo que ocurre, te ocurre. </strong>El sufrimiento, la pérdida, la violencia no se contemplan desde fuera, se padecen y se ejecutan con las propias manos. En el extremo opuesto están los videojuegos de mundo abierto, como <em>Grand Theft Auto</em> o <em>Red Dead Redemption</em>, y los grandes MMO (Massively Multiplayer Online Game, o “videojuego masivo multijugador online”), como <em>World of Warcraft</em>, <em>The Elder Scrolls </em>o <em>Eve Online</em>. Aquí el relato se diluye. No hay moraleja previa ni recorrido obligatorio, el mundo existe con independencia de ti. Está ahí, funcionando, indiferente a tus intenciones. Puedes seguir misiones (y en los primeros, ese guion existe) o ignorarlas, sabotearlas, perderte, repetir rutinas absurdas o simplemente observar. No te enseña nada de forma explícita, no te juzga. Simplemente responde a tus acciones según reglas estables y el guion que ofrece puede ser ignorado para dedicar tu existencia a otras actividades. </p><p>Y eso es lo perturbador —y fértil— de estos juegos,<strong> no simulan un relato, simulan un mundo. </strong>Hay algo contemporáneo y realista en esta experiencia contingente y caprichosa de habitar un mundo abierto que no ofrece cierres ni finales satisfactorios, y del que tampoco cabe extraer aprendizajes claros. Como la realidad social y política, está lleno de tareas inconclusas, desigualdades persistentes, violencia banal y zonas de tedio. Te enfrenta a un mundo que es, no a un mundo que significa, y t<strong>e obliga a asumir que el resultado depende de cómo juegues pero también de la convivencia con el resto de habitantes.</strong></p><p>Quizá una de las tensiones centrales de nuestro tiempo sea esta: <strong>habitamos mundos abiertos, pero exigimos relatos cerrados y cargados de sentido.</strong> Vivimos en sistemas complejos, interdependientes y contingentes, mecidos por el azar y sin embargo<strong> pedimos a la política y a la cultura que nos ofrezcan moralejas claras, culpables nítidos y finales tranquilizadores. </strong>Esa naturaleza dual afecta a nuestro desempeño de periodistas, poseídos por ideas de épica y servicio, pero sumergidos en mundos en los que, antes que la virtud y el pecado, se enfrentan intereses y ansiedades. Informar en un mundo que funciona como un juego abierto implica renunciar al cierre, aceptar la ambigüedad, sostener la incertidumbre y explicar reglas también y antes que historias. Y eso es exactamente lo que menos se demanda. Porque la ansiedad de Hersh es la del lector, que quiere ser protagonista de un cuento, no jugador responsable de un sistema, quiere emociones y certezas, relatos que confirmen su identidad, no mundos que la pongan a prueba. El pecado de Hersh es asumir que, como hemos dicho, es la demanda la que gobierna la oferta, <strong>de ahí que la siempre pulcra opinión pública de izquierdas asumiera una información sin fuentes ni contraste, solo por señalar a su adversario favorito.</strong> Pero una vida no se juzga por una eventual flaqueza porque ninguno somos lo que mostramos en la peor hora, ni se contiene una verdad última o genuina en un momento de debilidad. El pecado de Hersh es más trascendente por lo que dice de sus audiencias celebrantes, que se tenían a sí mismas por críticas, que por la mácula que fija en una trayectoria tenida por ejemplar.  </p><p>Visto desde esta perspectiva, la pregunta correcta sobre el periodismo no es si acierta o se equivoca, si explica bien o emociona poco, si ofrece sentido o decepción<strong>, sino solo si juega limpio.</strong> Porque el periodismo no es una consecuencia —una imagen definitiva del mundo— sino una tecnología intelectual de aproximación a lo real en condiciones de incertidumbre. Es brújula, no mapa. Entender el periodismo como procedimiento explica también su parentesco profundo con la democracia, porque funcionan igual. No prometen justicia perfecta ni decisiones óptimas, solo procedimientos revisables; no garantizan buenos resultados,<strong> pero permiten corregir los malos sin necesidad de destruir el sistema.</strong> Cuando se exige al periodismo que “acierte”, que “tenga razón”, que “dé respuestas”, se le está pidiendo exactamente lo mismo que a la política premoderna, que abandone el juego y nos cuente un cuento. </p><p>El videojuego, sin proponérselo, ha enseñado a millones de personas algo que la política y el periodismo todavía no se atreven a asumir por completo, que <strong>un mundo puede ser plenamente habitable sin ser narrativamente satisfactorio. </strong>Y quizá ahí esté la pregunta de fondo que atraviesa todo esto y que nos está conduciendo de regreso al fascismo, a la superchería y a las plegarias: si estamos dispuestos a vivir como ciudadanos de un juego compartido o si, agotados, <strong>preferimos volver a sentarnos a escuchar un cuento.</strong></p><p>De ahí también que la crisis económica y simbólica del periodismo sea paralela a la de la ciencia y a la de la democracia. Un método no emociona, no da identidad, no ofrece consuelo. Exige confianza, paciencia y un lector dispuesto a aceptar reglas incluso cuando le perjudican. Sin embargo, ahí reside su minúscula dignidad como posibilidad republicana, la de <strong>compartir un mundo común sin necesidad de compartir un relato sobre él. </strong>Todo lo demás son cuentos que ya no permiten vivir juntos, solo rezar por separado. </p><p>El periodismo serio no garantiza que el mundo tenga sentido, aunque puede proponer muchos legítimos, solo<strong> promete que no hará trampas para fabricarlo</strong>. Y eso es mucho en este barrio rico del mundo en el que una parte del vecindario ya no quiere jugar según las reglas, quiere ganar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 18:20:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Seymour Hersh y el puzle]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Videojuegos,Películas,Netflix,Política,Democracia]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Avatar: Fuego y ceniza’, un aburrido tercer capítulo que confirma la bancarrota creativa de James Cameron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/avatar-fuego-ceniza-aburrido-tercer-capitulo-confirma-bancarrota-creativa-james-cameron_1_2114638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fad90eb8-1a9b-4d44-aedf-b4b81fb311ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Avatar: Fuego y ceniza’, un aburrido tercer capítulo que confirma la bancarrota creativa de James Cameron"></p><p>No existe barbarie sin <strong>su correlato propagandístico</strong>. A lo largo del siglo XIX, las élites culturales de los recién nacidos Estados Unidos de América iban tomando nota de los hallazgos del Romanticismo europeo, de forma que se fuera articulando poco a poco un nuevo movimiento, de <strong>rasgos netamente norteamericanos</strong>. Gracias a Frederick Remington o, sobre todo, a <a href="https://www.britannica.com/art/Hudson-River-school" target="_blank">la Escuela del Río Hudson</a>, la pintura nacional fue impulsando una serie de imágenes ciertamente épicas. Grandes cuadros, muchos de ellos paisajes, que celebraban <strong>la naturaleza del continente</strong> desde una perspectiva antropocéntrica. El estadounidense como medida de todas las cosas. <strong>El colono</strong>.</p><p>Lo que estas monumentales pinturas festejaban era <strong>el célebre Destino Manifiesto</strong>, según el cual los EEUU era el pueblo elegido para guiar el progreso del mundo y salvaguardar su democracia. Algo que encajaba bien con la construcción del país y, aún mejor, con la necesidad de <strong>legitimar la violencia que estaba ejerciendo</strong> contemporáneamente sobre el territorio. La conquista del Oeste y la ampliación de la frontera a través de <strong>la destrucción de los pueblos originarios</strong> tiene su cara más vistosa en esas pinturas: también su razón de ser, <strong>un eficaz blanqueamiento del colonialismo</strong>. Así, vaya, es cómo se fundó la nación. Ni siquiera fue necesario Hollywood.</p><p>Aunque desde luego, por nacer el cine <strong>aún inmerso</strong> en este proceso “civilizatorio”, tampoco es que viniera mal. El cine llegó para continuar los esfuerzos de la Escuela del Hudson, particularmente en el marco de su género arquetípico: <strong>el </strong><em><strong>western</strong></em>. Durante todo el siglo posterior y más allá Hollywood fue empleado sistemáticamente el <em>western</em> para vender nuevas versiones de ese Destino Manifiesto, remasterizadas o actualizadas <strong>a conveniencia de la época</strong>. Manteniendo su parentesco con las eufóricas pinturas del siglo XIX, aunque hasta 2018 no nos topamos con una verdadera confluencia de ambas sensibilidades. Esta se dio, como no podía ser de otra forma, <strong>en un videojuego</strong>.</p><p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=MyaYlbizpvs" target="_blank"><em>Red Dead Redemption II</em></a> parecía <strong>un obvio homenaje al </strong><em><strong>western</strong></em>, solo que <a href="https://www.polygon.com/red-dead-redemption/2018/10/26/18024982/red-dead-redemption-2-art-inspiration-landscape-paintings/" target="_blank">su caudal de influencias era aún más amplio.</a> De cara a diseñar ese inmenso mundo abierto se había acudido a raíces más profundas, a<strong> la memoria pictórica de la misma conquista del Oeste</strong>. Algo muy apropiado por cuanto el juego ofrecía la única mutación lógica para el caudal iconográfico que le había traído hasta aquí: dar la oportunidad de sumergirse, <strong>de </strong><em><strong>entrar</strong></em><strong>, en ese Salvaje Oeste</strong>. Ya que habíamos vivido tanto tiempo en la ilusión de que EEUU había nacido tal y como los cuadros y las películas nos habían explicado, ¿por qué no convertir esa ilusión en<strong> el parque temático definitivo</strong>?</p><p>Aunque <em>Red Dead Redemption II</em> no era una celebración sin más. Había un cuestionamiento, se reconocía por ejemplo la matanza de nativos americanos. Pero no llevaba su reivindicación, en absoluto, <strong>al extremo de James Cameron</strong>. A sus películas de <em>Avatar</em> se les ha tachado de ser más videojuego que cine y razones no faltan. <a href="https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/tenemos-que-hablar-de-los-48-fotogramas-por-segundo-de-avatar-el-sentido-del-agua-5085516/" target="_blank">El </a><a href="https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/tenemos-que-hablar-de-los-48-fotogramas-por-segundo-de-avatar-el-sentido-del-agua-5085516/" target="_blank"><em>high frame rate</em></a> que marca tanto <em>El sentido del agua</em> como en esta última<strong> </strong><em><strong>Avatar:</strong></em><strong> </strong><em><strong>Fuego y ceniza</strong></em><strong> </strong>—esto es, una tasa de fotogramas por segundo duplicada frente al cine convencional— es el mismo que se ha ido aumentando exponencialmente dentro de los videojuegos. Y hay un esfuerzo por <strong>la “inmersión”</strong>, por hacer que el público se pierda <strong>en un mundo digital</strong>, que no podemos sino vincular a la experiencia que ofrecen las consolas.</p><p>El avance tecnológico en pos de una huida —es decir, en pos de <strong>un escapismo lúdico y más o menos memorable</strong>— es lo que late detrás del fenómeno <em>Avatar</em> y lo que facilita que cada nueva entrega sea un evento proclive a arrasar en taquilla. También es, en fin, <strong>lo que late detrás del videojuego Triple A</strong> y <em>Red Dead Redemption II</em> en particular. Pero aquí viene lo interesante. </p><p>El cuestionamiento de las lógicas referenciales que se aprecia ligeramente en el videojuego de Rockstar deviene<strong> discurso total</strong> en la saga de Cameron. Es lo que siempre se ha dicho, que<strong> </strong><em><strong>Avatar</strong></em><strong> no es más que </strong><em><strong>Pocahontas</strong></em>. Y es verdad. <em>Avatar</em> es <strong>una crítica al nacimiento de los EEUU</strong>, a su pasado de expolios y genocidios. Una crítica que emplea tanto la ciencia ficción como el modelo de espectáculo visual delimitado por la pintura, y<strong> más tarde por el </strong><em><strong>western</strong></em><strong> y el </strong><em><strong>blockbuster</strong></em>. </p><p>Los paisajes de la América virgen del siglo XIX son <strong>la Pandora del siglo XXII</strong>: un lugar ficticio en el futuro donde Cameron imagina —<a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/dune-parte-sigue-arida-tediosa-encuentra-corazon-zendaya_1_1725713.html" target="_blank">al igual que Frank Herbert imaginó en </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/dune-parte-sigue-arida-tediosa-encuentra-corazon-zendaya_1_1725713.html" target="_blank"><em>Dune</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/dune-parte-sigue-arida-tediosa-encuentra-corazon-zendaya_1_1725713.html" target="_blank"> antes que él</a>— que la avaricia del ser humano puede seguir haciendo estragos <strong>cambiándose de planeta</strong>. Colocar de protagonista a un tipo que se cuestiona los crímenes que está ayudando a perpetrar contra la población indígena (los Na’Vi) comunica en efecto con el <em>western</em> crepuscular —ese que en los años 50 <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/dune-parte-sigue-arida-tediosa-encuentra-corazon-zendaya_1_1725713.html" target="_blank">empezó a darle voz a los indios</a>—, solo que, como <em>Avatar</em> ha seguido acumulando secuelas, este esquema argumental tan familiar se ha visto obligado a embarcarse en lo desconocido. </p><p>Así que Cameron ha tenido que imaginarse qué habría sucedido si los colonos hubieran tenido más dificultades de la cuenta para exterminar a los nativos americanos. Es el espacio que trabajan <em>El sentido del agua</em> y <em>Fuego y ceniza</em>, y el que trabajarán<strong> las dos secuelas </strong>que Cameron quiere hacer a continuación. Un espacio donde <strong>el ingenio de Cameron para la ciencia ficción</strong> —tan fructífero hace décadas, entre <em>Terminator</em> o <em>Abyss</em>— podría haber brillado de lo lindo. Solo que no ha sido así. Cameron se ha conformado con <strong>la contemplación de ese paisaje que resiste el influjo colonial</strong>. Ha preferido perderse en Pandora, y admirarla al más puro estilo de la Escuela del Hudson.</p><p>Esta admiración depende del avance tecnológico constante, que conduzca a unos efectos digitales cada vez más ambiciosos. El parque temático definitivo, otra vez, que obliga a maravillarse por movidas como <strong>la captura de movimiento</strong>, la vivacidad de la fauna y flora de Pandora o el detallismo de las físicas del agua —en <em>Fuego y ceniza</em><strong> vienen a ser las físicas del fuego y la ceniza</strong>, pues una virtud habitual de Cameron es que siempre va de frente—, mientras <em>Avatar</em> se transforma en una suerte de <strong>documental a lo National Geographic de un mundo que no existe</strong>.</p><p>Es cuando <em>Avatar</em> se parece más a este documental cuando mayor honestidad percibimos en los esfuerzos de Cameron, por otro lado: <strong>esas secuencias meramente contemplativas</strong> del entorno que tanto abundaban en <em>El sentido del agua</em>. El director ha creado<strong> una utopía </strong><em><strong>hippie</strong></em> únicamente para perderse en ella, para aislarse del mundo en una persecución tecnológica del más difícil todavía. </p><p>Si las películas de <em>Avatar</em> son espectáculos tan extravagantes —hay quien podría decir interesantes <strong>si no lleváramos ya diez horas invertidas en su calamitoso visionado</strong>— se debe a que tienen una amplia conciencia histórica, pero solo la han usado como catapulta para<strong> </strong><em><strong>huir</strong></em><strong> de nuestro mundo y buscarse uno nuevo</strong>. Tal cual hizo Sully (Sam Worthington). No solo se convirtió en Na’vi por su creciente conciencia ecologista; <strong>es que solo así podía volver a caminar</strong>.</p><p>Por eso <em>Avatar </em>parece un proyecto<strong> tan ajeno a su tiempo</strong> (e, irónicamente teniendo en cuenta sus ganancias económicas, a su público). Funciona con sus propias reglas, acomodado dentro de un <strong>hermetismo extremo </strong>donde cualquier autoconsciencia o atisbo de duda se sofoca antes de brotar. <em>Avatar</em> es el fuerte donde Cameron se ha aislado del resto del mundo —también de ese país que debe haberle decepcionado tanto con su historial genocida—, y donde ya parece inútil seguir destacando la fealdad de sus diseños, lo tópico de su mundo fantástico o <strong>la extrema pobreza de su guion</strong>. Que, llegados a <em>Avatar: Fuego y ceniza</em>, podríamos asociar a algún tipo de IA generativa sino fuera porque parece escrito más bien por <strong>niños con déficit de atención</strong>.</p><p>O niños militantemente vagos, también. <a href="https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/james-cameron-negociacion-secuelas-avatar_6908200_0.amp.html" target="_blank">Cameron ha admitido</a> que la historia de <em>El sentido del agua</em> y <em>Fuego y ceniza</em> integraba al principio una única película, y que luego decidió dividirla. La consecuencia de esto es que lo que ofrece <em>Fuego y ceniza</em> es<strong> extremadamente similar </strong>a lo del film de 2022, con un rotundo desdén por que la trama avance de alguna forma significativa. </p><p>Cabe destacar al menos que las preocupaciones historiográficas llegan a algún lugar sugerente: dentro de esta recreación de la conquista del Oeste, ahora toca que<strong> los nativos americanos sean manipulados por los rostros pálidos</strong> para luchar entre ellos. El acceso a las armas de fuego y la asimilación de su modo de vida —que representa la Gente de la Ceniza— apuntalan este repaso de los orígenes del <em>western</em>, y por momentos <em>Fuego y ceniza</em> transpira <strong>una aspereza inédita en la saga</strong>. Pero solo son momentos. Briznas de un antiguo Cameron, hoy tan perdido<strong> en su cámara de eco </strong>como para volver a hacer guiños a su propia filmografía —en <strong>un clímax desesperadamente idéntico al de </strong><em><strong>El sentido del agua</strong></em>—, mientras le perdemos el poco respeto que podía quedarle.</p><p><em>Avatar</em> no solo está siendo <strong>la embarazosa bancarrota creativa </strong>de un gran cineasta: también es una prueba de la inexpresividad aparejada al progreso del CGI —al menos los videojuegos sí permiten una interacción más allá del intercambio de dinero— y sobre todo de<strong> la inutilidad política </strong>que se ha enquistado en el espectáculo hollywoodiense. Da igual que a estos mastodontes —los únicos <em>blockbusters</em> realmente grandes con los que contamos hoy día— les guíe una reflexión presta a impugnar<strong> los relatos identitarios de Occidente</strong>, pues esta solo ha servido para propiciar el exilio, el desentendimiento de la realidad. <strong>No es ciencia ficción, es impotencia reflexiva</strong>. </p><p>De la misma forma que los pintores estadounidenses transformaron en propaganda los cimientos bañados en sangre de su nación, <em>Avatar</em> promociona que ni esa nación, ni ese mundo, merecen mínimamente la pena a estas alturas. Solo importa la contemplación de <strong>maravillas alienígenas </strong>y que los efectos digitales sigan avanzando lo bastante como para que Cameron <strong>(¿y el público con él?) </strong>siga olvidándose de su humanidad. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2025 05:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Avatar: Fuego y ceniza’, un aburrido tercer capítulo que confirma la bancarrota creativa de James Cameron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Directores cine,Industria cine,Taquilla cine,Salas cine,Estados Unidos,Donald Trump,Cultura,Industria cultural,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['The New Yorker' elige a 'Sirat', de Óliver Laxe, como mejor película de 2025]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/the-new-yorker-elige-sirat-oliver-laxe-mejor-pelicula-2025_1_2110051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b5fe5e9-6a05-491c-a639-92e1c1b596ae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'The New Yorker' elige a 'Sirat', de Óliver Laxe, como mejor película de 2025"></p><p>La prestigiosa revista <em>The New Yorker</em> eligió este viernes a la película española <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rave-resistencia-neoliberalismo-oliver-laxe-sacude-cimientos-cine-prodigiosa-sirat_1_2007012.html"  >Sirat</a>, de <strong>Óliver Laxe</strong>, coproducida con Francia, como la mejor del año por delante de <em>Una batalla tras otra</em>, de <strong>Paul Thomas Anderson</strong>, informa EFE.</p><p>Según el crítico <strong>Justin Chung</strong>, <em>Sirat</em> es "un thriller de supervivencia visual <strong>sonoramente abrumador</strong>" que narra la búsqueda de un padre por su hija desaparecida en el desierto, mostrando al mismo tiempo encuentros inesperados con personajes marginales.</p><p>"La película no es una experiencia cínica o nihilista barata; <strong>sus horrores más graves surgen de una compleja comprensión</strong> de cómo la compasión humana persiste en un universo que se opone fundamentalmente a su existencia", destaca el crítico.</p><p>Desde su estreno en 2025, <em>Sirat</em> ha acumulado importantes reconocimientos como el <a href="https://www.infolibre.es/cultura/espanol-oliver-laxe-gana-premio-jurado-cannes-pelicula-sirat_1_2001754.html"  >premio del jurado en el Festival de Cannes</a> y el Gold Hugo a mejor película en la Chicago International Film Festival, además del Cannes Soundtrack Award por la música de <strong>Kangding Ray</strong>.</p><p>También ha sido nominada a varios galardones importantes, incluyendo los <strong>European Film Awards 2026</strong> en categorías como mejor película, mejor dirección, mejor guion y mejor actor.</p><p>Es además la <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/sirat-oliver-laxe-pelicula-representara-espana-oscar_1_2064408.html"  >candidata oficial de España</a> para competir en la categoría de mejor película internacional en los <strong>premios Oscar</strong>.</p><p>Por otra parte, Chung ensalza a <em>Una batalla tras otra</em> por <strong>combinar humor y solidaridad</strong> "en medio de una pesadilla policial y política", subrayando que el actor Leonardo DiCaprio ofrece "una de sus interpretaciones más divertidas desde <em>El lobo de Wall Street</em>".</p><p>La cinta ganó recientemente el <strong>premio a mejor película en los Gotham Awards neoyorquinos</strong> y fue elegida mejor película por el New York Film Critics Circle, impulsando su carrera hacia los Oscar.</p><p>Además de <em>Sirat</em> y <em>Una batalla tras otra</em>, <em>The New Yorker</em> destaca <em><strong>A la deriva</strong></em>, un <strong>drama de fuertes contrastes</strong> que explora la memoria y relaciones familiares fracturadas, o <em><strong>Resurrection</strong></em>, una obra experimental que aborda la identidad y la supervivencia en contextos de violencia social.</p><p>Por su parte, el crítico <strong>Anthony Lane</strong> pone el foco en documentales de corte político como <em><strong>My Undesirable Friends: Part I - Last Air in Moscow</strong></em>, que sigue a periodistas rusos independientes que se enfrentan a la persecución del estado, y <em><strong>Agente secreto</strong></em>, un tenso retrato de la vida bajo dictaduras modernas. Según Lane, estas obras destacan por su <strong>"urgencia narrativa"</strong> y "capacidad de reflejar conflictos contemporáneos sin perder fuerza artística". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 18:58:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA['The New Yorker' elige a 'Sirat', de Óliver Laxe, como mejor película de 2025]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Netflix da un vuelco a la industria del entretenimiento comprando Warner Bros. y HBO]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/netflix-da-vuelco-industria-entretenimiento-comprando-warner-bros-hbo_1_2109988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c712b6f1-db1e-4d8a-b334-a97f45d35df2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Netflix da un vuelco a la industria del entretenimiento comprando Warner Bros. y HBO"></p><p><a href="https://www.infolibre.es/temas/netflix/"  >Netflix </a>adquirirá Warner Bros. Discovery (WBD), incluyendo los estudios de cine y televisión, así como <a href="https://www.infolibre.es/temas/hbo/"  >HBO </a>y HBO Max, por<strong> 82.700 millones de dólares</strong>, según anunciaron este viernes las dos compañías en un comunicado conjunto.</p><p>La oferta final de Netflix ha sido de <strong>27,75 dólares por acción de WBD</strong>, frente a los 24 que había propuesto Paramount, que junto a Cromcast eran los tres interesados en la adquisición de Warner Bros. Discovery.</p><p>Se espera que la transacción se cierre tras la previamente anunciada <strong>separación de Discovery Global</strong>, la compañía centrada en la televisión, que englobará a CNN, TNT Sports, Discovery+ y canales en abierto en <a href="https://www.infolibre.es/temas/europa/"  >Europa</a>. Está previsto que esta operación se complete en el tercer trimestre de 2026.</p><p>"Nuestra misión siempre ha sido entretener al mundo", afirmó en el comunicado <strong>Ted Sarandos</strong>, codirector ejecutivo de Netflix. "Al combinar la increíble colección de series y películas de Warner Bros. —desde clásicos atemporales como <em>Casablanca</em> y <em>Ciudadano Kane</em> hasta clásicos modernos como la saga de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/harry-potter-espinosas-bodas-plata_1_1217459.html"  >Harry Potter</a>— con títulos que definen la cultura como<em> </em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/series/habiamos-dejado-stranger-things-razon-memoria-pez-series_1_2101784.html"  ><em>Stranger Things</em></a>, <em>KPop Demon Hunters</em> y <a href="https://www.infolibre.es/continuara/juego-calamar-exito-espectacular-estructura-no-novedosa_1_1211599.html"  ><em>El juego del calamar</em></a>".</p><p>Por su parte, el presidente y director ejecutivo de Warner Bros. Discovery, <strong>David Zaslav</strong>, aseguró que "el anuncio de hoy une a dos de las compañías de narrativa más importantes del mundo para llevar aún a más personas el entretenimiento que más disfrutan".</p><p>Sin embargo, la compra no ha tenido buen recibimiento en el mercado bursátil: las acciones de Netflix <strong>han caído este viernes un 4,26%</strong> tras la apertura de Wall Street, según ha informado EFE. Por su parte, las acciones de WBD subían un 3,34%.</p><p>La compra de WBD supone a primera vista una forma de concentración del mercado audiovisual, que puede perjudicar tanto a creadores como a trabajadores, además de a HBO. Aunque desde Netflix se haya destacado<strong> la importancia de HBO como marca</strong>, el futuro de esta plataforma plantea dudas tras la operación. Además, con la adquisición de los estudios Warner, Netflix se asegura el control sobre la creación audiovisual.</p><p>El nuevo catálogo incluirá producciones de HBO como <em>The Big Bang Theory</em>, <em>Los soprano</em> o<em> </em><a href="https://www.infolibre.es/temas/juego-de-tronos/"  ><em>Juego de tronos</em></a>, o películas como <em>El mago de Oz</em> y del universo DC, que se unirán a series de Netflix como <em>Wednesday</em>, <em>La casa de papel</em>, <em>Los Bridgerton</em> o <em>Adolescencia</em>. De esta forma, las sagas consagradas de Warner compartirían espacio con los títulos más generalistas de Netflix. <strong>El estilo de producción cuidado y centrado en la calidad</strong> de WBD -y que en parte representa al viejo Hollywood- se uniría a la apuesta por<strong> la variedad y la cantidad</strong> de Netflix. </p><p>Por su parte, según señala<em> </em><a href="https://www.nytimes.com/2025/12/05/business/warner-brothers-discovery-netflix.html" target="_blank" ><em>The New York Times</em></a>, la fusión también implicaría <strong>mayor poder para Netflix</strong> -que ya se erige como líder mundial del servicio de <em>streaming </em>de pago con 300 millones de suscriptores- sobre las salas de cine y los sindicatos del mundo audiovisual. Incluso podría conllevar que las pequeñas empresas tuvieran que fusionarse también para ser más competitivas.</p><p>En cuanto a la televisión tradicional, está prevista la creación de una empresa que aglutine al canal de noticias <strong>CNN, TNT, HGTV, Eurosport y Discovery+</strong>. Esta operación responde a la reducción de audiencia en la televisión lineal y podría tener a Paramount como comprador.</p><p>Sin embargo, la operación deberá ser autorizada por <strong>los supervisores antimonopolio</strong>. La carrera por la compra de WBD se ha llegado incluso a politizar: <a href="https://www.infolibre.es/temas/donald-trump/"  >Donald Trump</a> se había decantado por Paramount como comprador, según <em>Deadline Hollywood</em>.</p><p>Las ofertas por la totalidad o parte de WBD comenzaron en octubre con <strong>una oferta de Paramount</strong>, que ofreció 27 dólares por acción por el cien por cien de la compañía.</p><p>Netflix y Cromcast se sumaron después a la puja, que ha tenido dos rondas, la última el pasado 1 de diciembre. Pero sus ofertas eran <strong>solo por una parte de la compañía</strong>, sin incluir Discovery Global. Paramount denunció ayer en una carta abierta parcialidad en el proceso, <strong>alegando que favorecía a Netflix</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 17:47:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Netflix da un vuelco a la industria del entretenimiento comprando Warner Bros. y HBO]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Netflix,HBO,Series televisión,Películas,Industria audiovisual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘The Running Man’ o cómo adaptar con fidelidad a Stephen King no implica hacer grandes películas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-running-man-adaptar-fidelidad-stephen-king-no-implica-grandes-peliculas_1_2100525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5d378397-df41-4766-988f-9c97e08573db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘The Running Man’ o cómo adaptar con fidelidad a Stephen King no implica hacer grandes películas"></p><p><strong>Stephen King</strong> tenía razones para frustrarse en los años 80. Aunque ya pergeñaba <em>best sellers</em> a mansalva esto mismo propiciaba la atención de Hollywood, y podía darle un par de disgustos. Se ha hablado mucho de cómo King renegó de<strong> la adaptación que Stanley Kubrick hizo de </strong><em><strong>El resplandor</strong></em>, lamentando que el cineasta hubiera aligerado el componente psicológico de una historia muy importante para él, en pos de un terror tan frío como impresionista. Se ha hablado algo menos de cómo <em>El fugitivo</em>, otra de sus novelas, sufrió <strong>un trato aún más denigrante</strong>.</p><p>Si <em>El resplandor</em> había sucumbido a los arbitrios de la supuesta genialidad de Kubrick, a <em>El fugitivo</em> le ocurrió algo parecido con <strong>la maquinaria comercial ochentera al completo</strong>. Hubo un esfuerzo consciente por transformar esta novela distópica en un espectáculo afín al <em>blockbuster</em> de la época, que pasaba por recurrir a la música electrónica de Harold Faltermeyer (<em><strong>Top Gun</strong></em>) y a un guion que Steven E. de Souza había escrito con Sylvester Stallone en mente. Al final <strong>fue Arnold Schwarzenegger</strong> (llegado de <em>Comando</em>, otra película con guion de De Souza) <a href="https://www.youtube.com/watch?v=g_QHzV3NVPk" target="_blank">quien protagonizó </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=g_QHzV3NVPk" target="_blank"><em>Perseguido</em></a>. Naturalmente, la historia de King quedó <strong>aplastada bajo todo esto</strong>.</p><p><em>Perseguido</em> fue un vehículo de lucimiento para el carisma de Schwarzenegger. Ben Richards, protagonista de <em>El fugitivo</em>, ya no era un hombre agobiado económicamente en estos Estados Unidos distópicos, sino un desertor del ejército que se había unido a la resistencia contra las macrocorporaciones que controlaban el país. Ambos terminaban igualmente inmersos en <strong>un diabólico concurso televisivo </strong>como objetivo de una caza a gran escala, si bien sus motivaciones diferían. El Richards literario necesitaba ganar para llevarle dinero a su familia. El Richards de Schwarzenegger solo quería sobrevivir, y si acaso convertirse en <strong>un símbolo antiautoritario</strong>.</p><p>Ahí es cuando se consumaba <strong>la traición a King</strong>. Pues, si bien <em>Perseguido</em> intensificaba el componente rebelde ya presente en el libro, que el protagonista fuera Schwarzenegger lo cambiaba todo. Porque Schwarzenegger eliminaba a sus cazadores con arrogancia y <strong>una frase lapidaria en los labios</strong>. Y eso entusiasmaba a la audiencia. Le hacía partícipe del mismo placer estético por la violencia y la crueldad que King quería criticar. En 1987 <em>Perseguido</em> abrazaba entonces un cinismo tan apocalíptico como alegre, con un mordaz retrato de la televisión muy al estilo de los anuncios bizarros de <em>Robocop</em> (estrenada meses antes), solo que <strong>desactivando su propia crítica</strong>.</p><p><em>Perseguido</em> engrandecía en cierto modo a King: daba la sensación de que el <em>mainstream </em>de la época </p><p><strong>no podía estar a la altura</strong> de las historias más agrias del escritor de Maine, esas que había escrito entre los 70 y los 80 con seudónimo (<strong>Richard Bachman</strong>) para poder alejarse del terror sobrenatural que le aseguraba el éxito editorial. <strong>Los 80 eran demasiado optimistas e idiotas</strong>. Aunque quizá nuestra época <em>sí</em> puede estar a la altura. Pues nos hallamos en 2025 —el año en que se ambientaba la historia original— y dos adaptaciones de Bachman llegan a los cines de forma consecutiva. La semana pasada <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sw48gC8810I" target="_blank">fue </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=sw48gC8810I" target="_blank"><em>La larga marcha</em></a> y ahora lidiamos con otra adaptación de <em>El fugitivo</em>.</p><p>La primera reflexión que suscita es la evidente: <strong>el capitalismo despiadado y la economía de la atención </strong>que explorara <em>El fugitivo</em> (publicada en 1982, con Reagan de presidente y en pleno florecimiento neoliberal) se han degradado a extremos absurdos. <em>El fugitivo</em> —cuya película ahora se titula <em><strong>The Running Man</strong></em><em>,</em> como el concurso de marras— pasa por ser una historia más realista y <strong>menos descabellada</strong> de lo que era hace 43 años. <strong>Edgar Wright</strong> es consciente como director y guionista, así que quiere ampararse en la lucidez de King. Pero hay otra posible motivación, y es la de <strong>desagravio histórico</strong>. Una disculpa de la industria por <strong>el dislate</strong> de <em>Perseguido</em>.</p><p>El caso de <em>The Running Man</em> recuerda bastante a lo que hizo <strong>Mike Flanagan</strong> en 2019 <strong>con </strong><em><strong>Doctor Sueño</strong></em>. Antes de estrenar este mismo 2025 otra adaptación de King —<a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/vida-chuck-cine-basado-obra-stephen-king-no-da-miedo-si-ganas-llorar_1_2080197.html" target="_blank">la deliciosa </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/vida-chuck-cine-basado-obra-stephen-king-no-da-miedo-si-ganas-llorar_1_2080197.html" target="_blank"><em>La vida de Chuck</em></a>—, Flanagan se propuso armonizar el legado de Kubrick con el de su escritor favorito en esta secuela tardía de <em>El resplandor</em>. Sin llegar a <strong>“corregir” a Kubrick</strong>, Flanagan sí se las apañaba para combinar el homenaje a su legado con una fidelidad militante a la prosa del escritor, reafirmando un cambio notable en la percepción cultural: King, a día de hoy, <strong>es una institución</strong>. Un autor prestigioso, un valor seguro. <strong>Ya no habrá más faltas de respeto</strong> como <em>El resplandor </em>y <em>Perseguido</em>.</p><p>No es algo de lo que quejarse, obviamente. Sobre todo porque, en <em>Doctor Sueño</em>, esta conversión del estatus de King en algo así como <strong>una estricta religión</strong> daba pie a unas tensiones icónicas de lo más sugerentes, al lidiar con otra autoría tan inmaculada como la de Kubrick. Son tensiones que, ni que decir tiene, <strong>están ausentes en </strong><em><strong>The Running Man</strong></em>. Hay algún guiño al film de Schwarzenegger, pero lo que a Wright le interesa sobre todo es ser fiel a King. Alejarse de la versión previa y armar la adaptación definitiva. La que debían habernos legado <strong>aquellos años 80 tan irresponsables</strong>.</p><p>Ocurre entonces que la versión de Wright es tan leal a la novela, sigue sus acontecimientos con tanto mimo y respeto, que esta <em>The Running Man</em> tiene un sabor inevitablemente añejo. Se ambienta en 2025 y asegura que su presente es diabólicamente cercano al nuestro, pero lo hace sin demasiada convicción ni ideas contundentes para actualizar el panorama estadounidense, o su parrilla televisiva. En su día ya vimos <em><strong>deepfakes</strong></em>, desinformación y el compromiso de ser visible en todo momento<em>.</em> Ahora a esto se añade una parodia de <em><strong>Keeping Up with the Kardashians</strong></em><em>,</em> y poco más. </p><p>Esto no es malo de por sí. La historia sigue siendo oportuna. Demuestra, en retrospectiva, lo avispado que estuvo King a la hora de poner en pie su novela. La cuestión es si aporta algo, si maneja algún apunte novedoso capaz de reflejar que también ha pasado el tiempo dentro del audiovisual. El reflejo que extraemos, sin duda, es muy distinto al de <em>Perseguido</em>. Uno más responsable, más preocupado por el presente, <strong>pero infinitamente menos enérgico</strong>. Lo cual resulta bastante doloroso si hablamos de un cineasta como Edgar Wright.</p><p>Es la segunda vez que Wright trabaja con un material previo y no con un guion original, <strong>tras </strong><em><strong>Scott Pilgrim contra el mundo</strong></em>. Como, pues eso, es la segunda vez, no habría que achacar lo discreta que resulta ser <em>The Running Man</em> a un desvío impersonal o al hecho de suponer un film de encargo. No es eso exactamente, aunque desde luego la cinta se enclava en un punto de la carrera del británico muy distinto al de <em>Scott Pilgrim contra el mundo</em>. Frente a <strong>la efervescencia creativa</strong> que impulsaba aquel film de 2010, <em>The Running Man</em> se hace eco de un momento de incertidumbre. <strong>Hoy Edgar Wright se pregunta quién es como cineasta veterano</strong>, y no tiene muy clara la respuesta.</p><p>Wright ha preferido amoldarse a las necesidades de la historia no solo como adaptación de King, sino como operación de desagravio histórico. Lo que ha quedado en dicha operación de sí mismo es tirando a poco. Wright sigue rodando bien, sabe concebir cada secuencia de una forma imaginativa y virtuosa, y<strong> es muy entretenida </strong>pese a su innecesariamente extensa duración gracias a eso. Como en la novela, Ben Richards tiene que pasarse huyendo por todo el país cerca de un mes, y Wright logra que cada uno de esos casi 30 días sea<strong> de lo más frenético</strong>. </p><p>Aún así, incluso dentro del impactante envoltorio de <em>The Running Man</em> se vislumbran fallas. El gusto de Wright por<strong> los montajes musicales</strong> tiene aquí su expresión más trasnochada —ojo a cómo arruina cierto mítico tema de los Rolling Stones—, y en general se percibe como paliducha imposición de estilo en una película de postulados <strong>tan claros y distantes </strong>del tipo de cine que hizo famoso al director de <em>Zombies Party</em>. Lo cierto es que Wright parece bastante perdido, sin terminar de decidirse entre ser un solvente artesano o algo parecido a Kubrick,<strong> y la película lo sufre</strong>.</p><p>También desde el guion y, muy vinculado a ello, el casting. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/twisters-trae-vuelta-esencia-taquillazos-90-altom-actor-moda-glen-powell_1_1843878.html" target="_blank">Glen Powell es la estrella elegida</a> para suceder a Schwarzenegger y amparar esta recuperación del realismo aunque quizá, <strong>¿sea demasiado estrella?</strong> Powell está casi tan cachas como Schwarzenegger y, aunque originalmente el protagonista de <em>El fugitivo</em> también se disfrazaba, sus cambios de vestuario en la película de Wright remiten más al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hit-man-asesino-casualidad-richard-linklater-traiciono-si_1_1807835.html" target="_blank"><em>glamour</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hit-man-asesino-casualidad-richard-linklater-traiciono-si_1_1807835.html" target="_blank"> de aquella </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/hit-man-asesino-casualidad-richard-linklater-traiciono-si_1_1807835.html" target="_blank"><em>Hit Man</em></a> que protagonizara para Linklater, antes que a un hombre cualquiera sumido en la desesperación. Si bien el guion insiste en que este Ben no está tan desesperado como <strong>simplemente enfadado</strong>, y de ahí viene la telegenia que el sistema querrá exprimir.</p><p>Ahí acaso nos toparíamos con otro elemento de la cosecha de Wright —tan habitualmente preocupado por<strong> la masculinidad</strong>—, sin que por otra parte llegue a enriquecer la palabra de King. Más que nada porque <em>The Running Man</em> no está muy segura de si la rabia masculina es algo bueno o malo: no hay un veredicto claro sobre cómo podría articular una rebelión dentro de ese contexto, y los únicos apuntes abiertamente politizados aluden a <strong>una conciencia burguesa capaz de enmendarse </strong>—el lamentable personaje de Emilia Jones— o al familiar cacao de la violencia <strong>como trampa o inspiración</strong> del que el film de Schwarzenegger directamente optaba por cachondearse.</p><p>La película, por supuesto —porque lo mandan los tiempos, porque ahora nuestro mundo se parece más al imaginado en los 80—, <strong>opta por la seriedad</strong>. Y, dentro de esa seriedad, se olvida de ser auténticamente rabiosa, sin lograr despertar más inquietud de la que nos transmite simplemente estar al tanto de<strong> la actualidad de 2025</strong>. Del verdadero. Del que da más miedo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Nov 2025 05:00:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘The Running Man’ o cómo adaptar con fidelidad a Stephen King no implica hacer grandes películas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Actores,Industria cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lanthimos y Emma Stone se ríen de la conspiranoia en ‘Bugonia’, una eficaz comedia negra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/bugonia-lanthimos-emma-stone-rien-conspiranoia-eficaz-comedia-macabra_1_2092839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b79029e7-6064-4c5a-8b97-f57016272fb0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lanthimos y Emma Stone se ríen de la conspiranoia en ‘Bugonia’, una eficaz comedia negra"></p><p>Su nombre difícilmente nos sonará, pero <strong>Will Tracy</strong> ha estado en el centro de <strong>dos de las tendencias culturales más influyentes</strong> de los últimos años. Gracias a curtirse como editor de la revista satírica <em>The Onion</em> (esa versión estadounidense de El Mundo Today que terminó siendo atropellada por la realidad, un poco como El Mundo Today), Tracy pudo trabajar una cierta distancia irónica hacia los grandes traumas de su tiempo. Así es como cultivó ambas tendencias. La primera fue el<strong> </strong><em><strong>eat the rich</strong></em>: el malestar de clase ante estamentos privilegiados en tiempos precarios, que Tracy canalizó escribiendo el guion de <em>El menú</em> y trabajando en <em>Succession</em>. La segunda no le pilló muy lejos. </p><p>Al <em>eat the rich</em>, la sátira contra los ricachones, le separan pocos grados de <strong>las teorías de la conspiración</strong> que Tracy luego ha abordado también. Pues ambas ofrecen un consuelo frente a los traumas colectivos que nos aquejan. Un consuelo inútil, en el mejor de los casos, y funcional al poder en el peor. <strong>Noel Ceballos escribió </strong><em><strong>El pensamiento conspiranoico</strong></em> en 2021 y elaboró una lúcida disección de las fuerzas que lo mueven. “En el fondo se trata de intentar ordenar el caos cacofónico de la vida moderna, lo que no diferenciaría tanto al pensamiento conspiranoico del religioso”. Sí, parece que la <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/domingos-adolescente-quiere-monja-marca-panfleto-accidental-iglesia-catolica_1_2084771.html"  >vuelta del interés por la religión</a> también tiene que ver con esto. </p><p>“En lugar de aceptar que las sociedades contemporáneas han llegado a un nivel tal de aceleración que nos es absolutamente imposible plantear una teoría del todo, la conspiranoia propone una causalidad que <strong>niega el azar</strong>, la torpeza inherente a toda burocracia o la multiplicidad de puntos de vista”. Mientras que el <em>eat the rich</em> alivia las fricciones socioeconómicas con la burla, este tipo de pensamiento hace lo propio atribuyéndoles a las altas esferas <strong>un plan maléfico de escala demencial</strong>. Son dos formas de consuelo, en fin, porque se <strong>proyectan desde la impotencia</strong>. Mientras que el <em>eat the rich</em> apunta a sofocarse dentro de la ficción, ha llegado el momento de otro tipo de pensamiento. La mano de Tracy está detrás tanto de <em>Eddington</em> como de <em><strong>Bugonia</strong></em>.</p><p>Tracy produjo <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/eddington-satira-pandemica-ari-aster-joaquin-phoenix-ingenio-gracia_1_2059937.html"  >Eddington para Ari Aster</a> y ha escrito el guion de <em>Bugonia</em>, estando presente <strong>Emma Stone</strong> en ambas películas junto a un retrato más o menos preciso de la fuerzas de la conspiranoia. Ocurre algo curioso en este segundo film además, y es que lo que Tracy ha escrito es un <em><strong>remake </strong></em><strong>de</strong><em><strong> ¡Salvar el planeta Tierra!,</strong></em> un título de 2003 dirigido por el coreano Jang Joon-hwan. </p><p>Es extraño regresar hoy a este film semi olvidado, perdido entre la maraña de producciones de Corea del Sur que en los primeros 2000 se empezaban a mover internacionalmente con gran excitación occidental. Pero claro. Aquella época precedía un tiempo (el nuestro) en que Corea del Sur deviene una potencia cultural de primer nivel, <strong>habiendo introducido el </strong><em><strong>eat the rich</strong></em><strong> con </strong><em><strong>Parásitos</strong></em> y haciendo lo propio con la conspiranoia en <em>¡Salvar el planeta Tierra!</em>, hace más de veinte años.</p><p>En su día <em>¡Salvar el planeta Tierra! </em>nos contaba cómo un chaval trastornado secuestraba al presidente de una gran compañía química al sostener que <strong>era un alien</strong>, procediendo a torturarle para que desistiera en una supuesta invasión a nuestro planeta. Tal cual lo que nos cuenta <em>Bugonia</em>, cambiando el género de algunos personajes —Emma Stone interpreta a la persona secuestrada, mientras que sus captores ya no son marido y mujer sino Jesse Plemons junto a su primo autista (el debutante Aidan Delbis)—, y sobre todo esforzándose <strong>por recargar su argumento</strong> con las preocupaciones de los últimos años. Y así marcar distancia del film previo.</p><p>Es complicado describir<em> ¡Salvar el planeta Tierra! </em>como adelantada a su tiempo. De hecho vista hoy parece más una de tantas inercias de <strong>un modelo productivo por macerar</strong> que jugaba a la extravagancia y al humor burro para impactar a ojos foráneos. Pasa, sin embargo, que desde que se estrenó la conspiranoia ha alcanzado rango de <strong>patología mundial</strong>. Y pasó mucho antes de que el coronavirus diera paso a la psicosis antivacunas o a los <em>chemtrails</em>; ya en 2016 la teoría de la conspiración conocida como Pizzagate motivaba un tiroteo en una pizzería de Washington. Un evento fundacional que resultaba ser por cierto el punto de partida de otro <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-sweet-east-viaje-caotico-fallido-miserias-eeuu_1_1860526.html"  >film reciente, </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/the-sweet-east-viaje-caotico-fallido-miserias-eeuu_1_1860526.html"  ><em>The Sweet East</em></a>. Que <em>Bugonia</em> se remita a ¡Salvar el planeta Tierra! es, entonces, <strong>puramente sintomático</strong>.</p><p><em>The Sweet East</em> sostenía que la subjetividad estadounidense estaba tan dañada como para fragmentar la nación en <strong>un</strong> <strong>caótico conjunto</strong> de sectas, incapaces de dialogar entre sí y condenadas a la beligerancia. El guion que ha firmado Tracy plantea algo parecido, sustituyendo las sectas por <strong>una miríada de relatos</strong> que imposibilita la comunicación entre los principales interlocutores de la película. Es el mayor acierto de Tracy, quizá. Las típicas modas discursivas de redes sociales y comunicados de prensa —con la mención de <strong>“cámaras de eco”,</strong> psicoanálisis apresurados y <strong>la “diversidad” como</strong> arma arrojadiza— devienen en <em>Bugonia</em> <strong>aparatos kafkianos</strong>, ruido existencial que condena al personaje de Plemons a la histeria violenta y al de Stone a la ambigüedad total.</p><p>Otro de los valores categóricos de <em>Bugonia</em> radica en la interpretación de estos dos: un <strong>duelo vibrante</strong>, de alta intensidad, que por supuesto es divertidísimo. Stone en particular vuelve a hacer uso de su <strong>gestualidad </strong><em><strong>weird</strong></em>, sumamente extraña, para o bien ser icónica —cuando le hace los coros en la radio del coche a Chappelle Roan— o simplemente adueñarse de la película con ligeras inflexiones en la voz, de forma que <strong>nunca parezca sincera ni mentirosa</strong> del todo. Es todo un espectáculo que reafirma su lúdico compromiso con la actuación, toda vez que reivindica un apego por trabajar con <strong>Yorgos Lanthimos</strong>, a estas alturas, más que comprensible.</p><p>Claro, porque <em>Bugonia</em> es lo nuevo de Yorgos Lanthimos. Puede que sea lo menos decisivo del entramado de <em>Bugonia</em> aunque está bien tenerlo en cuenta. Sobre todo porque la <strong>autocomplacencia </strong>en la que caían sus últimos trabajos —de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/pobres-criaturas-pelicula-inofensiva-yorgos-lanthimos-consagracion-director_1_1696312.html"  ><em>Pobres criaturas</em></a> a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/yorgos-lanthimos-vuelve-origenes-kinds-of-kindness-soporifero-estudio-dependencia_1_1825694.html"  ><em>Kinds of Kindness</em></a>, siempre al lado de Stone—, ahora ha sido matizada a costa de que Bugonia se acerque a ser, casi, un <strong>film de encargo</strong>. </p><p>Uno en la mejor tradición, donde el autor de turno emplea los recursos que domina tan bien en favor de una propuesta que habría salido igualmente adelante sin él. Las formas de Lanthimos realzan, cómo no, la propuesta de <em>Bugonia</em>. El ritmo de los diálogos, el irónico empuje de la música, la <strong>genial fotografía de Robbie Ryan</strong>, la seca planificación proclive a las fugas fantásticas. Es una película de Lanthimos, desde luego. Pues también es <strong>tremendamente</strong> <strong>misántropa</strong>.</p><p>Ahora bien, esta misantropía acoge menos gravedad de lo habitual. No tiene necesidad de sermonear, solo emana de un paisaje emocional muy constreñido y del que no hay escape posible, en este caso por <strong>limitarse a seguir la estela de Jang</strong>. Por mucho que Tracy enriquezca la retórica de la prisionera y su enloquecido secuestrador —y Lanthimos, junto a él, haya blindado tanto la <strong>progresión dramática</strong> como el <em>timing</em> cómico—, el esquema de <em>Bugonia</em> es idéntico al de <em>¡Salvar el planeta Tierra!,</em> y esto depara un par de problemas. Alguna subtrama innecesaria, la previsibilidad de las motivaciones “ocultas” del personaje de Plemons, y sobre todo la obcecación de la premisa <strong>en agotarse a sí misma</strong>. En quitarse importancia, en alejarse de lo que en principio quería estudiar.</p><p><strong>Porque </strong><em><strong>Bugonia</strong></em><strong> es, fundamentalmente, una tontería</strong>. Como lo era <em>¡Salvar el planeta Tierra!</em> Un chiste muy largo sin una moraleja fuerte, sin deseos ni capacidad de arrojar <strong>una luz relevante a los lugares que explora</strong>. Desde luego que el perfil de Plemons como conspiranoico está estupendamente documentado —como posible estampa del presente, la cinta funciona mucho mejor que <em>Eddington</em> y es más satisfactoria que <em>The Sweet East</em>—, y que el toma y daca con Stone alcanza puntos muy sugerentes. Pero, hacia el final, se niega a extraer conclusiones de <strong>esa confusión coreografiada</strong> que se alejen demasiado de las inquietudes reconocibles de Lanthimos, agotadas más o menos desde que <strong>empezara a compadrear en Hollywood</strong>.</p><p>Esto sirve para que <em>Bugonia</em> sea <strong>una comedia negra estupenda</strong>. Sirve para echarse unas risas, incluso para disfrutar alegremente con la desmesura de los minutos finales. Pero <strong>no sirve para mucho más</strong>. La conclusión a la que llega <em>Bugonia</em> con el pensamiento conspiranoico es que solo es <strong>una forma nueva de que el ser humano haga el ridículo</strong>. Porque aunque se empeñe en buscar la verdad, aunque llegue a rozarla con los dedos, es <strong>tan patético que ni eso le salvará. </strong></p><p>Que bueno, es una idea como otra cualquiera. Sin demasiada profundidad, sin mucho ánimo reparador, pero la <strong>lógica de nuestros tiempos</strong> también puede conducir a esto. Que del <strong>pensamiento conspiranoico, pasemos al pensamiento tuitero.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2025 05:01:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lanthimos y Emma Stone se ríen de la conspiranoia en ‘Bugonia’, una eficaz comedia negra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Directores cine,Industria cine,Películas,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[He visto cosas que no creeríais]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/nada-que-decir/he-visto-cosas-no-creeriais_129_2090411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68476658-0876-431f-b8be-0b3051f76cf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="He visto cosas que no creeríais"></p><p>Estamos ya en <strong>noviembre</strong> <strong>de 2025.</strong></p><p>Han pasado ya<strong> 5 años </strong>desde <strong>noviembre del año 2019,</strong> el año en el que estaba ambientada una obra maestra de ciencia ficción: <em><strong>Blade Runner</strong></em><strong>,</strong> sobre unos<strong> robots con apariencia humana, </strong>unos <em>replicantes –</em>como se llaman en la película– que conviven con nosotros, indistinguibles a simple vista de los seres humanos.</p><p><strong>El futuro ya es pasado.</strong></p><p>Ya vivimos en una sociedad en la que muchos de los <strong>líderes políticos</strong> de la actualidad, dentro y fuera de nuestras fronteras, serían<strong> indistinguibles de unos replicantes</strong> por su absoluta <strong>falta de empatía, </strong>de pensar en alguien de su piel pa’ fuera.</p><p>Para distinguir a estos androides que se habían mimetizado con los humanos en la novela, <em>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?</em> de <strong>Philip K. Dick,</strong> en la que se basa el guión de la película<em> Blade Runner ,</em>se les aplicaba el test Voight-Kampff o test de empatía.</p><p>Una máquina comprobaba las variables de respiración, el movimiento ocular, las pulsaciones y su reacción a una serie de preguntas que pretendían crear una emoción. <strong>La falta de empatía permitía descubrir a los replicantes.</strong></p><p>Era mítica la escena de la película en la que se hacía el test a un replicante, <strong>Leon Kowalski,</strong> y que terminaba con un supuesto en el que se encontraba una tortuga en el desierto, le daba la vuelta y veía cómo se asfixiaba bajo el sol pataleando boca arriba para darse la vuelta, pero no podía hacerlo sin su ayuda. El replicante <strong>incapaz de responder, </strong>de entender la situación o mostrar empatía, aunque fuera fingida, por algo que no estaba en su programación,<strong> acababa descubierto</strong> y matando a su interrogador.</p><p>Las<strong> similitudes </strong>con declaraciones y actitudes de estos androides modelos Nexus 6 este último año en <strong>Valencia</strong> es muy preocupante.</p><p>La película de Ridley Scott tiene nada menos que siete versiones oficiales distintas, un récord batido ampliamente por las versiones del <em><strong>Molt Poc Honorable Senyor</strong></em><strong> Carlos Mazón Guixot,</strong> President de la Generalitat Valenciana, sobre lo que hizo la tarde de la dana de Valencia que van cambiando según van apareciendo nuevas pruebas y testimonios que invalidan todas las versiones anteriores.</p><p>Se pasó de una versión inicial en la que estaba en el Palau de la Generalitat a las 17.00 justo al empezar la reunión de Emergencias a, en las siguientes versiones, estar a esa misma hora aún en la sobremesa de una <strong>comida “irrelevante” en El Ventorro, </strong>pero en la que estaba “informado”.</p><p>En las siguientes versiones esa misma sobremesa se fue alargando más y más, desde las 17:45 a las 18:45. </p><p>En esta, “penúltima” –hagamos el gesto de comillas con los dedos– versión parece haber acabado acompañando después de la comida a su acompañante a un aparcamiento <strong>llegando a la reunión de emergencia una hora después, </strong>a las 20:28, sin que sepamos qué pasó en esa hora. Nada menos que<strong> 17 minutos después </strong>de que se activara el <strong>mensaje de emergencia</strong> a los móviles que alertaba a la población valenciana de una inundación que ya había provocado casi un centenar de muertes. Y todo esto con un presidente que en todo momento aseguró que no había cambiado de versión. Muy de película de ciencia-ficción dramática, la verdad.</p><p>Una actitud nada humana del <em>Molt Poc Honorable</em> que se vio reforzada en el <strong>funeral de las víctimas de la dana</strong> al que se empeñó en asistir.</p><p>Ningún ser humano hubiera ido a un funeral de<strong> 229 personas ahogadas</strong> por su propia negligencia frente a sus familiares.</p><p>Una ceremonia a la que asistió sin mover ni un solo músculo ni mostrar <strong>ningún tipo de sentimiento o empatía</strong> frente a esos cientos de familiares que le increpaban porque les había destrozado la vida. “El causante de la catástrofe que sufrimos, quien omite su deber a sabiendas de su omisión, puede suponer la pérdida de vidas humanas, quien comete el acto primigenio que deriva sus muertes” como dijo una familiar de una de las víctimas que provocó el aplauso y <strong>la emoción de todo el funeral, menos el de un replicante.</strong></p><p>Estamos dejando que <strong>nuestra vida esté manejada por replicantes sin sentimientos, </strong>sin ningún tipo de apego por la humanidad, sin empatía, y sigue estando en nuestras manos, por ahora, sustituirlos por seres humanos. Aún estamos a tiempo de revertir esta tendencia, esta película entre el terror y la ciencia-ficción.</p><p>Acabo este artículo parafraseando el mítico final de <em>Blade Runner,</em> uno de los mejores de la historia del cine:</p><p>He visto cosas que vosotros no creeríais, he visto repatriar partes de cadáveres de soldados españoles metidos en ataúdes al azar, he visto a <strong>alcaldesas irse a spas de lujo </strong>durante la <strong>trágica muerte de 3 adolescentes</strong> por una negligencia en su ciudad, he visto construir hospitales millonarios sin apenas pacientes ni médicos mientras se ordenaba<strong> dejar morir a miles ancianos </strong>agonizando sin asistencia médica, he visto <strong>mentir sobre la autoría de un atentado</strong> con cientos de muertos para intentar ganar unas elecciones…</p><p>Todos estos momentos se perderán en el tiempo, como <strong>acusaciones de corrupción</strong> en la Audiencia Nacional.</p><p><strong>Es tiempo de morir.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Nov 2025 05:01:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[He visto cosas que no creeríais]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Carlos Mazón,Valencia,Generalitat Valenciana,Comunitat Valenciana,Cine,Películas,Alerta por la DANA]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La vida de Chuck’ y el cine basado en la obra de Stephen King que no da miedo (pero sí muchas ganas de llorar)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/vida-chuck-cine-basado-obra-stephen-king-no-da-miedo-si-ganas-llorar_1_2080197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8066b2ae-e29b-4e86-9d91-65a262ce1ee8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La vida de Chuck’ y el cine basado en la obra de Stephen King que no da miedo (pero sí muchas ganas de llorar)"></p><p>Concluidos los años 70 el <em>boom</em> editorial de <strong>Stephen King</strong> era inmanejable. Había hasta reticencias a que el nombre del autor estadounidense monopolizara el mercado editorial, con lo que sus editores ya le habían propuesto publicar algunas de sus novelas con seudónimo. Ya que <strong>Richard Bachman </strong>—caracterizado por una ficción más realista aunque igual de aterradora que la de su compadre de Maine— había seguido arrasando, la avaricia perdió todo decoro, y se recurrió a material inédito que <strong>la desquiciada productividad de King</strong> había ido labrando durante los últimos años. </p><p>Lo curioso es que estos escritos no habían sido publicados en su día porque <strong>no eran de terror</strong> y los editores —todavía sin ser conscientes del poder de su cliente— dudaban que encajaran con la “marca”. En 1982 dejaron de preocuparse, y llegó a las tiendas <em><strong>Las cuatro estaciones</strong></em>. Una antología de relatos antiguos que, ridiculizando el escepticismo inicial, pasa por ser <strong>la obra de King de la que más provecho ha sacado el cine</strong>. La que, en consonancia, mejor se habría incrustado en la cultura popular. <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank"><em>Cuenta conmigo</em></a><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/cuenta-verano-1993_1_1842721.html" target="_blank"> (1986)</a> y <em><strong>Cadena perpetua</strong></em><strong> (1994)</strong> salieron de ahí, adaptando respectivamente <em><strong>El cuerpo</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Rita Hayworth y la redención de Shawshank</strong></em>. Pocos años más tarde, Bryan Singer también adaptaría el tercer relato con la forma de <em><strong>Verano de corrupción</strong></em>.</p><p>La jugada no solo salió admirablemente. También demostró, con la consolidación de <em>Cuenta conmigo</em> como clásico ochentero y las nominaciones al Oscar de <em>Cadena perpetua</em>, que el imaginario de King podía desafiar esa parcela de la cultura popular en la que le había metido el género. Podía reclamar prestigio, <strong>llegar al público desde otros lados</strong>. Así que, cuando Mike Flanagan ganó con <em><strong>La vida de Chuck</strong></em><em> </em>el gran premio del Festival de Toronto en septiembre de 2024, y se habló de una posible carrera hacia los Oscar, a nadie le extrañó que adaptara un relato de King. </p><p>Con la excepción de <em>La milla verde </em>—que el mismo Frank Darabont de <em>Cadena perpetua</em> llevó al cine en 1996—, las adaptaciones de obras de King ajenas al terror siempre han salido de<strong> antologías de relatos</strong>. Tiene cierto sentido. Incluso los fans más acérrimos del autor de <em>El resplandor</em> asumen que<strong> los desenlaces de sus novelas no suelen estar a la altura</strong>: el escritor administra genial el ritmo, pero en algún punto de su alargado desarrollo se descuida y peca de exceso… o de no querer dejar marchar a sus personajes, como prefiramos verlo. Cuando hablamos de relatos es<strong> necesariamente más sintético</strong>. Sus ideas están mejor compactadas.</p><p>Alejándonos de las necesidades de las películas de terror —así como de su apertura a dejarse llevar por el disfrute desprejuiciado—, el cine más académico, más destinado al gran público o <strong>más cómodo con una pátina de “seriedad”</strong>, podría vislumbrar grandes posibilidades en los relatos de King. Es lo que hizo entre los 80 y los 90, aunque por algún motivo dejó de hacerlo a partir de 2001. Fue entonces cuando Anthony Hopkins protagonizó <em><strong>Corazones en Atlántida</strong></em> según una estrategia colindante a <em>Cuenta conmigo</em>. Volvíamos a partir de un libro de relatos, aunque ahora la adaptación combinaba dos de ellos y<strong> buscaba acusadamente las rimas con, sí, </strong><em><strong>Cuenta conmigo</strong></em>.</p><p>La crítica no pasó por alto la jugarreta. <em>Corazones en Atlántida</em> no tuvo una acogida demasiado calurosa, y desde entonces las adaptaciones de King se limitaron a la dinámica acostumbrada: <strong>siempre adscritas al terror</strong>, y sobradamente capaces de cimentar éxitos de taquilla. Podríamos destacar <strong>el díptico </strong><em><strong>It</strong></em> iniciado en 2017 aunque, para lo que nos ocupa, sería más productivo fijarse en una película más pequeña lanzada directamente a <em>streaming</em> ese mismo año. <strong>Mike Flanagan</strong> adaptó a King por primera vez en<strong> </strong><em><strong>El juego de Gerald</strong></em>, una estimulante historia de suspense.</p><p>Antes de eso, las afinidades de Flanagan por el escritor eran obvias.<strong> </strong><em><strong>Ouija: El espejo del mal</strong></em><strong> </strong>había sido el primer largometraje de éxito de Flanagan en 2013, y con su narrativa en dos tiempos girando sobre un trauma infantil ya remitía a la susodicha <em>It</em>. Nos topábamos con uno de tantos directores de terror apasionados por la obra de King, solo que Flanagan en realidad se parecía más a Darabont. Es decir, que de King le entusiasmaba, más que la imaginería de terror,<strong> su escritura de personajes y el tratamiento emocional</strong>. Lo demostró cuando <em><strong>La maldición de Hill House</strong></em><strong> </strong>—serie de Netflix que le consagró del todo en 2020— se basó desde la superficie en la novela homónima de Shirley Jackson, e interiormente en un drama de personajes a lo King. <strong>Algo parecido a </strong><em><strong>It</strong></em><strong>, de nuevo</strong>.</p><p>Hoy Flanagan pasa por ser<strong> el adaptador oficial de King</strong>. Después de <em>El juego de Gerald</em> y de sus adaptaciones no oficiales, Flanagan estrenó <em><strong>Doctor Sueño</strong></em> en 2019 —adaptando convincentemente la novela que servía a su vez de secuela de <em>El resplandor</em>— y, según concluía el contrato que le ató a Netflix con un puñado de series posteriores a <em>Hill House</em>, aceptó nuevos encargos similares. Flanagan se ha comprometido a una adaptación de <em><strong>Carrie</strong></em> y otra de <em><strong>La torre oscura</strong></em>, ya llevadas al cine previamente. Y, claro, ha dirigido <em>La vida de Chuck</em>. Solo que esta no es de terror. De hecho, como mandan los cánones, <strong>la historia original está incluida en un libro de relatos</strong>.</p><p>Stephen King publicó<strong> </strong><em><strong>La sangre manda</strong></em> en 2020. Uno de los cuatro relatos que contiene es <em>El teléfono del sr. Harrigan</em> (este sí de terror) y fue llevado al cine <a href="https://www.youtube.com/watch?v=lnPjHE2_iEU" target="_blank">dos años después</a>. Otro es <em>La vida de Chuck</em>, que viene a ser <strong>una de las narraciones más complejas</strong> de King pese a su brevedad. <em>La vida de Chuck</em> consta de tres partes que narran de forma inversa, pues eso, la vida de Chuck. <strong>Desde su muerte hasta su niñez</strong>. A lo largo de ella, King juega a distraer la atención del lector con la perspectiva de varios personajes diferentes, vinculados en mayor o menor medida a Chuck. Y también alterna registros y estilos, de forma que lo que empieza siendo una historia de<strong> ciencia ficción apocalíptica</strong> devenga un cuento de fantasmas algo más familiar para los fans.</p><p>Sin dejar de ser, ante todo, un ambicioso tratado sobre <strong>el sentido de la existencia</strong>. Que es lo que le interesa a Mike Flanagan como autor que se ha ido haciendo progresivamente más reflexivo en su obra. <em><strong>Misa de medianoche</strong></em>, una de sus creaciones más sofisticadas, pertenecía al género de terror pero se prodigaba en escenas larguísimas de personajes hablando y divagando. Y también era <strong>bastante cursi</strong>. Lo que no dejaba de confirmar que Flanagan ha nacido para entenderse con King.</p><p>La clave de Stephen King como escritor está en <strong>su humanismo</strong>. Por encima del ingenio para proponer situaciones terroríficas, por encima del ritmo y las descripciones irresistibles, lo que prima en cada una de sus obras —de la peor a la mejor— es<strong> la minuciosa construcción de personajes</strong>, en conjunto a una palpable preocupación por tratarles con justicia. Podrán sufrir infinitamente, pero nunca perderán su humanidad ni verán atados sus destinos a <strong>una maquinaria determinista</strong>. Esta concepción abierta y dialogante del relato contribuye también a la facilidad con la que King puede sustraerse de las necesidades del terror. Porque lo suyo <strong>es un estilo, no un género</strong>. Y sea cual sea el tipo de ficción audiovisual en que se instale este estilo, lo tiene todo a su favor para prosperar.</p><p>Sobre todo si, como es el caso de Flanagan, se contempla a King desde <strong>la reverencia absoluta</strong>. Lo peor que se puede decir de <em>La vida de Chuck</em> es que es <strong>una adaptación demasiado literal</strong> del relato original. La estructura en tres actos se ha mantenido sin alteraciones y la mayoría de los diálogos son calcados. De hecho, cuando Flanagan no ha atinado del todo es al querer aportar algo de su cosecha. Si bien podemos atribuirle la feliz incorporación del<strong> “calendario cósmico” de Carl Sagan</strong>, la invectiva a favor de las matemáticas del abuelo que interpreta <strong>Mark Hamill </strong>también es suya, y no funciona tan bien. Con ella se pretende matizar la imagen grisácea del personaje de Chuck y su profesión de contable. Viene a alinearse con la vocación de <strong>alegato por las vidas normales y humildes </strong>que practica <em>La vida de Chuck</em>, desde luego, y se entiende cuál es su función.</p><p>Al fin y al cabo, Flanagan vuelve a demostrar una comprensión profunda de qué hace de King un artista tan fenomenal, y<strong> el tono está muy logrado</strong>. No tanto como para que <em>La vida de Chuck</em> haya podido sobreponerse a<strong> la extravagancia de su planteamiento</strong> —no es de terror pero sus coqueteos con la ciencia ficción, el terror e incluso el musical tampoco le convierten en <strong>un entretenimiento de masas al uso</strong>—, cabe añadir. Por mucho que Toronto sea un buen indicio para las posibilidades <em>oscarizables</em> de las películas que triunfen ahí, posteriormente <em><strong>La vida de Chuck</strong></em><strong> no ha tenido suerte en el circuito de premios</strong>. De hecho su distribución ha sido muy dificultosa, y ha tardado <strong>más de un año </strong>en conocer un estreno global. Uno sin apenas expectativas.</p><p>A estas alturas es probable que <em>La vida de Chuck</em> pase desapercibida, lo que no deja de ser paradójico. Los devaneos experimentales de King parecen tener mayor fortuna en el mercado literario que en el cine <em>mainstream</em>. Sin implicar, por otra parte, que el gran Hollywood deje de apostar por las adaptaciones de King. A lo largo de noviembre llegarán a cines dos películas adscritas a su fase Richard Bachman:<strong> </strong><em><strong>La larga marcha</strong></em> (que ha tenido grandes críticas) y <em><strong>The Running Man</strong></em><strong> </strong>(que dirige una figura tan querida como Edgar Wright). <em>La vida de Chuck</em>, pese a pertenecer al <strong>linaje de </strong><em><strong>Cuenta conmigo</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Cadena perpetua</strong></em>, se resigna a una recepción discreta.</p><p>O, quizá, a terminar erigiéndose en film de culto. El relato de King es tan bello y conmovedor que a la adaptación correspondiente solo le bastaba con seguirlo <strong>al pie de la letra</strong> para retener su grandeza. Y es justo lo que hace Flanagan, manejando con habilidad las vueltas de tuerca y sabiendo equilibrar la resonancia de los conceptos troncales del relato. Lo que nos lleva a la importancia del baile —el segundo acto se centra básicamente en esto, con <strong>Tom Hiddleston </strong>exprimiendo el engañoso protagonismo que mostraban los pósters de <em>La vida de Chuck</em>— y al<strong> poema de Walt Whitman </strong>alrededor del cual gira la propuesta. Ese en el que el autor aseguraba ser “enorme”. </p><p><strong>“Y contengo multitudes”</strong>. En tiempos donde la ortodoxia terapéutica promulga el trabajo aislado en uno mismo y la ideología neoliberal obliga a definir la vida según <strong>una lineal persecución de metas</strong>, <em>La vida de Chuck</em> opta por planteamientos radicalmente opuestos. La muerte esperando al final del camino —aquí al principio— lo relativiza todo, mientras las palabras de Whitman reubican nuestra subjetividad en comunión<strong> con un cosmos inabarcable</strong>. La película de Flanagan se titula <em>La vida de Chuck</em> pero es eminentemente coral —trasciende al susodicho Chuck— porque somos todo lo que vemos, todo lo que sentimos. <strong>Todas las personas que nos rodean</strong>.</p><p>Así lo dispuso King, y si sus coqueteos fuera del terror han tenido tanto pábulo al margen del público especializado, es porque <strong>este espíritu ha seguido fluyendo </strong>de una forma u otra. Un espíritu que contiene multitudes.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Oct 2025 04:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La vida de Chuck’ y el cine basado en la obra de Stephen King que no da miedo (pero sí muchas ganas de llorar)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Directores cine,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Luca Guadagnino y Julia Roberts recurren al MeToo en 'Caza de Brujas' para reírse del narcisismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/luca-guadagnino-julia-roberts-recurren-metoo-caza-brujas-reirse-narcisismo_1_2079189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/090adb1d-2af9-44c2-a6eb-744847eb24b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luca Guadagnino y Julia Roberts recurren al MeToo en 'Caza de Brujas' para reírse del narcisismo"></p><p><strong>Luca Guadagnino</strong> quiere provocar nada más empezar <em><strong>Caza de brujas</strong></em>, en sus créditos iniciales. Con un suave lecho instrumental de fondo, los rótulos que identifican a los artífices del nuevo film del cineasta italiano aparecen <strong>con tipografía Windsor Light Condensed</strong> sobre fondo negro. Es la tipografía que hemos aprendido a asociar a <strong>las películas de Woody Allen</strong>, y Guadagnino es perfectamente consciente. También lo es de las conexiones que se establecerán entre la figura de Allen y una película que, supuestamente, pretende abordar <strong>el MeToo desde el escepticismo</strong>.</p><p>El clima sociocultural impulsado en Hollywood por<strong> los crímenes de Harvey Weinstein </strong>en 2017 es conocido de sobra, pues ha ido más allá de Hollywood. Pero ciñéndonos a la industria del cine, ha tenido episodios como la resurrección de las acusaciones contra Allen por abuso sexual, concretada en un cuestionamiento generalizado hacia su figura y la final necesidad de buscar otros mercados para poder seguir encadenando tranquilamente sus mediocres películas. Guadagnino vincularía el caso Allen a las tesis de <em><strong>Vigilar y castigar</strong></em><strong> de Michel Foucault</strong>, que son discutidas por los eruditos personajes de <em>Caza de brujas</em> —todos pertenecientes a la exclusiva atmósfera universitaria de Yale—, a vueltas con la existencia de <strong>un sistema autodisciplinario en forma de panóptico</strong>. </p><p>Todos nos vigilamos entre nosotros según un poder invisible que todo lo supervisa desde las alturas, diagnosticó Foucault. Un poder, una sombra abstracta integrada por mecanismos atávicos, que según como vaya pudriéndose nuestro cerebro podríamos denominar <strong>“cultura”</strong>, con el apellido <strong>“de la cancelación”</strong>. Por suerte Guadagnino y la guionista detrás de todo esto —<strong>Nora Garrett</strong>, que aquí debuta escribiendo con notable convicción— son lo bastante listos como para alejarse de este concepto y dejar que sea<strong> la conversación mediática la que lo enarbole por ellos</strong>. Igualmente sí, quieren provocar, y tan ilustrativo como lo de Allen es el título original de este film.</p><p><em>Caza de brujas</em> es el lamentable título en castellano de<strong> </strong><em><strong>After the hunt</strong></em>. <em>Después de la caza.</em> La traducción es problemática con ganas porque asocia el MeToo a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/fantasma-listas-negras-regresa-hollywood-israel-fondo_1_1649130.html" target="_blank">la caza de brujas de McCarthy</a> en los años 50: un impulso autoritario, fascistoide. A cambio, el original es <strong>directamente venenoso</strong>. Pues la caza es la misma, pero asume que terminó. Otorga al MeToo el carácter de frenesí pasajero, una suerte de delirio colectivo sobre el que reflexionar una vez debiera haber concluido. Una vez se ha recuperado la razón, o algo así. Lo cierto es que, asumiendo los mordaces términos del film, no estaríamos en un mundo muy distinto al que promueven. ¿Qué mayor evidencia puede haber de <strong>una era post-MeToo</strong> que la segunda legislatura de Donald Trump?</p><p>La victoria del presidente aparece, por cierto, en la película. También se dan cita <a href="https://www.infolibre.es/internacional/ola-incendios-angeles-comienza-ceder-autoridades-combaten-saqueos_1_1929333.html" target="_blank">los incendios de Los Ángeles</a> que inauguraron con<strong> gran potencia simbólica</strong> —el colapso de Hollywood y su capacidad para guiar la imaginación occidental— este 2025. <em>Caza de brujas</em>, por mucho que filosofe y se prodigue en diálogos opacos, <strong>es consciente del mundo en el que vive</strong>. Una consciencia que, por fortuna, no se enroca en discursos monolíticos sino que prefiere fluctuar con los personajes. Ante este propósito el afán provocador se repliega sobre sí mismo:<strong> asume que solo es publicidad</strong>. Lo que siempre ha sido la provocación, en cierto modo. <strong>Al menos dentro del capitalismo</strong>.</p><p>Así que intentemos discernir qué cuenta <em>Caza de brujas</em>, fuera de las citas a Foucault o de la tentación de usar la resaca MeToo como arma arrojadiza. <em>Caza de brujas</em> cuenta cómo una estudiante modelo (<strong>Ado Eyebiri</strong>) acusa a un profesor de su universidad (<strong>Andrew Garfield</strong>) de haber abusado de ella, tras habérselo revelado a una profesora en la que confiaba ciegamente. </p><p>Esta es Alma (<strong>Julia Roberts</strong>) y es la protagonista absoluta de <em>Caza de brujas</em>. Todo lo vemos a través de sus ojos, lo que es importante no tanto porque el personaje sea magnético —y Roberts esté imperial—, como por la necesidad de separar los sentidos de la película de sus opiniones. Lo que ocurre en <em>Caza de brujas</em> es que Alma no logra empatizar con su alumna cuando se lo cuenta. De hecho parece no creerla. De hecho empieza a sentir <strong>una incontenible irritación</strong> hacia ella.</p><p>La irritación de Roberts marca el tono de la película de Guadagnino, de una forma tan gozosamente vitriólica como para remitir a escritoras tan apasionantes como<strong> Lionel Shriver o Kristen Roupenian</strong>. Escritoras que han defendido su derecho a retratar personajes antipáticos o equivocados sin que sus juicios se confundan con los suyos —Roberts también se burla del lenguaje inclusivo a costa de la pareja no binaria de Edebiri, tendiendo un puente con lo que veíamos hace poco <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank">en </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/batalla-paul-thomas-anderson-alia-dicaprio-pelicula-divertida-esperanzadora_1_2067341.html" target="_blank"><em>Una batalla tras otra</em></a> a la vez que una distancia mucho más lograda en cuanto a qué sesgo responde realmente esto—, siendo un derecho que también reclama la guionista Garrett en <em>Caza de brujas</em>. </p><p>¿Qué quiere hacer con este derecho? Pues otra cosa abonada a la filosofía solo que <strong>a un nivel más terrenal,</strong> cambiando a Foucault por Homero en otro diálogo ilustrativo del film. Más o menos, y sin llegar a fijar esta plaza como único campo de juego —la apuesta de <em>Caza de brujas</em> es <strong>eminentemente lúdica</strong>, solo quiere bailar y sacudir—, tratar la dificultad de identificarse con el Otro por culpa de la vanidad humana. Lo que caracteriza a la mayoría de los personajes de <em>Caza de brujas</em> es<strong> su narcisismo</strong>. Una forma muy estrecha de mirar el mundo, cuya <strong>irónica ubicación</strong> en nada menos que la universidad, el templo de las humanidades, plantea el guion con mucha finura.</p><p><em>Caza de brujas</em> no es exactamente una farsa —el compromiso con la psicología de los personajes es demasiado firme para eso—, pero tampoco quiere lanzar verdades unívocas en la medida de que sus protagonistas son incapaces de aprehenderlas. Al fin y al cabo es otra película de Guadagnino, <strong>con las inquietudes habituales de Guadagnino</strong>. El italiano ha alcanzado la solidez expresiva en los últimos años a base de explorar las pulsiones irracionales <strong>—generalmente en torno al deseo—</strong> como oposición a toda retórica o imposiciones que intente ahogarlas. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rivales-zendaya-corona-torrido-trio-amoroso-espectaculares-partidos-tenis_1_1775723.html" target="_blank">La pasión deportiva de </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/rivales-zendaya-corona-torrido-trio-amoroso-espectaculares-partidos-tenis_1_1775723.html" target="_blank"><em>Rivales</em></a> —o la angustia por desconocer el interior del ser amado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/daniel-craig-entrega-forma-suicida-queer-lamento-soledad-luca-guadagnino_1_1922168.html" target="_blank">en </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/daniel-craig-entrega-forma-suicida-queer-lamento-soledad-luca-guadagnino_1_1922168.html" target="_blank"><em>Queer</em></a>— no queda lejos de la incapacidad de Alma para verse a sí misma en <em>Caza de brujas</em> como algo más que una isla.</p><p>Esa incertidumbre ante el prójimo, volcada a una progresiva suspicacia y violencia según avanza el metraje, es lo que separa a <em>Caza de brujas</em> del <strong>alegato reaccionario</strong> que podría ser en su superficie. Aunque no se libra de algunas tentaciones. El personaje de Edebiri es muy esquemático y durante buena parte de la película Garrett tiende a concretar la intriga como <strong>una pedestre brecha generacional</strong> —la docta generación de Roberts desconfiando del activismo de pacotilla de la de Edebiri—, con el ritmo adoleciendo de algunos pasajes reiterativos. Sin llegar este punto a ser algo dramático, pues una de las grandes virtudes de <em>Caza de brujas</em> tiene que ver <strong>con sus formas</strong>.</p><p>La atención internacional que Guadagnino viene disfrutando desde hace unos diez años ha agilizado su interés por experimentar con la imagen desde<strong> un ánimo tan juguetón como sofisticado</strong>. El italiano parece constantemente buscar algo, estar como de paso, y esto se traduce en<strong> un equilibrio de frivolidad e innegociable belleza plástica</strong> con el que <em>Caza de brujas</em> no se queda lejos de sus (extraordinarias) últimas películas. <em>Caza de brujas</em> es básicamente un film de diálogos sin que esto signifique que Guadagnino quiera hacer “invisible” su puesta en escena, limitándose al académico plano/contraplano. Bien al contrario, cada conversación está rodada como<strong> una imaginativa secuencia de acción</strong>, probando nuevos ángulos y ritmos con la sucesión de envites.</p><p>Antes que exhibicionista, es una nueva prueba de<strong> la vocación sensorial </strong>del italiano, logrando que el clima de agitación psicológica determine cada decisión de la cámara y esta acompase la minuciosa interpretación de los actores. <strong>Es, a falta de otra palabra mejor, un lujo</strong>. Uno que cuesta despreciar incluso si queremos caer en las trampas retóricas de la película, o nos esforzamos en otorgarle una mayor pretenciosidad de la que esta reclama realmente para sí. Por mucho que referencie a Foucault o a <em>La Odisea</em>, por muy listillos que sean los personajes, la película no comete el error de que una visión totalizadora arramble con su discurso.</p><p>Tampoco comete, digámoslo ya, el error de negar <strong>la existencia de una violencia sistémica, patriarcal e institucional contra las mujeres</strong>. Ni siquiera opone algún “pero”. Al margen, claro, de ese “pero” esencial, existente en las ficciones fuera de la órbita de la <strong>controversia prefabricada</strong>. Es el que matiza que un problema social no exime a las personas de ser egoístas y ridículas. <strong>Humanas, en definitiva</strong>. Seres confusos y complejos, cuyo caos no cabe en un panóptico.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Oct 2025 04:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Luca Guadagnino y Julia Roberts recurren al MeToo en 'Caza de Brujas' para reírse del narcisismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Denme mayúsculas más grandes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/denme-mayusculas-grandes_129_2070091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Denme mayúsculas más grandes"></p><p>El nuevo <em>Superman</em> (2025), de James Gunn, vuela mejor que sus predecesores pero es difícil darse cuenta porque, como en todas las películas contemporáneas de superhéroes, quizá con la excepción de<em> The Batman</em> (2022), de Matt Reeves, hay decenas de personajes que vuelan y el mundo que nos presenta está lleno de <strong>brechas dimensionales, </strong>agujeros negros, superarmaduras voladoras, objetos mágicos, metahumanos superpoderosos y extraterrestres que lanzan rayos. Haciendo memoria, la primera gran superproducción del género, <em>Superman </em>(1978), de Richard Donner, se presentó al mundo con un eslogan muy simple y que aludía a la promesa del prodigio: “Creerás que un hombre puede volar”. <strong>Era una promesa mínima y descomunal, </strong>y la película la cumplía. Había un único prodigio y todo lo demás era cotidiano —la vida en Kansas, el incesante trasiego de taxis de Metrópolis, Lois fumando y cometiendo horribles faltas de ortografía, Clark Kent tropezando en la redacción o en el ingente tráfico humano de las aceras…—, de modo que<strong> el milagro brillaba por su contraste brutal con lo común. </strong></p><p>Hoy en el género se multiplican los prodigios hasta la banalización: saltos temporales, multiversos, dioses nórdicos, alienígenas, clones, universos infinitesimales, naves de dimensiones colosales... La maravilla ya no es excepción, es paisaje, <strong>lo extraordinario es lo común </strong>y por tanto el prodigio es vulgar. Dicho de otro modo, el prodigio deja de existir como tal porque es rutina. Se obstará que la causa de esta hipertrofia es la posibilidad técnica, es decir, <strong>la digitalización del truco, </strong>pero también entre efectos digitales se pueden trabajar las proporciones para fijar la atención en aquello a lo que se le quiere dar dimensión, como veíamos en el uso del rotoscopio para crear el llamado <em>bullet time</em> (“tiempo de bala”) en <em>Matrix</em> (1999), de las hermanas Wachowski, o como demuestran las excepcionales coreografías de acción de los nuevos <em>Mad Max</em> del australiano George Miller.</p><p>Esta conversión de la hipérbole en rutina le ocurre al periodismo del presente, atado a los aspavientos de lo político. Entre los aforismos de esta ocupación menesterosa tan pródiga en ellos, es conocido uno que señala que “noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que uno hombre muerda a un perro”. A simple vista, <strong>la afirmación parece incontestable, </strong>pero nos remite a un debate de otro tipo relacionado con lo que tiene que ser un medio de comunicación. Porque en aplicación del aforismo, todos los medios serían como aquel célebre <em>Mundo insólito</em>, que giraba en torno a animales de varias cabezas, abducciones extraterrestres y asesinatos truculentos. Y sin embargo,<strong> los medios no son así</strong> —al menos, no la mayoría— sino que están comprometidos con trasladar un <strong>relato cabal sobre el mundo realmente existente, </strong>jerarquizado y con sentido de la proporción y la gravedad. </p><p>Las dialécticas normales de la política se empezaron a romper en España tras la derrota del Partido Popular en 2004 y de la mano de sus rimbombancias y exageraciones solemnes, la enmienda a la totalidad del adversario se convirtió en moneda de uso común. <strong>Pero el lenguaje tiene una flexibilidad limitada, </strong>y a partir de determinado punto de exageración no hay forma de incrementar la presión que no sea el descarrilamiento democrático o la comedia bufa. O, como vemos en Estados Unidos, las dos cosas a la vez.</p><p>Hay una razón profunda, de época, para que esto pase: <strong>habitamos una época barroca. </strong>El barroco fue quizá la primera vez en que la estética se articuló como política <em>a priori, </em>es decir, de forma consciente, reflexionada y con un objetivo no general sino específico. Tras el trauma que supuso la Reforma –una<strong> crisis de raíz democrática</strong> porque se cuestionó la autoridad de la curia para leer e interpretar los textos sagrados del cristianismo–, la Iglesia católica y las monarquías buscaban reforzar poder y legitimidad. </p><p>Se trataba de poner toda la carne en el asador de la estética para aturdir, emocionar y envolver al fiel en un espectáculo sensorial que anulase la duda y reforzase la fe. <strong>Mostrar la magnificencia de Dios y del monarca mediante lo abrumador: </strong>si el altar era tan desbordante, lo sagrado, el santo contenido en él, debía ser incontestable. No era solo arte, era propaganda en un sentido fuerte, que buscaba la persuasión y la disciplina con el objeto de ordenar la experiencia colectiva. En contra de lo que propugnaban los reformistas, <strong>lo sagrado no era accesible</strong> ni legible por el plebeyo y el exceso visual en torno a ello funcionaba como dispositivo de poder, impidiendo contemplar lo esencial con claridad, pero transmitiendo de forma inequívoca el mensaje de jurisdicción y muchedumbre de avíos.</p><p>Sin embargo, para un ojo educado es imposible no apreciar desde la distancia que el barroco significaba también la <strong>negación de lo extraordinario. </strong>Porque las volutas, columnas, arcos y querubines de pan de oro de los retablos asfixiaban a las figuras de la divinidad antes que subrayarlas: un Cristo malherido y con un taparrabos —como vemos cada año en las procesiones de Semana Santa— no puede competir con mil velones, quinientas flores y un palio de filigrana sin perder todo significado. <strong>El asombro se apoya en la proporción, la mesura y la razón. </strong>Sin ellos, lo asombroso solo es abrumador, como una de aquellas portadas del semanario amarillo <em>Mundo insólito</em>, que, por supuesto, además eran una colección de mentiras. La Ilustración devolvería a lo formal<strong> las dimensiones humanas, </strong>antes de que los ademanes románticos y nacionalistas devolvieran el colosalismo a un mundo fabricado para legitimar imperios en crisis. Y así, en unas pocas líneas hemos liquidado varias centurias, pues<strong> lo somero, </strong>ya se ha dicho aquí, es <strong>condición del periodismo.</strong></p><p>En el periodismo de esta era neobarroca, como en el devaluado cine superheroico, los escándalos tapan a los escándalos, los lodazales a los lodazales, y los grandes finales se suceden unos a otros como en una película o una sinfonía que no sabe cerrar su propio discurso, porque todo ha perdido la proporción. <strong>El consumidor de periodismo no se conmueve, </strong>solo se hastía, proceso inmediatamente anterior a la <strong>renuncia.</strong></p><p><strong>Lo tremendo no necesita de subrayados </strong>porque se explica solo. Lo saben los buenos periodistas de sucesos: cuanto más truculento, trágico o arrasador es un acontecimiento, un accidente o un crimen, menos adjetivación requiere su crónica. A lo que habla por sí mismo no se le ponen intérpretes. Pero la sucesión de lo tremebundo solo genera estrés colectivo. Si al “mayor caso de corrupción de la democracia” lo sigue la “mayor crisis económica”, la “peor catástrofe natural”, “el escándalo definitivo”, “las palabras más infames”..., <strong>el ciudadano vive en estado de alarma permanente, </strong>atrapado en un bucle de urgencias. Y este presente de pandemias, eventos climáticos catastróficos y colapso del orden mundial multilateral, no necesita que unas filtraciones a la prensa o unos comisionistas ministeriales, tan habituales y ordinarios como que el sol salga cada día, reciban el mismo tratamiento que un <strong>genocidio </strong>que marcará para siempre el destino de una región del mundo. </p><p>Si se sustituye la maravilla o la conmoción por <strong>el agotamiento,</strong> se alumbra una sociedad que ya no distinga lo grave de lo accesorio y que se deslice hacia<strong> la agonía informativa, </strong>incapaz de ordenar prioridades y al borde de abdicar al unísono del periodismo y de la política, pilares que sostienen en un equilibrio siempre precario a la civilización democrática. </p><p>El periodismo debería <strong>devolver al público un suelo de normalidad,</strong> base de la proporción y la gravedad de cuanto nos ocurre, como Superman necesita un Clark Kent incapaz de subirse a un ascensor siempre atestado para que volar aún signifique algo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Sep 2025 17:25:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Denme mayúsculas más grandes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodismo,Periodistas,Ética periodística,Debate del periodismo,Cine,Películas,Cultura]]></media:keywords>
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