El cine español está vivo y coleando

Daniel Monzón

Lo mejor del cine hecho en España es que cada año ocurren cosas. De todo tipo. Está vivo. Y coleando. Desde luego que no todas son buenas, algunas son malas, otra reprobables pero, por una vez, y porque me apetece, voy a enumerar las buenas, por ver qué pasa.

Ha habido películas que no sólo han hecho frente en la taquilla a las grandes producciones internacionales sino que, en algunos casos, las han noqueado. De nuevo, la lista de grandes éxitos de este año vuelve a estar encabezada por un título español, Ocho apellidos catalanes con una cantidad de espectadores que marea. Junto a ella, Atrapa la bandera, Perdiendo el norte, Ahora o nunca, Regresión, han sido también enormes taquillazos, a los que se suma Palmeras en la nieve; y en otra medida pero igualmente bendecidas por los espectadores, películas tan interesantes, heterogéneas y personales como El desconocido, Truman, Mi gran noche, Anacleto, agente secreto, Un día perfecto, Extintion, Felices 140 o Las ovejas no pierden el tren, éxitos todos necesarios para la salud de una industria que requiere encontrar su público y poder generar así otras propuestas nacidas con vocación de cine íntimo, libre, poético, combativo o directamente experimental con ejemplos tan inspirados como Los exiliados románticos, La academia de las musas, B, Negociador, Isla bonita, El apóstata, El camino más largo para volver a casa o Un día perfecte per volar. Asimismo, ha surgido una extraordinaria cantera de nuevos directores con películas estupendas como las de Daniel Guzmán, Dani de la Torre, Zoe Berriatúa, Leticia Dolera, Asier Altuna, Sergi Pérez, Juan Miguel del Castillo, Peris Romano... que también, por cierto, han conocido en su conjunto una respuesta más que aceptable por parte del público.

Si el año pasado llamó la atención el cine hecho en Andalucía, este año lo hace que en Aragón coincidan gentes como Paula Ortiz y sus 12 nominaciones al Goya por La novia; el sonoro éxito local de Bendita calamidad; la revelación de un joven talento como Javier Macipe, también nominado al Goya por el excelente corto Os meninos do rio y con un largo (Los inconvenientes de no ser dios) a sus espaldas, la reivindicación de la veterana actriz Luisa Gavasa, o el rodaje en Zaragoza de Nuestros amantes, de Miguel Ángel Lamata, confirmando que en todas las partes de la Península aguarda agazapada la pasión por hacer cine.

Nuevas propuestas

Un grupo de grandes cineastas, con nombres capitales, ha regresado con nuevas propuestas, demostrando que todos ellos siguen vivos, buscando, luchando, hallando, palpitando, irreductibles, incombustibles, generando controversia, como Julio Medem, Isabel Coixet, Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Fernando León, Agustí Villaronga, Fernando Colomo, Carlos Saura, Juanma Bajo Ulloa, José Luis Guerín, Imanol Uribe... Y otros cineastas de la talla de Pedro AlmodóvarPedro Almodóvar, J. A. Bayona, Alberto Rodríguez o Icíar Bollaín han rodado este año películas que se convertirán en inminentes acontecimientos. También han rodado por primera vez otros muchos cuyos nombres no nos suenan aún (entre los que yo tengo especial interés por el de Pepón Martínez Montero y su Los del túnel).

El cine documental ha generado obras tan distintas y atractivas como Boxing for freedom, O futebol, Un día vi 10.000 elefantes, I am your father, La vida en llamas, The propaganda game o Zonda… Ha habido coproducciones tan complejas como El clan, Extintion, Nadie quiere la noche, No llores, vuela… Se han sucedido con éxito los festivales de San Sebastián (cuyos premios de interpretación masculina y femenina han recaído en películas españolas), y los de Málaga, Sitges, Sevilla, Valladolid, Gijón, Cinema Jove, Las Palmas... cuyos públicos demuestran una fidelidad arrolladora año tras año, que los han convertido justamente en acontecimientos culturales asentados y relevantes. Sin olvidarnos de los premios Goya, que tuvieron una audiencia extraordinaria. Y los premios Forqué, y los Feroz, y los Fotogramas, y los Gaudí, y los Mestre Mateo, y los CEC, y los Sant Jordi… y una plétora de certámenes, festivales o semanas de cine que pueblan toda la Península y las islas y que suman largos años de existencia, edición tras edición, manteniéndose vivos gracias al apoyo de la gente y al empuje de una impetuosa legión de cortometrajistas que pugna con vehemencia por brotar y destacar, como ha de ser. Hay festivales de cortos que son ya auténticas instituciones, alguno sirve de trampolín para la nominación al Óscar, y los hay en Internet abiertos a todo el mundo, como el legendario Notodofilmfest, cuna de los más variados cineastas.

También en la red surgen cada día infinidad de blogs y páginas desde las que multitud de aficionados al cine desean compartir su pasión a través de esforzadas webs cinematográficas, cada vez más cuidadas, cada vez más leídas, que se suman a la variada publicación de revistas españolas dedicadas al cine, algunas tan veteranas como la mítica Fotogramas o Dirigido por, acompañadas de otras tantas, no son pocas, que siguen en la brecha.

Varias, y variadas, películas españolas han conocido durante todo este año pasado auténticos récords de audiencia en sus emisiones televisivas, y un ciclo que reúne clásicos del cine hecho en España alcanza las cotas de mayor audiencia de La 2 de TVE. En La 2 permanece, por otra parte, el programa Días de cine tras muchos años de existencia. Y también dentro del marco televisivo, son las series españolas las preferidas por la gente, muy por encima de cualquier otra serie foránea…

Bueno, ya vale. Esta es sólo una atropellada e incompleta enumeración de hechos y datos relacionados con el cine en España escrita de carrerilla, pero que demuestra que, en efecto, en el pasado 2015, como decía al principio, han sucedido muchas cosas y bastantes son buenas. Una relación que no pretende ser una loa ingenua, parcial y triunfalista, sino sencillamente mirar el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Sobre todo, porque es innegable que contiene una nada desdeñable cantidad de líquido...

Dicho sin ánimo de adoctrinar a nadie como no sea a mí mismo, quizá no sería mala cosa mirar lo bueno de vez en cuando y sentirse parte de ello. No hay necesidad de pasarse al chauvinismo pero quizá sí apartar por un rato esa actitud tan destructiva que tiende a mirar con desprecio lo propio, incluso cuando nos va la supervivencia en ello… Por supuesto, ha habido también sombras en este año 2015, y mareas, vergüenzas y dificultades, como las hay en cualquier otra industria o profesión.

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Pero si existe algo consustancial al hecho mismo de hacer cine o de intentar hacerlo, es que nunca puedes soslayar la lucha contra los molinos de viento. La eterna, agónica batalla forma parte del espíritu creativo, y puede que aún más del español. Por eso quizá sigue vivo. Y coleando. Mirad si no la lista, no dejan de pasar cosas…

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Daniel Monzón es director y guionista. Su última película es 'El niño'.

Lo mejor del cine hecho en España es que cada año ocurren cosas. De todo tipo. Está vivo. Y coleando. Desde luego que no todas son buenas, algunas son malas, otra reprobables pero, por una vez, y porque me apetece, voy a enumerar las buenas, por ver qué pasa.

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