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‘Dos Macondos y un brindis por el Gabo’

Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, en diciembre de 2010

Joaquín Sabina

Para la Gaba

1.

Se nos murió Macondo, ese planeta

poblado de fantasmas caribeños,

tan jondos, tan nosotros, tan profetas,

tan Buendías, tan Barchas, tan costeños.

Una flor amarilla en la chaqueta,

la pluma en el bolsillo y en el ceño

fruncido la sonrisa y el empeño

de robarles la musa a los poetas.

Cien años y tan joven, soledad,

la mentira es más fiel que la verdad

y se conserva virgen como un lirio.

Aracataca baila, bebe y llora

desafinando al filo de la aurora

su de profundis triste como un cirio.

2.

Compartimos el zumo de la vida,

naufragamos en islas imposibles,

fundimos tantas noches los fusibles

en los tiempos del cólera y el sida.

Cada canción era su preferida,

cada hasta luego un siempre irrepetible,

cada abrazo un quizás y un imperdible

para endulzar amargas despedidas.

En plena primavera el crudo invierno

se coló de rondón en la maleza

nombrándome viudo, cuate, yerno.

De luto están mi alma y mi pereza,

de luto mi bombín y mi cuaderno,

viva el Gabo, perdonen la tristeza.

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Brindo por Medellín, por Guanajuato,

Isla Negra, Macondo, Guatemala,

Región, Santa María, Chiapas, Comala,

la rumba, el son, la cumbia, el vallenato.

Gabo periodista: la escuela de un Nobel

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