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Salvador Macip: "Si algo puede salvar el mundo es la ciencia"

El médico e investigador Salvador Macip.

Jordi Pacheco

Tras completar sus estudios de Medicina y doctorarse en Genética Molecular y Fisiología Humana en la Universidad de Barcelona, Salvador Macip (1970) puso rumbo a Nueva York en 1988 para realizar estudios posdoctorales vinculados con la investigación oncológica. Diez años más tarde, en 2008, cruzó de nuevo el Atlántico para dirigir un laboratorio sobre cáncer y envejecimiento en la Universidad de Leicester (Reino Unido). Lo que al principio iban a ser un par de años lejos de casa, se han acabado convirtiendo en 22. Escritor prolífico de novelas, cuentos infantiles y obras de divulgación científica, Macip es hoy uno de los más destacados investigadores españoles residentes en el exterior, aunque siempre se ha sentido profundamente vinculado a Blanes, Girona, su pueblo natal. 

Obras suyas como Las grandes plagas modernas, Enemigos microscópicos o, la más reciente, Las grandes epidemias modernas (Destino, 2020) han generado un gran interés tras la irrupción del covid-19. Hace ya tiempo que nos viene advirtiendo de la posibilidad de llegar a la situación actual.Las grandes plagas modernasEnemigos microscópicos Las grandes epidemias modernas 

Cuando escribí Las grandes plagas modernas lo hice porque consideraba que había un gran desconocimiento en relación con los microbios, los microorganismos y el mundo microscópico en general. Es un tema que siempre me ha gustado mucho y en aquella época estaba haciendo experimentos sobre él en Nueva York, de modo que propuse a los editores la idea del libro y me dieron el visto bueno. Cuando me encontraba en mitad del proceso de escritura, apareció la gripe de 2009 y me encontré escribiendo en medio de una situación que en el prólogo de aquella obra ya había anticipado. Acabé el libro diciendo que, aunque aquella pandemia nos había cogido por sorpresa, teníamos que prepararnos para poder responder mejor ante otras que vendrían en el futuro. 

Han pasado 10 años desde entonces y parece ser que no se ha tenido en cuenta esa recomendación.

No se ha hecho gran cosa en todo este tiempo, y eso que no soy el único que ha advertido sobre esto. Todos los expertos dirán lo mismo: los virus están cambiando constantemente y la posibilidad de que haya una pandemia siempre existe. Creemos que tenemos controladas las enfermedades infecciosas por el hecho de poseer antibióticos y vacunas, y aunque eso nos permite, obviamente, habernos librado de muchas enfermedades, también da la falsa sensación de que ya está todo solucionado, de que los microbios no representan un problema. Por eso, una de las motivaciones al escribir Las grandes plagas modernas era hablar de esas cuatro grandes pandemias actuales (sida, malaria, gripe y tuberculosis) que causan un gran número de muertes cada año en todo el mundo. Hay que estar en alerta, ya que no tenemos ni tendremos nunca los microbios controlados y son miles de millones compartiendo con nosotros el planeta. Así que hemos de ser conscientes de ello y estar preparados para cuando alguno nos cree problemas.

Ahora se habla mucho del cine distópico. Los creadores de este tipo de películas deben escuchar con más atención la voz de los científicos, ya que, tal como usted ha dicho, es el cine el que imita a la realidad y no al revés. 

Sí, de hecho es curioso porque ha habido dos películas que han recreado ya esta situación: Estallido (1995) y Contagio (2011). Aunque ambas están aderezadas, como es lógico, con un toque de espectáculo y exageración, son buenos ejemplos de cómo Hollywood puede aprovechar la información científica para hacer divulgación, ya que las dos alertaban de lo que estamos viviendo ahora. Estallido se centra más en ciertos tipos de virus que, como en el caso del ébola, suelen generar brotes más localizados y no tanto pandemias; son virus muy agresivos y no dan apenas tiempo a reaccionar. Lo que muestra esta película es seguramente muy parecido a lo que se debió de vivir en África casi 20 años después con el brote del ébola. En el caso de Contagio, creo que es un reflejo bastante exacto de cómo podría ser la situación actual si el virus fuese más agresivo. No es probable, pero existen posibilidades de que algún día aparezca un virus tan letal como el que muestra esa película. Steven Soderbergh contó que la idea de rodar Contagio le vino cuando se dio cuenta de que existía la posibilidad de que pasara algo similar. 

¿Cómo se siente la comunidad científica en estos momentos de incertidumbre? Da la impresión de que hay mucha ansiedad por dar con la vacuna lo antes posible.

Hay mucha presión y es lógico que así sea, aunque la ciencia necesita tiempo y normalmente no trabaja bajo presión. La ciencia es lenta porque cuando se obtiene un resultado hay que estar muy seguro de él. Hasta que no se dispone de la totalidad de los datos, todo son dudas e hipótesis. Y ahora estamos en esa fase en la cual todavía hay más interrogantes que respuestas. Se está trabajando mucho y lo cierto es que ha sido muy bonito ver cómo la comunidad científica se ha puesto de acuerdo para hacer frente común a este problema. Esto ha generado avances muy importantes a todos los niveles, pero al final no se puede ir más rápido: para encontrar una vacuna es necesario un periodo de entre ocho y 16 meses de promedio, si todo va bien. Es verdad que los científicos nos hemos visto súbitamente situados en el centro de todas las miradas, y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados. Los medios de comunicación nos requieren más que nunca y eso es bueno porque nos da la posibilidad de explicar lo que se está haciendo. Sin embargo, existe una contrapartida que es la presión social: se espera de nosotros que seamos capaces de sacar a la sociedad de esta situación y que, por tanto, nos espabilemos para encontrar una solución lo antes posible. Y en esos estamos, aunque en estos momentos resulta normal que haya dudas y que cambiemos de opinión constantemente porque los datos con los que trabajamos son también cambiantes. Nosotros estamos acostumbrados a este proceso, pero la gente quizás no. 

Mucha gente cree que en la ciencia se encuentran todas las respuestas. Pero, ¿puede realmente la ciencia salvar al mundo?

Si algo puede salvar el mundo es la ciencia. La historia nos ha demostrado que gracias a las vacunas, los antibióticos y algunas mejoras en los sistemas de saneamiento de las ciudades, hemos multiplicado por dos la esperanza de vida con respecto a los inicios del siglo XX. Hay ejemplos de sobra que demuestran que la ciencia puede solucionar una gran cantidad de problemas. A lo largo del tiempo hemos sido capaces de solucionar pandemias como la viruela, el sarampión o la poliomielitis, que son enfermedades de las que nadie se acuerda ya, pero aún existen, son reales, los virus siguen aquí: estamos protegidos contra ellos porque tenemos vacunas. Si desaparecieran de golpe todas las vacunas, en un par de generaciones habríamos perdido toda la inmunidad y tendríamos de nuevo pandemias como las que se vivieron en otros tiempos. Así que si en el pasado hemos podido controlar ese tipo de situaciones, en esta ocasión también lo conseguiremos. 

Y una vez que se disponga de una vacuna, ¿cree que podrá beneficiarse de ella el conjunto de la población mundial o solo aquellos que se lo puedan permitir?vacuna

Pasará lo que pasa con todos los fármacos; al principio no habrá suficientes vacunas para todos, porque aunque se intentarán producir tan rápido como sea posible, los límites de producción son los que son. Será una cuestión de prioridades: habrá países ricos que pagarán más dinero y podrán obtener las primeras dosis en cuestión de dos semanas y otros que quizás no la tendrán nunca. Y en este sentido, en estos momentos está pasando algo muy grave: algunos países africanos, pese a tener dinero para comprar tests y otros recursos para hacer frente al coronavirus, no pueden hacerlo porque los países desarrollados se los quedan antes. Desgraciadamente, con la vacuna pasará lo mismo: se irá repartiendo por fases, en función de los niveles socioeconómicos de cada país. 

Después de esta experiencia, ¿cree que los Estados y las Administraciones serán más conscientes de la necesidad de destinar recursos a la ciencia? 

Eso remite un poco a lo que decíamos antes. En estos momentos se nos piden soluciones inmediatas y estas soluciones probablemente las tendríamos ya si durante las últimas décadas hubiéramos financiado las investigaciones necesarias. Cuando en 2002 hubo la primera epidemia provocada por el SARS coronavirus, que ocasionaba una enfermedad pulmonar severa, se empezaron a buscar fármacos y vacunas, pero la epidemia desapareció y la investigación se detuvo en seco. Todos los esfuerzos e inversión que se habían dedicado hasta ese momento quedaron en nada. Si se hubiera seguido trabajando para hallar una vacuna contra el SARS, que es un virus muy parecido al que tenemos ahora, tal vez ahora habríamos encontrado más rápido la nueva vacuna. En todo caso, quiero creer que las Administraciones aprenderán de esta experiencia. La crisis ha supuesto para el sistema un golpe lo suficientemente duro como para que nos demos cuenta de que la ciencia necesita atención, recursos y tiempo para trabajar. Quiero ser optimista y creer que los políticos sabrán verlo, pero lo cierto es que teniendo en cuenta la historia de la humanidad, tampoco sería de extrañar que cuando logremos quitarnos de encima la amenaza actual, la ciencia seguirá estando infrafinanciada como siempre lo ha estado. 

¿Hasta qué punto los Gobiernos pueden dejarse asesorar por los científicos en la tesitura actual, teniendo en cuenta las fuertes presiones socioeconómicas que existen por otra parte? 

Obviamente los Gobiernos piden opinión a los científicos, pero también tienen otros tipos de asesores; y viendo algunas de las decisiones que se han tomado, se nota que pesa más el factor económico que el científico o sanitario. Hasta cierto punto esto resulta comprensible, ya que los responsables políticos son los que tienen que tomar decisiones basándose en diferentes factores. Soy consciente que los científicos solo vemos una parte de la historia, pero creo que en ciertos momentos el factor económico ha pesado demasiado y los Gobiernos no han calibrado lo suficiente la gravedad del problema sanitario. Lo hemos visto en Reino Unido, cuando al principio de la crisis el presidente Boris Johnson decidió seguir adelante a ver qué pasaba y luego tuvo que cambiar de opinión con la rápida proliferación de contagios. Hacen falta buenos líderes que sepan valorar adecuadamente la importancia de cada uno de los factores y que en caso de emergencia tengan claro cuál es la prioridad. En este momento creo que los más importante es pensar en cómo salvar la máxima cantidad de vidas posible. Evidentemente esto supondrá un golpe económico importante y hay que poner en marcha un plan para paliarlo, pero lo primero es evitar que la gente muera. 

En las últimas semanas se ha hecho viral en las redes el doctor Iván Moreno, un médico internista del hospital de Valencia. Sostiene que los tratamientos contra el covid-19 están mejorando muy rápidamente y que pacientes que hace algunas semanas se consideraban insalvables ahora se están recuperando.

Desde el punto de vista científico, no me lo creo. En muchos hospitales, sobre todo en España, se están dando fármacos sin tener idea de los efectos que tienen. En el caso de la cloroquina, no hay ningún artículo que demuestre que tiene un efecto importante en la reducción de casos graves relacionados con el coronavirus. Quizás sí, pero aún no lo sabemos. Ha habido importantes discusiones en relación con el uso de este fármaco, ya que en Europa se está administrando sin ningún tipo de garantía. En un estudio científico se deben cumplir de manera estricta una serie de normas para saber si un determinado tratamiento funciona o no. Si a todos los pacientes de tu hospital les das la cloroquina, no sabes si realmente mejoran gracias a ella o si, por el contrario, mejoran espontáneamente. En todo caso, esto ya se está investigando y, aunque los primeros estudios dicen que no, es posible que al final se confirme que la cloroquina funciona. Pero lo que no se debe hacer en ningún caso es saltarse la etapa científica para hacer observaciones a título personal como están haciendo muchos médicos. Entiendo que están en primera línea y sufren mucho viendo cómo sus pacientes mueren sin que ellos puedan hacer nada. Es normal, es algo muy humano y probablemente yo tendría la tentación de hacer lo mismo si estuviera en su lugar.

Durante esta crisis también están circulado de manera imparable teorías conspirativas de todo tipo en relación con la pandemia. Esto ha llevado a compañías como Facebook, Youtube o Twitter a tomar medidas para frenar las falsas informaciones difundidas por los usuarios. ¿Qué consecuencias puede acarrear todo esto?falsas informaciones

En situaciones como la que vivimos hay que analizar seriamente el factor comunicativo. Cuando hablamos de pandemias o crisis sanitarias pensamos en la ciencia, en la medicina y en la política, pero también es muy importante la información. Hay que saber explicar a la población qué está pasando, sin asustarla ni tampoco esconderle nada, para evitar que la desinformación gane terreno y se generen más situaciones de riesgo. Que alguien como Donald Trump, presidente de uno de los países más poderosos del mundo, pueda salir a decir tonterías a su antojo, puede tener una influencia terrible. Por eso hace falta diseñar una estrategia de comunicación para que la información llegue al público de la forma más adecuada posible. Sobre todo porque para afrontar la situación con garantías resulta necesaria la implicación de la gente, y si no se les explica bien por qué hay que quedarse en casa, no lo hará. Y esto es peligroso, porque pronto volveremos a ver rebrotes si no hacemos caso a las indicaciones en materia de prevención.

Afirma que la creación de un organismo central que pudiera planificar los protocolos con todos los países y que estuviera asesorado por los mejores expertos sería la manera más racional de enfrentarse a estas crisis. ¿Cree que esto es factible?

Eso sería lo ideal y lo que me hubiera gustado. Si es posible o no, ya es otra historia. Me gustaría creer que podríamos llegar a algo así aunque fuera de un modo imperfecto. La OMS (Organización Mundial de la Salud) intenta ser eso, y es un organismo que tiene muchos fallos, problemas y soporta muchas presiones políticas. Habría que intentar hacerlo mejor y conseguir organizarse de la forma más consensuada posible para disponer de un grupo de expertos que puedan planificar la salida de una pandemia en caso de que se produzca. 

¿Cree que esta experiencia cambiará nuestro estilo de vida? Puede que a partir de ahora nos lo pensemos dos veces antes de subir a un avión o ir a lugares masificados. 

Creo que cuando esto pase volveremos a hacer vida normal en todos los sentidos. Nuestro estilo de vida actual se basa demasiado en la movilidad: viajamos para participar en congresos, para hacer turismo, exportamos e importamos mercancías constantemente por todo el planeta. Podemos discutir la sostenibilidad de este estilo de vida, ya que genera una serie de problemas importantes desde el punto de vista de la contaminación y el medioambiente, pero dudo que el virus sea lo que nos haga cambiar nuestros hábitos. Cuando tengamos la vacuna y, si todo va bien, consigamos una buena inmunidad y podamos volver a la vida normal, la gente se olvidará rápidamente de este virus, que quedará como otros virus como el sarampión o la poliomielitis, de los cuales nadie habla, aunque existan a nuestro alrededor.

* Este artículo está publicado en el número de junio de tintaLibre, a la venta en quioscos. Puedes acceder a todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí o suscribirte aquí.aquí

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