John Wayne en 'El hombre tranquilo' o cualquiera de Billy Wilder, los papeles soñados de Carlos Bardem

Carlos Bardem en la Gala de los Goya 2020

The quiet man (El hombre tranquilo) es una película estadounidense costumbrista de 1952 que narra la idílica visión de un irlandés -Sean Thornton, interpretado por John Wayne- nacido en los Estados Unidos. El protagonista destaca por su carácter “tranquilo y pacífico”, además de su repentino interés por volver a sus raíces. Quizá por el carácter costumbrista e histórico de esta filmografía, Carlos Bardem no duda en elegir a Sean Thornton como uno de los papeles que le hubiese gustado interpretar, definiéndolo como “homérico”. 

No se trata de una mala elección, ya que la película ganó dos premios Óscar: al mejor director y a la mejor fotografía en color, además de obtener otras cinco candidaturas como mejor película, mejor guion, mejor actor de reparto -con Victor McLaglen-, mejor dirección artística y al mejor sonido. Y no contenta con eso, en el año 2013 fue considerada cultural, histórica y estéticamente significativa por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.  

Carlos Bardem, perteneciente a una amplia familia de actores y actrices, apareció por primera vez en la gran pantalla en 1996 con  Más que amor, frenesí, una película dirigida por su primo Miguel. Años más tarde, en 1999, su novela Muertes ejemplares se llevó una mención especial del jurado del Premio Nadal. A caballo entre la interpretación y la escritura -principalmente de carácter histórico debido a sus estudios, pues es graduado en Historia- , el madrileño ha sido nominado a los Goya en dos ocasiones por sus interpretaciones en Celda 211 como mejor actor secundario y por La Zona, como mejor actor revelación. En 2020 ganó el premio de Novela Histórica de la Semana Negra de Gijón, por su obra Mongo Blanco, narración biográfica de Pedro Blanco Fernández de Trava, personaje real nacido en Málaga que acabó convirtiéndose en uno de los más grandes negreros y esclavistas. 

Además, el pasado julio recibió el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón por su última obra El Asesino Inconformista. Esta narración gira en torno a la “indignación” ante la corrupción que todos los días está presente de alguna forma u otra, queriendo también poner el foco en “la impunidad”. Su personaje principal, el asesino, recibe el encargo de matar a una política corrupta. 

Por otro lado, cambiando de tercio -o no- y digno de mención, un personaje que le parece envidiable es el del señor Blanco en la película de El Buen Patrón. El protagonista, Julio Blanco, es un empresario local que ha hecho una gran fortuna con las básculas. Con un carácter carismático y cínico, aparentemente valora a sus trabajadores, pero que no duda en despedirlos en cuanto ve algo que no le agrada. Este personaje es interpretado por su hermano Javier Bardem, quien recibió el Goya a Mejor Actor hace unos meses. 

A Carlos le parece magnífico el papel de la estrella de la película de Aranoa: “Es trágicamente cómico, o cómicamente trágico. Es perfecto”. Además, lo destaca, sobre todo, por el trabajo que realizaron tanto el director, Fernando León de Aranoa, como Javier Bardem dándole “capas y capas”, señala a infoLibre. Y añade divertido: “El chaval que lo interpretó -su hermano- lo hizo muy bien, le auguro una buena carrera”. 

Tras este breve inciso al cine más actual y español, Carlos Bardem nos vuelve a trasladar a una época anterior. Concretamente, a los Estados Unidos de los años sesenta, con la película El apartamento, aunque en realidad confiesa que no quiere cerrarse a una obra concreta de Billy Wilder. “Ante un futuro incierto y distópico, lo mejor es recordar que el ser humano es capaz también de lo mejor: cualquier peli de Billy Wilder”, justifica.  

Algo parecido le ocurre con otro gran clásico, Cantando bajo la Lluvia, película que tiene su inspiración en todas las melodías de Broadway que se realizaron en Hollywood en los años veinte coincidiendo con la aparición del cine sonoro. Por ello, la define como “la feelgood movie por excellence”.  

Y es que no viene del todo mal recordar, de vez en cuando, uno de los puntos en común de ambas películas: la empatía como “puerta a la alegría” y siguiendo con las palabras de Bardem: “la bondad es la más inteligente y revolucionaria de las acciones”.

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