¿Cómo debería responder la UE ante la amenaza sobre Groenlandia? Ruth Ferrero-Turrión
La extrema derecha tiene un problema con los medios de comunicación, al menos con aquellos cuya misión es informar al público en nombre del interés general. No es nada nuevo, forma parte de su programa ideológico antidemocrático.
Sus esfuerzos por “normalizarse” solo ciegan a quienes quieren que así sea. Por eso, cuando resurgen sus abyectos métodos, no nos sorprende.
A Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional (RN), no le sentó bien que una de nuestras periodistas le hiciera preguntas el 12 de enero, durante su mal llamada "ruego a la prensa". Podría haber dado muestras de transparencia respondiendo a sus preguntas sobre las candidaturas problemáticas de su partido a las elecciones municipales: hemos identificado una docena de ellas señaladas por comentarios racistas, antisemitas u homófobos, o por su proximidad a grupúsculos radicales.
Pero ha preferido atacar a nuestro periódico, que en 2013 reveló el caso de los asistentes parlamentarios del Frente Nacional (FN) en el Parlamento Europeo, que en la actualidad hace que Marine Le Pen se juegue su futuro político ante los tribunales.
“¿Por qué contrataron al Sr. Meurice, que actuaba en La Main d'Or, el teatro de Dieudonné? ¿Y al Sr. Plenel, que apoya el terrorismo?”, espetó. El humorista, colaborador de Mediapart durante un año, ya explicó que actuó en algunas ocasiones en ese teatro sin conocer personalmente a Dieudonné (famoso humorista de extrema derecha y negacionista, ndt) y que asistió "como todo el mundo a su deriva antisemita”. En cuanto a nuestro cofundador (Edwy Plenel, ndt), que ya no dirige el periódico desde marzo de 2024, contrariamente a lo que insinúa Jordan Bardella, ha tenido ocasión de refutar firmemente el texto que se le reprocha, un artículo sobre los atentados de Múnich de 1972, publicado treinta y seis años antes de la creación de Mediapart.
Esta estrategia de distracción, ya utilizada el verano pasado para pasar por alto nuestras revelaciones sobre los escritos racistas, antisemitas y homófobos de la diputada RN Caroline Parmentier –gran artífice de la estrategia de “desdemonización” del partido–, funciona a pleno rendimiento: sus seguidores en redes sociales, en lugar de pedirle cuentas sobre las “ovejas negras”, transforman el ataque verbal de un hombre en un acoso masivo con insultos de todo tipo, entre los que se incluyen insultos discriminatorios contra nuestra periodista Samia Dechir.
Pero eso no es todo. Conocedor de Antonio Gramsci, pensador y militante comunista al que la extrema derecha ha plagiado descaradamente, el presidente del partido decide, unos días más tarde, relanzar la “batalla cultural”. Su obsesión antidemocrática le traiciona: el 18 de enero, publica un vídeo en el que asocia una imagen totalmente falsa de Edwy Plenel con su idea del terrorismo (un hombre haciendo muecas y con kufiya). Para que su estratagema resulte creíble, difunde un deepfake, es decir, un falso vídeo.
En democracia, las críticas, reguladas por la ley de libertad de prensa de 1881, son libres, y nos alegramos por ello cada día, tanto por los ciudadanos como por nosotros mismos. Pero la manipulación y la falsificación, mediante la inteligencia artificial (IA), por parte de un personaje público que aspira a los más altos cargos del Estado, para convertir a un periodista y, por extensión, a un medio de comunicación, en enemigo público, es intolerable.
Sabemos que estos ataques desleales, que condenamos firmemente, son pretextos para denigrar a Mediapart, un periódico independiente de todos los poderes que asume su papel de incomodar al orden establecido haciendo su trabajo de investigación para que los poderosos rindan cuentas
No nos engañemos: sabemos que estos ataques desleales, que condenamos firmemente, son pretextos para denigrar a Mediapart, un periódico independiente de todos los poderes que asume su papel de incomodar al orden establecido haciendo su trabajo de investigación para que los poderosos rindan cuentas. Cada vez que se nos persigue judicialmente, respondemos por nuestros escritos ante los tribunales. El FN y luego la RN han pinchado en hueso con nosotros y, en los últimos años, han preferido las invectivas a la justicia.
Nuestra misión de interés general es buscar la verdad de los hechos: lamentamos que un político elija deliberadamente la mentira, haciéndose eco de los métodos indecentes de la prensa de extrema derecha de los años 30.
”La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información sobre los hechos y si no son los hechos mismos los que se debaten”, escribe Hannah Arendt en "Verdad y política", publicado en The New Yorker en 1967. “Cuando ya no tenemos una prensa libre, puede pasar cualquier cosa. Lo que permite que haya una dictadura totalitaria o cualquier otra dictadura es que la gente no esté informada; ¿cómo puedes tener una opinión si no estás informado? Cuando todo el mundo te miente constantemente, el resultado no es que creas esas mentiras, sino que ya nadie cree en nada […]. Y un pueblo que ya no puede creer en nada […] se ve privado no solo de su capacidad de actuar, sino también de su capacidad de pensar y juzgar. Y con un pueblo así se puede hacer lo que se quiera”, continúa en una entrevista publicada por la New York Review of Books en 1978.
Gracias a sus suscriptores, Mediapart no teme a las intimidaciones: somos capaces de hacerles frente. Nuestra independencia es precisamente lo que nos permite criticar las noticias falsas, vengan de donde vengan. Pero, como ciudadanos, nos alarma la deriva trumpista de Jordan Bardella contra la prensa. A un año de las elecciones presidenciales, y cuando comienza la campaña para las elecciones municipales, abren el camino a una nueva era, la de todas las falsificaciones contra el derecho a saber. El enemigo ya no es la prensa, como sigue haciendo creer el presidente estadounidense, sino el pueblo, el que vota y el que se hace, a través de los periodistas, preguntas legítimas. Al menos en un régimen democrático.
[El equipo de infoLibre y TintaLibre se solidariza con Edwy Plenel y con la Redacción de Mediapart en la defensa de un periodismo independiente, con principios transparentes y ajeno a intereses partidistas o empresariales de ningún tipo].
Traducción de Miguel López
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