Vuelve el servicio militar (cultural) Miguel Lorente Acosta
El secretario general del PP de Madrid, Alfonso Serrano, se ha dirigido a las Nuevas Generaciones como si fueran reclutas y los ha llamado a la “batalla cultural”.
En la III Academia de la Juventud Madrileña, celebrada estos días pasados en San Lorenzo del Escorial, Alfonso Serrano ha dado un claro ejemplo de la estrategia de la derecha y la ultraderecha para refundar la cultura androcéntrica, y refiriéndose a las posiciones progresistas ha dicho literalmente: “Hay quien decide qué es una familia correcta; qué es un hombre, qué es una mujer; qué palabras están permitidas; qué bromas son delito y cuáles no; qué libros sobran; qué convenciones culturales se pueden hacer y cuáles no; qué tradiciones molestan y cuáles no; qué historia hay que borrar; qué es acoso y qué no lo es; quién es creíble y quién no lo es simplemente por su condición. Y a todo ello lo llaman progreso”.
Y continuó diciendo que “cuando se sale del guion llega el castigo, el señalamiento, la etiqueta, el linchamiento digital o la muerte civil”.
Con sus palabras, Alfonso Serrano demostró que el PP en verdad quiere “viejas generaciones”, no nuevas, que mantengan las ideas y valores de siempre, es decir, aquellas que las posiciones conservadoras han impuesto a lo largo de la historia. Pues justo lo que él critica es lo que hacen desde la derecha: decidir lo que es una familia correcta, como, por ejemplo, cuando en la ley que modificaba el Código Civil para que pudieran casarse las personas del mismo sexo, desde su partido no admitían que se hablara de “matrimonio” ni de “familia” en esas uniones; o las bromas que son delito y las que no, como ocurrió al colgar un muñeco de Vinicius Jr, que llevó a la condena de sus autores, pero no hubo condena alguna para quienes colgaron, apalearon y quemaron públicamente un muñeco de Pedro Sánchez; o qué libros sobran, como cuando PP y Vox mandaron retirar libros de contenido LGTBI de la biblioteca pública de Burriana (Castellón); o qué convenciones culturales se pueden hacer y cuáles no, como cuando encarcelaron a unos titiriteros diciendo que ensalzaban el terrorismo, o cuando persiguen a raperos como Pablo Hasel y Valtònik; o qué tradiciones molestan y cuáles no, como cuando la dictadura prohibió los carnavales y otras tradiciones; o qué historia hay que borrar, como la de las personas asesinadas por sus ideas y arrojadas a cunetas o fosas comunes; o qué es acoso y qué no, como negaban el de Nevenka Fernández; o quién es creíble y quién no lo es simplemente por su condición, como sucede con las mujeres, que ni siquiera investigan las denuncias que hacen por entender directamente que son falsas, o cuando resulta creíble que muchos hombres digan que estas denuncias son la mayoría en violencia de género, a pesar de que sólo suponen alrededor del 0,01%, según los datos oficiales de la FGE.
Los partidos de derechas se consideran tan dueños de la sociedad, que lo que ellos han impuesto desde sus ideas, valores y creencias lo presentan como neutral y natural, que es lo mismo que hacen con lo que debe aceptarse de cada persona según la condición que ellos asignan en razón de su sexo, su clase, su origen, su grupo étnico, su religión…
Los partidos de derechas se consideran tan dueños de la sociedad, que lo que ellos han impuesto desde sus ideas, valores y creencias lo presentan como neutral y natural
Y si ya de por sí esta situación es preocupante, tres elementos hacen especialmente graves las palabras de Alfonso Serrano:
Sí, Sr. Serrano, romper con el mandato conservador que ha impuesto la desigualdad y la injusticia social a lo largo de la historia es progreso. Lo mismo que fue progreso que las niñas fueran a la escuela en 1857, que las mujeres entraran en la universidad en 1910, que votaran en 1931… y tantos otros logros que en cada momento partidos como el suyo presentaban como un ataque y un desorden.
Los partidos progresistas deben entender que la política y la información actual tienen su centro en los elementos culturales, por eso un partido como Vox puede subir en cada una de las elecciones que se celebran sin hacer ni una sola propuesta política, solo mover emociones alrededor de los elementos culturales.
La refundación cultural androcéntrica está en marcha hace tiempo, y el hecho de que la ultraderecha mejore sus resultados en las elecciones significa que el proceso está teniendo éxito.
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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.
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