El gran reemplazo

I.- Me da la impresión de que una de las cuestiones centrales de la ideología ultrarreaccionaria o neofascista, que ha crecido y se ha extendido por EEUU y Europa, es esa melonada siniestra del Gran Reemplazo referida a los inmigrantes. No hay más que ver la política represiva de Trump, con rasgos similares a la de los nazis o a las posiciones de Le Pen/Bordella en Francia, Meloni en Italia y la Alternativa por Alemania. España no es una excepción y el partido Vox, representante de Trump en nuestro país, ha infectado al PP de su política antiinmigración. Denota una evidente hipocresía, base de toda falsedad, que adopten esta actitud países que se han construido, crecido y enriquecido gracias a los inmigrantes. ¿Qué son los EEUU sino una nación de emigrantes? ¿Acaso Trump, Melania, Rubio y todos los científicos, académicos, artistas, deportistas y trabajadores americanos son descendientes de los pueblos Sioux o Apaches que poblaban los EEUU? Se han olvidado de que el único Gran Reemplazo fue, precisamente, el genocidio que se cometió contra esas poblaciones originarias, parecido a otras situaciones de dominación colonial por parte de naciones europeas.

En el caso de Europa, aparte del expolio que supuso ese colonialismo, no se entiende su resurgir y su desarrollo, a partir de los años 50 —los famosos treinta gloriosos— sin la ola de emigrantes de los países del sur hacia los del norte. Qué rápido hemos olvidado a ese millón de españoles y españolas que, procedentes de la época franquista, tuvieron que huir de la miseria al igual que otros tantos italianos, portugueses, griegos o turcos hacia Alemania, Francia, los Países Bajos, Bélgica o Suiza. Unos conciudadanos que viajaban en trenes cochambrosos, con su maleta de madera sujeta con una cuerda y con un letrero colgado al cuello, donde indicaba su lugar de destino, pues no conocía ni el país ni el idioma. Por cierto, a trabajar como mulas y poder mandar parte de su salario –las famosas remesas— a sus familias que quedaban en la “madre patria”, y que los paniaguados de la dictadura pudieran presumir de que en España no había paro y se desarrollaba gracias a su genialidad y no a esas remesas y a lo que dejaban los turistas.

II.- Ahora, por lo visto, nos hemos hecho ricos y no nos gustan los emigrantes pobres, cuando todos los estudios serios fundados en datos, en la verdad verdadera y no en falsos relatos, inciden en que sin los inmigrantes la economía española se paralizaría, sería inviable, entre otras cosas la liga de futbol. ¿O es que alguien es tan ignorante o malvado que cree que los millones que han ido entrando en España o Europa vienen a delinquir? Vienen porque el capital, el trabajo y la riqueza están en Europa y porque en sus países no tienen donde caerse muertos. Y sobre todo porque las empresas los necesitan, ya que no encuentran trabajadores nativos que quieran ocupar ciertos empleos. Por cierto, ahora que el Gobierno ha tomado la acertada decisión de regularizar a unos 500.000 inmigrantes, que ya estaban trabajando en España, PP/Vox... y Musk han puesto el grito en el cielo afirmando que iba a producir un “efecto llamada”, el Gran Reemplazo y sandeces por el estilo. La razón de tal cabreo es otra muy diferente. Consiste en que las derechas prefieren a los “ilegales” o “irregulares” sin derechos, trabajando como esclavos, explotándolos sin límite y forrándose gracias a ellos. Los ilegales no son los inmigrantes, sino los empresarios que los emplean sin contrato, sin dar de alta en la Seguridad Social y con salarios de hambre. Además, es falso que la mayoría de los que vienen tengan otras costumbres, otras religiones, lenguas que vayan a atentar contra nuestra supuesta “identidad”, cuando la identidad más respetable es la de ser seres humanos. La inmensa mayoría tienen nuestros apellidos, nuestra lengua, nuestra cultura y, en muchos casos, la misma religión, quien la tenga.

¿Acaso Trump, Melania, Rubio y todos los científicos, académicos, artistas, deportistas y trabajadores americanos son descendientes de los pueblos Sioux o Apaches que poblaban los EEUU? Se han olvidado de que el único Gran Reemplazo fue, precisamente, el genocidio que se cometió contra esas poblaciones originarias

III.- En realidad, en este aspecto hemos ido hacia atrás. Recordaba estos días la Constitución de Cádiz de 1812, cuando en su art.1º dice: “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”, y en el 5º pone: “Son españoles todos los hombres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas y los hijos de estos”. Eso sí, ¡muy feminista no era!, aunque supongo que cuando habla de “hombres” e “hijos” se refiere igualmente a mujeres e hijas, teniendo en cuenta el lenguaje de la época.

Se habla mucho de la teoría del Gran Reemplazo —le grand remplacement— que puso de moda hace pocos años un tal Renaud Camus y luego popularizó Erik Zemmour en su libro El suicidio francés, unos buenos pájaros del pensamiento islamófobo y racista. Teorías que no son nuevas, pues ya a mediados del siglo XIX Gobineau escribió ese nefasto libro sobre la desigualdad de las razas humanas que influyó en todos los racistas posteriores, incluyendo a los nazis. Lo tremendo del caso es que, en la actualidad, al 67% de los franceses les preocupa este asunto, y en países como Suecia algunos autores relacionan el fenómeno con el aborto, la homosexualidad y la emigración en una mezcla explosiva. En España esta teoría también cuenta con abundantes partidarios en Vox y parte del PP.

IV.- En realidad, todo lo que rodea al tema de la inmigración está plagado de mentiras, bulos y falsedades sin cuento, con los que se ha construido un relato no fácil de combatir, que alimenta las posiciones neofascistas. Y no es fácil de destruir porque la inmensa mayoría de los medios de comunicación están en manos de las derechas, y no digamos las redes sociales, que controlan personajes como Musk y compañía. Así, se sostiene que los inmigrantes tensionan los servicios sociales como la sanidad, cuando en realidad es lo contrario. Un inmigrante legalizado que trabaja y está dado de alta contribuye a su sostenimiento, y además hacen menos uso de ella que los españoles al ser personas más jóvenes y, en general, más sanas. También se afirma que vienen a quitar el trabajo a los autóctonos, lo que es falso de toda falsedad. Está demostrado que vienen a ocupar los trabajos menos cualificados, sobre todo en la hostelería, los servicios del hogar, el comercio, el campo y la construcción, mientras los españoles de ambos sexos realizan labores más cualificadas y, lógicamente, con sueldos más altos. Otro de los bulos más socorridos es que crean inseguridad, pues son proclives a delinquir y a la agresión sexual. La verdad es que el inmigrante que trabaja y tiene los papeles en regla procura respetar más las leyes por la cuenta que le trae, y porque es el apoyo de los familiares que quedaron en los países de origen.

Otra cosa diferente es cuando a los menores se los tiene sin hacer nada, deambulando por las calles en vez de darles estudios o una buena formación profesional. Por el contrario, los que hacen inseguras ciertas zonas y delinquen a lo bestia, penetrando incluso en los aparatos del Estado, son las múltiples mafias de la droga, que están controladas por personal europeo —incluido español— con conexiones internacionales. Lo mismo podemos decir de ese mantra de que la inmigración ha encarecido el precio de la vivienda, cuando todos ellos viven hacinados en habitáculos diminutos y son víctimas de los grandes tenedores que campan a sus anchas en el mercado inmobiliario. Todo el mundo sabe que el precio de la vivienda ha crecido por el desmadre del alquiler vacacional, por la especulación con los pisos vacíos, por el desastre que significó la descalificación de las viviendas de protección oficial y por la desidia que ha existido a la hora de construir un parque público de viviendas sociales que no pudieran acabar en el mercado. Y como la mentira no tiene límites, las derechas afirman que la reciente regularización ha tenido por objeto modificar el censo electoral y que los agradecidos “regulados” voten al “diabólico” Sánchez, causante de todos los males sin mezcla de bien alguno, como decía el catecismo del Padre Ripalda, de nuestra infancia. Una acusación que refleja la ignorancia en estado puro.

Me preguntaban el otro día cómo se podía combatir un relato tan mendaz y demagógico-populista, que tanto daño hace a la verdad. Teniendo en cuenta quién controla los medios de comunicación y las redes sociales, sólo se me ocurría un remedio: estar presencialmente con la gente y explicar con datos y argumentos veraces la realidad de la cuestión. No confiar en la información burocrática o en el momento electoral, sino hacer una labor sistemática, articulada y capilar de explicación en todas partes. De lo contrario, el Gran Reemplazo va a consistir en la llegada al gobierno de la coyunda o coalición PP/Vox.

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Nicolás Sartorius es abogado y escritor. Su último libro: 'La Expansión de la Democracia' (Anagrama) 

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