Estados Unidos: la violencia como síntoma de una democracia en tensión Ruth Ferrero-Turrión
“El 29 de abril se celebra el Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones, instaurado en 2009 para promover el envejecimiento activo, la cohesión social y el entendimiento mutuo. Esta fecha fomenta el intercambio de experiencias y conocimientos entre mayores y jóvenes, derribando estereotipos de edad. Busca combatir estereotipos de edad, promover el envejecimiento activo y fortalecer la cohesión social mediante el intercambio de saberes. “
Este tipo de efemérides suelen pasar desapercibidas y no siempre cumplen con los objetivos planteados en su creación. Las razones por las cuales se produce esa invisibilidad no sólo provienen de la cantidad y calidad de la multitud de informaciones que recibimos día a día, sino de algunas orientaciones o de la relevancia que le otorguen las políticas públicas.
Por un lado, centrando las relaciones entre generaciones entre la vejez y la juventud, se reducen sus posibilidades en una sociedad cada vez más multigeneracional y multiétnica y, por otro, las generalizaciones del análisis generacional se distancian de las relaciones sociales de clase, en unas sociedades donde las desigualdades atentan contra el objetivo de la inclusión y la cohesión social. Con el agravante de dejar el intercambio en el seno de la familia, sin incluirlo en las políticas públicas, en algunos casos.
Derribar los estereotipos de edad es un objetivo relevante, pero si todo se basa en la relación entre generaciones y limitada a longevidad–juventud, se transforma en un ocultamiento de los orígenes de muchas desigualdades. La brecha de género tiene diferentes modalidades en las distintas generaciones y superarla implica combatir prejuicios o estereotipos culturales originados en las estructuras de poder patriarcal. Las mujeres pobres, sean jóvenes o mayores, sufren las consecuencias de la ausencia de independencia económica o la escasez de los recursos de los servicios sociales. Todas pasan por situaciones laborales discriminatorias que existen en todas las generaciones, aunque se haya conseguido mejorar con respecto a las barbaridades que soportaban en el pasado.
La solidaridad y la cooperación entre generaciones es un objetivo fundamental para neutralizar políticas que fomentan el individualismo
En nuestro país aparecen desigualdades en los niveles de estudios en función de las generaciones, pero no son sólo generacionales sino producidas por los orígenes de clase, que determinan el porcentaje de gente con estudios superiores en cada generación. Existe una progresiva elevación de los niveles educativos en la medida en que se desarrolla la escolarización universal, pero lo más habitual es que se mantengan las inmensas diferencias entre quienes se quedan con la enseñanza obligatoria y quienes van a la universidad y mucho más si estudian en prestigiosas instituciones internacionales.
La solidaridad y la cooperación entre generaciones es un objetivo fundamental para neutralizar políticas que fomentan el individualismo o el inventado conflicto intergeneracional con las pensiones. No sólo como defensa de nuestro sistema público solidario sino como una meta para los valores democráticos, los intereses colectivos y la batalla contra la ideología del sálvese quien pueda, la privatización y la bajada de impuestos a favor del desmantelamiento del Estado del Bienestar. Música dominante en Madrid: “No hay conflicto intergeneracional: los que más aportan para sostener las pensiones públicas son los que están más cerca de la jubilación”.
“De hecho, un análisis de la distribución de las aportaciones por tramos de edad revela que los menores de 30 años aportan el 14% del total de lo que ingresa la Seguridad Social por cotizaciones y que, por lo tanto, el 86% restante lo aportan los que tienen más de esa edad. Es un dato que no debería sorprender, ya que refleja el distinto peso que tienen las diferentes edades en el empleo. Lo que sí resulta más llamativo es que las personas mayores de 60 años aportan el doble en cotizaciones que los menores de 24 años.”
Siempre que se plantean acciones concretas de relaciones intergeneracionales, se basan en encuentros entre la infancia y la vejez o entre la juventud y las personas mayores de 65 años. En algunos temas, las distancias son inmensas por los cambios radicales que se han producido, si estamos en sociedades occidentales desarrolladas. No ocurre lo mismo en las culturas orientales, en las tribus africanas o las favelas brasileñas. No serán las mismas motivaciones ni las temáticas de intercambio que se proponen en las sociedades europeas, que, por otra parte, se piensan en clave muy poco multiétnica, marcando perfiles que no contemplan las diversidades culturales de nuestras sociedades.
En el Decálogo que plantea el CENIE en la Guía para la Intergeneracionalidad aparecen algunos señalamientos que vale la pena reseñar como orientaciones globales para las políticas públicas, en resumen:
1.- Por primera vez en la historia de la humanidad conviven no menos de cinco generaciones.
2.- Esas relaciones entre generaciones tienen que derivar en un verdadero ejercicio de aprendizaje.
3.- Los programas y proyectos intergeneracionales posibilitan experiencias de cooperación…vivencia conjunta y activa de conocimientos, habilidades, actitudes y valores.
4.- Una sociedad intergeneracional… se sustenta en la responsabilidad y el esfuerzo en común.
5 y 6.- La intergeneracionalidad pone a la ciudadanía en el núcleo de su acción… es el mejor antídoto contra el feroz individualismo que nos aísla… contra cualquier forma de discriminación.
7 y 8.- Sociedades basadas en la inclusión, la igualdad de derechos y deberes, … donde no se trata de uno que enseña y otros que reciben, sino en una mutualidad donde cada cual tiene obligaciones y se le reconocen sus logros.
En los dos últimos puntos se fijan unos ejes de las claves para las políticas públicas que están diseñadas con precisión en el 9:
“La intergeneracionalidad supone la puesta en marcha de una acción, prolongada y sostenible, fruto no sólo de la voluntad o el deseo, sino de una planificación rigurosa, de un proceso formativo e informativo constante, de una participación plena de todos sus participantes, incluido el imprescindible ejercicio de la medición y evaluación de los resultados. La intergeneracionalidad nunca es una labor individual y sí permanentemente compartida”.
Las actividades que suelen organizarse en algunas instituciones no cumplen ni por asomo estos requisitos. Aunque siempre resultan satisfactorias a sus participantes, no tienen los resultados esperados en las directivas europeas ni los objetivos de las entidades especializadas. Lo más relevante sería iniciar cualquier proyecto considerando la situación multigeneracional, multiétnica y con una perspectiva de clase. Siendo más efectivo tener en cuenta los principios de la justicia social y no sólo los intercambios superficiales para cubrir el expediente.
Si pensamos en términos de justicia social, la gran preocupación serán las desigualdades sociales, sobre todo económicas (el poder adquisitivo de las clases populares, el empleo precario, la vivienda, etc.), la atención a las diversidades culturales para evitar discriminaciones (religiosas, sexuales, ideológicas, étnicas, etc.) y los problemas de representación y participación política. En todos los casos, predominan las diferencias de clase que se combinan con la brecha de género, el edadismo, la discriminación por el nivel de estudios o la orientación sexual. En ningún caso puede ser eficaz enfocar las acciones o las políticas públicas con una línea unilateral, que atiende solamente a uno de los factores. Tampoco basando todo en las relaciones generacionales, aunque sea relevante considerar las posibilidades de desarrollo que pueden brindar.
Es positivo plantear la superación del aislamiento social en la longevidad
Bienvenida sea la preocupación y la propuesta de la Unión Europea por la solidaridad y la cooperación entre generaciones, mientras no sirva para crear falsas expectativas ni para justificar las exclusiones sociales. Es positivo plantear la superación del aislamiento social en la longevidad o la importancia del abandono del adanismo rampante, sobre todo en los liderazgos políticos.
Lo más habitual es la referencia a la construcción de conocimiento por el intercambio multigeneracional en el mundo académico, en la investigación científica y la innovación. También en la vida familiar, aunque va mermando su influencia por el tipo de vida vigente. Resulta menos común llevar ese intercambio a otros ámbitos sociales donde debería convertirse en una herramienta de intervención permanente.
El intercambio de saberes y experiencias, el reconocimiento mutuo y más aún la cooperación, son altamente productivos en cualquier circunstancia y en algunas temáticas más necesarios que nunca. No perdamos la esperanza de ver la comunicación multigeneracional funcionando para abordar las grandes dificultades a las que está sometida nuestra sociedad actual. Pero no la convirtamos en la receta mágica, que es la mejor forma de inducir el fracaso.
El escritor y periodista Martín Caparrós expresa de forma clarísima la crítica a la moda del análisis generacional, en el artículo “De generaciones”: “Da vergüenza tener que sostener que sigue habiendo clases, pese a los intentos de simular que no existen” (…) “Es difícil creer que un obrero de la construcción nacido en Cali en 2001, inmigrado a Alcobendas, tiene mucho en común con una banquerita nacida en Santander en el mismo 2001, a punto de terminar su tercer máster en Harvard”.
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Estella Acosta es orientadora y profesora asociada de la UAM, jubilada.
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