Tres razones por las que Feijóo no plantea una moción de censura Cristina Monge
PLAZA PÚBLICA
El desmontaje parece haber comenzado por arriba, por los grandes Estados. La acumulación de capital en sectores estratégicos se ha privatizado significativamente: industria armamentística, energía o infraestructuras de la comunicación y conectividad tienen ya nombre y apellidos. Y el vertiginoso desarrollo de las tecnologías ha sustituido a los medios convencionales de legitimación del poder: partidos, televisión, prensa, etc. Añadido a esta potencia, las nuevas fuerzas de la derecha, y las viejas recicladas, permiten convertir a las administraciones del Estado en instrumentos de extracción directa de beneficios, sin la enojosa tarea de elaborar leyes consensuadas, aguantar largas sesiones parlamentarias o argumentar y justificar opciones políticas. La derecha, con este viento a favor, ya no tiene que ruborizarse cuando miente. Sus elegidos aprenden rápido a hacerlo y, si tienen que asaltar el Congreso, lo hacen. Por cierto, las tecnologías de la llamada "información y comunicación" parecen haber dejado a los servicios de inteligencia del Estado para piezas de museo. Los medios tecnológicos globales del capital oscuro con flequillo claro sobrepasan con mucho no solo a las lanchas de la policía, sino a los propios servicios de inteligencia. No es su culpa, así funcionan las cosas. Porque, en esto, también la privatización ha dado un salto cualitativo. Las películas sobre el telón de acero, el espionaje ruso y demás romances suenan hoy como pasodobles en una fiesta de K-Pop.
Por ejemplo, hasta la administración Biden, la CIA funcionaba al estilo clásico, aunque con más tecnología. Pero los magnates de las Big Tech, de la industria armamentística, de la energía y de las finanzas, junto a Trump y familia, están concentrando más poder que cualquier servicio secreto. Sus reformas no están exentas de contradicciones y protestas cualificadas, pero siguen con la motosierra. La era Trump actúa: no pregunta, ni acuerda, ni debate, ni pierde el tiempo.
Cada vez tenemos más la impresión de que la seguridad y la inteligencia están más en manos de las grandes tecnológicas que de los Estados
España, sin ser una gran potencia, ha entrado en el juego global de manera ético-política, pero eso no es suficiente. Los gestos y chistes malos de Trump hay que tomarlos en serio. El hackeo, la intrusión en los recuentos electorales, la circulación secreta de información privilegiada, son su estilo. Ahí está el auge de la ultraderecha promovido desde su administración. La impresión no es mía, sino de los fiscales estadounidenses: Trump está amoldando los servicios de inteligencia a su medida. La intervención no es siempre directa, a lo Venezuela; también se hace lo que se puede desde los tenedores de redes. Se viraliza lo peor, se invisibiliza lo mejor, se estigmatizan los valores democráticos, se enfatiza la pasión, etc. Y cada vez tenemos más la impresión —hasta el papa la tiene— de que la seguridad y la inteligencia están más en manos de las grandes tecnológicas que de los Estados.
En el caso de Zapatero, se sabe, a través del propio auto, que la fuente inicial ha sido el HSI, y así lo recoge: "A través de los mecanismos de cooperación de los que dispone la Policía Nacional, la agencia de los Estados Unidos —Homeland Security Investigations (HSI)— ha puesto a disposición de dicha Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción la extracción telefónica de un dispositivo móvil perteneciente al investigado Rodolfo Reyes Rojas".
No se especifica si ha sido mediante comisión rogatoria, Europol/Interpol o cooperación directa —¿es esto normal?—; solo se dice que por "mecanismos de cooperación de los que dispone", y la fecha de entrega es el 14 de mayo de 2021, es decir, hace cinco años. Tampoco se conoce cuándo se hizo el volcado forense para comprobar la validez legal de los datos —¿es esto normal?—. Y al cabo de la temporada sale apuntando no a Reyes Rojas, sino a Zapatero. ¿Qué contienen esos informes? Lo desconozco. No soy un jurista atribulado con obligación de leer 4.000 folios en pocos días. Desconozco por qué unos mensajes de WhatsApp se filtran y otros no. Sea cual sea la magia, no suelen poner en cuestión poderes económicos duros, sino frágiles democracias y países en competencia, o rivales políticos en el huracán mediático.
Por cierto, la agencia HSI, durante este original mandato, ha sufrido la mayor reforma y ha adquirido más competencias que antes. Así lo explica ProPublica, una plataforma periodística en defensa de la transparencia informativa cuyo director es Paul Sagan: "Los planes de la administración, descritos en documentos internos y por funcionarios gubernamentales, reducirían el control de los fiscales federales sobre las investigaciones, transfiriendo las decisiones clave a una red de grupos de trabajo dirigidos conjuntamente por el FBI y el Servicio de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), el principal brazo investigador del Departamento de Seguridad Nacional (DHS)”. El HSI adquirió mayor relevancia en investigación de inteligencia criminal, finanzas internacionales, lavado de dinero y, curiosamente, las redes venezolanas de blanqueo de dinero, crimen organizado, finanzas, etc. Curioso que asuntos del país vecino, Venezuela, hayan sido asumidos, en gran parte, como domésticos. Zapatero, seguramente, en su actuación como mediador en ese país, dejó algún asunto en la sombra. Y es bueno, aunque quizá ingenuo, pensar que todo debe salir a la luz.
¿Qué sucederá pasado mañana si se cambia este Gobierno por la alternativa de los "libertarios" de la motosierra?
La democracia debe tener prioridad nacional, no ante engreídos patriotas y redomados racistas, sino a favor de la veracidad informativa. Es mejor esta que la libertad intoxicadora de la motosierra. Por eso, ante el desasosiego, quizá corresponda ahora destapar algunos de los antiguos misterios de la inteligencia estatal para dejar sin argumentos a los dueños de la seguridad global. Sus intentos desestabilizadores van a seguir por ese camino hasta conseguir la desregularización total: quitar legitimidad rastreando los secretos —mediación con otros países, por ejemplo— que esconden los Estados democráticos.
¿Los esconden? No sé. Yo, si tuviera esa responsabilidad y tuviera cerca a alguien de la Kitchen, no sé qué haría. Pero sí sé que hay que tener cuidado con quienes rompen todas las normas para no quedar desprotegido. Soy consciente de que esto es brutal, es apelar al oscuro secreto de Estado, pero qué hacer cuando los medios de penetración, interferencia y salvajismo institucional llegan a estos extremos por partidos que se llaman de Estado y pretenden gobernar. Como no estoy en el Gobierno ni ocupo altas responsabilidades, me puedo permitir esta opinión. Este disparate mío quizá sea evitable. Pensemos. ¿Debemos dejar caer, esta vez para siempre, la democracia que nos queda? No, no se asusten, no digo esto para que se infrinjan las normas de la comisión de secretos oficiales. Al contrario, deseo que se exponga públicamente aquello que se distorsiona y se convierte en arma contra quien preserva dignamente el secreto. No quiero un Estado con cloacas, pero tampoco con fontaneros, con perdón del oficio. Creo que todos deseamos un Estado con instituciones democráticas y transparentes. Quien se atreva a destapar toda la miseria escondida a un lado y a otro del espectro parlamentario será reconocido como el gran contribuidor a la democracia... o caerá achicharrado en la parrilla de las redes sociales y no sociales. Ese creo que es el dilema de Pedro Sánchez.
No van a cesar los ataques hasta que caiga. Pero ruego a quien lea esto que piense por un momento: ¿qué sucederá pasado mañana si se cambia este Gobierno por la alternativa de los "libertarios" de la motosierra? No me atrevo a imaginarlo, pero seguro que no sucede lo que algunos ingenuos o malintencionados piensan: que habrá grandes pactos de Estado con el PP y que Vox acabará cayendo en la orza del olvido. No, esto está claro que no sucederá. Pero si se levantara la alfombra, todos los que vivimos, por fortuna, en este país, creo que tendríamos la capacidad para encajar las cosas. Por favor, saquen ya todos los trapos sucios de una vez; el agua se está embarrando demasiado. Cuidado, que no suene a convocatoria: la legislatura debe acabar a su tiempo. Pero la información debe circular amplia y clara. Y, como dice el refrán, mejor una vez colorado que ciento amarillo.
PP y Vox forman un tándem coordinado. Ambos saben que es mejor mentir, lanzar bulos que argumentar. Saben chascarrillos, triquiñuelas y astucias de puesta en escena. Pero no tienen ni idea de lo demás. ¿Administración pública, Hacienda, impuestos, educación y sanidad? ¿Para qué? Mejor hacer negocio. Tampoco temen a la justicia, pues no solo por la puerta de atrás y no solo desde la Sala Segunda… si llegan a la Moncloa, esta vez pueden hacer maravillas. Sí, esta vez será diferente. La alternancia murió, pero la impunidad vivirá para siempre. Y, si pierden las elecciones, ahí está el ejemplo a seguir, revivido como preludio en manifestación. Y ahora, como mandato bíblico: "El que pueda hacer, que haga". Sí, padre, "haré todo lo posible por cambiar el Gobierno, y cuando digo todo, es todo". En fin, se me ocurre algo: o detener a Feijóo por amenazas directas al Gobierno legítimo, o dejar que asalten el Congreso porque el pueblo lo exige. Aunque, esta vez, los libertadores no sé si llevarán cuernos y adornos tribales o caballos jerezanos y bates de béisbol.
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Sergio Hinojosa es licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada y profesor de instituto.
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