Transhumanismo y la ilustración oscura

La visita del representante de Cristo en la tierra ha puesto sobre nuestras calles una afirmación que tiene que ver con la evolución de la espiritualidad entre los jóvenes. La dimensión de la fe ha estado permanentemente en nuestros televisores durante el desarrollo de cada uno de los actos de León XIV, una fe amparada por el cristianismo, pero también vinculada al mundo de las ideas y a la puesta en valor de demiurgos, noúmenos kantianos o genios malignos cartesianos. 

El espíritu de conquista de esa parte de la naturaleza humana ha puesto de manifiesto un incremento de la espiritualidad como componente fundamental de su desarrollo. Pero ¿es esta una manifestación del humanismo? ¿Podríamos hablar de un camino abierto hacia lo espiritual que aborde otra manera de ver el mundo? ¿Estamos en ese momento? Creo que no.

Hace unos días, Carlos Fernández Liria publicó un libro que viene a sumarse a la larga lista de literatura que aborda el transhumanismo como un elemento a tener en cuenta dentro de las nuevas políticas, tangencial a los nuevos desarrollos del capitalismo. Un transhumanismo que surge, fundamentalmente, de los oligarcas de Silicon Valley, pero que se extiende a los argumentos que construyen las políticas de la nueva era Trump. La idea es pensar que el hombre ha muerto, Nietzsche mediante, para configurar un nuevo tipo de humano que supere todos los defectos que aquejan al viejo (enfermedades, dolor, cansancio social, etc.). Eso supone un diseño trascendental que afecta no solo a lo que lo rodea, sino también a modificaciones dentro de las estructuras de ADN para generar “máquinas” preparadas para la nueva era y espacios donde ir sembrando el nuevo proyecto, entre otros la conocida ambición por conquistar Groenlandia o la idea de viajar a Marte.

Esto, que podría parecer una locura, viene insertado con el aval de los grandes dueños de las empresas tecnológicas, farmacéuticas y, por supuesto, con gobiernos poderosos que facilitan el proceso.

Lejos de las ideas conspiranoicas que podrían suponerse, los espacios se están creando, las infraestructuras están siendo validadas y las ideas, puestas en marcha. Existe una oligarquía tecnológica, amparada por Donald Trump y liderada por señores feudales como Peter Thiel o Elon Musk, que está desarrollando espacios para la creación de ese nuevo ser humano ajeno a las garantías sociales y al bien común, lo que Liria subraya como la ilustración oscura. 

La espiritualidad al servicio de lo humano que, como todos sabemos, es constitutivo de la forma de mirar al mundo que nos rodea, venga desde donde venga

Frente a esto, el concurso de la espiritualidad, o la demostración de sociedades libres, iguales y, sobre todo, ilustradas, propone un dique fundamental para contener los movimientos que este nuevo tecnofeudalismo está desarrollando. Una contestación desde el humanismo reafirmado para poner en tela de juicio los movimientos hacia adelante, aceleracionistas, con los que están comprometidos los señores de las grandes empresas tecnológicas.

Pararse a pensar en esto no obedece a ningún tipo de patología, sino que fundamenta un juicio crítico a cuanto venimos conociendo con conceptos como “nube”, “darkweb” o “network”. Toda esa ejemplaridad fomentada por el capitalismo de nuevo cuño, que no es más que el avance natural del desarrollo capitalista, está agujereando nuestro sistema de derecho y nuestra democracia. 

Con todo, los caminos que llevan a una cierta espiritualidad, pero también los que llevan a definir el humanismo y la ilustración, donde poner al ser humano en el centro del proceso evolutivo para fomentar sus valores reales, podrían ser una llamada de atención ante la fuerza de los productos surgidos del tecnofeudalismo ya existente.

No es que la religión salve de este viento fuerte que nos está llegando desde Silicon Valley, pero al menos nos hace mirar hacia adentro, al centro mismo de nuestras consciencias, allí donde el ser humano es fundamentalmente humano, para estructurar defensas necesarias en la lucha contra la aristocracia tecnológica.

La espiritualidad al servicio de lo humano que, como todos sabemos, es constitutivo de la forma de mirar al mundo que nos rodea, venga desde donde venga, la fomente quien la fomente, para aclimatar el futuro a nuestras exigencias ciudadanas, a la defensa de nuestras democracias y a la protección de un humanismo profundamente humano. 

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Javier Lorenzo Candel es poeta.

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