Accidente ferroviario

Iryo, una compañía bajo control de Trenitalia

Un tren Iryo estacionado en el andén de una estación española.

Iryo es la marca comercial de ILSA (Intermodalidad de Levante SA), una operadora nacida al calor de las directrices europeas del Cuarto Paquete Ferroviario, que obligaron a abrir a la competencia la red de alta velocidad. Su aparición simbolizó el paso de un sistema monopolístico a un mercado en el que confluyen empresas públicas extranjeras y grandes fondos de inversión internacionales sobre una infraestructura que sigue siendo de titularidad pública.

Aunque su presentación oficial se produjo en noviembre de 2021 y su viaje inaugural es de noviembre de 2022, el origen del proyecto se remonta a 2015. La iniciativa partió de los responsables de Air Nostrum, la aerolínea regional valenciana liderada por Carlos Bertomeu, junto al consultor Víctor Bañares. La idea era trasladar al ferrocarril un modelo de gestión inspirado en la aviación: eficiencia operativa, control de costes y segmentación clara de la oferta, aprovechando la apertura de la red de alta velocidad española, la más extensa de Europa.

El salto definitivo se produjo en 2020, cuando Adif adjudicó a ILSA el denominado Paquete B de capacidad ferroviaria, lo que garantizaba un volumen de frecuencias solo inferior al de Renfe. Ese momento marcó también la entrada de Trenitalia, la operadora ferroviaria italiana controlada por el Estado a través de Ferrovie dello Stato, que aportó experiencia industrial, respaldo financiero y una flota capaz de competir desde el primer día.

Desde entonces, la estructura de propiedad de Iryo ha ido evolucionando hacia un mayor peso del capital transnacional. Inicialmente compartido entre Air Nostrum y Trenitalia, el accionariado se diversificó en 2022 con la entrada de Globalvia, uno de los grandes gestores mundiales de infraestructuras, controlado por fondos de pensiones de Canadá, Países Bajos y Reino Unido. El movimiento clave llegó a finales de 2024, cuando Trenitalia elevó su participación hasta el 51%, asumiendo el control efectivo de la compañía.

En la actualidad, el reparto accionarial refleja con claridad la paradoja de la liberalización ferroviaria europea: una operadora pública extranjera compitiendo en España con el antiguo monopolio nacional. Trenitalia controla el 51% de Iryo, los socios vinculados a Air Nostrum mantienen el 25% y Globalvia posee el 24%. Un esquema en el que conviven capital público italiano y grandes fondos internacionales sobre una red gestionada por una entidad pública española.

Estrategia diferenciada

En el plano operativo, Iryo ha optado por una estrategia diferenciada. Su flota está compuesta por trenes Frecciarossa 1000 (ETR 1000), fabricados por el consorcio Hitachi-Alstom, capaces de alcanzar los 360 km/h. Frente al modelo low cost puro de otros competidores, la compañía ha apostado por una oferta de corte más premium, con distintos niveles de servicio y una fuerte orientación al viajero de negocios y al turista de renta media.

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Actualmente, opera en los tres grandes corredores de alta velocidad con origen en Madrid: el noreste (Barcelona y Zaragoza), el Levante (Valencia y Alicante) y el sur (Sevilla y Málaga). Su principal límite sigue siendo el acceso al norte peninsular. A diferencia de Renfe, Iryo no dispone de trenes de ancho variable, lo que restringe su expansión a líneas totalmente adaptadas al ancho internacional mientras no se completen las infraestructuras o se modifique la flota.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, protagonizó en mayo de 2025 una polémica con esta compañía al hacerla responsable de una grave incidencia en la catenaria que dejó paralizado el corredor sur. Puente señaló directamente a un tren de Iryo como el causante del enganchón y los daños en la infraestructura y llegó a acusar públicamente a la compañía de "eludir responsabilidades" para evitar el pago de las indemnizaciones millonarias a los pasajeros afectados y a Adif. 

Por su parte, Iryo emitió un comunicado desmintiendo tajantemente la versión del ministro, asegurando que su tren no provocó el incidente y apuntando a factores externos como el robo de cable o fallos en el mantenimiento de la propia vía.

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