La historia de una criada que transformó en rebeldía su violación por un cacique
El servicio doméstico es un microcosmos privilegiado para observar las diferencias de clase. También, como nos recuerda estos días el caso Julio Iglesias, es un espejo donde se reflejan las estructuras patriarcales y, en ocasiones, las manifestaciones más brutales de violencia machista. Si a ello le sumamos la variable temporal, las vidas anónimas de algunas de estas criadas pueden llegar a contener la historia de un país. Es lo que ocurre con la biografía de María Alivio Menéndez, violada por su “amo” en la casa donde servía en la Asturias de los años veinte del siglo pasado. Como consecuencia de aquellas continuas agresiones sexuales nació su hija Carmen, quien décadas más tarde, se convertiría en la pareja del futuro secretario general del PCE, Santiago Carrillo.
Aquella violación fue una tragedia íntima que María Alivio guardó en secreto durante décadas. Ahora, su nieto, Jorge Carrillo Menéndez, recupera la historia de su abuela con el libro Luchadoras, publicado por la editorial Almuzara. Fue su propia abuela quien le contó aquella traumática experiencia pocas semanas antes de morir en el verano de 2001, a la edad de 104 años. “Mi abuela me dijo: ‘Te lo cuento porque quiero que se sepa’. Aunque entonces no sabía que se convertiría en un libro, una cosa me quedó clara: mi abuela quería que se supiera", recuerda. Además ha querido también reivindicar con este trabajo la figura de su madre. “En la dirección del PCE de los últimos 40 años prácticamente nadie conocía su historia; Carmen no dejaba de ser ‘la mujer de Santiago’. Y a mí me jodía que su imagen fuera esa, porque ella fue mucho más que eso y creía que era una historia que había que dar a conocer”, afirma.
La vida de María Alivio recorre tres siglos. Nació el 26 de septiembre de 1899 en el caserío de Santullano, en el valle asturiano de Somiedo, en el seno de una humilde familia rural. Desde bien pequeña, la niña tuvo que trabajar en las faenas domésticas y agrícolas. Aunque su padre emigró a América en varias ocasiones para intentar mejorar la economía familiar, los frutos no fueron tan generosos como para permitirle regresar convertido en un rico indiano. Su afición al juego tampoco le ayudó a conservar el poco dinero reunido. En ese contexto de dificultad, a María Alivio no le quedó más opción que tomar una de las pocas alternativas que tenía una joven en aquel mundo rural: entrar como criada de familia adinerada.
Fue así como la muchacha comenzó a servir en la casa que el cacique local tenía en Aguasmestas. A Jorge Carrillo Menéndez se le quedaron grabados los comentarios que, muchas décadas más tarde, hizo su abuela en una ocasión al pasar cerca de aquella casa durante un viaje en coche: “Los días eran largos, el trabajo duro. Para la mujer del dueño, yo no existía, era como un mueble; ninguno de los dos era una buena persona”. Pero en aquel lugar María Alivio no solo iba a sufrir desprecio y explotación laboral; también viviría la pesadilla de la violencia sexual el día que el “amo” la violó por primera vez. Y no sería la última. La joven soportó aquellas agresiones con vergüenza y en soledad, sin el respaldo siquiera de unos padres que le exigían resignación para no perder el trabajo.
Hasta que quedó embarazada. Tenía 23 años y la única alternativa que le daban el cacique y el párroco era abortar. Sin embargo, María Alivio rechazó aquella salida por las convicciones religiosas que profesaba entonces y por el miedo a someterse a un aborto en las condiciones precarias y clandestinas de aquella época. Su decisión fue abandonar aquella casa tras arrancar a su dueño el compromiso de pagar los estudios de su futura hija. Y afrontar en soledad aquel embarazo, porque su familia la repudió al conocer la noticia.
Su destierro la condujo primero a Madrid y luego a Barcelona, donde se afincó a finales del verano de 1923. Una semana antes de Navidad nació Carmen. En la capital catalana, María Alivio se ganará la vida y criará a su hija limpiando casas, hasta que en 1929 entra a trabajar en un hotel. Luego, la vida de ambas se vería arrastrada por el vértigo de la historia de España: la proclamación de la República, la Revolución de Asturias y la proclamación del Estat Català, el triunfo del Frente Popular, la guerra civil.
Esta convulsa realidad fue acrecentando su conciencia y su compromiso político. Durante la guerra, la madre soltera compaginó su trabajo en el hotel —donde coincidió con brigadistas internacionales, intelectuales y políticos— con su colaboración en un hospital del Socorro Rojo Internacional. En ese tiempo mantendrá una breve pero intensa relación sentimental con Ivan, nombre de guerra de uno de los asesores soviéticos llegados a España. En enero de 1939, cuando las tropas nacionales están ya a las puertas de Barcelona, madre e hija emprenderán el camino al exilio en Francia. En su huida deberán sufrir los duros bombardeos de la aviación franquista sobre Figueres.
Pero la paz pronto dejará de ser un consuelo para sobrellevar la dura carga de la derrota. La invasión alemana volverá a obligarlas a tomar partido. Muy pronto ambas, junto con Alberto —un veterano comunista asturiano que se convertiría en la pareja de María Alivio—, comenzarán a colaborar con la resistencia. En 1943, en los momentos más duros de la lucha contra las tropas de Hitler, madre e hija ingresan en las filas del PCE. Acabada la guerra, la vida de María Alivio, siempre ligada al servicio doméstico, y la de su compañero Alberto se irán normalizando. No así la de Carmen, que intensificará su compromiso militante asumiendo nuevas responsabilidades en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). A finales de 1946, participó en Toulouse en la Conferencia de Mujeres Antifascistas, donde coincidió, entre otros, con Pablo Picasso. Unos meses más tarde, recibe una carta en la que se le propone trasladarse a París para trabajar en la sede de la JSU. Carmen no se lo pensará.
El trabajo que se le encomienda es muy delicado: fotografiar toda la documentación del Partido que llega clandestinamente desde España para archivar distintas copias en París y Praga. Esta nueva responsabilidad le obligará a pasar a la más absoluta clandestinidad, agravada a partir de 1950 cuando el gobierno francés declara ilegal al PCE e inicia una campaña de detenciones y deportaciones de militantes comunistas españoles. En ese ambiente de persecución, clandestinidad y lucha antifranquista, Carmen iniciará su relación con Santiago Carrillo, con quien se casará en 1949 y con el que tendrá tres hijos: Santiago, José y Jorge.
La Fiscalía rechaza de momento que Julio Iglesias se persone en la investigación
Ver más
Es entonces cuando María Alivio decide contarle la verdad a su hija. Hasta los años 60 siempre le había dicho que su padre había muerto antes de que ella naciera. Ahora, cuando Carmen ha formado su propia familia, considera que ha llegado la hora de desvelarle el secreto de su violación. “Creo que mi abuela quiso proteger a su hija, evitarle un trauma que pudiera afectarle antes de consolidar su vida”, señala Carrillo Menéndez. Sin embargo, conocer aquella verdad tuvo un profundo impacto en Carmen. “Mi padre nos contó que ella llegó llorando tras conocer la historia. Él le dijo que María había sido una buena madre y que, aunque comprendía que para ella era traumático, para él aquello, evidentemente, no cambiaba nada”, señala.
Fue así como, por respeto a Carmen, la historia de aquella violación dejó de ser un secreto para convertirse en una losa de silencio. “Para mi madre era un tema inabordable. Yo, en alguna ocasión, después de morir mi abuela, la tanteé. Ella se quedó muy sorprendida de que yo lo supiera, pero no siguió hablando del tema”, recuerda. Jorge Carrillo Menéndez ha sido fiel a la voluntad de su madre y hasta después de su muerte, ocurrida en la madrugada del 19 de noviembre de 2019, no ha querido contar su historia.
Ahora rompe ese silencio con un libro que busca acercar a las nuevas generaciones la dura lucha clandestina antifranquista y reivindicar la memoria rebelde de su madre y de su abuela. También quiere subrayar la necesidad de combatir las agresiones sexuales que, como María Alivio, han sufrido y continúan sufriendo muchas mujeres. “Ahora hablamos de Julio Iglesias, como antes se ha hablado de otras celebridades como Gérard Depardieu. Pero hay un montón de sitios donde esto sigue ocurriendo. Es un tema que no ha desaparecido y es preciso seguir denunciando”.