‘Love story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette’, entretenida visita a los 90
El productor Ryan Murphy sigue con su ritmo frenético de estrenos. Hace muy poco, el de The beauty, una truculenta fantasía de crimen y búsqueda de la belleza. Ahora han llegado los tres primeros episodios de John F. Kennedy y Carolyn Bessette, que inaugura una nueva saga, Love Story.
Ambas pueden verse en Disney +. El autor y empresario saltó a esta plataforma desde Netflix, donde había firmado y cumplido un contrato de 300 millones de dólares y cinco años. Las sagas que comenzó allí seguirán activas.
De plataforma en plataforma
Murphy ha vuelto a encontrarse en esta etapa con la ejecutiva Dana Walden, copresidenta de Disney Entertainment. Ambos son amigos además de haber colaborado durante décadas, desde series de Murphy como Glee o American Horror Story. La directiva es íntima de su familia, madrina de dos de sus hijos.
Con su olfato para lo comercial, Murphy apadrina una nueva antología sobre romances famosos que de momento lidera Connor Hines. Esta es la primera colaboración entre ambos, y Hines suplicó participar como apasionado de la familia Kennedy.
Este guionista llegó a la escritura en los periodos en los que no conseguía empleo como actor, su ocupación previa. Así que se inventó una pequeña serie web cómica que le abrió una nueva profesión.
Nostalgia noventera
La serie se zambulle en la nostalgia de los noventa, una década que se percibe como un periodo divertido, moderno, estrafalario y el último en el que la gente se relacionaba si un móvil en la mano permanentemente.
Los creadores y los operadores no se cansan de hacer series sobre Pamela Anderson, La Veneno o Bárbara Rey o sobre Lady Di, en el final de The Crown. Y la fama es uno de los temas que articulan muchas de ellas. La prensa y las televisiones del corazón llegaron a su apogeo.
Guapos, ricos y trágicos
En esta Love story aparece como una de las claves. La pareja que inspira la historia se convirtió en una de las más icónicas y perseguidas de su época. Su final trágico –ambos murieron en un accidente de avioneta– les convirtió en una réplica estadounidense de Diana Spencer. Los Kennedy, como ella, eran unos plebeyos con más aire a realeza que muchas familias reales.
Sarah Pidgeon interpreta a Bessette y resuelve dotando de interés a un personaje más conocido como icono de moda y estilo. La serie le atribuye la creación de algunas claves de la década, la americana con vestido, que hizo que las mujeres se apropiaran de prendas masculinas, y la elección de Kate Moss como imagen de Calvin Klein.
Unos protagonistas que crecen en esta producción
Para el papel de Kennedy Jr., el otro protagonista, un debutante en la tarea, un actor que ha hecho solamente algo de teatro y trabajos como modelo, que se parece al malogrado heredero de la saga y que transmite esa despreocupación tan seductora habitual en su familia.
Ninguno de los protagonistas puede reproducir el algo especial que tenían sus inspiraciones, como suele pasar en estas biografías, pero sí se transmite esa conexión de alguien con su época a un nivel superior que tenían ambos miembros de la pareja.
Con la colaboración de Naomi Watts
Parte de la gracia de esta producción está en la frescura de su guionista y sus protagonistas. Todos ellos encabezando por primera vez un proyecto tan grande. Para acompañarles, uno de los valores seguros reside en Naomi Watts, que encarna a Jackie Kennedy, en su cuarta colaboración con Murphy.
Caroline Kennedy, la otra hija del presidente asesinado, está interpretada por Grace Gummer, la hija de Meryl Streep, también colaboradora antes de Murphy. Un hijo de la Caroline real, John Bouvier Kennedy, ha llamado grotesco al aprovechamiento de la vida de sus familiares para obtener un beneficio.
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Murphy entró al trapo y ambos mantuvieron una discusión abierta sobre el asunto. No es la primera vez que los supervivientes de los hechos que Murphy ficciona protestan. Por ejemplo, le ha pasado cuando convierte en palomitas crímenes como los de los hermanos Menéndez o de Jeffrey Dahmer.
Murphy es puramente noventero en la forma de contar. Como esa prensa que para entretener al público cruzaba todos los límites, sus series se documentan, investigan, pero al final, especulan a sus anchas sobre la intimidad de personas que tienen allegados vivos.
Esta serie es entretenida, y tiene algo de inmersión en las revistas de entonces, un toque del Hola! y otro poco del Vanity Fair para recrear una época de vacas gordas con todas sus disfunciones.