El método Rufián, la fórmula para que la izquierda se recupere a través de las provincias medianas

Rufián, en el acto en Madrid junto a Emilio Delgado.

La izquierda transformadora, en pleno movimiento sísmico. El espacio progresista vive unos días de total convulsión con la vista puesta en cómo articular fórmulas para tratar de frenar el avance robusto de la ola de la derechas. Y sobre la mesa se ponen vías que puedan llevar a maximizar las posibilidades en escaños frente a meras llamadas a la unidad y al combate en las urnas.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, dejó en su acto del miércoles junto a Emilio Delgado (Más Madrid) una propuesta que consistiría en el acuerdo de varios puntos programáticos entre las diferentes fuerzas de izquierdas y con la idea de que ese espacio no compita entre sí. ¿Cómo? Estudiando provincia a provincia. La hoja de ruta podría pasar por presentar candidaturas unitarias en las circunscripciones donde se restan votos entre sí las fuerzas progresistas y conviviendo candidaturas separadas, pero complementarias, en otras donde sí hay viabilidad para sacar asientos en el Congreso, como Madrid y Barcelona. Siempre bajo la máxima de que ir con 14 partidos de manera individual no tiene ninguna lógica. 

“Ciencia, método y orden”, es el lema que Rufián lanzó el miércoles como una llamada a los partidos progresistas para sentarse a hablar, analizar cada provincia y decidir la fórmula con la que se pueda hacer frente a las derechas de la manera más efectiva. 

De qué base parte la izquierda transformadora

En las pasadas elecciones generales del 23J, la izquierda transformadora de carácter estatal sacó, bajo la fórmula de Sumar, en la que estaba integrada también Podemos, un total de 3.044.996 votos, lo que supuso un 12,33% del censo. Una oferta electoral muy competitiva que consiguió mantener el Gobierno de coalición y que miró de tú a tú a Vox (12,38%). Esas papeletas se tradujeron, además, en 31 escaños, muy cerca de los 33 que materializó la ultraderecha.

Y a esos escaños hay que sumar los que lograron las fuerzas de izquierdas soberanistas: Esquerra Republicana (7), EH Bildu (6) y el BNG (1). Compromís y Chunta fueron integrados en las listas de Sumar. Por lo tanto, el espacio progresista a la izquierda del PSOE tiene ahora mismo en la Carrera de San Jerónimo 45 parlamentarios. Unos datos superiores a los que obtendría hoy, a tenor de todos los sondeos, por el desgaste del Gobierno y la abstención en su electorado, pero, sobre todo, por la fragmentación que hay y por la división entre los partidos de Sumar y Podemos.

Sobre la mesa está también el papel de que vayan por separado esas izquierdas de carácter estatal y las de corte soberanista. Tanto ERC como EH Bildu y el BNG han rechazado integrarse en otras papeletas. Eso abre el debate sobre si compiten o pueden ser complementarias. Por ejemplo, en Cataluña, Sumar tuvo más apoyos que la propia Esquerra Republicana. Rufián no ha hablado de sustituir unas fuerzas por otras, sino de analizar provincia a provincia cuál sería la fórmula más concreta.

Los efectos prácticos de la unidad

Rafael Ruiz, consultor y analista de datos en asuntos públicos en Logoslab, se adentra en lo que puede suponer para la izquierda articular fórmulas para maximizar resultados, sobre la base del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Indica que, con el porcentaje de voto que arroja la encuesta para Sumar (7%) y Podemos (3,9%), el primero tendría 9 escaños mientras que el segundo se quedaría en cuatro; por lo tanto, tendrían 13 en total.

Señala que, en cambio, si se unieran las dos formaciones, pasarían del diez por ciento de voto, lo que supondría dar un salto cualitativo y llegar a los 23 asientos en el Parlamento (una cifra más baja que en el 23J pero muy superior a la que lograrían si van de manera separada).

Comenta que, por ejemplo, si van separados, en Andalucía (la comunidad que reparte más escaños), solo lograría uno Sumar por Sevilla, mientras que si se dan la mano, también podrían obtener ahora, con los datos del CIS, tres diputados más por Cádiz, Málaga y Córdoba.

La actual división, añade el consultor, hizo que en Aragón la izquierda se fuera de vacío, pero con la unión podrían conseguir uno por Zaragoza, como sucedió en el 23J (que fue a parar a Jorge Pueyo, de la Chunta Aragonesista). Si fueran juntos Podemos y Sumar, prosigue el analista, podrían conseguir también un parlamentario en Asturias y en Baleares, que ahora mismo están perdidos. Ese caso también se daría por la provincia de Las Palmas, en Canarias.

Esta unión, en cambio, no es tan necesaria en grandes circunscripciones, como Madrid y Barcelona, donde da igual para la izquierda estatal que vayan por separado Podemos y Sumar, según Ruiz. Otra cosa es en las otras provincias catalanas, metiendo la variante de ERC. Si los comunes dejaran espacio en las otras tres provincias (Lleida, Tarragona y Girona), ERC podría aspirar a un escaño más en cada una de ellas.

El analista de Logoslab se detiene también en Galicia, donde incide en que si Podemos y Sumar van por separado, se quedarán fuera del Congreso. En cambio, sí pueden lograr con la unidad escaño tanto en A Coruña como en Pontevedra. Y, metiendo la variable de la izquierda soberanista, señala que si ese espacio deja aire al BNG en Ourense, los de Ana Pontón podrían arañar allí otro asiento en la Cámara Baja.

La clave, las provincias medianas

Y es que entre las conclusiones que deja el analista, la operación de la unidad sirve especialmente a las provincias medianas, aquellas que reparten entre cinco y ocho escaños. Allí es donde el espacio transformador se juega ser competitivo frente las pequeñas y bipartidistas, donde dominan el PP y el PSOE (y donde una opción, señala, podría ser retirarse para dejar todo ese espacio a los socialistas en su competición con los populares por el tercer o el cuarto escaño).

Esas circunscripciones medianas donde la izquierda se podría jugar su futuro serían, entre otras, A Coruña, Pontevedra, Asturias, Bizkaia, Girona, Tarragona, Zaragoza, Navarra, Valladolid, Castellón, Las Palmas, Córdoba, Málaga, Granada, Las Palmas o Balears.

Según recuerda Ruiz, hay muchos factores que pueden determinar luego entrar o no en el reparto, pero tienen muchas más posibilidades si las izquierdas crean espacios de unidad atractivos para los votantes y, sobre todo, porque esa suma de porcentajes, aunque parezca pequeña, compensa luego mucho en escaños. Señala que en la batalla electoral hay que considerar otros factores, también dentro de la derecha, como un Vox luchando con un 20%, cuando antes estaba por encima solo del 12%. Y hay que tener en cuenta, además, que la unidad de candidaturas no significa siempre unión de voto, sino que puede haber transferencia a otros partidos.

Atentos a las fugas de votos

Álvaro Sánchez, investigador del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, indica que hay que “desmentir un primer mantra, que muchas veces repite la izquierda, de que en política uno más uno son dos”: “No hay una matemática aritmética, ya que se tienen que asumir ciertos costes de electores que se marchan. Hay casos que lo evidencian como, por ejemplo, el pacto de los botellines entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón en 2016, que luego disminuyó la propensión a votar entre los electores de Izquierda Unida”. “No todo suma, hay que entender ese contexto”, subraya.

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Pero, pone el foco, entonces, en que la unidad de las izquierdas es eficiente precisamente en las provincias medianas, en aquellas que reparten entre cinco y ocho escaños. Ahí es donde dice que se pueden beneficiar las candidaturas unitarias, poniendo como ejemplos Valladolid y Zaragoza.

A la vez, señala que esa unidad, aunque no fuera tan eficiente como en las anteriores circunscripciones, también podría servir para las grandes, como Madrid y Barcelona, porque a partir del 12% se empieza a premiar mucho a los partidos en escaños, algo que han aprovechado normalmente las grandes formaciones como el PSOE y el Partido Popular. Calcula que ahí se podría sumar un escaño más para esas grandes listas de la izquierda transformadora, a pesar de que Rufián diga que puede haber listas complementarias.

En cambio, cree que en las circunscripciones más pequeñas, como Soria y Teruel, los partidos de las izquierdas no tienen incentivos para ir juntos porque hay nulas posibilidades de un escaño, por lo que suelen primar ir en candidaturas con sus siglas por los efectos prácticos que tienen para la financiación pública en base a los votos conseguidos.

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