Los colonos israelíes matan palestinos en Cisjordania con total impunidad
Asesinatos, destrucción de viviendas, coches, bienes agrícolas… Desde el 7 de octubre de 2023, la violencia colonial se ha disparado en la Cisjordania ocupada, donde viven ilegalmente más de 750.000 israelíes. En 2025 ya había alcanzado un nivel sin precedentes en dos décadas. A lo largo de ese año fueron asesinados ocho palestinos por colonos israelíes. 2026 se perfila como aún más mortífero: en apenas cuatro meses ya han sido asesinados al menos diez palestinos por extremistas judíos.
Los últimos asesinatos tuvieron lugar esta semana, en la provincia de Ramala. El martes 21 de abril, Aous Hamdi Al-Nassan, de 14 años, y Jihad Marzouq Abou Naïm, de 32, murieron por los disparos de un colono armado con un fusil de asalto en la aldea de Al-Mughayyir. Al día siguiente, el miércoles 22 de abril, en circunstancias similares, Awda Atef Awawdeh, de 25 años, falleció a causa de sus heridas tras haber sido tiroteado en Deir Dibwan.
En Al-Mughayyir, Aous Hamdi Al-Nassan y Jihad Marzouq Abou Naïm cayeron frente a la escuela de niños, cerca de la entrada del pueblo, un lugar donde “no hay civiles israelíes, ni colonias, ni carreteras israelíes”, aseguró a AFP el alcalde del municipio, Amin Abou Alia. “Cualquier colono que se acerque a esta zona lo hace con la intención de causar daño”, denunció. En 2019, el padre de Aous, Hamdi Al-Nassan, corrió la misma trágica suerte: fue abatido por colonos cuando acudía en ayuda de unos heridos. El adolescente se suma a la lista de más de 230 víctimas menores de edad asesinadas desde el 7 de octubre de 2023 por colonos o por el ejército israelí en Cisjordania.
Su pueblo, situado principalmente en la zona C, es decir, bajo control total israelí, es emblemático de la asfixia colonial que se está produciendo en Cisjordania, con el objetivo de acaparar las tierras palestinas. Rodeado por cerca de una decena de puestos avanzados, esos asentamientos ilegales que se expanden y fragmentan el territorio palestino, Al-Mughayyir sufre ataques casi a diario, varios de ellos de gran envergadura, como en abril de 2024, cuando los colonos asaltaron la localidad durante tres días, o en agosto de 2025, cuando el ejército israelí arrancó cientos de olivos.
En Deir Dibwan, el ejército israelí afirmó haber entregado a la policía “a civiles israelíes que habían entrado en la zona sin autorización previa” e informó de que detuvo “a sospechosos palestinos implicados en el lanzamiento de piedras contra civiles israelíes, que a continuación fueron puestos en libertad”. Aseguró, además, haber recibido posteriormente un aviso sobre un palestino muerto por disparos y que la policía abrió una investigación.
Ataques selectivos
El ejército de Israel afirmó que envió soldados a Al-Mughayyir tras recibir un aviso de lanzamiento de piedras “contra un vehículo israelí que transportaba a varios civiles, entre ellos un soldado de la reserva, quien salió del vehículo y abrió fuego contra los sospechosos presentes en la zona”. “A su llegada, los soldados intervinieron para dispersar los violentos enfrentamientos en la zona”, añadió el ejército, sin dar más detalles e indicando que “el incidente está siendo investigado”.
Los habitantes ofrecen otra versión, la de ataques selectivos por parte de colonos cada vez más brutales, armados con palos, porras, cócteles molotov y armas pesadas, aprovechándose de la impunidad de la que gozan, a menudo bajo la protección o con el apoyo del ejército israelí. Como ha demostrado recientemente el diario británico The Guardian, más del 96% de las investigaciones contra los colonos se archivan sin más y no se ha iniciado ningún proceso judicial desde 2020, mientras han sido asesinados más de 1.100 palestinos, de los cuales al menos una cuarta parte son menores.
Desde el inicio de la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, el 28 de febrero pasado, la violencia se ha intensificado aún más en todo el territorio. La Autoridad Palestina ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional: “Es hora de actuar para poner fin al terrorismo de los colonos.”
A mediados de marzo, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (OHCHR, por sus siglas en inglés) denunció la existencia de “una estrategia estatal coordinada”, en la que las autoridades israelíes desempeñan “un papel central”. Este organismo alertó de que desplazamientos en Cisjordania, “que coinciden con el desplazamiento masivo de palestinos a Gaza”, “parecen indicar una política israelí concertada de traslado forzoso masivo” en el conjunto de los territorios ocupados, lo que suscita “preocupaciones respecto a una limpieza étnica”. Entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, la expansión de los asentamientos provocó “el desplazamiento de más de 36.000 palestinos en la Cisjordania ocupada”, una expulsión de una magnitud sin precedentes.
La violencia de los colonos constituye un factor principal del desplazamiento forzoso, como atestiguan los informes de varias ONG. El 20 de abril, el Consejo Noruego para los Refugiados (Norwegian Refugee Council, NRC) publicó un estudio demoledor que documenta especialmente el uso de la violencia sexual como arma para empujar a las comunidades palestinas a abandonar sus tierras. Se han registrado múltiples formas de agresión, como la desnudez forzada, exhibición de los genitales ante menores o amenazas de violación.
Lo mejor que hice fue enviar a mi hija a vivir con su abuela a la ciudad, porque temía por ella
Bajo la presión constante y ante el riesgo creciente, las familias adoptan estrategias extremas: “Muchas se separan, enviando a las mujeres y a los niños a otros lugares, y los hombres se quedan para proteger las casas y el ganado —un patrón que a menudo precede al desplazamiento total”, describe el informe. “Otras sacan a sus hijas de la escuela u organizan matrimonios precoces para que tengan menos peligro”. El aumento de esta violencia ha llevado a más de dos tercios de las cerca de 100 personas entrevistadas a abandonar sus hogares.
“Lo que me llevó a tomar la decisión de mudarme fue el acoso que sufrían mi mujer, mis hijas y mi nuera”, testifica un hombre entrevistado en el informe. “Los colonos empezaron a acercarse cuando mi hijo y yo nos íbamos a trabajar. Vigilaban de cerca a las mujeres, silbaban cuando salían de los refugios a plena luz del día y nos lanzaban piedras por la noche. Me aterrorizaba la idea de que le pudiera pasar algo grave a mi familia debido a esta violencia constante de los colonos durante mi ausencia”. “Lo mejor que hice fue enviar a mi hija a vivir con su abuela a la ciudad, porque temía por ella”, cuenta una madre de familia.
Un proyecto de anexión por la fuerza
En la provincia de Belén, dos chicos de 15 años que cuidaban del ganado fueron atacados por colonos, golpeados, atados y desnudados. A uno de ellos le rociaron con orina y al otro le rompieron una pierna. En otra comunidad beduina palestina, en el valle del Jordán, un palestino fue víctima de una grave agresión sexual delante de su familia.
El estallido de violencia es tal que cada vez son más las voces que se alzan en Israel para denunciar “el terrorismo judío”, pero más por razones de seguridad y estratégicas que humanitarias. Son las de políticos como Yaïr Golan, líder de la alianza de izquierda Los Demócratas, o Yaïr Lapid, líder de la oposición centrista. O las de influyentes religiosos como los miembros de la asociación Rabinos por los Derechos Humanos o de antiguos responsables de seguridad en Israel. A finales de marzo, la asociación Comandantes por la Seguridad de Israel, que agrupa a 550 oficiales superiores, generales retirados y ex altos responsables de los servicios de seguridad, interpeló en una carta abierta al jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, sobre el “peligro estratégico” que representa el “terrorismo judío”. Eyal Zamir reconoció que se trata de actos de violencia “moral y éticamente inaceptables”.
Para Amnistía Internacional, estos actos de violencia forman parte del proyecto de anexión por la fuerza de Palestina por parte de Israel. “La expansión acelerada de los asentamientos ilegales y el recrudecimiento de la violencia y los delitos respaldados por el Estado [israelí], atribuibles a los colonos en la Cisjordania ocupada, ponen de manifiesto la catastrófica incapacidad de la comunidad internacional para tomar medidas decisivas”, condena la ONG. Critica, en particular, la inacción de terceros Estados, que “no respetan sus obligaciones jurídicas, negándose a utilizar las herramientas a su disposición, como la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la UE e Israel, con el fin de disuadir a Tel Aviv de continuar con su programa ilegal”.
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El pasado 20 de abril, los Veintisiete fueron incapaces de hablar con una sola voz para frenar la empresa genocida del Gobierno de Netanyahu. El presidente francés Emmanuel Macron, aunque reconoció que la suspensión del acuerdo era una “cuestión legítima” en caso de que Israel “continúe con esta política que contraviene su historia”, declaró que “no es el momento de precipitar una confrontación cuando hace unos días Israel ha aceptado un alto el fuego para el Líbano y se comprometió a entablar conversaciones,”.
Traducción de Miguel López