INVESTIGACIÓN OCCRP

Veteranos y exmiembros de Wagner vigilan a las tripulaciones extranjeras de la 'flota fantasma' rusa

Varios periodistas hablan de primera mano con algunos de estos ‘vigilantes’ para conocer sus funciones a bordo

OCCRP

Con la cabeza rapada, el cuello grueso y la mandíbula pronunciada, Andrei tiene el aspecto de un hombre intimidante.

Su trayectoria profesional encaja con esa impresión. El currículum de Andrei lo describe como antiguo comandante de una unidad aerotransportada de élite rusa que sirvió en “operaciones de combate” en Chechenia, trabajó como guardaespaldas personal y más tarde ocupó altos cargos en el ámbito de la seguridad corporativa.

La misión más reciente de Andrei, sin embargo, era muy distinta: garantizar que los petroleros que transportaban crudo ruso sancionado llegaran a sus destinos en el extranjero. Su trabajo, dice, consistía en "vigilar, informar y no permitir que el buque se desviara de su rumbo".

Tensionada por su agotadora guerra contra Ucrania, Moscú necesita desesperadamente esta llamada ‘flota fantasma’ de buques antiguos y de propiedad opaca para seguir entregando su petróleo a clientes de todo el mundo. En marzo, una investigación de OCCRP, Delfi Estonia, Helsingin Sanomat e iStories, que publicó infoLibre en exclusiva en España, expuso en detalle cómo se estaba colocando de forma encubierta a tripulantes rusos con antecedentes en seguridad, como Andrei, junto a tripulaciones mayoritariamente extranjeras.

Ahora, OCCRP se ha unido a un consorcio de medios europeos liderado por Follow the Money y el Dossier Center para identificar a decenas más de estos hombres, trazar las rutas que tomaron y hablar con varios de ellos de primera mano.

Aunque a menudo figuran como ‘técnicos’ o ‘supernumerarios’ en las listas de tripulación, sus antecedentes son ya una indicación de que no eran marineros corrientes. Una combinación de datos filtrados e investigación de fuentes abiertas muestra que muchos son veteranos del Ejército ruso, de compañías militares privadas o antiguo personal de seguridad del Estado.

Haciéndose pasar por reclutadores en busca de guardias de seguridad para próximas travesías de la flota fantasma, los reporteros lograron hablar con Andrei (seudónimo) y otros tres hombres para conocer mejor sus experiencias a bordo. Los hombres afirmaron que, entre sus tareas, la principal era vigilar a los capitanes y tripulaciones extranjeras que manejaban los buques, en particular en situaciones en las que existía riesgo de abordaje.

Los reporteros emplearon un enfoque encubierto con los vigilantes por el secretismo que rodea su trabajo y por su desconfianza en los medios occdidentales. Aunque la mayoría de los nombres de esta historia son reales, los que provienen de conversaciones encubiertas se han sustituido por seudónimos.

Durante el último año, las autoridades europeas han interceptado petroleros pertenecientes a la flota fantasma rusa en unas cuantas ocasiones, a menudo por hacer uso de una bandera falsa o porque se sospechaba que habían dañado cables submarinos.

En estas situaciones, explicó Andrei en una videollamada con un “reclutador”, algunos capitanes se "comportaron correctamente", mientras que otros "cedieron". Su misión, dijo, era "asegurarse de que tales acciones incorrectas [ceder] no tuvieran lugar".

Andrei dijo que sus funciones también incluían mantener informados a sus superiores, a quienes no identificó, sobre la ubicación, velocidad y rumbo de su buque mediante informes dos veces al día. Y “naturalmente”, dijo, debía hacer un "informe inmediato" en caso de cualquier emergencia.

Otro vigilante, Mikhail, afirmó haberse graduado en un centro de formación de oficiales de las Fuerzas Aerotransportadas de Rusia y que había pasado ocho años en Siria dirigiendo un destacamento de seguridad personal para un contratista militar privado. Aunque oficialmente estaba registrado a bordo de un buque sancionado como ‘técnico’, su trabajo, dijo, consistía en "vigilar a la tripulación, al capitán y al primer oficial".

"Averiguaba quién era el chivato, para quién trabajaban, o qué información salía del barco hacia tierra", afirmó Mikhail. "Hacia las autoridades indias, o quizá incluso hacia países de la OTAN". Los hombres también revelaron detalles más cotidianos sobre su tiempo en el mar, como quejas sobre la comida picante —preparada por una tripulación india— y de las infestaciones de chinches en los camarotes. "Cuando subí al barco por primera vez, estaba contento con todo, el camarote estaba limpio", declaró Mikhail. "Pero una semana después, descubrí que había empezado a despertarme cubierto de picaduras, y hay manchas de sangre en las sábanas". 

"Este trabajo se convirtió en un infierno", dijo. "Un verdadero infierno".

Un oficial de inteligencia europeo, que habló bajo condición de anonimato, dijo que los hallazgos de esta invesyigación coinciden con su valoración de la tarea principal de los vigilantes: "mantener a raya al capitán". Su papel, dijo, consiste en "asegurarse de que los capitanes no pierdan los nervios y entren en las aguas territoriales de las naciones occidentales. Si no entran, los países occidentales no pueden hacer nada".

Michelle Bockman, analista de inteligencia marítima especializada en flujos de petróleo sancionado, señala que los barcos a veces llevan guardias armados en zonas donde la piratería es una amenaza. Pero el despliegue "constante" de hombres que han trabajado para compañías de seguridad vinculadas al Estado, como la antigua organización de mercenarios Grupo Wagner, es "una mezcla realmente preocupante de lo militar y lo comercial", dijo.

La Armada rusa y el portavoz del presidente Vladímir Putin, Dmitri Peskov, no respondieron a las solicitudes de comentarios. Ante las preguntas de un periodista que sí se identificó como tal, Andrei describió cualquier referencia a su trabajo en la flota fantasma como una "mentira", y Mikhail dijo que nunca había estado a bordo de un petrolero.

De Rusia a la India

Para iniciar esta investigación, los reporteros del Dossier Center obtuvieron las listas de tripulación de 757 petroleros de la ‘flota fantasma’ que realizaron travesías entre enero de 2023 y abril de 2026. Los buques habían sido sancionados por Estados Unidos o la Unión Europea, o señalados por las autoridades ucranianas.

Entre las decenas de miles de tripulantes que figuraban, los reporteros lograron identificar a 83 hombres que parecían encajar en el patrón de los vigilantes: rusos en tripulaciones mayoritariamente extranjeras, la mayoría figurando como ‘supernumerarios’, ‘técnicos’ o, en algunos casos, ‘guardias de seguridad’. A diferencia de otros marineros de las listas, muchos no tenían junto a su nombre ningún diploma náutico pertinente ni otra titulación.

El número de viajes que realizaron estos hombres aumentó bruscamente en el verano de 2025, unos meses después de que la Armada estonia detuviera un petrolero de la flota fantasma rusa y estuviera a punto de abordar otro. La presencia de los hombres se redujo después a partir de este enero, un cambio que los analistas todavía intentan descifrar.

Se les desplegaba con mayor frecuencia en una de las rutas petroleras comercialmente más importantes de Rusia: la mayoría de sus barcos zarpaban de los puertos rusos del mar Báltico antes de viajar a través del Mediterráneo para entregar su petróleo a la India, en gran parte a los puertos colindantes de Sikka y Vadinar, en el estado de Guyarat.

La información de las plataformas de reclutamiento, las redes sociales o las apps de citas, junto con  información filtrada de bases de datos oficiales rusas, permitieron a los reporteros del Dossier Center saber más sobre los antecedentes profesionales de los “vigilantes”.

Muchos provenían del mundo de la seguridad privada, un número significativo tenía antecedentes militares y aproximadamente una cuarta parte de los 83 eran veteranos de compañías militares privadas. Entre estas últimas se incluye Redut, una organización sancionada por Occidente que, según se informa, opera bajo el Ministerio de Defensa, y el más conocido Grupo Wagner, que durante casi una década combatió en conflictos de todo el mundo en nombre de Moscú.

Muchos de los hombres han servido en Siria, donde el Grupo Wagner ayudó al Kremlin a apuntalar el régimen de Assad. Entre ellos está Yuri Rzhevsky, un hombre de 52 años que trabajó el pasado noviembre en el Selva, un petrolero sancionado que navegaba bajo bandera de Omán. Según archivos filtrados del Grupo Wagner obtenidos por el Dossier Center, Rzhevsky sirvió en Siria como jefe de escuadra e ingeniero de combate bajo el indicativo ‘Poruchik’, un rango militar de la época zarista.

El perfil de Rzhevsky en VKontakte, una red social rusa, presenta otra faceta del vigilante. Mientras algunas fotos lo muestran posando con armas modernas, otras lo muestran participando en recreaciones históricas de la guerra civil rusa posterior a la revolución; y en una publicación exhibe un certificado que acredita 300 horas de formación como profesor de yoga.

Otros hombres perfeccionaron sus habilidades de seguridad en cuerpos policiales u otras agencias estatales. Por ejemplo, los registros filtrados muestran que Evgenii Skorovarov, de 45 años, sirvió en una unidad especial de respuesta rápida del servicio de aduanas de Rusia. Cuando un reportero encubierto, que se hacía pasar por un reclutador, lo contactó, Skorovarov negó trabajar en seguridad marítima. Aun así, su fecha de nacimiento coincide con su entrada en la lista de tripulación, y su foto de perfil en la plataforma de mensajería rusa VK parece mostrarlo de pie a bordo de un gran barco.

Rzhevsky y Skorovarov no respondieron a las solicitudes de comentarios enviadas por los reporteros que se identificaron como tal.

Tareas habituales y choques culturales

Fuentes de inteligencia han delcarado previamente a OCCRP que estos hombres se despliegan para disuadir a las autoridades de abordar, inspeccionar o, potencialmente, incautar los barcos, que constituyen un salvavidas económico para Moscú. En las entrevistas con reporteros encubiertos, varios vigilantes confirmaron que esta es una de sus tareas más importantes.

"Las tareas habituales y estándar", explicó uno, incluyen "vigilar a la tripulación del buque para garantizar el cumplimiento de todos los protocolos para contrarrestar la detención o incautación del buque". Parte del papel consistía también en garantizar que las tripulaciones ,mayoritariamente extranjeras, que gobernaban los petroleros actuaran en virtud del interés de Rusia, según los vigilantes.

Mikhail recordó tensiones y "peticiones interminables," —aunque no quedó claro de quién— cerca de los países europeos o al pasar por el canal de la Mancha de camino a la India. "Tienes que estar atento a todo esto, porque algún oficial asistente del capitán podría soltar algo inapropiado", dijo.

También relató un episodio, en que el su barco fue abordado cerca de Dinamarca por dos prácticos francófonos, cuyo papel es ayudar a los capitanes a navegar en las condiciones locales. "Lo primero que hizo [uno de ellos] fue abalanzarse sobre mí con una pregunta: "¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Por qué estás en el puente?"", recordó Mikhail, refiriéndose al centro de mando del barco. "Les dije: soy ingeniero de radio, estoy aquí porque debo estar".

Mikhail, según narra, acabó saliendo del puente y quedándose de pie en cubierta, observando a los pilotos a través de la ventana durante horas. "Estuve ahí de pie prácticamente toda la noche", dijo. "Porque pensé... podría haber algún tipo de provocación... Pensé que incluso podrían venir algunos grupos de abordaje. Así que quería estar preparado y tener la oportunidad, al menos, de comunicar que nos habían atacado".

Los reporteros también hablaron con varios marineros corrientes que trabajaron en buques de la flota fantasma para conocer el papel de los hombres rusos a bordo. "Lei", que trabajó en un petrolero de la flota fantasma durante nueve meses y pidió no ser identificado por temor a perder el trabajo, le dijo a un reportero de SourceMaterial, una plataforma de investigación con sede en el Reino Unido, que vio por primera vez a los rusos a mediados de 2025.

Exhibían con orgullo sus antecedentes militares con el resto de la tripulación, recordó Lei, mostrando fotos de sí mismos en despliegues anteriores, posando con armas y vehículos blindados. "Uno era el oficial ruso", añadió Lei. "Tenía un rango muy bueno".

Lei acabó por creer que los vigilantes no estaban a bordo simplemente para vigilar a la tripulación, sino para actuar como enlace entre el buque y el Ejército ruso. "Si otras fuerzas venían detrás de nosotros", dijo, "debían informar a la Armada rusa, para que puedan ayudarnos en la batalla". Otro marinero cuyo barco transportaba guardias rusos dijo que, cuando estos embarcaron en Port Said, en Egipto, el oficial jefe del buque simplemente les dijo a la tripulación que "venían de parte del armador".

Aunque sigue sin estar claro a quién rinden cuentas los vigilantes, un analista del Servicio de Inteligencia y Seguridad finlandés (SUPO) declaró a OCCRP en marzo que probablemente actuaban como ‘enlaces’ para el Ejército ruso. Según el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania, suelen ser contratados por compañías de seguridad rusas, como el Moran Security Group que Andrei incluye en su currículum como último empleador. La compañía no respondió a las preguntas de los periodistas.

Lei, el marinero, también compartió otros detalles de su tiempo en el mar. Dijo que muchos de la tripulación llegaron a sentir resentimiento hacia los rusos, de quienes se pensaba que comían demasiado pero contribuían poco al funcionamiento del buque.

A veces eran cordiales, mostrando a los miembros de la tripulación fotos de sus familias y novias. Aun así, Lei dijo que sentía que no "merecían" estar a bordo. "A ninguno de nosotros nos caína bien, porque solo se quedaban ahí como si estuvieran de vacaciones, disfrutando de un picnic".

Los vigilantes tenían sus propias quejas. Durante una conversación con un reportero encubierto, Mikhail dijo que pidió repetidamente al cocinero indio del barco que preparara las comidas "a la europea" porque "era imposible comer" la comida picante que servían.

Incluso el acceso básico a internet se convirtió en una fuente de frustración, según Mikhail, que en ocasiones apenas contaba con la conexión necesaria para enviar a tierra sus informes diarios, relata.

A pesar de sus antecedentes relacionados con el combate, dos de los vigilantes que hablaron con los reporteros insistieron en que estaban desarmados mientras estaban a bordo. Pero sí relataron haber enfrentado algunas "emergencias" en el mar, incluidos ataques con drones de Ucrania, que ha atacado varios buques durante el último año: "Atrapamos uno de esos ataques", dijo Andrei, "ataques de canallas".

Los detalles de su relato coinciden con el ataque al Qendil, un buque con pabellón de Omán que había entregado un cargamento de petróleo en Port Sikka, en la India, y cruzaba el Mediterráneo de regreso a Rusia cuando fue alcanzado en diciembre de 2025. Unas imágenes granulosas de la cámara de seguimiento divulgadas por el Servicio de Seguridad de Ucrania parecen mostrar explosivos alcanzando la cubierta del barco y estallando en una bola de fuego blanca al impactar.

Andrei describió el posterior viaje del barco averiado como un "calvario". "Fuimos a repararlo", explica, "y mientras esperábamos cerca de la costa turca, el ancla se desprendió y nos estrellamos contra la costa. Estuvimos varados allí durante una semana y media o dos semanas. Esas fueron las consecuencias del ataque, podría decirse…”

El Qendil no fue el primer petrolero de la flota fantasma en ser atacado, pero el ataque de largo alcance de Ucrania, que tuvo lugar a unos 2.000 kilómetros de sus fronteras, marcó la expansión de su campaña de drones desde el mar Negro hasta el Mediterráneo. Inmediatamente después del ataque, el número de vigilantes que aparecían en los datos de los reporteros se desplomó. Los expertos siguen sin estar seguros del motivo.

Una fuente de inteligencia occidental dijo que el coste de colocar a los guardias pudo haberse vuelto demasiado alto a la luz de la caída de los ingresos petroleros. Un oficial de otro país se hizo eco de esta idea: "Es más barato no desplegarlos porque todo el mundo [en Occidente] habla ya de que están a bordo".

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