‘Ravalear’, apabullante historia de resistencia inmobiliaria en Barcelona
HBO Max ha estrenado tres episodios de Ravalear y las tres semanas próximas se emitirán los restantes. Ofrecen una propuesta deslumbrante por su protagonismo coral y su potente puesta en escena.
Una serie que supone un salto en lo que solemos ver en pantalla. Va de lo micro a lo macro en el tema que más preocupa a los españoles según decimos encuesta tras encuesta: la vivienda. No lo hace desde un piso, sino desde un local para un negocio familiar, pero hace carne lo que leemos en el periódico a diario.
Una apuesta ambiciosa
Un título ambicioso en su mensaje y en su lenguaje y que sale fortalecido de una apuesta tan alta. Se entiende, emociona y deslumbra. Toca muchos mundos que se encuentran, muchos puntos de vista que conforman la calidad de vida de un barrio.
La historia parte de la realidad que vivió su creador, el guionista y director Pol Rodríguez. Sus padres regentaban un restaurante en el barrio del Raval. El real, Can LLuis, el ficticio, Can Mosques.
La vida de una familia interrumpida por un fondo de inversión
El bisabuelo de Rodríguez había comenzado con el negocio que inspira la serie. Su padre nació allí mismo. 90 años de historia familiar se vieron amenazados por causas externas.
El edificio en el que se ubicaba el restaurante real fue comprado por un fondo de inversión. Tras años con negociaciones y la amenaza de un desalojo, la llegada de la pandemia precipitó que les echaran en 2021 con un desahucio exprés.
Del restaurante al barrio
Muy parecido a lo que vemos como detonante en pantalla. Y a partir de ahí la serie explora la vida de estas calles de Barcelona que recogen población de muchos lugares y culturas y se ven sometidas a numerosas presiones.
Fondos de inversión extranjeros, turismo en masa, inmigración multicultural, movimiento okupa o narcopisos conviven en un vecindario con sabor, con una personalidad rotunda.
Dificultades y tejido social
Como explica el propio Pol Rodríguez, en El cine en la SER, “uno de los barrios con más tejido asociativo y de las ONG de Europa. Un barrio muy hospitalario donde hay unas realidades muy difíciles, muy complicadas, pero donde hay muchísima gente que las combate”.
La serie respira Raval. Los planos generales son reales, con los actores moviéndose entre vecinas y vecinos a quienes se difuminan los ojos por privacidad. Ropa tendida, distintos colores de piel, gente ocupada, gente ociosa, bullicio, vida.
Una realización estresante
La cámara simula desorden, se mueve al hombro, hace zoom, a veces está lejos, otras pegada a los actores. La electrónica estresante domina una banda sonora compuesta por Eloi Caballé que late como una taquicardia.
Los personajes corren, discuten o cocinan, manteniendo una constante tensión que cuenta este relato en código de thriller. Unos hechos que suelen venir envueltos como drama social optan se convierten en un contrarreloj vertiginoso.
Así como el fondo maniobra contra los vecinos, sus víctimas se revuelven con todas sus armas en una guerra soterrada entre dos bandos en la que ambos son a la vez el ratón y el gato.
Juego de engaños
“Thriller hiperrealista” es un combo usado por el equipo para definir el género de Ravalear. Rodríguez se alió con el documentalista Justin Webster para el armazón del guion.
Al diálogo se han añadido Isa Campo, Isaki Lacuesta (este también en la dirección), Edu Sola, Alfred Pérez-Fargas, Roger Danès y Maialen Vélez. Vélez ha estado documentándose y colaborando con asociaciones del barrio durante los años de preparación del proyecto.
Grandes intérpretes junto a debutantes de la zona
Además de los profesionales, se ha contado con docenas de intérpretes que se localizaban en la calle y se contrataban para participar en la producción. Hasta unos 72 actores intervienen en los episodios.
A estos debutantes se une un elenco profesional que transmite viveza, liderados por un Enric Auquer que corre, suda o salta. Le acompañan María Rodríguez Soto, Sergi López, Francesc Orella, Lluïsa Castell o Quim Ávila entre otros.
Entre el documentalismo barcelonés y The wire
Entre sus influencias para la serie, Rodríguez cita a los cineastas Joaquim Jordà o José Luis Gerín. Ambos comieron en el restaurante familiar, ambos le dieron trabajo, ambos contaron Barcelona en magníficos trabajos documentales. Jordà, con De nens, ubicada en el barrio chino de la ciudad y Guerín con En construcción, también en el Raval.
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The wire surge espontáneamente como referencia al ver Ravalear. La ciudad convertida en protagonista, la intención de no simplificar, de contar múltiples puntos de vista, la visión política, la verosimilitud de la calle. Rodríguez habla también de las películas de mafiosos, por ejemplo, en lo que respecta a las persecuciones.
Lo inmobiliario como género de acción
Lo que revitaliza esta serie y la hace original más allá de sus inspiradoras es trasladar este lenguaje cinematográfico a lo inmobiliario. Convertir la especulación en una organización que penetra en las ciudades y destruye la vida de sus habitantes.
La serie no aboga por dejar la ciudad muerta, sin evolución. Se pregunta, como dice su director: “¿Cuánto necesitamos de progreso y cuánto de memoria?”. Y aboga por la organización colectiva para que elementos débiles cobren fuerza. Para “pedir leyes que amparen al ciudadano más allá de los intereses empresariales”.