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El divorcio de las derechas reconfigura el tablero y pone a prueba las políticas del PP

Antonio García Gómez

Y otras milongas. Recintos enmoquetados y asépticos, que asustan aunque la música acaricie muy bajita, como una adormidera, donde acuden los empleados a tutearte, “cliente a la vista”, preocuparse por tu estado, palmearte y, al poco, meterte el estilete hasta los higadillos con una sonrisa de oreja a oreja, salvo que tu estado de cuentas sea muy solvente y entonces podrás terminar siendo recibido por el director o directora en su despacho.

De niños estudiamos que los bancos eran unos establecimientos, muy honorables y muy solventes, que se ofrecían a guardar los ahorros de las personas decentes y que la usura la practicaban los otros.

Hoy en día, cada dos por tres los bancos ofrecen “créditos inmediatos” sin trámites, de unos pocos miles de euros para devolver cuando ya estemos pidiendo, de nuevo, más auxilio.

“Ahogar al paciente para que mejore” es una receta irrebatible que practican incluso "a la chita callando" o sin disimulos los bancos. Sabemos que la inflación sube y asfixia, que los precios se encarecen y que el dinero vale menos cada día y ante esa realidad que oprime los bancos ya han sabido reaccionar.

También sabemos que, por otra parte, está muy en entredicho la subida, somera siquiera, del salario mínimo interprofesional para dar un poco de aire, poco, a quienes menos tienen. Y naturalmente, con súbita indignación las fuerzas vivas del capitalismo se han puesto de uñas. Se habrá visto tanta desfachatez para esos “muertos de hambre” que aún podrán apretarse un agujero más el cinturón y aguantarse para “trabajar más y cobrar menos”, como nos recordaba el dueño de Mercadona que hacían los chinos.

Está muy en entredicho la subida, somera siquiera, del salario mínimo interprofesional para dar un poco de aire, poco, a quienes menos tienen.

Yolanda Díaz, la ministra “comunista” de nuestro gobierno, ha apuntado sobre la posibilidad de establecer unos topes máximos a los precios de las materias básicas, de consumo y necesidad universales, tales como el pan, la leche, el aceite… y de nuevo han estallado las mismas fuerzas vivas del sistema contra esa “peregrina y peligrosa” ocurrencia.

Entretanto, el Banco Central Europeo, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, más bien creo yo que al diablo sí, ha decidido subir los tipos de interés, un 0,75%, tal vez, récord histórico,  ¿“para ahogar así la economía y paralizar la subida de precios”?, y dicen y añaden que para que “se disponga de menos dinero y así se gaste menos”, tan burdo como insensible el argumento, camino imparable de la amenaza de una “recesión en Europa”.

Y así, tal vez, podrán “¿devolver las aguas a su cauce?”, así a su estilo, ¿se acuerdan de cuando acusaron a los pobres de gastar por encima de sus posibilidades?, cuando a los dignatarios solventes y sobrados lo que les gusta es la domesticación de la clase media y baja, y "chitón y punto pelota" que aquí manda el dinero, el poder y en el altar de los sacrificios el becerro de oro, con todos los parias arrodillados implorando un respiro, siquiera de un “crédito exprés” que acabe por endeudarnos a todos.  

En cualquier caso, el efecto inmediato y beneficioso para los más espabilados, es decir los bancos, es que sus acciones ya se disparan en Bolsa y que, de paso, los créditos serán más caros de devolver. Es decir, no todo van a ser malas noticias. El timo del tocomocho al lado de esta broma es puro arte de imaginación e ingenuidad.

Y ya de paso, los patriotas exaltados puestos al lado de los ricos y silencio en la… ¡formación!

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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