El cambio de ático (digo, climático)

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

Si te acostumbras a ver todo desde un ático, quizá tengas una visión lejana y minúscula del mundo mundial. IDA 7291 y su maromo han sido atacados por una "aticofilia" irresistible —disculpen la cacofonía y el neologismo— y se han dedicado a la compra de áticos por el Madrid de los pudientes. El último, el de Chamberí, pagado por la Comunidad —o sea, por todos— iba a ser dedicado para reuniones, según la propia frutera cuando fue pillada in fraganti por el carrito del helado, y ha decidido venderlo y donar el dinero a los madrileños afectados por los incendios. Mentirosa y cínica, ya veremos si algo más.

Desde tan alto lugar, los incendios se ven de otra manera, aún más si acudes a ellos en pantalón corto y chaqueta presidencial ad hoc. Aunque ni eso ha cumplido, ya propuso en 2023 poner una planta en cada balcón para combatir el cambio climático, del que asegura que en la Tierra siempre ha existido y que la culpa es de Sánchez y los suyos "porque siempre tienen detrás el comunismo". Ella está más por el cambio de ático que por el climático.

A pesar de que el desinformado Feijóo ya pidió un registro de pirómanos, estos solo causan el 2% de los incendios, según los datos oficiales. No hay, pues, terrorismo incendiario ni mafias organizadas. El líder de la oposición —que había mostrado cómo se debe actuar ante los incendios en una famosa foto en la que aparece ante un fuego ya apagado con manguera doméstica, camisa remangada y náuticos sin calcetines— ha dado estos días una explicación sobre el origen de los incendios que me ha hecho poner en duda mi comprensión auditiva y mi paciencia escuchante (búsquenla, a ver si entienden algo: se admiten aclaraciones).

Aunque la crisis climática está incrementando de forma exponencial los efectos de los incendios forestales, algunos personajes como Abascal hablan de fanatismo climático; otros, de fanatismo verde lechuga. Ante la situación tan alarmante, algunos políticos de la derecha-extrema derecha invierten en toreros antes que en bomberos.

Por cierto, la Ley de Montes exige la limpieza de estos, la retirada de restos vegetales y el desbroce a las comunidades autónomas, así como que cuenten con planes anuales para la prevención activa de incendios; no la prohíbe. Y no permite recalificar suelo quemado hasta 30 años después del incendio forestal, excepto por razones imperiosas de interés público de primer orden.

Parece que las teorías que extienden tales personajes acampan en demasiados cerebros reacios a la información veraz y científica

Los análisis sensatos de la situación los dejo a los expertos —a los de verdad, no a los conspiranoicos, que proliferan por doquier—. Sin embargo, parece que las teorías que extienden tales personajes acampan en demasiados cerebros reacios a la información veraz y científica.

Entre las elucidaciones rigurosas, quiero referirme al artículo La ciencia no entiende de ideologías, publicado en el diario Hoy de Extremadura, donde Francisco J. Moral, doctor ingeniero agrónomo y catedrático en la UNEX, escribe que es muy preocupante que, a pesar de la solidez de las evidencias científicas sobre el cambio climático, "todavía haya quien presente esa realidad como una simple cuestión de opinión". O lo que es peor, lo nieguen.

No quiero acabar este asunto sin expresar mi solidaridad con los damnificados de forma directa por los incendios y con los profesionales y voluntarios que han colaborado en la extinción.

Tras el otro incendio, metafórico este, desarrollado por la invasión (sic) de Ceuta por 50.000 marroquíes, con al menos 141 fallecidos en el intento, quizá empujados por la "mafia" alauí-trumpista-sionista, el Gobierno español ha superado la grave crisis con rapidez, pero no se puede obviar que Marruecos es un vecino inamistoso con el que habrá que ponerse un poco más duro y no recurrir solo a la hipocresía diplomática. En el entretanto, la cobarde UE no apoya a España y los fascistas muy españoles y “mucho españoles” acuden a Ceuta movidos por la xenofobia, la aporofobia y la misantropía ideológica. Ellos, los "multiodiadores", son los que sobran.

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José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández es socio de infoLibre.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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