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Librepensadores

Destruir la democracia con tramas mafiosas

Gonzalo de Miguel

Que levante la mano quien se sienta en deuda con este intoxicador profesional de la opinión pública. El recién revelado caso de fabricación de pruebas falsas contra Pablo Iglesias, y por extensión, contra todo un partido democrático, a cargo de una mal llamada policía patriótica, supone un tremendo escándalo del que deben responder los ejecutores y sus ordenantes, los peones y los autores intelectuales. Parece ser que nos hallamos ante una trama corrupta con fines políticos integrada por miembros relevantes de la policía, que actuaban con cobertura política de alto nivel y respaldo mediático creado ad hoc para difundir sus noticias bomba antipersona. Hablamos de OkDiario, el diario digital de Eduardo Inda.

Quien se presenta como el supuesto azote transversal de la corrupción debería empezar por explicarnos cómo financió de manera tan fulminante su proyecto pseudoperiodístico, él que es tan amigo de preguntar y contestarse con documentos falsos sobre la presunta financiación de su ‘querida’ Unidas Podemos. Dicen algunos de sus escasos corifeos, como María Claver, (sí, la portavoz del trío de Colón, la que dilapidó su prestigio leyéndonos un manifiesto repleto de falsedades), que a don Eduardo Inda le debemos el descubrimiento de muchos de los casos de corrupción desvelados en los últimos años, incluyendo en su vasta enumeración escandalazos tales como conocer la hipoteca de un líder político honrado, el famoso casoplón de Iglesias, o la foto de una ecografía de los bebés del mismo dirigente. Todo se lo debemos a Inda, el Kapuscinski español. Bueno, todo no, el caso de la trama político-mediática que le salpica especialmente ha escapado a su talento. ¿Por qué será?

Para que un timo sea completo, el tahúr tiene que aparentar que sus ganchos también pierden. Mal puede engañar a nadie un tramposo que no finge perder o hacer perder a los suyos, lo que explicaría la defensa que hace este sujeto cuando alega que mal le van a comprar quienes suelen ser víctimas de su insobornable periodismo de investigación. Yo más bien creo que, ante lo inevitable, sus amiguetes prefieren ser delatados por el fuego amigo antes que ser despedazados por periodistas de verdad, lo mismo que un criminal preferirá ser juzgado por un togado cercano que por uno neutral. Inda quiere aparentar neutralidad sabedor de que, como primera baza, de nada sirve negar lo evidente. Como cuando llama dictador, con gran énfasis y prosopopeya, a Franco, para a continuación negarse a que el tirano salga del panteón pagado con dinero público. Se conoce que algunos casoplones le tiran más de la sisa que otros. Lo cierto es que siempre acaba cojeando del mismo lado, pero quiere aparentar que cojea de los dos, lo que daría la apariencia de que no cojea de ninguno.

No debemos nada a Inda y mucho menos a su diario, un contenedor que distribuye basura previamente preparada no apta para su consumo humano. Si su valía fuera real, y no un espejismo escrito que se evapora al contacto con la verdad, ¿por qué su nombre no es referencia de nada bueno ni ejemplo a seguir por nadie en el mundo del periodismo? ¿Dónde están los reconocimientos profesionales a su labor? ¿Cuántos premios de prestigio ha recibido este prodigio de la pluma?

Quizás la difusión de falsedades creadas por encargo cotizan poco en la profesión. Respecto al caso que nos ocupa, el de la fabricación de pruebas falsas para hundir el buen nombre del líder de Podemos y que se está investigando en la Audiencia Nacional, personalmente solo me queda saber si Inda era un simple instrumento de difusión o estaba al tanto de la mentira cocinada por esa banda de policías corruptos que seguían órdenes de alguna autoridad política de altura. Quiero decir, si participaba en la elaboración del producto adulterado de consuno con quienes se lo pasaban para su comercialización. Dado su talante, reflejado en cada tertulia y debate a los que, de manera inaudita, sigue siendo invitado, no albergo dudas sobre cuál era su papel. Y menos dudas tengo de que si alguien debe algo a Inda no es, desde luego, la ciudadanía, sino más bien quienes destruyen la democracia con sus tramas mafiosas. Cuatro son los principales errores o defectos del periodismo, aseguraba el papa a Jordi Évole en su entrevista en Salvados: la desinformación, la calumnia, la difamación y la coprofilia. Inda y su diario caen en todos ellos. ________________

Gonzalo de Miguel es socio de infoLibre

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