Las lágrimas de la verdad, reparación y justicia

Ximo Estal

Una noche más, un día más; y ya son... No sé. Ya he perdido la cuenta desde que se lo llevaron. Entraron en nuestra casa, gritando, golpeando insistentemente la puerta, con las armas en alto. Nos golpearon a diestro y siniestro, gritaban una y otra vez –rojos de mierda, quema iglesias, mata curas— mientras tú y yo nos retorcíamos de dolor y el suelo se llenaba de sangre que salía a borbollones de nuestras bocas. No paraban, yo gritaba una y otra vez: no hemos hecho nada, somos buenas personas, queremos la libertad, nos conoce todo el pueblo. Pero pese a esto, cada vez que yo y tú repetíamos estas palabras, ellos una y otra vez, nos golpeaban con más fuerza y riéndose más todavía.

Cuando creía que ya se habían calmado, pues dejaron de golpearnos, se sentaron en la mesa. Se fueron pasando el botijo de uno a otro, riéndose de nosotros, con su cara sarcástica. Nosotros nos retorcíamos de dolor. Tú ya no hablabas, estabas... Creía que muerto, pero sentí, al acercar mi mano, que te meneabas. Por lo menos estábamos vivos. Pero lo peor estaba por llegar, pero eso yo no lo sabia, y menos tú. Mi compañero del alma. ¿Qué te hicieron? ¿Dónde estarás ahora? ¿Por qué no me hiciste caso y nos fuimos cuando empezó el golpe de Estado? Pero no parabas de decirme: Nosotros no hemos hecho nada, la gente del pueblo nos quiere.

Me intentabas tranquilizar, pero ¿cómo me podía tranquilizar en aquel día? Recuerdas, ya creíamos que después de beber agua se irían y nos dejarían, pero no. El que nosotros, todo el pueblo llamaba el Tuerto, ¿te acuerdas de él, cariño? Sí. el Tuerto, ese que como no sabia leer, no paraba de decirte: ¿Me lees las noticias mientras bebo el aguardiente? Y tu rápidamente dejabas lo que estabas haciendo y lo hacías. Y cuando ponías una cara de enfado cuando hablabas de los generales y el Tuerto te decía: Es lo que se debe hacer, más mano dura, estos izquierdistas solo quieren acabar con España. Me lo temía, amor mio, se le veía venir.

Pero tú me decías: Déjalo, es solo un pobre hombre que necesita compañía. ¿Es que no lo ves compañero mío? Ese pobre hombre nos golpeó, nos destrozó la vida. Me cortó el pelo con su navaja. Sí, amor, ese. El pobre hombre, el Tuerto. Mientras tú estabas, creía, muerto. Se levantó, se metió la mano en un bolsillo de los pantalones y sacó su navaja. Sí, amor, esa navaja que te enseñaba una y otra vez en el bar mientras se tomaba su aguardiente, que se pavoneaba diciendo que con esa esquilaba a las ovejas que cuidaba. ¿Recuerdas? Era pastor, y sí, esquilaba las ovejas, pero ese día no esquiló a ninguna oveja, ese día me esquiló a mí. Sí, amor, a mí. A tu compañera del alma. Se fue acercando lentamente hacia mí, riéndose, mirándome y girando la cabeza a sus compañeros, que recostados en la silla, se frotaban las manos. Dobló las rodillas, me cogió con una de sus manos, con fuerza de la larga cabellera que tanto te gustaba, y susurrándome en la oreja, me decía: Y ahora, puta, ¿donde están tus ideales? ¿Dónde están tus camaradas? ¿Tu democracia?. Y cogiendo la navaja, sin miramientos si me hacía sangre o no, fue cortándome esos largos cabellos que tanto a ti te gustaba acariciar cuando nuestros cuerpos se frotaban en nuestras noches. Sí, amor, en esas noches que ahora no vivimos y que yo tanto recuerdo. ¿Por qué no nos fuimos? ¿Por qué?

Me acabo de despertar, nuevamente esta noche, una vez más. Todavía no ha amanecido. Las noches y los días se me están haciendo insoportables sin ti. Así día tras día aquellos momentos y los posteriores me recuerdan, de una manera tortuosa, lo que vivimos. Que todos mis pensamientos y mis ideas de libertad son lo único que me mantiene viva. Estarías orgulloso de mí, pues soy culpable, culpable por ser y querer ser libre. Hasta hace poco nuestras ideas nos pertenecían, nos sentíamos alegres y felices.

En mis sueños corría por el monte mientras el aire de libertad acariciaba mi piel. Ahora siento, después de tantos años, como mis pensamientos no encuentran palabras para expresar mi dolor. Antes podía comprender y entender algunas cosas y hechos aunque no las compartiera. Ahora sin embargo no reconozco a aquellos que con la excusa de defender una irracional democracia intentaron y consiguieron, con la humillación, la opresión y el genocidio, quitarnos nuestros sueños.

Siento un vacío que me lo están provocando los recuerdos de aquellos días en los que la irracionalidad y lo absurdo se apoderó de nuestro pueblo, de sus gentes, de aquellos que no nos representaban, y más cuando ganamos las elecciones. Siento que estoy encerrada en una jaula pequeña que casi no me deja respirar, donde mis piernas y brazos están fuertemente atadas y una mordaza cubre mi boca y mis ojos. Escucho a la gente y les pido que me ayuden, pero aquellos que desean que el pueblo no piense aprietan la mordaza. No puedo casi respirar. Ellos ríen y hablan. Sueño con la hierba fresca de la libertad y que mis manos se deslizan por ella. Pero pese a todo sé, cariño, que no podrán conmigo y que hagan lo que hagan yo y todo el pueblo continuaremos gritando con fuerza "libertad". El pueblo quiere ser libre y nadie podrá evitarlo. Quiero ser libre. Y quiero que tú, que estás aquí debajo de esta tierra, puedas salir, puedas darte una sepultura digna. Te la mereces amor, eras un buen hombre. Solo querías la igualdad, pero ellos no te dejaron, no nos dejaron.

Cariño, ¿dónde estoy? Está todo oscuro, hace días que ya no puedo ir a la cuneta donde te encuentras. ¿Sabes? Las ultimas veces me acompañaba tu nieto mayor, tú no lo has conocido, él esta muy interesado en lo que pasó. Quiere sacarte de aquí, darte lo que te deben: una sepultura digna. ¿Qué pasa? No siento nada, solo oigo voces. ¿Qué? Estoy muerta, amor... Voy por fin a juntarme contigo. A seguir luchando juntos por la libertad. A mi me darán seguro una sepultura digna. Siempre les dije que quería que me enterraran junto a ti, en la cuneta si es necesario. Necesito estar ahí, pues solo ahí es nuestro lugar. Un lugar de respeto y de dignidad de la libertad. Y cuando te saquen, os saquen a todos, nos metan juntos, o mejor nos quemen y nuestras cenizas las expandan por el pueblo. Para que sirvan de fuerza para que todos puedan ser libres y renazca por fin la democracia y sus verdaderos valores que tanto nos ha costado conseguir y que por desgracia el renacer ultra conservador quiere volver a destruir.

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Ximo Estal es socio de infoLibre

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